Relatos ero: Rosario tailandés – Relatos eróticos cortos
Si te preguntas qué es eso del “rosario tailandés”, te gustan los relatos sobre sexo anal y adoras la narrativa de Brenda B. Lennox, no te puedes perder estos dos intensísimos relatos cortos: Devoción y Vicio.Sigue leyendo…

Relatos ero: Rosario tailandés
Devoción – Relato erótico corto (1)
Sentí la cremosidad del lubricante y la dureza de sus dedos cuando me penetró. Uno en el culo, uno en el sexo. Dos en el culo, dos en el sexo.
—Fóllame con tres. Fóllame. Fóllame. ¡Fóllame!
Me silenció metiéndome en la boca un rosario tailandés.
—Te follaré con esto. ¡Chúpalo!— Lo chupé. Con avidez. Como si fueran sus «cuentas». Fiel devota de una nueva religión. Las introdujo despacio mientras trazaba círculos con los dedos. Mi culo las engullía una a una, palpitante, hasta que la última selló mi interior. Era enorme, aterciopelada, dura… pero no lo suficiente.
—Fóllame. Fóllame. ¡Fóllame!
—No.
Sus dedos horadaron mi sexo. Su boca apresó mi vulva. Chupaba sin tregua y yo me revolvía enloquecida sin importarme que las cuerdas me laceraran. Tiró del rosario y me convulsionó el estertor de la petite mort.
Lubricó su miembro con mi sexo, separó mis glúteos y me penetró.
—Ahora sí.
Vicio – Relato erótico corto (2)
Un día, cuando disfrutaba de mi vicio secreto, entró en la habitación. Puede que llegara antes de la hora, puede que no, tanto daba. Me pilló con la cadera levantada y el rosario lubricado en las manos. Sentí vergüenza, remordimientos, miedo. ¿Y si se enfadaba? ¿Y si le molestaban mis juegos solitarios? Intenté girarme, formular una explicación, pero me aprisionó contra la cama y me arrebató el rosario.
—Viciosa. Mereces un castigo—. Se quitó el pañuelo de seda que llevaba al cuello y comenzó a hacerle pequeños nudos mientras mordía mi espalda. Luego, introdujo en el mismo centro de mis glúteos dos dedos lubricados y, cuando gemí pidiendo más, los sacó y metió la punta del pañuelo. Despacio, nudo a nudo. Era suave, aterciopelado, exquisito… como su miembro cuando penetró mi sexo. Me folló con furia, azotando mis glúteos, clavando sus uñas en la carne. Placer, placer, placer…. Un tirón enérgico. Su lava quemando mi sexo. Mi orgasmo quemando el suyo.
Soy adicta, lo confieso. Le espero anhelante hasta que oigo el motor de su coche. Entonces, me desnudo y me tumbo de espaldas con el rosario tailandés lubricado en mi mano. Abre la puerta, me observa, se acerca. Finjo sorpresa, un giro, una explicación, pero me aprisiona contra la cama, me arrebata el rosario y susurra.
—Viciosa.








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