Relatos ero: Swingers – Relatos eróticos cortos
Con su habitual descaro, Brenda B. Lennox nos cuenta la primera experiencia de un intercambio de parejas y la de una mujer en un club swinger. No te pierdas estos dos súper excitantes relatos cortos…
Relatos ero: Swingers
Un mundo nuevo – Relato erótico corto (1)
Tantearon varias webs de swingers y acabaron registrándose en una que ofrecía «Todas las herramientas necesarias para conseguir intercambios de parejas: direcciones de locales, blog con información, fotos y vídeos calientes, chat privado, foro y más, mucho más». Ese «mucho más» era tríos, orgías, BDSM, gang-bang y fetichismos de todas las formas y colores imaginables. ¿Qué probar primero? «Intercambio y luego ya veremos».
Selección de pareja, chateo y cita en un pub tranquilo. Copas, conversación, risas. Miradas furtivas, miradas sugerentes, miradas directas. Registro en la recepción de un hotel, besos en el ascensor, caricias en la suite. Manos que se deslizan por debajo de su blusa, que aprietan sus pezones por encima del sujetador, que lo levantan para sentir la piel, que reptan por su vientre hasta las bragas de encaje, que las separan para masturbar su sexo, que inclinan su cuerpo sobre la cama, que guían el miembro a través de la vulva.
Abre los ojos. «Tele-Muermo» se masturba frenético intentando que se le ponga dura. La mujer se masturba mirando como su marido se la folla a ella. La invita con una sonrisa. La mujer gatea, se tumba boca arriba y hunde la cara entre sus piernas. La boca chupa, la polla horada, su coño vibra. Estalla un portazo, pero no le importa; un mundo nuevo se abre húmedo y perfumado, se inclina y lo devora.
Estallido – Relato erótico corto (2)
Pido una copa. Me aferro a ella como a una baliza y me sumerjo en las entrañas del local. En el pasillo francés, una mujer practica una felación a un pene negro que emerge de la pared; en la cama redonda, un organismo formado por una amalgama de cuerpos suda, tiembla y gime; en la mazmorra, una mujer con una máscara de caballo relincha de placer tras cada golpe de fusta… Y a su alrededor, mirones como yo. No, como yo no. Ellos desean, tocan, se tocan. Yo soy una extraña, un cuerpo atrapado en una pompa de jabón, una figura en una esfera de cristal. Volátil, ajena, inexpugnable.
Decido tomarme la última en una sala con mesas bajas dispuestas alrededor de una pequeña pista de baile. El sillón es mullido, la luz, tenue, la música, suave. Me siento observada. Una mujer me mira en la distancia. Levanta su copa y sonríe. Le devuelvo el brindis aéreo. Se levanta y acerca contoneándose sobre sus stilettos rojos. Nunca he visto un animal más salvaje. Tiene una belleza extraña, magnética, inquietante. Ardo en deseo. Lo percibe. Me coge de la mano y me lleva a la pista. Bailamos. Su miembro erecto se clava en mi vientre. Ahora comprendo. Sigo ardiendo en deseo. Acaricio su nuez y le beso.








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