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Las obras que cambiaron el mundo del sexo

Las obras que cambiaron el mundo del sexo

A continuación, un tremendo spoiler de Justine o los infortunios de la virtud del Marqués de Sade. No digáis que no hemos avisado.

Cuando la virtud muere atravesada por un rayo, sólo caben dos opciones: hacerse célibe o reflexionar sobre las nociones de lo que consideramos virtuoso. Por nuestra parte, no pensamos que el sexo sea un vicio a erradicar. Es más, creemos que la sexualidad debe ser uno de los temas recurrentes en el desarrollo humano. Por eso, hemos recopilado nuestras novelas eróticas preferidas o las que consideramos que han sido las obras literarias fundamentales en el mundo del sexo; aquellas que han alumbrado un nuevo cosmos bajo el cual gozamos de los placeres más íntimos.




¿Cuáles son mejores, los relatos eróticos escritos o las películas?



Quizás no nos preguntamos a menudo el porqué de nuestros apetitos sexuales. Los damos por nacidos de manera natural, cuando lo cierto es que se enmarcan en nuestro aprendizaje social. Por resumir, 50 sombras de Grey no habría sido un éxito, si antes no hubiéramos bebido de otras fuentes, tanto literarias como cinematográficas.



Probablemente, desde muy jóvenes habréis oído el típico cuento de “la novela es mil veces mejor que la película”. Pero lo cierto es que cada arte es distinto, cada uno tiene su momento y forma de ser experimentado. A nuestro parecer, tanto la literatura como el cine son placeres de lo más apetecibles. Y si estos constituyen las mimbres de nuestra idiosincrasia sexual o han provocado que desatemos nuestras fantasías, relegando los tabúes que cada día encorsetan nuestra libertad al olvido, ¡bienvenidas sean todas esas novelas y todas aquellas películas!









Las mejores novelas eróticas y películas de la Historia o las obras que cambiaron nuestro cosmos sexual 



Kama sutra

Aunque sólo sea por el capítulo de las “Artes amatorias”, la obra atribuida a Vatsiaiana merece la pena ser leída de principio a fin. Puede que parezca algo reaccionario, pero la influencia universal de las “64 artes” (8 formas esenciales y 8 posturas primordiales) sigue erosionando la idea monástica del misionero, como única postura legítima de un sexo destinado meramente a la reproducción. El Kama sutra, o mejor dicho, sus Artes amatorias nos enseñan cada día todas las formas en las que podemos hacer que nuestra pareja goce. Es decir, que amor y sexo no vayan disociados en nuestras vidas.





Las amistades peligrosas

La lectura de esta obra no sólo nos ofrece la moraleja del peligro que conlleva jugar con los sentimientos ajenos. La novela publicada por Pierre Choderlos de Laclos en 1782, también revierte el verso de Jorge Manrique que –erróneamente– empleamos para describir situaciones cotidianas. Y es que un tiempo pasado no pudo ser mejor si en él las mujeres viudas debían mostrarse fieles al luto, o si una condición social o el propio género determinaban el número de amantes que se podían conquistar. Las amistades peligrosas nos muestra, sobre todo, cómo el hombre (Valmont) goza de un estatus superior cuantas más vidas de mujeres deja destrozadas a su paso. Pero, también cómo ese machismo es tan perverso cuando se produce por un hombre, como cuando quién lo encarna es una mujer.






Justine o los infortunios de la virtud

¿Podrías creer que las obras del Marqués de Sade pueden resultar menos sádicas que una película de Tarantino? De hecho, Justine o los infortunios de la virtud es, ante todo, una crítica al epicentro de los valores de la sociedad de su tiempo. Si la virtud se basa en el celibato, aquellos que la persigan encontrarán lo opuesto. La crítica de Donatien Alphonse François de Sade se hace aún más contundente al enfrentar el hecho de que, en la Francia de finales del siglo XVIII, quien nace en la virtud muere virtuoso, con todas las aberraciones que –por su estatus– se le permitan ocultar. Algunas de las imágenes que regala la novela, son evocadas a diario en cualquier página de videos pornográficos de nuestro tiempo. Se puede decir que Sade nos mostró uno de los primeros Gangbangs de la Modernidad.





Historia de O

Ya en nuestro cercano siglo XX surge la pregunta “¿De dónde viene el BDSM?” Vamos a permitirnos una licencia narrativa: Pareciera que Dominique Aury quería conquistar a su amante Jean Paulhan al más puro estilo Valmont, escribiendo la historia de una fotógrafa que se convierte voluntariamente en objeto sexual. Esta es la Historia de O, donde se nos muestra a una mujer a la que las reglas del amor convencional, le hacen descubrir dónde y cuándo puede someter su voluntad para obtener un placer jamás soñado. Ella ingresa voluntariamente en una fraternidad sadomasoquista, que se describe por la práctica del spanking (azotes) y el sexo anal. ¿No os parece que ha tenido bastante influencia?






Emmanuelle

Esta obra describe el viaje iniciático de una joven mujer casada, hacia las experiencias sexuales que sobrevienen cuando se reúne con su marido en Tailandia. En este caso, lo cierto es que la película de 1974 –interpretada por una inolvidable Sylvia Kristel, ha barrido del mapa a la novela publicada en 1959. Tanto sus secuencias explícitas, como los aciertos de guión y dirección han dejado imágenes imborrables en nuestras retinas. La película nos muestra a Emmanuelle aprendiendo desde los placeres de la masturbación (como no podía ser de otra forma con un retrato de Paul Newman) hasta el sexo del amante anhelado (Mario), pasando por relaciones lésbicas y tríos. Todo un clásico que cambió definitivamente la concepción del sexo en nuestro mundo, una historia de sexo que cambió nuestras vidas.




Una de las cosas maravillosas que tienen tanto las novelas como las películas es que, cada vez que se leen, cada vez que se ven, nos hacen aprender un poco más sobre nosotros: lo que queremos y no queremos es tan singular como universal…



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Bajo las 50 sombras

Bajo las 50 sombras  

Mientras escribo estas líneas, escucho New Born de Muse. Una melodía en la que encuentro la intriga e intensidad perfectas para cuestionarme ese lado, tan oscuro como brillante, que se esconde bajo las 50 sombras. La espera entre la trilogía, la película y lo que las ha rodeado, no solo ha levantado tantas ampollas como avivado pasiones, sino que –ante todo– ha producido ciertas dudas morales a la hora de tratar este tema.

¿Está bien el hecho de que me guste Cincuenta sombras de Grey?




Como en su momento ocurrió con Emmanuelle, 50 sombras representará un punto de inflexión en la forma de entender el sexo . De hecho, estoy segura de que esto ya ha empezado a ocurrir. Pero, ¿hasta qué punto es bueno que suceda?


Lo bueno del libro y de la película



No ocurre todos los días que una trilogía venda más de 100 millones de copias en todo el mundo, como tampoco encontramos muchos libros que se traduzcan en 52 lenguas distintas. Hasta el crítico más abnegado tiene que reconocer algo interesante bajo las 50 sombras de Grey. El erotismo explícito, salpimentado con prácticas de Bondage y BDSM, nos ha hecho pasar las páginas más rápido que la calada a un cigarro o el sorbo al café de la mañana. Al mismo tiempo, nos ha predispuesto para el sexo pero, sobre todo, ha brindado la oportunidad de hablar sobre juegos sexuales con nuestras amigas, parejas, e incluso, familiares. ¿Hay alguien que pueda rebatir que hablar con claridad sobre gustos sexuales es algo bueno?






Lo malo del libro y de la película



Como en muchas otras ocasiones, la obra objeto de éxito se convierte en la destinataria de feroces críticas. He podido leer como uno de mis tótems literarios la descuartizaba, diciendo que “Cincuenta sombras de Grey conseguía que Crepúsculo pareciese Guerra y Paz”. A parte del genial Rushdie, otras escritoras híper exitosas, como J. K. Rowling o Jackie Collins, también se han sumado a la detracción. En el primer caso, de una manera políticamente correcta y, en el segundo, de una forma más chistosa han denostado la narrativa de Erika Leonard James. En este sentido, es absolutamente legítimo dudar de la calidad de los textos. Y, para ser completamente sincera, tengo que reconocer que la construcción de la trama es tan floja como –en el fondo– trillada: la trilogía no deja de ser el cuento de la niña humilde que encuentra a un príncipe que, esta vez, se convertirá en algo mucho peor que una rana. La película se ha preparado para reducir o eliminar las escenas más humillantes y esto no sé hasta qué punto puede ser bueno. Me refiero, evidentemente, a que constituye un acto de autocensura en lo que pretende ser una realización artística. Y, hasta donde yo sé, el arte es libre.



Lo peor y lo mejor



No hay nada peor que enfrentarse a las consecuencias indeseadas; percatarse de que un acto ha generado un efecto completamente opuesto al de nuestras intenciones, puede convertirse en algo autodestructivo. Me imagino a una Erika rezando, invocando a todos los dioses para que a nadie se le ocurra llevar a cabo las escenas de sumisión de Anastasia o interpretar el rol de Christian Grey. De hecho, son conductas completamente deleznables sobre las que no solo los psicólogos han alzado la voz, sino también diversos colectivos BDSM. Pues en el Bondage y el BDSM light no se pretende más que la satisfacción sexual a través de la consciente interpretación de la dominación y el sometimiento. No les falta razón. Pero entonces, ¿qué hacemos? ¿La censuramos? Ya hay dos “motivos” para hacerlo: de un lado, están los comportamientos violentos y sumisos de los protagonistas. Y de otro, la falta de calidad de los libros.


Está bien, ahora pensemos cuántas obras se irían al carajo por los mismos criterios: ¡habría que quemar toda la filmografía de Tarantino por sangrienta y la mitad de las bibliotecas por contener peñazos infumables!



¿No estará ocurriendo lo mismo que con El código Da Vinci? Por cierto, últimamente todos aquellos que criticaban a los “ignorantes” que lo leían en el metro, empiezan a reconocer cierta habilidad literaria en Dan Brown. ¿No será que hay algún tipo de escritura que es capaz de mantenernos entretenidos y deseosos de saber por la estructura y/o el contenido del relato? Para terminar, creo recordar que tanto el libro como la película de Emmanuelle narraban sexo sin consentimiento. Sin duda, el film marcó un hito en la forma de entender la sexualidad (sobre todo, femenina) y no oigo a nadie que, hoy día, se queje por aquellas escenas. Probablemente, se entendió que no se trataba de un vídeo pedagógico, sino de un relato erótico .


Os decía que estaba escuchando New Born de Muse. Si me paro a pensar en la letra solo encuentro desolación y, sin embargo, siempre ha sido una canción que me ha motivado para escribir. Es decir, si la racionalizase nunca la pondría. Y es que o se da cabida al espacio irracional que todo arte contiene, o se ejerce la indiferencia. La otra opción es vetarlo…




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