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El amor es imprevisible

El amor es imprevisible – Relatos eróticos lésbicos

Soy Adela, una mujer de 34 años. Estoy separada desde hace tres y desde hace uno mantengo relación de pareja con una chica de 26.

Toda mi vida he sido una mujer guapa, muy atractiva y fogosa y no me han faltado las oportunidades de ligar a mi gusto, pero a partir de mi separación me mantuve sin relaciones sexuales, pues me sucedieron una serie de desgracias que me hicieron cambiar de vida.

Relatos eróticos

El amor es imprevisible – Relato lésbico



Ocurrió que mi padre viudo enfermó y tuvo que venir a vivir conmigo pero debido a mi trabajo me vi en la necesidad de buscar a alguien que me ayudara a cuidarlo. Después de varias semanas sin encontrar la opción adecuada, una amiga me habló de una chica que estaba terminando la carrera de medicina, que había cuidado de un señor mayor hasta su muerte y buscaba trabajo.

Un día me la presentó. Se llamaba Carmen y físicamente era una mujer de las que llaman la atención, con una figura impecable, un culito perfecto y unas tetas firmes y de un tamaño ideal. Pero además me impresionó su carácter abierto y activo. Después de un buen rato de conversación no podía creer la suerte que tenía pues aparte de haber encontrado la persona idónea para ocuparse de la enfermedad de mi padre, quedamos de acuerdo en que Carmen viviera en mi piso con lo que, ella y yo, nos ahorrábamos dinero.

A partir de este momento mi vida mejoró radicalmente. La convivencia con Carmen resultó maravillosa pues entre las dos llevábamos la casa casi como una pareja perfecta. Nuestra confianza mutua era total.

Carmen me animaba a salir con sus amigas pero yo, normalmente, me negaba alegando que no me apetecía y que además ya era casi una vieja en relación con ellas. Ella siempre me respondía que eso era una tontería y que a más de una ya le gustaría tener mi aspecto.

Al poco tiempo murió mi padre y Carmen me pidió seguir viviendo conmigo a lo que yo respondí que encantada, que a mi también me hacía falta compartir la casa con alguien. El tiempo pasó y debo reconocer que volví a sentir deseos sexuales que calmaba mediante la masturbación diaria pues mi relación con hombres era prácticamente inexistente. Consciente de ello decidí salir con Carmen y sus amigas. Lo hice en tres o cuatro ocasiones y nos divertimos a lo grande pero rápidamente percibí que ninguna de las chicas del grupo manifestaba mucho interés por los hombres. No le di más importancia y seguimos saliendo habitualmente hasta que un día ocurrió algo que hizo que todo cambiara y que yo acabara por entenderlo.

Alguna vez habían salido con nosotras un par de amigas, Nuria y María, casadas y más o menos de mi edad. La dos están muy buenas y son de las más lanzadas. Un viernes por la mañana Carmen me llamó al trabajo preguntándome cuando volvería a casa y yo le dije que ese día cerraría tarde.

Ella, entonces, me dijo que se despedía de mí hasta el lunes pues Nuria la invitaba a pasar el fin de semana en su casa de la playa y que se marchaba antes del mediodía, así que se encontraba en casa haciendo la maleta.

cita Por una sorprendente casualidad ocurrió que, al cabo de una hora, yo empecé a sentirme mal y el jefe casi me obligó a irme. Cogí un taxi y llegué a casa sobre las diez de la mañana. Al abrir la puerta me sorprendió escuchar dos voces de mujer desde la cocina. Eran Carmen y Nuria. Pensé en llamarlas pero el tono en el que hablaban y alguna palabra suelta que oí desde el recibidor me decidieron a ocultarme y escuchar su conversación.

El piso es pequeñito se oye todo así que pasé del comedor a mi dormitorio, que tenía la puerta entreabierta y seguí escuchando la conversación. Me pareció entender que Nuria le estaba dando consejos a Carmen sobre como declararse a alguien. Al momento entraron las dos en el comedor y prepararon la mesa para desayunar. Se sentaron y Nuria dijo:

– Al fin y al cabo si te decides lo único que pueda pasar es que te tengas que cambiar de casa.

– No es tan fácil – contestó Carmen – Yo estoy enamorada de ella y me da mucho miedo perder el contacto con ella.

– Chica – dijo Nuria – pues te tendrás que seguir conformando con María y conmigo, nosotras encantadas, a las dos nos interesa que las relaciones sean esporádicas así no hay líos, te acuestas con dos casadas que no te darán complicaciones amorosas, pero quizá te estés perdiendo lo mejor, imagínate que le vaya el bollo, la de cosas que podríamos hacer entre las cuatro, a mi me encantaría comérmela enterita, debe tener un coñito delicioso, donde hace tiempo que no entra ninguna polla.

– Me estás poniendo caliente – dijo Carmen – ¡Que putita eres!

Nuria se levantó de la silla y se acercó a Carmen, se sentó sobre su falda y se besaron mientras Carmen metía las manos bajo la camisa de Nuria y le acariciaba las tetas que acabó por sacar de la camisa y empezó a morder. En un momento Nuria estaba desnuda sobre el sofá, abierta de piernas y ofreciendo su chocho depilado a Carmen que se acercó y quitándose la bata se estiró sobre el cuerpo de Nuria, quedando en la posición del 69. Yo estaba alucinando, estaba excitadísima con la escena que contemplaba por el quicio de la puerta y no menos por la conversación que acaba de oir. Después de un buen rato de comerse los coños, ambas se corrieron y acabaron besándose el interior de los muslos, se estiraron en el sofá y estuvieron acariciándose un ratito hasta que dijeron que se hacía tarde.

Carmen se vistió en su habitación mientras Nuria seguía tocándose y diciéndole a su amante que seguía caliente. Al final Carmen se acercó y puso a Nuria a cuatro patas, metió la cara entre sus nalgas y después le introdujo dos dedos en el culo diciéndole:

– Me encanta los coñitos depilados y los culitos limpios y profundos, te vas a enterar este fin de semana, te voy a dejar a gusto con mis jueguetitos.

Nuria movió el culo y Carmen le dio una palmada obligándola a levantarse y vestirse. Finalmente cogieron las maletas y marcharon. Yo me quedé desconcertada y excitada. Acababa de ser testigo de algo increíble y al mismo tiempo me enteraba que mi compañera de piso estaba enamorada de mi.

cita Pasé el fin de semana dándole vueltas al asunto y al final comprobé que no sentía ningún rechazo, al contrario me halagaba que una chica tan guapa quisiera conquistarme, así que decidí pasar a la acción y dejarme conquistar.

A partir de ese lunes empecé a mostrarme coqueta con Carmen y a insinuar mis atractivos disimuladamente, sintiendo como ella se excitaba pero no se decidía a meterme mano. Al final, después de quince días de jueguecitos y casualmente, la visita de su madre me dio la oportunidad de dar el salto a lo desconocido.

Su madre venía a Barcelona a hacer unas compras y se iba a quedar una noche. La instalé en la habitación de Carmen donde hay dos camas y luego salimos de compras. Al volver dejamos todo lo que habíamos comprado y lo dejamos sobre una de las camas pero como ya se había hecho tarde y la madre de Carmen insistía en arreglarlo todo, yo aproveché para proponer que quedase todo así, sobre la cama y que Carmen durmiera conmigo en mi cama de matrimonio.

La madre lo vio como normal pero a Carmen se le iluminó la cara y empezó a manifestar síntomas de nerviosismo. Estuvimos charlando un ratito hasta que la madre de Carmen se acostó y nosotras decidimos hacer lo mismo pero antes le dije a Carmen que utilizara ella primero el lavabo y así lo hizo, metiéndose luego en el dormitorio. Yo notaba como temblaba de excitación. Entré yo en el lavabo, me duché y perfumé, sintiendo chorrear mi chochito, que había depilado especialmente para la ocasión.

Después de un buen rato, entré desnuda en el dormitorio. La luz de la calle iluminaba un poquito la habitación y como era el mes de julio sobraban las sábanas. Carmen estaba de costado hacia el centro de la cama y yo no alcanzaba ver si llevaba braguitas. Su cuerpo brillaba y aparecía como el de una modelo. Adiviné que estaba despierta y me exhibí un poquito a la luz de la ventana y casi se oía el chapoteo de mi coño. Me tendí en la cama bocarriba, toqué mis tetas y pasé mi mano derecha por mi entrepierna, sintiendo la respiración agitada de Carmen, que ya sabía que yo estaba desnuda y caliente. Le di la espalda y acerqué mi culito a su regazo, como buscando un sexo masculino.

Al momento Carmen deslizó sus braguitas suavemente hasta sus pies y se pegó a mi cuerpo hasta colocar su coño contra mis nalgas y sus tetas contra mi espalda, me abrazó y deslizó una mano hasta mis pechos para acabar buscando mi entrepierna mientras me mordía en la nuca. Dejé que me hiciera todo lo que le venía en gana. Nos estuvimos besando y acariciando con toda la fogosidad del mundo. Sobre todo dejé que mi amante se dedicara a mis tetas y yo también aproveché para darles unos cuantos mordiscos a sus pezones.

Después de un buen rato de magreo, me puso a cuatro patas, cerró las cortinas y encendió la lamparita de noche. Se colocó a mi espalda y me abrió las nalgas, comenzando a tocarme el coño y el culo y a meterme los dedos en los dos agujeros.

– ¿Te gusta mi coño? – le pregunté.

– ¡Me encanta! – me respondió.

Me comió enterita y yo me entregué a ella con tanto vicio que me mi amante llegó a dudar que fuera mi primera vez con una mujer. Le dije que sí y que, a partir de ese momento, mi cuerpo le pertenecía, mientras ella me mordía el coño y penetraba mi culito con vicio. Estuvimos follando toda la noche y me desquité del tiempo atrasado que llevaba sin correrme. Me entregué sumisamente, abriéndome para que me devorara el coño y el culo, y yo hice lo mismo. Al día siguiente, su madre marchó a primera hora, Carmen la acompañó a la estación y yo me quedé en la cama, deshecha.

Cuando mi novia volvió yo la esperaba con el desayuno preparado y al entrar en mi dormitorio, me abrí de piernas ofreciéndole mi sexo palpitante.

Hasta aquí, querida Charo, la primera parte de mi primera experiencia con otra mujer pero, tranquila, que continuaré contándote lo que sigue en una próxima carta.

Besos, amiga mía, y hasta muy pronto.



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Fui su juguete

Fui su juguete – Relatos eróticos lésbicos

Aquella noche yo no quería salir, pero mis amigas insistieron tanto, que no tuve mas remedio. Acababa de dejar a mi novio, porque el muy cerdo, ante mis negativas a hacerle el amor intentó forzarme. No es que yo sea una mojigata, pero todavía no he encontrado el chico a quien darle mi virginidad. Y así, con este panorama, lo menos que yo quería era ir a discotecas a soportar pelmazos.

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Fui su juguete – Relato lésbico




Me arregle poco y fui al piso de una amiga en el que habíamos quedado todas para hacer botellón. Yo no pensaba beber, pero me obligaron, pues decían que me ayudaría a olvidar. De allí fuimos una discoteca del centro a la que solíamos ir. Yo, modestia aparte, no estoy nada mal. Mido un metro ochenta, y mis curvas están en proporción a mi estatura. Tengo pechos entre medianos y grandes y bonitos, el culo muy firme y respingón, y nueve años de natación. Mi rostro es normal, ni muy hermoso, ni feo, pero mi espesa melena negra azabache me dé un aire salvaje que suele gustar mucho a los tíos.

Me puse a bailar con las amigas en la pista, pero un pelmazo empezó a agobiarme y a frotarse conmigo, por lo que me fui a la barra, intentando que mi ira reprimida no saltase. Me pedí una copa, y mientras me la ponían vi como una rubia despampanante se acercaba a la barra. Era una mujer impresionante; alta, guapa, melena rubia al viento, con un cuerpo de escándalo. Nunca me han atraído las mujeres, aunque reconozco que alguna vez me he masturbado pensando en una relación lésbica, pero aquella mujer llamó mi atención. Se acercó a donde yo estaba.

– Siento que mi amigo te haya molestado – me dijo.

– No te preocupes, no ha sido nada, solo es que acabo de cortar con mi novio

-¿Y por qué ha sido?

– No sé si contártelo, todavía lo tengo muy reciente.

cita – Cuéntamelo, mujer, y así te desahogas

Le conté la historia, y después pasamos un rato agradable criticando a los hombres. Nos hicimos amigas, y pasamos mucho rato hablando, tanto que cuando me quise dar cuenta mis amigas se habían ido, pero no me importó. Me fui al baño, y cuando volví, mi nueva amiga, Isabel, tenia en la barra dos copas, y yo, que había decidido acabar borracha me bebí la mía de un trago. A partir de ahí, todo se hizo un poco borroso, me mareé un poco, lo que atribuí a la copa y Isabel me sacó a la calle para que me aireara, pero, cuando estábamos en la calle, noté que mi voluntad desaparecía, que me estaba volviendo como una zombi, y que obedecía sin poder resistirme todas las instrucciones de Isabel. Me llevó a su piso, hasta su habitación, y me dijo que me desnudara. Yo no podía resistirme, mi voluntad había desaparecido y obedecí ciegamente.

– Ahora no debes entender muy bien lo que pasa cariño, pero en la copa que te bebiste antes iba una pastillita, así que por ahora eres mi juguete.

No entendí muy bien aquellas palabras, pero me aterrorizaron. Allí estaba yo, en la habitación de una desconocida, y sin poder oponer ninguna resistencia. Cuando terminé de desnudarme me levantó del suelo, tenía mucha fuerza, me tiró sobre la cama y me ordenó que me masturbase para ella. Mis manos fueron hasta mi coño y empecé a restregarme el chocho con una mano, mientras, mi otra mano iba pellizcando mis pezones, dándome una sensación electrizante que bajaba por la columna vertebral. Me estaba poniendo realmente cachonda, y mi mano empezó a frotar más fuertemente mi sexo, mientras algunos gemidos escapaban de mi boca. Baje mi mano izquierda hasta mi culo, y empecé a meterme el dedo índice en el ano, mientras mi mano derecha pellizcaba mi clítoris. Me acercaba al orgasmo, y casi ni recordaba la situación en la que estaba, solo me dedicaba a darme placer. En mi ano ya había tres dedos, y mi cadera se movía desbocada, cuando Isabel me ordenó que me penetrase el coño con mis dedos. Obedecí, sin siquiera pensar que me iba a doler, y metí tres dedos de mi mano derecha en mi coño virgen. La sensación de dolor fue muy fuerte, me sentía desgarrada, pero inmediatamente llegó el orgasmo, y todos mis músculos se aflojaron.

cita – El juego no ha terminado, pero quiero que el efecto de la droga se te pase, para que seas consciente de todo lo que te va a pasar. Me esposó a la cama, y me dejó allí. Estuve allí una eternidad, hasta que poco a poco iba recuperando mis facultades, y sintiendo más miedo por lo que podía pasar. Había disfrutado mucho antes, pero ahora me sentía humillada, humillada y asqueada. Además, estaba esposada a la cama, y podía cambiar poco de postura.

A la hora y media de dejarme allí ella volvió. Traía puestos unos pantalones de cuero y los pechos al aire, unos grandes, hermosos y erectos pechos, de grandes pezones.

– Ahora voy a hacerte disfrutar más de lo que has disfrutado nunca, zorrita – me dijo.

Yo estaba realmente enojada, pero me sentía impotente, no podía librarme de las esposas, lo más que podía hacer era dar patadas, y lo intente pero Isabel me pegó un bofetón que me dejó marca y dejó claro quien mandaba, y quien, aunque ya no drogada, tenia que obedecer. Se acercó a mí, y se quedó un rato contemplando mi cuerpo, como si fuese un trozo de carne.

– Tienes un cuerpo apetecible, muy sensual.

Empezó a acariciarme el cuello y las orejas suavemente, con mucha delicadeza, como si realmente no me estuviese violando. Bajo sus manos hasta mis pechos, y cogió uno con cada mano y los apretó firmemente, sobándomelos de manera circular. Me cogió uno de los pezones, y lo pellizcó con fuerza.

– ¿Te gusta? ¿No? Pues acabara gustándote.

Volvió a pellizcarlo otra vez y a tirar de él, haciéndome daño, pero no me atreví a quejarme. Bajó sus manos por mi vientre, acariciándolo, y llegó hasta mis muslos. Mi cuerpo empezó a reaccionar, y mi entrepierna se humedeció. No era que a mí me gustase lo que me estaba haciendo, pero mi cuerpo lo estaba disfrutando. Bajó sus manos por mis muslos deslizándolas muy suavemente por la cara interna, hasta que llegó a los pies. Entonces me los agarró con fuerza, y me los ató a la cama, de manera que mis piernas quedaran muy separadas. Subió a la altura de mi cabeza, y acarició los pezones con los suyos, rozándolos suavemente en círculos. La sensación fue nueva, y muy placentera, tanto que tuve que contener un gemido. Mi cuerpo reaccionaba, pero yo me negaba a admitir que aquello pudiese gustarme. Isabel acercó su boca a la mía, e intento meter su lengua, pero yo apreté los labios y no pudo.

cita – Creo que olvidas quien manda – dijo.

Su lengua penetró en mi boca y se movió por ella frenéticamente. Recorrió mis labios, mis encías, y se enfrentó con mi lengua. Fue un beso largo y apasionado por su parte, pero yo me mantuve totalmente pasiva. Bajó otra vez hasta mi entrepierna, y me dijo:

– Antes vi que te gustaba follarte el culo zorrita, a ver si te gusta ahora.

Me metió, sin ningún tipo de lubricante, su dedo anular hasta el fondo y empezó a hacer círculos por dentro, como queriendo dilatármelo. Al primer dedo lo siguió el segundo y el tercero, y cuando llevaba un rato dilatando, empezó un metisaca bastante fuerte, que al principio me molestó, pero enseguida me dio mucho placer. Mi vientre ardía, mi clítoris empezaba a necesitar atención, y mi coño manaba abundantemente.

– De modo que por fin te gusta – me dijo acelerando la follada que me estaba dando con sus dedos.

Empezó a lamerme la rajita, introduciéndome la lengua muy profundamente, e iniciando un metisaca muy agradable. Yo hacía rato que había dado rienda suelta al placer, y gemía como una loca según se me acercaba el orgasmo, cuando Isabel sacó la lengua de mi coño y se dedicó a lamerme el clítoris. No pude con tanto estímulo y me corrí, pero Isabel seguía con mi culo y mi coño, y yo tras el orgasmo me sentía fatal. Me sentía humillada y culpable, por haber disfrutado, y me sentía muy sucia. Entonces Isabel se alejó un poco de mí, se puso de pie en la cama y empezó a bajarse los pantalones de una manera muy sensual. Mi sorpresa fue tremenda, pues vi algo que no me podía creer. Isabel, una mujer muy guapa, y con unos pechos más grandes que los míos, tenía una polla inmensa, era un transexual. Era larga y gorda, como una serpiente de cascabel, muy oscura y totalmente empalmada, con un glande brillante, y salido del prepucio.

– ¿Te gusta la sorpresita? – dijo riendo.

cita En esto se tumbó encima de mí, y sin ningún preámbulo me la metió entera. Mi coño, que era virgen, no soportó un miembro tan grande, y me produjo un dolor insoportable. Empecé a quejarme, pero Isabel estaba bombeado, y no atendía a mis suplicas. Empezó a follarme lentamente: me la metía muy despacito, centímetro a centímetro, para sacármela luego de golpe, y estuvo así un rato, hasta que yo dejé de quejarme, pues mi coño se acostumbró al tamaño de aquel miembro. Empezó a bombear más deprisa, con golpes hora superficiales, hora muy profundos. Yo me sentía muy sucia, porque el pollón de aquella mujer me empezaba a dar placer, y empecé a jadear. Isabel aceleró más sus embestidas, y sus pechos se bamboleaban sobre los míos, produciendo una fricción que me empezaba a enloquecer. Entonces si que me sentía realmente sucia, y puta, y aquello me ponía cachonda. Empecé a mover mis caderas de forma salvaje, acompasándome a los movimientos de Isabel, otro orgasmo se me acercaba, y esta vez quería disfrutarlo.

– ¡Me estas follando de maravilla, puta! – exclamé sin pensar.

– Te dije que te gustaría, que te sentirías como la perra caliente que eres.

Yo no paraba de gemir y de decirle a Isabel que siguiese, que más fuerte, lo puta que me hacia sentir, que era su puta… El orgasmo no se hizo esperar, y recorrió mi cuerpo como una intensa descarga eléctrica que tenía su origen en mi entrepierna. Había sido el más intenso de mi vida, pero Isabel no paraba, seguía bombeando a una velocidad brutal, hasta que bajo el ritmo y me besó, pero esta vez fue mi lengua la que invadió su boca, recorriéndola desesperadamente, y enredándose con su lengua. Su boca sabía a fresas, mezcladas con mis flujos vaginales, un sabor delicioso, y me di cuenta de que Isabel, a pesar de haber sido un hombre, besaba como yo, con fuego, pero con dulzura.

cita Paró, y me sacó la polla, para desatarme los pies y cambiar de postura. No me quiso quitar las esposas, porque la excitaban mucho. Puso mis pies sobre sus hombros, y se sentó pegada a mi culo sobre sus tobillos, y me volvió a meter aquel miembro tan maravilloso. Sus movimientos estaban más limitados, pero me empezó a acariciar los pezones y el clítoris, y tardé poco en llegar a otro orgasmo tan intenso como el anterior. Continuamos así, hasta que yo estaba acercándome a mi quinto orgasmo de la noche, cuando le dije a Isabel que quería cabalgar sobre ella, así que me quitó las esposas, se tumbó sobre la cama, y yo me senté sobre ella, metiéndome su miembro hasta el fondo de mí ya dilatada cueva. Empecé a cabalgarla salvajemente, cuando enseguida me corrí, pero seguí meneando las caderas, cuando llegó otro orgasmo seguido, y otro, y otro último, que fue muy intenso. Isabel, la cual no pudo con tanto movimiento, y a punto de correrse me levantó justo a tiempo para cubrirme las tetas de semen, y me las cubrió literalmente, porque aquella mujer no paraba de eyacular, fue impresionante. Cuando se cortó el grifo, me restregó bien el semen por las tetas y por el vientre. Nos tumbamos las dos abrazadas en la cama, y empezamos a restregarnos la una contra la otra y a sobarnos… Entonces Isabel me dijo:

– Todavía quedan más sorpresas, mi putita.

Me señaló hacia la puerta, y por allí entró el chico que me había dado la coña en la discoteca, totalmente desnudo. Era un chico muy normal, del montón, pero con lo caliente que yo estaba, me dio igual. Me abalancé sobre él como una autentica loba, y él, que no se lo esperaba, se cayó al suelo, yo cogí su miembro erecto, de un golpe me lo metí en el coño, y empecé a follármelo. Isabel se acercó a nosotros, y empezó a meterme un dedo por el culo, y como comprobó que estaba dilatado, intentó meterme la polla. Apretó el glande contra mi esfínter, pero era demasiado grande, y no quería entrar. Yo que sabia que me iba a doler, le dije que no lo hiciera, pero fue inútil, pues con un golpe de riñones, me metió el glande, y con sucesivos golpes acabó metiéndomela entera. Yo sabía que era demasiado grande, y el dolor era insoportable, así que le supliqué a Isabel que me la sacase.

– Me duele, no sigas, no me gusta nada.

– Calla, tonta, si al final te va a encantar, y me suplicarás que no te la saque.

Empezó a moverse lentamente dentro de mí, y aunque me seguía doliendo, cada vez era más soportable, así que reanudé mis movimientos sobre el chico que tenia debajo, el cual tardó poco en correrse, y en dejarnos a Isabel y a mi solas.

– Pues no he disfrutado mucho de tu sorpresa – dije…

– Entiéndelo, está poco experimentado, y tú eres demasiado puta.

Cada vez me enculaba más fuerte, y el dolor iba dejando lugar al placer, a un placer muy intenso que iba a acabar conmigo. De pronto Isabel empezó a correrse y yo sentía como llenaba de leche mis tripas. Era una sensación muy especial, y yo también me corrí. Había perdido la cuenta de las veces que me había corrido aquella noche, pero seguro que fueron más de diez, y todas muy intensas. Aquella noche nunca la olvidaré.

Besos a todos.



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Un nuevo aliciente

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Somos un joven matrimonio. Me llamo Belén y tengo 27 años, soy rubia, ojos azules, buenas tetas, aunque no demasiado grandes, pero siempre están dispuestas a pedir “guerra”; mi marido Juan, es un hombre guapo, muy imaginativo y muy bien dotado, al menos para mí. Además es un hombre muy liberal. Nunca, hasta ahora, habíamos incluido a nadie en nuestras sesiones de sexo y disfrutábamos mucho de nuestros cuerpos. Pero ahora quiero contar una aventura que, al menos para mí, ha sido muy instructiva. Justo en el rellano donde nosotros vivimos, en la puerta de enfrente hay una vecina, llamada Ruth con la que nos llevamos de maravilla. Vamos juntas de compras, al mercado o de trapitos e incluso alguna que otra vez nos hemos ido al cine. Su marido es representante, por lo que ella se pasa la semana sola.

Relatos eróticos

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Ruth es morena, de complexión fuerte, casi atlética, tetas gigantescas y un cuerpo bien llevado. Cuando vamos por la calle es la que se lleva más piropos. Para ir al grano diré que nunca habíamos hablado de sexo, pero un día, estando en su casa, salió el tema. Me comentó que cuando Antonio, su marido, no estaba en casa ella se consolaba masturbándose mientras miraba películas porno. Me dijo que tenía varios modelos de consoladores que su marido le había regalado para cubrir sus ausencias. Me entró la curiosidad y le dije que me gustaría verlos y ella, levantándose fue a su habitación. Mientras los buscaba, encendí el televisor y puse una película porno que vi en la mesita. En mi casa no teníamos por costumbre alquilar películas porno. Cuando Ruth entró en el comedor, dijo:

– Veo que has puesto la “peli”, pues esta es muy fuerte. Verás, sale un tío con una polla de casi 30cm.

En efecto, el tipo de la película, tenía una verga como la de un caballo, larga y muy gorda y las chicas tenían problemas para tragársela. En este momento, Ruth me enseñó los consoladores y vi uno, que creo era más grande que la polla del actor. Mi vecina se dio cuenta de la impresión que me había causado el aparato y me dijo:

-Es muy grande pero, cuando estoy muy cachonda, es el que más me gusta meterme…no entero, pero si todo lo que me es posible.

También vi uno de goma con dos cabezas para que dos mujeres pudieran estar follando juntas y a la vez con el mismo aparato. Con la película, los consoladores y una extraña sensación de que Ruth, me miraba de manera “distinta” estaba yo que me derretía perdidamente. Fue ella la que abrió el fuego, tocándome los labios muy delicadamente. Yo miré sus tetas y noté que me atraían.

cita -Nunca lo he hecho con una mujer – le dije.

-No te arrepentirás -me contesto-. Yo si lo he hecho y puedo decir que no tiene comparación. Relájate cariño, que voy a hacerte gozar como no lo has hecho en la vida.

Entonces se bajó el vestido y dejó al aire, ante mis ojos, sus dos maravillosas y enormes tetas y una pequeña braguita que ocultaba un abultado coño. Yo hice lo mismo aunque fui más allá, sacándome también las bragas y quedándome completamente desnuda. Nos tumbamos en el sofá y empezó a chuparme los pezones que incluso mordía de vez en cuando y con una de sus manos me acariciaba el empapado y chorreante coño. Animada y llena de calor, cogí el consolador de dos cabezas y empecé a lamerlo y a chuparlo para lubricarlo. Luego lo metí en el coño de Ruth. Así estuvimos un buen rato hasta que ella se levantó y me dijo:

– Vamos a la cama, allí estaremos más a gusto.

Una vez encima de la cama, nos sentamos una frente a la otra con las piernas enlazadas y nos rozamos los clítoris mientras no besábamos y nos tocábamos los pechos. Al final cogí el doble consolador. Primero se lo metió ella en el coño y luego agarrando la otra parte, lo dirigió hacia mí y metió la otra cabeza en mi chocho, removiéndola lentamente como si me follara. Cambiaba de ritmo con frecuencia y eso me volvía loca. Así obtuvimos nuestro primer orgasmo.

Después ella me comió el coño, yo creía que mi marido era un gran comedor de chochos, pero Ruth era una experta. Me abrí de piernas y con mucha suavidad separo los labios de mi coño, y empezó besándolos con mucha lentitud. De vez en cuando se le escapaba un lengüetazo en mi clítoris que me daba un calambrazo increíble. Entonces se dedicó a mi pipa, lamiéndola suavemente y de pronto la succionaba con rapidez. No pude evitarlo y gritando le dije que iba a correrme. Ella me animaba diciendo:

-Córrete putita, pero no creas que voy a parar, hoy sabrás por primera vez en tu vida lo que es correrse hasta que quedes agotada.

Quise apartarme, pero la muy cerda, me tenia bien agarrada y no podía moverme. Sabía muy bien lo que hacía, ya que dejo mi clítoris en paz y fue chupando mi chocho y todo mi orgasmo. Hasta que volvió a atacar mi pipa otra vez. ¡Aquello era fabuloso! No podía más. Creo que me corrí durante una hora seguida. Cuando me incorporé estaba mareada y con el coño irritado.

Me llevó a la ducha y nos bañamos juntas.

cita Ella me enjabonaba y yo también le hacía lo mismo. La ducha me estaba “resucitando”, y cuando llegue a su coño, me entretuve frotándoselo con la mano llena de jabón. Ruth se estremeció, y aunque nunca le había comido el coño a una mujer, me ponía caliente verla con los ojos cerrados y gimiendo. Le saqué el jabón de todo el cuerpo y la hice salir de la bañera. Puse una toalla encima del wáter y le abrí bien las piernas. Tenía un coño precioso. Sus labios eran rosados y parecía un chocho virgen. Pasé mi lengua por toda su raja, y aquel sabor me encantó. Le chupé el clítoris y me entretuve mamándoselo. De pronto me agarró la cabeza y me apretó la cara contra su coño. La muy guarra se estaba corriendo y a mí me faltaba tiempo para saborear aquel orgasmo que era el primero que me bebía en mi vida.

Cuando se había corrido, nos levantamos y la llevé al dormitorio, una vez allí cogí el consolador gigante y tumbándola en la cama, se lo metí de golpe. La muy cerda se lo follaba mientras gritaba:

– Así cariño, voy a correrme, pero dame tu coño, ¡dámelo!

Me coloqué en posición del 69 y mientras yo me la follaba con el consolador, la tía me comía el coño. Nos corrimos tres veces por lo menos. Estábamos rotas, además se había hecho tarde y seguramente mi marido ya debía haber llegado…

Al regresar a mi piso se lo conté todo a Juan. Le excitó tanto la aventura, que primero me folló en el salón, después en la cocina y por fin en la habitación. Fue un “safari” por la casa de polvo en polvo. Ya no podía más tenía la almeja destrozada. Cuando terminamos, me dijo que le preguntara a Ruth si le importaría que él estuviera presente en nuestras sesiones, ya que estaba seguro que repetiríamos muchas veces más.

Por supuesto no se equivocaba, Ruth y yo nos hemos convertido en amantes y ha consentido que Juan esté presente. Aun no le ha dejado participar y de momento el se hace unas pajas de ensueño mientras nosotras dos nos comemos el coño o nos follamos con los consoladores. Aun no he conseguido meterme el consolador grande pero creo que lo conseguiré. Lo que más morbo me da en pensar que Ruth se decida a dejar participar a mi marido y que se lo diga al suyo. Un intercambio con ellos, podría ser de vicio.

Besos.



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Amiga con sorpresa

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Soy una estudiante de universidad, tengo 21 años, vivo sola en un pequeño apartamento. Una tarde, tenía que hacer un trabajo con una de mis compañeras. Soy alta, de muy buen cuerpo, pelo negro y ojos cafés. Mi compañera, llamada Belén es rubia, de ojos claros, tiene unos pechos grandes y una cola muy llamativa.

Relatos eróticos

Amiga con sorpresa – Relato lésbico




Pasamos toda la tarde haciendo el trabajo y cuando terminamos ya era tarde para que se fuera sola, así que le dije que se podía quedar en mi casa, pero tendría que dormir en el sofá, ella estuvo de acuerdo. Como ya habíamos acabado, Belén me dijo que si podía usar el ordenador y yo le dije que por supuesto.

De inmediato entró a una página pornográfica y me hice la despistada hasta que me dijo:

-¿Quieres mirarla?

Le dije que no, se dio la vuelta y siguió con lo suyo.

Yo estaba viendo televisión, cuando la mire, noté que una de sus manos estaba por dentro de su pantalón, y que sorpresa me lleve cuando me di cuenta que estaba viendo porno lésbico. Traté de no prestar atención y simplemente le dije que me iba a bañar porque hacía calor, ella solo dijo que si y siguió en lo suyo.

La verdad y aunque no quería reconocerlo, estaba un poco excitada, así que entre al baño, me desnude y me metí en la ducha. El agua estaba helada, lo cual me bajaba un poco la calentura, de pronto oí la puerta y noté que entraba. Mi corazón latía con fuerza y solo pude decir:

-¿Qué sucede?

Belén me dijo:

-Perdón, pero estoy muy caliente, necesito un baño

De pronto la cortina se abrió y la vi completamente desnuda ante mí. No puedo negar que era hermosa, hasta sentí como mi chocho se mojaba un poco. Ella lo notó y sonrió. Entró a la ducha y yo me aleje un poco. Cuando vio eso me dijo:

– No te asustes, yo no muerdo, a menos que tú quieras.

Ese comentario me dejo sin palabras. De pronto sentí sus labios en los míos, solo pude alejarla y mirarla con los ojos totalmente abiertos. Ella puso su mano en uno de mis senos y lo apretó delicadamente, cuando sentí eso, inconscientemente gemí. Para Belén eso significo vía libre, me volvió a besar, pero con más pasión y exploró con su lengua toda mi boca, yo la volví a alejar y le dije:

-Esto no está bien, yo no soy…

Ella me calló con otro beso, se acercó a mi cuello y empezó a besarlo apasionadamente. Yo estaba muy excitada y tenía ganas de comérmela ahí mismo, así que la agarré de la cintura y la acerque más, nuestros pezones se rozaron y ambas gemimos de placer. Belén me dijo:

-Sabía que te iba a encantar preciosa, déjame chupar esas tetas…

Yo le respondí:

cita – ¡Hazlo!

Ella se agachó y empezó a lamer mis pezones y a jugar con ellos, yo solo revolvía su cabello mientras el agua recorría nuestros cuerpos desnudos. Luego su lengua bajo y se detuvo un minuto en mi ombligo, metió su lengua. Estaba muy caliente y sin pode evitarle le dije:

-Cómeme el coño…

Belén me miro de reojo y bajo directamente a mi chocho, se arrodilló y con su lengua recorrió cada centímetro de mi coñito, yo solo gritaba de placer.

Se separo un momento y me dijo

-Estás deliciosa amor…mmmm.

Yo no aguante y la ayude a hundir su cabeza en mi coño. Jugó con mi clítoris que cada vez estaba más hinchado, luego metió sin compasión dos de sus dedos y yo me estremecí. Empezó a hacer círculos dentro de mi chocho mientras yo solo temblaba. Suspirando le dije:

-Tres ¡Mete tres dedos!

Y ella obedecido, lo que hizo que por fin me corriera en su cara. Se levanto y volvió a lamer mis pezones, yo la bese en la boca, sintiendo mi propio sabor. Belén me dijo:

-¿Te ha gustado?

-¿quieres saber cuánto? Le conteste, mientras la tumbaba en el suelo. Empecé a besarle la boca, baje por su cuello y luego succione sus pezones que estaban tiesos. Ella gemía y yo con mi mano acariciaba su coño. Baje directo a su clítoris y lo chupe y succioné como una posesa, la metí dentro de ella y oí un grito de placer y se corrió abundantemente.

Aquel sabor era extraño, pero me gustaba. Seguí pegada a su chocho. Le metía la lengua hasta el fondo y volví a dedicarme a su clítoris, mientras le metía dos dedos y la follaba. Se movía sin parar y sus caderas subían y bajaban follándome la boca. Volvió a correrse al menos dos veces más.

Nos levantamos del suelo, y entramos en la ducha para lavarnos, nos enjabonamos mutuamente y nos aclaramos, salí y le di una toalla.

Fui a mi habitación y le dije si quería dormir conmigo. Nos metimos en la cama desnudas y de pronto, con la agilidad de una gatita, abrió mis piernas a tope y metió la cabeza entre mis muslos diciendo:

-Sé que es tu primera vez, y no quiero que la olvides nunca.

Pasaba su lengua despacito por toda mi raja, con una suavidad que me volvía loca. De vez en cuando le daba un par de chupetones a mi clítoris y volvía a lamer. Jamás me habían comido el chocho de aquella forma, y ahora entiendo cuando las mujeres dicen que nadie conoce mejor nuestro cuerpo que nosotras mismas.

cita Era una locura, cuando agarraba mi pepitilla con los labios y chupaba hasta que me corría… Me corrí por lo menos cinco o seis veces. Tenía el coño tan sensible, que con solo rozarlo me ponía caliente. Fue genial.

Cuando acabó conmigo, me sorprendió ver que tenía ganas de lamerle el chocho y que se corriera. También le “regale” un montón de orgasmos.

Desde aquel día nos hicimos amantes en secreto. Al cabo de unos tres meses conocí al que hoy es mi novio. Me gusta follar con él y le quiero, pero no he podido desengancharme del sexo con Belén.

No creo que se lo cuente a mi chico, a lo mejor no lo entendería y no quiero, por supuesto, perder a Belén.

Un besito de las dos.



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