Tweets by HIRO__oficial

De buen tamaño

Relatos ero: De buen tamaño – Relatos erótico  


Mi nombre es Susana, tengo 30 años y estoy felizmente casada con Pablo que tiene 35. Queremos contar una aventura que tuvimos hace un mes. Estoy delgada, de mediana estatura, con un culo de regular tamaño y hasta el año pasado tenía muy poco pecho, problema que se solucionó gracias a unas prótesis inmensas. Después del implante y los estupendos pechos que me pusieron, imaginaros la emoción que tenía que comencé a comprar nuevas blusas que permitieran que mis nuevas e inmensas mamas se vieran provocativas.

Relatos eróticos

De buen tamaño – Relato erótico 



Mi marido es amante del exhibicionismo y le encanta que luzca mis pechos. A veces, hemos visto algún vecino del edificio de enfrente en el balcón, Pablo hace que pasee delante de él y que me desabroche algún botón para ponerlo caliente. En fin estos eran los juegos eróticos que practicábamos hasta el día que sucedió la aventura que queremos contar.

Resulta que un día invitamos a nuestra casa a una pareja de amigos que viven en una ciudad vecina y que llevábamos dos años sin ver.

Por supuesto, al ver ellos mis nuevos pechos, no pude evitar ser el centro de la conversación. Debo decirles que Ana, mi amiga, tiene muy pocos senos y por supuesto el tema de las prótesis les llamó la atención tanto a ella como a Sergio, su marido. Y como es lógico, surgieron preguntas de si la operación es traumática, cuánto dura, o si se pierde el tacto. En fin, terminé mostrándole a Ana mis pechos desnudos para que los observara, y luego se lo contará a Sergio, para animarlo, y se pusiera unas tetas como los mías.

Ese día, por la noche, fuimos los cuatros a cenar y luego a un local nocturno donde actuaban diferentes cómicos. Durante toda la velada pude notar como Sergio no dejaba de mirar mis pechos, aunque de una manera muy disimulada, cosa que me ponía incómoda. No es lo mismo que me la viera un vecino por la ventana a que me los trate de ver un amigo por el escote de la blusa.

Al final Pablo, mi marido, se percató también de la situación y me lo comentó. Hasta este momento pensamos que Ana no se daba cuenta de nada. La noche continuó entre tragos y chistes y más tragos hasta estar todos bastante alegres. Al llegar a casa, Ana y Sergio se fueron a dormir y nosotros nos quedamos en la sala tomándonos otro trago y a reírnos de la cara que ponía Sergio al tratar de ver mis pechos, situación que a mi marido le tenía bastante cachondo.

Más o menos a la hora de estar en la sala, apareció Sergio. En ese momento mi marido y yo estábamos bailando y el cierre de mi vestido estaba casi a la altura del ombligo debido a las caricias que Pablo le estaba suministrando a mis tetas. Yo, al ver a Sergio, hice el intento de subirlo ya que se podía apreciar fácilmente gran parte del sujetador pero, sin embargo mi marido de una manera muy disimulada, me tomó de la mano evitando que lo subiera, es más, trató de bajarlo, situación a la que opuse resistencia. Entonces Pablo me pidió que le preparara un trago a Sergio y luego comenzamos a conversar y naturalmente, apareció el tema de mis senos. Sergio comentó que Ana se las quería operar. Él creía que cuando las tocara parecerían dos globos ortopédicos.

Pablo y yo le dijimos que no, que todo era igual, con la única diferencia que eran mucho más grandes, pero Sergio no lo creía.

– No es lógico – decía el amigo – que al tacto sea igual, ya que el seno ahora tiene una masa de silicona y nunca podrá ser lo mismo.

Nosotros le explicamos que la prótesis se coloca por detrás de los tejidos del pecho, pero, él insistía hasta tal punto que mi marido le sugirió que me tocara una teta, a lo cual, tanto Sergio como yo nos negamos.

Pablo empezó a decir que cual era el problema, que los podía tocar, que al fin de cuenta para hacerme la operación muchos hombres, médicos, pero hombres al fin me la habían tocado y hasta visto un montón de veces.

Bueno, tanto insistió, que Sergio me toco el pecho por encima de la camisa, de una manera muy tímida y respetuosa, apenas rozando sus manos contra mi pecho.

Esta situación puso a mi marido al rojo vivo, sirvió otra ronda de tragos y me sacó a bailar. Luego empezó a tocar mis tetas, a tratar de sacarlas del sujetador y del vestido hasta que yo me aparté de él. Me estaba fastidiando con tanto sobeo delante de nuestro amigo, sin embargo, esto no sirvió de mucho. Al sentarme, mi marido le dijo a Sergio que lo mejor de la operación es que no quedaban marcas e insistió en que le mostrara mis pechos. Esta vez sí que me quedé impresionada al oír a Sergio diciéndome:

– ¡Sí, Susana, no hay ningún problema, es simplemente para ver como quedan!

Vaya, el amigo estaba cachondo.

Al poco rato ya estaba mi marido sacando mis pechos del sujetador y al rato estaba yo con el vestido completamente abierto mostrándome en ropa interior. Pablo me quitó el sujetador para que el amigo viera la caída de mi pecho. Estaba completamente mojada y al agarrarme mi marido e iniciar unos masajes en mis senos quedé a sus órdenes, totalmente entregada. De pronto sentí que mientras Pablo me besaba y acariciaba mis tetas, Sergio estaba bajándome las bragas. No hice el menor intento de evitarlo y dejé que continuara y entonces, separándome las nalgas con ambas manos, sentí su boca en mi ano, tratando de meter su lengua e insertando sus dedos por mi vagina. Esta situación hizo que tuviera un orgasmo. Era la primera vez que alguien diferente a mi marido me tocaba por estas partes.

Sergio se dio cuenta de lo lubricada que estaba hasta el punto que prácticamente me metió toda su mano en el coño y con el flujo de mi vagina lubricó mi ano para atravesarlo con su dedo gordo y moverlo a gran velocidad.

Mientras tanto mi marido me había puesto su polla en la boca y me presionaba la cabeza contra su estómago de tal manera que casi no podía respirar. Sergio iba muy caliente, sacó sus manos de mi coño e intentaba meterme su polla. En ese momento mi marido reaccionó y le dijo a Sergio:

– ¡Tocar sí, pero el único que folla con Susana soy yo!

Me puso a cuatro patas y me penetró delante de Sergio, pero, cuando vi la polla de Sergio tan erecta, se la cogí y le eché una profunda mamada mientras, que sus ojos, solo veían mi raja y a mi marido follándome.

efinitivamente fue una experiencia muy fuerte para nosotros y al terminar con esta locura todos estuvimos de acuerdo en no repetir más esta situación y jamás contarle a Ana lo sucedido.










                 Sigue viviendo con pasión: Relatos lésbicos




Suscribarse a nuestra lista de correo

Y disfruta exclusiva y gratuitamente de:
– consejos sexuales
– actualizaciones de productos
– ofertas y promociones exclusivas
– y los relatos eróticos de mayor calidad.
* Información necesaria









Por hacer un favor

Relatos ero: Por hacer un favor – Relatos erótico  


Me llamo Susana, estoy casada, trabajo en una financiera y lo que voy a contarte ocurrió en un viaje de trabajo.

Por la noche me confirmaron el vuelo, que íbamos cuatro personas, uno de ellos el abogado de la empresa y que regresaríamos en un par de días. Temprano por la mañana me presenté en el aeropuerto, donde ya se encontraban los otros viajeros.

Tengo un poco más de 40 años y según dicen, poseo un físico privilegiado. Un buen par de tetas, gordas y redondas, que me gusta lucir con generosos escotes, un culo duro y salido y unas bien torneadas piernas mostradas con espectaculares minifaldas.

Cuando llegamos a Getsemani nos alojamos en un hotel cuatro estrellas en dos habitaciones, en una las dos mujeres y en la otra los dos hombres, porque no había disponible en ese momento cuatro individuales. Había una importante convención en la capital y los hoteles estaban todos ocupados.

Relatos eróticos

Por hacer un favor – Relato erótico 



Visitamos por la mañana la ciudad y a la tarde, después de almorzar, fuimos a la filial local a desarrollar la tarea por la que habíamos venido. Al anochecer volvimos al hotel, nos duchamos y nos preparamos para ir a cenar y a tomar unas copas. Regresamos alrededor de las dos de la mañana y cuando estábamos a punto de entrar al hall del hotel, mi compañera se me acercó pidiéndome si podía cambiarme de habitación para poder estar ella con su jefe, con quien mantenía relaciones cada vez que podía y esta era la oportunidad de pasar toda una noche juntos sin que nadie los molestara.

Yo me puse muy nerviosa ante esa propuesta y le dije que no, porque si aceptaba tendría que compartir la habitación con un hombre que no era mi marido y no me parecía correcto ya que yo soy una esposa fiel y respetaba a mi marido. La cosa quedó ahí pero no sé quién sugirió tomar unas copas antes de ir a acostarnos y fue entonces cuando yo, al ver que la tristeza se apoderaba del rostro de mi amiga, que me miraba como rogándole por el sí, me arrepentí de lo que le había dicho y le susurré al oído que podíamos hacer el cambio, preparándome a partir de ese momento a tratar de superar la tormenta que se me avecinaba.

El abogado, que se llamaba Carlos, realmente era un hombre atractivo y a mi en cierto modo me excitaba el solo pensar en tener un asunto con él, pero me prometí resistir de la mejor manera posible. Rápidamente me fui del bar rumbo a la habitación para cambiarme antes de que llegara él y cuando éste apareció lo recibí con una bata puesta, le señalé cual sería su cama y lo invité a cambiarse en el baño. Al salir con su pijama de seda puesto, yo estaba recostada en la cama leyendo un libro.

Carlos simuló dormirse, o eso creí yo que lo miraba con insistencia y me acercaba casi sin darme cuenta a su cama. Entonces, en un rápido movimiento, me tomó por la cintura y me tiró encima de su cuerpo. Cuando esto ocurrió, el impulso de mis piernas fue realmente fuerte y en lugar de liberarme de sus brazos, provoqué sin quererlo que se me abriera la bata dejando inoportunamente al descubierto mi rubio pubis, ya que no tenía nada puesto debajo.

Volví a agitar las piernas a la par que la prenda seguía abriéndose hacia arriba y uno de mis grandes y hermosos pechos salió a relucir. Instintivamente él me lo cogió con uno con una mano mientras que me abrazaba con el otro brazo para acercarme más. Entonces empezó a besarme y ya no pude oponer más resistencia. Nos dimos unos besos de lengua mientras con el pulgar y el índice me excitaba tocándome suavemente los pezones, que pronto comenzaron a endurecerse. Luego me besó en la garganta y en los pechos. Después fue bajando la mano hasta tocarme el pubis y con el dedo índice comenzó a masajearme los labios vaginales, apoyándome el pulgar sobre el botoncito del clítoris al tiempo que lo movía ligeramente. Para entonces estaba sumamente excitado y no podía controlarse. El siguiente paso fue el que le pareció más natural: me penetró. Cuando sentí el miembro del abogado dentro de mi coño, abrí los ojos bien grandes y le dije que parara, que no podía hacerme eso, aunque interiormente lo deseara.

Una cosa era dejarse acariciar un poco y otra que me penetrara sin más preámbulos. Mi dignidad estaba sobre todo. Le grité que no era una puta cualquiera que abría sus piernas ante el primer macho que se me acercara y entonces el hombre pareció dudar. Nuestros pubis se tocaban y yo insistía con que no lo debíamos hacer. Le decía que pensara en mi marido, que yo lo quería mucho y no pretendía engañarlo. Que él había interpretado mal las cosas. Pero él seguía con el miembro en mi interior aunque no se movía pero estaba a punto de llegar al orgasmo.

– ¡Sácala, sácala! – insistía yo.

Por fin el abogado accedió y se fue retirando lentamente. Dejó solo la cabeza dentro de mi coño y cuando percibió que iba a eyacular, retrocedió y lanzó un potente chorro de semen sobre mi vientre. Luego se dio vuelta y se acostó boca abajo, pensando en lo que había hecho y sintiéndose terriblemente culpable, pidiéndome en voz baja perdón.

Ya cerré los ojos y me puse a llorar. Luego me sentó en el borde de la cama y me quedó de espaldas a él. Unos minutos después me levanté y me quité totalmente la bata. Desnuda volví a la cama y le dije que haría el amor con él por esta única vez. Le pedí total discreción y que no se entusiasmara porque ello no se iba a repetir. Le exigí la promesa de callar para siempre este episodio, pasara lo que pasara, a lo que el hombre accedió como todo un caballero que era.

Después lo abracé y con mis manos primero y luego con mis labios, que lo besaban por todo el cuerpo, logré que se le produjera una nueva erección y él, mirándome dulcemente a los ojos, me la fue metiendo suavemente mientras el goce se dibujaba en su rostro. Mi cuerpo entero atrapaba el miembro cada vez más adentro. El abogado seguía en forma lenta como para hacerla desear, por lo que yo le susurré que se apurara, que me follara fuerte, que me gustaba bien fuerte. Y ahí él me dio con todo y fue una corrida sensacional. Abrazados nos quedamos dormidos hasta que, de repente, despertamos casi al mismo tiempo y él, boca arriba, tenía nuevamente una tremenda erección.

Yo, al verlo así, no me pude resistir y arrodillándome comencé a chuparle la verga hasta que llegó a un estado impresionante. Fue entonces cuando me subí encima e introduciéndome el miembro en mi vagina lo cabalgué, elevándome y descendiendo, hasta que apoyó ambas manos sobre su cuerpo para hacer equilibrio y comencé a moverme con más ímpetu. Estaba por tener otro orgasmo y me movía cada vez más ligero.

Él, comenzó a excitarse otra vez y le costaba creer lo que le estaba sucediendo, después del sermón que había recibido. Jamás hubiera pensado que yo fuera tan fogosa. De pronto empecé a gemir porque me estaba corriendo y excitadísima hundí aún más la polla en mi coño.

Carlos, que se consideraba todo un experto en folladas, se sorprendió. Jamás había visto a una mujer tener un orgasmo así y eso lo excitó como un loco, me hizo dar vuelta despacio para quedar él arriba y se empezó a mover acompasadamente. Yo lo rodeé con mis brazos al tiempo que colocaba mis piernas en la espalda de mi ocasional amante y cruzaba los talones. El mi besó, recorrió mi boca con su lengua y siguió besándome por el cuello mientras bombeaba sin parar.

Yo acompañaba cada uno de los movimientos. Estábamos tan sincronizados que parecía que nos hubiéramos conocido desde siempre. El hombre sintió que iba a estallar nuevamente mientras yo gemía y sacudía violentamente mis caderas ante cada embestida. Terminé con un espasmo tremendo, provocando que él, después de un par de estocadas, explotara. Sentí como si todo dentro de mi cuerpo fuera a salir por la cabeza de su polla y llenara mi tembloroso y humedecido coño.

Nos quedamos abrazados hasta lograr cierta tranquilidad. Luego confesamos que jamás habíamos experimentado un polvo tan intenso y abrazados y besándonos quedamos, ahora sí, profundamente dormidos. Había sido una noche enloquecedora.

Cuando el teléfono de la conserjería nos despertó, nos dimos cuenta que apenas habíamos descansado, pero no nos preocupamos porque habíamos vivido una de nuestras mejores experiencias amatorias. Nos levantamos, nos duchamos y después de vestirnos bajamos al comedor donde se encontraba la otra pareja, que por lo visto habían disfrutado también de la noche porque estaban muy sonrientes y felices.

El último día en Getsemani comenzaba y trabajaríamos hasta la tarde en que tomaríamos el vuelo de regreso. Cuando me encontré con mi marido en el aparcamiento, Carlos ya se había marchado.



                 Sigue viviendo con pasión: Relatos eróticos




Suscribarse a nuestra lista de correo

Y disfruta exclusiva y gratuitamente de:
– consejos sexuales
– actualizaciones de productos
– ofertas y promociones exclusivas
– y los relatos eróticos de mayor calidad.
* Información necesaria









Cambio de orientación

Relatos ero: Cambio de orientación – Relatos lésbicos 


Todo empezó, en uno de esos momentos en que estoy a solas. Esos momentos donde mi mente empieza a elaborar fantasías para brindarme una sesión de placer conmigo misma.

Siempre voy a ver los partidos de fútbol en los que juega mi marido. Generalmente su equipo juega dos partidos en una tarde de domingo. Mientras juegan los maridos o novios, hablo con las mujeres de los jugadores, etc. Hay una chica joven, muy simpática y con un cuerpo de escándalo, pero lo que realmente me gustaban eran las grandes tetas que tenía.

Relatos eróticos

Cambio de orientación – Relato lésbicos



Una foto mental que se quedó en mi mente, fue en un partido de fútbol que hubo en verano. Ella apareció con una blusa blanca súper pegada al cuerpo que marcaba sus tetas, grandes y tiesas. Se le veían incluso un poco los rosados pezones. Llevaba una mini falda tejana y unos zapatos deportivos. Al llegar me saludó con mucho entusiasmo, como de costumbre. Yo no podía disimular mi entusiasmo y le miré las tetas inmediatamente, pero cuando me di cuenta, de que era muy evidente retiré la mirada. Estuvimos charlando animadamente, pero cada vez que me giraba y la miraba, no podía resistir mirarle las tetas. Menos mal que llevaba gafas de sol y no podía verme y empecé a fantasear, pero en una de esas mientras conversábamos, yo le pregunté directamente:

– ¿Te gusta que te chupen las tetas cuando haces el amor con tu novio?

– Sí, pero te confieso que me gustaría probar qué se siente cuando te las chupa una mujer – me contestó.

– Si quieres hacerlo ahora – me atreví a decirle – puedo ayudarte.

– ¡Claro que sí! – me contestó sonriendo – Pero no quiero que mi novio o tu marido se den cuenta.

– Tampoco lo quiero yo – añadí.

– Entonces hagamos como que vamos al baño – dijo y dirigiéndose a su novio, gritó – ¡Ya volvemos, nos vamos al baño y a comprar un refresco!

Empezamos a caminar hacia su coche y ella me decía que estaba mojada y ansiosa de que le chupase las tetas. Yo le dije que también estaba ansiosa para hacérselo. Hablábamos como si no estuviéramos hablando del tema, ya que nadie nos escuchaba mientras hablábamos. Llegamos a su coche, un cuatro por cuatro negro con las ventanas tintadas negras así que no se puede ver nada de dentro. Me hizo entrar y luego me dijo:

– Será mejor que nos alejemos un poco del campo donde están jugando, hasta un lugar en el que no haya nadie y así podremos estar más cómodas.

Me llevó a un paraje algo alejado de los campos donde varios equipos jugaban fútbol. Entonces aparcó. Yo estaba súper empapada y para esto me moría por romperle la blusa y chuparle las tetas. Entonces ella me dijo que pasáramos al asiento de atrás del coche, que era bastante espacioso. Se sentó delante de mí, se sacó la blusa y ahí estaban estas tetas grandes, todavía protegidas por su sujetador. Yo también me saqué mi camiseta y me quedé con mi sujetador. Sin embargo miraba sus tetas y se hacia agua la boca. Entonces ella me miró y me dijo:

– ¿Estás lista para ser la primera mujer en mi vida que me chupe las tetas?

– ¡Claro que sí! – le dije.

Entonces ella se soltó el sujetador y sus enormes tetas se libraron y quedaron muy cerca de mí. Yo estaba muy mojada y excitada pero quería que este momento se prolongara para que cuando me corriera, lo hiciera muy fuerte de tanta excitación. Quería correrme tan fuerte que sintiera un placer doloroso que me hiciera temblar. Entonces me dijo ella:

– ¿A qué esperas, por qué las estás contemplado?

Yo le pedí que se sentara en el medio del asiento y allí estaba ella con la minifalda mostrando sus muslos y sus tetas rebotando sensualmente. Yo llevaba una minifalda blanca con un tanga rojo y una camiseta negra que me había sacado, como dije, cuando ella se sacó el sujetador. Me senté delante de ella y con mucha excitación, empecé a tocarle las gordas mamas. Se las frotaba y apretaba con mucho fervor. Ella se recostaba y gemía despacio.

– Chúpamelas, por favor – me decía – Quiero sentir tu saliva en mis pechos.

Entonces yo ya no me resistí y empecé a chupárselas, mordiéndoselas como un bebé hambriento. Se las chupaba y mordía y ella gemía más. Sus pezones se ponían durísimos y ella empezaba a moverse como si se la estuvieran follando y me di cuenta que ella quería más, y paré empezando a sacarle la minifalda viendo que llevaba un tanga blanco transparente que estaba empapado.

Inclinándome, me fui hacia su coño y empecé a lamérselo por encima de su tanga. Ella me miraba con cara súper excitada, se mordía los labios y me dijo con voz alterada:

– ¡Sácame el tanga y cómeme el coño inmediatamente!

La verdad es que me quedé sorprendida de su excitación. Entonces paré y le pregunté:

– ¿Te ha gustado como te chupaba las tetas?

– ¡Oooh… sí, me has excitado a tope y quiero correrme varias veces! – decía – ¡Quiero que me folles, que me folles y yo follarte a ti hasta que estemos cansadas!

Yo le decía que teníamos que regresar pronto, pero a ella no le importaba.

– ¡Chúpame el coño, que estoy por reventar! – ella insistía.

Lentamente empecé a sacarle el tanga y pude ver como estaba de empapada, tanto que su sexo estaba pegado a la transparente tela. Me excitaba su olor y me moría por chupárselo. Entonces le saqué el tanga y empecé a lamerle el coño. Subía mi lengua arriba y abajo mientras le abría los labios y retrocedía el capuchón de su clítoris al tiempo que se lo lamía y chupaba. Mamaba fuerte mientras sentía que ella empezaba ponerse tensa y que pronto se iba correr. Entonces empecé a meterle los dedos dentro del coño y ella gritaba de placer y con un gemido sordo se corrió como una loca, tanto que sentía su corrida en mi boca.

– ¿Eres feliz? – le dije.

– Claro que sí – me contestó – Jamás había sentido tanto placer. Quiero más pero ahora es tu turno.

Yo le dije que no teníamos mucho tiempo, así que teníamos que apurarnos. Entonces ella me recostó en el asiento del coche donde ella estaba echada y me sacó la mini falda. Ella estaba desnuda delante de mí y lo único que yo pensaba era que quería masturbarme mientras ella jugaba con sus tetas preciosas y se metía el dedo en el coño. Mientras me sacaba el tanga, le dije lo que estaba pensando y ella me dijo que claro que lo haría. Entonces se sentó delante de mí empezó a acariciarse las tetas. Yo me senté y empecé a abrir las piernas mientras los labios de mi coño se separaban despacio, ya que estaban empapados. Ella me decía que le gustaba mi almeja, que se veía roja y deliciosa. Y de pronto empezó a hablar sucio. Me decía que yo era una puta deliciosa y que le gustaban mis tetitas, pues mis tetas son medianas y puntiagudas, con los pezones grandes y rosados.

Entonces empecé a jugar con mi clítoris mientras la miraba delante de mí, jugando con sus tetas. Yo estaba en éxtasis mientras la miraba y le dije que se me acercara más pues mientras me masturbaba quería chuparle las tetas. Lo hizo, se sentó delante y me dio sus tetas que yo chupé mientras ella empezaba a masturbarse también. Las dos nos masturbábamos como unas locas, tanto que se escuchaba el sonido de los dedos con nuestro sexo mojado. Esto nos excitaba más.

Cuando yo ya no podía más, me corrí con tanto placer que gritaba de dolor y temblaba. A ella todavía le faltaba entonces y le dije:

¡Sigue, puta preciosa… mastúrbate fuerte!

Ella seguía y yo me excitaba al verla y empecé de nuevo a masturbarme y así seguimos las dos hasta que ella me dijo:

– ¡Ya me corro!

Yo le dije que me dijera cuando lo hiciera, entonces yo empecé a masturbarme más fuerte hasta que las dos nos corrimos juntas. Estábamos empapadas de tanto sexo. Luego me dijo:

– Quiero correrme una vez más. Te he deseado desde hace siempre y no quiero olvidarme de esto por un buen tiempo.

Acepté, nos recostamos ambas en el asiento de atrás, abrimos nuestras piernas y mirándonos, empezábamos a masturbarnos y jugar con nuestras tetas mientras yo le decía:

– ¡Que guapa estás así, guarra, dale fuerte cariño… métete los dedos fuerte, que me vuelves loca…!

Me sorprendía de las palabras que nos decíamos, pero estábamos muy excitadas y cuando ella me dijo que se iba acorrer, yo la hice parar, ambas cambiamos de manos y yo la terminé masturbando mientras ella me masturbaba a mí. Rendidas y ya pasadas de tiempo, nos limpiamos con unos pañuelos de papel y yo la vestí. Le puse el sujetador mientras le daba un chupetón rápido en las tetas y luego le puse la falda más el tanga mojado y le di un beso en el coño antes de subírselo. Luego le puse la minifalda y listo. Ella también me vistió y ambas quedamos en tratar de hacerlo otra vez, pero solo cuando su novio y mi marido jugaban sus partidos. Nos fuimos del lugar y volvimos a la cancha de fútbol.

Mi marido nos pregunto donde nos habíamos ido y yo le dije que nos fuimos a tomar un refresco mientras conversábamos como cotorras. Las dos actuamos como si no hubiera pasado nada y al despedirnos, ella me dijo:

– ¡Nos vemos a la próxima!

– ¡Claro que sí! – dije yo y le sonreí.

Siempre que pienso en sus tetas, mi mente se va. Ojalá pronto pueda volver a probar esas tetas que me vuelven loca.



                 Sigue viviendo con pasión: Relatos lésbicos




Suscribarse a nuestra lista de correo

Y disfruta exclusiva y gratuitamente de:
– consejos sexuales
– actualizaciones de productos
– ofertas y promociones exclusivas
– y los relatos eróticos de mayor calidad.
* Información necesaria









Una invitada en casa

Relatos ero: Una invitada en casa – Relatos lésbicos 


Somos Ainoa y Gorka, ambos tenemos 33 años y no es por presumir pero los dos somos bastante guapos. Además cuidamos mucho nuestro aspecto y forma física, de hecho los dos vamos al gimnasio con regularidad. Como pareja nos va bien. Llevamos casados cinco años ya, pero fuimos novios otros seis años más. Con esto queremos que sepáis que nos conocemos muy bien y que hemos tenido también momentos más difíciles pero los hemos superado. En la cama nos compenetramos estupendamente, a los dos nos gusta el sexo a rabiar y de hecho follamos a diario y nuestras sesiones de folleteo son largas, intensas y muy placenteras para los dos. Pero no es de eso de lo que queremos hablar.

Relatos eróticos

Una invitada en casa – Relato lésbicos



Nosotros leer habitualmente el blog de HIROelplacer que nos sirve de estímulo para dar morbo y fantasía a nuestra relación pero creo que los dos somos un poco celosos y no llevaríamos nada bien que la otra parte fuese infiel y de hecho alguna vez que leemos experiencias en tríos, hablando del tema Ainoa siempre había dicho que no estaría nada cómoda con otro hombre, que ya conocía demasiado bien sus necesidades y que por ahora no quería problemas. Yo también decía que satisfacer a dos mujeres sería una labor hercúlea y si eran de la mismo fogosidad que ella, sería casi imposible.

Así pensábamos antes pero no ahora y todo cambió un fin de semana que una compañera de trabajo de Ainoa se tuvo que quedar en nuestra casa. Se llama Laura y es la mejor de sus amigas en la oficina, siempre están juntas y allí dicen que parecen hermanas, pues Laura también está muy buena y físicamente se parecen bastante.

Laura se compró un pequeño apartamento, dejando el que compartía con otras dos compañeras. Tuvo que empaquetar todas sus cosas, dejarlas en un guardamuebles y buscarse un hotel donde vivir esos meses. Al principio pensaba que de los gastos se haría cargo a constructora pero el contrato de venta está redactado a su favor y era ella quien debía sumir esos gastos.

Mi mujer, un día que estaban comentando el problema, sin pensarlo y sin consultarlo conmigo le dijo que para un par de meses podía venir a quedarse en nuestra casa ya que no tenemos hijos y hay sitio suficiente. Laura se lo agradeció y aceptó encantada, por eso cuando a la tarde me lo contó, discutimos. Yo le dije a Ainoa que serán buenas compañeras y todo lo que ella quiera, pero que nuestra casa era para nosotros y que nuestro día a día se iba a resentir , que una cosa es que se quedase un fin de semana y otra casi tres meses.

La discusión fue seria pues ella insistió en que era una de sus mejores amigas y que si necesitaba ayuda tenía que dársela. Hay que reconocer que es una mujer preciosa, como lo es Ainoa, y además de simpática y de saber estar, tiene algo que la hace especial.

Un día Ainoa me dijo que Laura, en el trabajo, le comentó que lo pasábamos muy bien pues todas las noches nos oía “trajinar” pasando mucha envidia y que noche sí y noche también acababa con el dedo acariciando su coño hasta correrse. Ainoa, entrando en confidencias, le confirmó que era cierto que lo pasábamos muy bien y que practicábamos sexo cada noche y muy a gusto.

Ainoa me lo contó por la noche y esa misma noche echamos un polvo glorioso sin cortarnos un pelo y eso que mi mujer es muy escandalosa al correrse. Cuando acabamos le dije que su pobre amiga se iba a tener que masturbarse por lo menos dos veces. Ainoa preguntó el por qué y yo me puse de nuevo encima de ella y follamos de nuevo con todo el jaleo que suele dar mi chica. Acabamos rotos y al día siguiente Laura le debió de comentar a mi mujer que vaya nochecita y que tenía que estar orgullosa de mi.

El tiempo fue pasando y nosotros seguíamos a nuestro ritmo, pero los fines de semana Laura volvía tarde e incluso algún viernes y sábados no dormía en casa. Yo le vacilaba a Ainoa diciéndole que pobre el que pillara por banda esa noche, pues después de lo que se calentaba con nuestros polvos, al que pilla lo destroza seguro.

Un fin de semana, que hacía un tiempo de perros, medio nevando, medio granizando, con muchísimo frío, nosotros no salimos y Laura también dijo que lo sentía pero con la noche que hacía no le apetecía salir de marcha. También nos dijo que si nos queríamos quedar solos lo dijésemos y cambiaba de planes. Por supuesto le dijimos que no. Como esa tarde teníamos tiempo, preparamos la cena entre los tres, ayudando cada uno en una cosa, luego saqué una de mis buenas botellas de vino y luego otra que también acabamos, aunque se lo bebieron casi todo ellas. Ya en la sobremesa empezamos con las confidencias y las conversaciones un poco subidas de tono. Yo aprovechaba que las dos estaban desinhibidas y les di bastante pacharán después del café y llegó un momento en que las dos estaban un poco pasadas. En el sofá, viendo la tele, mi mujer estaba súper revoltosa, venga hacerme cosquillas y meterme mano. Yo me dejaba hacer mientras Laura en su sillón medio adormilada, no se perdía detalle. Cuando Ainoa empezó a besarme yo pasé de todo y me dediqué a besarla, morderla y a tocarla por todas partes como sé que a ella le gusta. Ainoa ya estaba absolutamente fuera de sí y creo que debido al alcohol no era consciente de la situación pues ella ya estaba medio desnuda mientras le metía mano y su amiga no se perdía nada.

Llegó un momento en que me desabrochó el pantalón, sacó mi polla del calzoncillo y sin ningún pudor empezó a mamármela. Cuando me la había puesto al cien por cien se quitó el pantalón del chandal y subiéndose encima de mi, se la clavó y ella misma se iba follando.

En este momento su amiga, discretamente, se levantó para irse diciendo bajito “buenas noches”. Yo, muy cachondo, le dije que por mi podía seguir mirando, que a mi no me molestaba en absoluto. Ainoa estaba en otra onda y ni hablaba, solo se movía arriba y debajo de mi verga gimiendo y boqueando. Laura volvió a sentarse y metiendo su mano dentro del pantalón del pijama se empezó a masturbar. Tenía la cara roja y los ojos brillantes del placer. Primero se corrió Ainoa, luego se corrió Laura pero ninguna se paró, mi mujer siguió con mi polla dentro de su chocho y Laura siguió dándole al dedo. Al rato me corrí yo dando unos golpes de cadera muy fuertes que hicieron que Ainoa se corriese de nuevo y al poco también Laura.

Nos quedamos los tres como muertos, yo con mi mujer sentada encima de mi suspirando del esfuerzo y la otra toda abierta de piernas, con el pantalón medio bajado y la mano todavía entre los muslos. Así estuvimos un rato, medio dormidos y con el sonido de la tele de fondo. En eso Laura se levantó, mi mujer también y se fueron al servicio. Cuando volvieron se sentaron las dos en el sofá, una a cada lado de mi cuerpo y sin halar Ainoa me besó mientras Laura me metía mano directamente a mi aparato. Solo de lo imprevisto se puso tieso de nuevo. Por lo que me contaron luego, en el baño y mientras se recomponían un poco, habían hablado de lo ocurrido, las dos aún estaban muy aceleradas, Y Laura le dijo a mi mujer que tenía envidia de ella por disponer de un hombre como yo que le daba placer todos los días. Ainoa estaba orgullosa de mi y de ella y debido a la tontera le dijo a Laura que si quería probarme le dejaba hacerlo siempre que yo no pusiese pegas.

Por eso, cuando volvieron, en el sofá las dos se dedicaron a meterme mano y acariciándome consiguieron que me pusiese de nuevo en forma. La dos estaban bastante vestidas mientras que yo estaba con el pantalón en los tobillos y el rabo apuntando al techo, pero como no paraban de besarme yo aproveché para meterles mano y como pude ir quitándoles la ropa Con mi mujer no fue nada difícil, pues ella me ayudó quedándose desnuda en un momento. Laura seguía a lo suyo sin dejar en ningún momento de tocarme la polla mientras nos besábamos así que, dándole un pequeño empellón, la hice levantar y al tenerla de pie delante de nosotros, entre Ainoa y yo la ayudamos a quedarse también desnuda. Luego yo me incorporé un poco y me quité del todo el pantalón. Ya estábamos los tres iguales, desnudos.

En la sala se respiraba un ambiente denso, de sexo y nosotros no paramos en ningún momento de besarnos, de acariciarnos, de tocarnos en un pequeño crescendo que iba a acabar con los tres corriéndonos de placer y agotados. Ainoa seguía muy atontada pero con voz ronca me dijo que me follase a su mejor amiga para que supiera lo que era disfrutar de verdad. Ella misma la hizo inclinarse en el sofá y sujetándole una pierna me empujó encima de Laura. Yo tenía el rabo muy tieso y como Laura estaba mojadísima nada más ponerla en la entrada de su coño, casi sin empujar, entró hasta el fondo.

Ainoa nos ayudó poniendo las piernas de Laura en mi culo y yo empecé a bombear como si me fuese la vida en ello. Mi mujer, delante de mi, me besaba como podía, animándome a follarme duro a su amiga que gritaba, lloraba, reía, no sabía ni lo que hacía, pero lo que sigue lo contaré en una próxima carta









                 Sigue viviendo con pasión: Relatos eróticos





Suscribarse a nuestra lista de correo

Y disfruta exclusiva y gratuitamente de:
– consejos sexuales
– actualizaciones de productos
– ofertas y promociones exclusivas
– y los relatos eróticos de mayor calidad.
* Información necesaria









Publicación recomendada

SEXO Y RELACIONES

SEXO Y RELACIONES En nuestra sección de SEXO Y RELACIONES vas a disfrutar de un mundo de historias de sexo. Desde cuentos eróti...