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Cadena de circunstancias

Cadena de circunstancias – Relatos eróticos lésbicos

Hola Charo, soy Rosa, una mujer de 41 años. Estoy separada desde hace tres y desde hace uno mantengo una relación de pareja con una chica de 26.

Toda mi vida he sido una mujer guapa, muy atractiva y fogosa y no me han faltado las oportunidades de ligar a mi gusto, pero a partir de mi separación me mantuve sin relaciones sexuales, pues me sucedieron una serie de desgracias que me hicieron cambiar de vida.

Ocurrió que mi padre viudo enfermó gravemente y tuvo que venir a vivir conmigo pero, debido a mi trabajo, me vi en la necesidad de buscar a una Persona que me ayudara en el cuidado de mi padre.

Relatos eróticos

Cadena de circunstancias – Relato lésbico



Después de varias semanas sin encontrar la opción adecuada, una amiga me habló de una chica que estaba terminando la carrera de medicina, que había cuidado de un señor mayor hasta su muerte y buscaba trabajo.

Un día me la presentó. Se llamaba Patricia y físicamente era una mujer de las que llaman la atención, con una figura impecable, un culito perfecto y unas tetas firmes y de un tamaño ideal. Pero además me impresionó su carácter abierto y activo. Después de un buen rato de conversación no podía creer la suerte que tenía pues además, de haber encontrado la persona idónea para ocuparse de mi padre, acordamos que Patricia viviera en mi piso con lo que, ella y yo, nos ahorrábamos dinero.

A partir de este momento mi vida mejoró radicalmente. La convivencia con Patricia resultó maravillosa pues entre las dos llevábamos la casa casi como una pareja perfecta. Nuestra confianza mutua era total.

Patricia me animaba a salir con sus amigas pero yo, normalmente, decía que no me apetecía y que, además, ya era casi una vieja en relación con ellas. Ella siempre me respondía que eso era una tontería y que a más de una ya le gustaría tener mi aspecto.

Al poco tiempo murió mi padre y Patricia me pidió seguir viviendo en mi casa, a lo que yo respondí que encantada, que a mi también me hacía falta compartir la casa con alguien.

El tiempo pasó y debo reconocer que con ella se vivía mejor. De pronto, volví a sentir deseos sexuales que calmaba masturbándome casi cada día, ya que mi relación con hombres era prácticamente inexistente.

Consciente de ello decidí salir con Patricia y sus amigas. Lo hice en tres

O cuatro ocasiones y nos divertimos a lo grande. Rápidamente percibí que ninguna de las chicas del grupo manifestaba mucho interés por los hombres. No le di más importancia y seguimos saliendo habitualmente hasta que un día ocurrió algo que hizo que todo cambiara y que yo acabara por entenderlo.

Alguna vez habían salido con nosotras un par de amigas, Nuria y María, casadas y más o menos de mi edad. La dos están muy buenas y son de las más lanzadas. Un viernes por la mañana Patricia me llamó al trabajo preguntándome cuando volvería a casa y yo le dije que ese día cerraría tarde. Me dijo que se despedía de mí hasta el lunes pues Nuria la invitaba a pasar el fin de semana en su casa de la playa y que se marchaba antes del mediodía, así que se encontraba en casa haciendo la maleta.

cita Por una sorprendente casualidad ocurrió que, al cabo de una hora, yo empecé a sentirme mal y el jefe casi me obligó a irme. Cogí un taxi y llegué a casa sobre las diez de la mañana.

Al abrir la puerta me sorprendió escuchar dos voces de mujer en la cocina. Eran Patricia y Nuria. Pensé en llamarlas pero el tono en el que hablaban y alguna palabra suelta que oí desde el recibidor me decidieron a ocultarme y escuchar su conversación.

El piso es pequeñito y se oye todo, así que me fui al dormitorio, dejé la puerta entreabierta y seguí escuchando.

Me pareció entender que Nuria le estaba dando consejos a Patricia sobre como declararse a alguien. Al momento entraron las dos en el comedor y prepararon la mesa para desayunar. Se sentaron y Nuria dijo:

– Al fin y al cabo si te decides lo único que pueda pasar es que te tengas que cambiar de casa.

– No es tan fácil – contestó Patricia – Yo estoy enamorada de ella y me da mucho miedo perder el contacto con ella.

– Chica – dijo Nuria – pues te tendrás que seguir conformando con María y conmigo, nosotras encantadas, a las dos nos interesa que las relaciones sean esporádicas así no hay líos, te acuestas con dos casadas que no te darán complicaciones amorosas, pero quizá te estés perdiendo lo mejor, imagínate que le vaya el bollo, la de cosas que podríamos hacer entre las cuatro, a mi me encantaría comérmela enterita, debe tener un coño en el que hace tiempo que no entra ninguna polla.

– Me estás poniendo caliente – dijo Patricia – ¡Que putita eres!

Nuria se levantó de la silla, se acercó a Patricia, se sentó sobre su falda y se besaron mientras Patricia metía las manos bajo la camisa de Nuria y le acariciaba las tetas que acabó por sacar de la camisa y empezó a lamer.

En un momento Nuria estaba desnuda sobre el sofá, abierta de piernas y ofreciendo su chocho depilado a Patricia que se acercó y quitándose la bata se estiró sobre el cuerpo de Nuria, quedando en la posición del 69. Yo estaba alucinando, estaba excitadísima con la escena que estaba viendo por el quicio de la puerta y no menos por la conversación que acaba de oir. Después de un buen rato de comerse los coños, ambas se corrieron y acabaron besándose el interior de los muslos, se estiraron en el sofá y estuvieron acariciándose un ratito hasta que dijeron que se hacía tarde.

Patricia se vistió en su habitación mientras Nuria seguía tocándose y diciéndole a su amante que seguía caliente. Al final Patricia se acercó y puso a Nuria a cuatro patas, metió la cara entre sus nalgas y después le introdujo dos dedos en el culo diciéndole:

cita – Me encanta los coñitos depilados y los culitos limpios y profundos, te vas a enterar este fin de semana, te voy a dejar a gusto con mis juegos.

Nuria movió el culo y Patricia le dio una palmada obligándola a levantarse y vestirse. Finalmente cogieron las maletas y marcharon. Yo me quedé desconcertada y excitada. Acababa de ser testigo de algo increíble y al mismo tiempo me enteraba que mi compañera de piso estaba enamorada de mí.

Pasé el fin de semana dándole vueltas al asunto y al final comprobé que no sentía ningún rechazo, al contrario me halagaba que una chica tan guapa quisiera conquistarme, así que decidí pasar a la acción y dejarme conquistar.

A partir de ese lunes empecé a mostrarme coqueta con Patricia y a insinuar mis atractivos disimuladamente, notando como se excitaba pero, no se decidía a meterme mano. Al final, después de quince días de jueguecitos y casualmente, la visita de su madre me dio la oportunidad de dar el salto a lo desconocido.

Su madre venía a Manizales a hacer unas compras y se iba a quedar una noche. La instalé en la habitación de Patricia donde hay dos camas y luego salimos de compras. Al volver dejamos todo lo que habíamos comprado y lo dejamos sobre una de las camas pero como ya se había hecho tarde y, la madre de Patricia insistía en arreglarlo todo, yo aproveché para proponer que quedase todo así, sobre la cama y que Patricia durmiera conmigo en mi cama de matrimonio.

La madre lo vio como normal pero a Patricia se le iluminó la cara y empezó a manifestar síntomas de nerviosismo. Estuvimos charlando un ratito hasta que la madre de Patricia se acostó y nosotras decidimos hacer lo mismo pero antes le dije a Patricia que utilizara ella primero el lavabo y así lo hizo, metiéndose luego en el dormitorio. Yo notaba como temblaba de excitación. Entré en el lavabo, me duché y perfumé, sintiendo chorrear mi chochito, que había depilado especialmente para la ocasión. Después de un buen rato, entré desnuda en el dormitorio. La luz de la calle iluminaba un poquito la habitación y como era el mes de julio sobraban las sábanas. Patricia estaba de costado hacia el centro de la cama y yo no alcanzaba ver si llevaba braguitas. Su cuerpo brillaba y aparecía como el de una modelo. Adiviné que estaba despierta y me exhibí un poquito a la luz de la ventana y casi se oía el chapoteo de mi coño. Me tendí en la cama bocarriba, toqué mis tetas y pasé mi mano derecha por mi entrepierna, sintiendo la respiración agitada de Patricia, que ya sabía que yo estaba desnuda y caliente. Le di la espalda y acerqué mi culito a su regazo, como buscando un sexo masculino.

Al momento Patricia deslizó sus braguitas suavemente hasta sus pies y se pegó a mi cuerpo hasta colocar su coño contra mis nalgas y sus tetas contra mi espalda, me abrazó y deslizó una mano hasta mis pechos para acabar buscando mi entrepierna mientras me mordía en la nuca. Dejé que me hiciera todo lo que le venía en gana. Nos estuvimos besando y acariciando con toda la fogosidad del mundo. Sobre todo dejé que mi amante se dedicara a mis tetas y yo también aproveché para darles unos cuantos mordiscos a sus pezones.

Después de un buen rato de magreo, me puso a cuatro patas, cerró las cortinas y encendió la lamparita de noche. Se colocó a mi espalda y me abrió las nalgas, comenzando a tocarme el coño y el culo y a meterme los dedos en los dos agujeros.

cita – ¿Te gusta mi coño? – le pregunté.

– ¡Me encanta! – me respondió.

Me comió enterita y yo me entregué a ella con tanto vicio que me mi amante llegó a dudar que fuera mi primera vez con una mujer. Le dije que sí y que, a partir de ese momento, mi cuerpo le pertenecía, mientras ella me mordía el coño y penetraba mi culito con vicio.

Estuvimos follando toda la noche y me desquité del tiempo atrasado que llevaba sin correrme. Me entregué sumisamente, abriéndome para que me devorara el coño y el culo, y yo hice lo mismo. Al día siguiente, su madre marchó a primera hora, Patricia la acompañó a la estación y yo me quedé en la cama, deshecha.

Cuando mi novia volvió yo la esperaba con el desayuno preparado y al entrar en mi dormitorio, me abrí de piernas ofreciéndole mi sexo ansioso.

Hasta aquí, querida Charo, la primera parte de mi primera experiencia con otra mujer pero, tranquila, que continuaré contándote lo que sigue en una próxima carta.

Besos, amiga mía, y hasta muy pronto.



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Una vieja amiga con quien descubrí que teníamos una buena conexión

Una vieja amiga con quien descubrí que teníamos una buena conexión – Relatos eróticos lésbicos

Gracias a las redes sociales, me reencontré con Clara, una vieja amiga con la que crecí y de la que, por circunstancias de la vida, me acabé distanciando, ya que su familia compró unos terrenos en el campo y se mudaron; al no existir internet ni los móviles por aquella época, perdimos el contacto.

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Una vieja amiga con quien descubrí que ... – Relato lésbico



Hablábamos todos los días, contándonos nuestras vidas desde que nos separamos y recordando anécdotas de la infancia; me contó que sus padres amasaron una pequeña fortuna porque supieron dónde invertir y al fallecer, ella decidió quedarse al frente de los negocios, ya que la vida de campo era agradable y los beneficios le permitían tener gente que se encargase prácticamente de todo. Yo le conté por encima todo lo que había hecho en los últimos años, aunque mi vida no había sido tan exitosa como la suya.

Pasó el tiempo y crecieron las ganas de volver a vernos, pero no encontrábamos el momento perfecto, siempre surgía algo que nos estropeaba los planes… las charlas telefónicas estaban muy bien, pero no eran lo mismo, así que me pedí unos días en el trabajo para invitarla a venir a la ciudad, aunque ella prefirió que me moviera yo porque siempre me decía que sería feliz allí, cosa que hice.

A finales de la primavera me planté en aquel precioso pueblo en el que residía, Clara vino a buscarme con su todoterreno a la estación de tren; apenas quedaba nada de la niña de gafas y aparato dental que se había criado conmigo, estaba hecha toda una mujer… tenía una larga y ondulada melena oscura, el aparato dental dio paso a una perfecta sonrisa con la que me contemplaba desde la puerta de su coche y era evidente que ya nadie podía llamarla Clara la nadadora, nada por delante y nada por detrás, como acostumbraban a hacerlo unos vecinos bastante repelentes que vivían en nuestro edificio; estaba ligeramente rellenita (¡que vivan las curvas!) y la camiseta que llevaba dejaba claro que había desarrollado unos buenos pechos, además de que se le veía un culo muy bien puesto.

Nos fundimos en un cálido abrazo en cuanto nos tuvimos frente a frente, ¡hacía tanto tiempo que no nos veíamos! Casi no sabíamos qué decir, así que no dijimos nada, solamente nos abrazamos.

cita Después de dejar la maleta en su coche, me dijo que tenía una semana llena de sorpresas, no podía siquiera pensar lo que acabaría viviendo allí.

Lo primero que hicimos fue ir a la finca para dejar la maleta y conocer el entorno; los terrenos se extendían hasta donde alcanzaba la vista, se veían cultivos allá donde uno mirase.

Acto seguido me llevó a los establos para que viera in situ parte de la ganadería de la que disponía, el resto se encontraba repartida por los pueblos de la zona. Efectivamente, yo sería feliz allí, ya que soy un enamorado de la naturaleza.

Para comer me llevó a un restaurante del que su empresa era proveedora, sitio en el que pude degustar algunas de sus mejores carnes. Entre vinos y chuletas nos pusimos al día y le pregunté que dónde había quedado esa Clarita que tenía muy claro que a los 25 sería esposa y madre, pues ya los habíamos pasado hacía algún tiempo y no veía anillo de casada ni juguetes de niño por la casa. Ella me dijo que su trabajo la tenía ocupada todo el día, aun teniendo una buena plantilla de trabajadores; no había tenido suerte en el amor, todos los hombres que había conocido la querían por su dinero o le habían sido infieles. Me contó que estuvo a punto de casarse, pero en el último momento, el que iba a ser su marido se echó atrás y no hubo boda.

La verdad es que me daba un poco de pena porque aquella mujer seguía teniendo el carácter alegre de la niña con la que me había criado, le dije que lo sentía y que merecía ser feliz también en el amor porque nadie merece ese sufrimiento, ella me dijo que estaba satisfecha con lo que tenía y que para hijos ya tenía a Roko y Brutus, un pastor alemán y un mastín (respectivamente) de los que era dueña.

La tarde la pasamos recorriendo el pueblo y los alrededores, era un sitio muy pequeño y tranquilo en el que ella era muy conocida y querida porque su familia había invertido mucho dinero en los negocios locales, en vez de llevárselo fuera; todos la saludaban y se deshacían en halagos cuando me los presentaba, conocía a toda la gente del pueblo. También me llevó a unas bodegas en las que tenía dinero invertido, nos hicieron una visita turística y después nos invitaron a una cata de los vinos que comercializaban. Estaba todo muy bueno.

Para la noche habíamos comprado unas cosas para cocinar, le prometí que le haría una cena muy rica; acabamos en el porche de la casa, disfrutando de un cielo estrellado, con una copa de vino en la mano y recordando nuestra niñez en el barrio.

Como el tiempo vuela cuando uno está disfrutando, nos fuimos a la cama bien entrada la madrugada. Yo no podía dormir y bajé a la cocina a por vaso de agua, teniendo que pasar por la habitación de Clara; pude oír una respiración acelerada y leves gemidos ahogados, sonreí pensando que se estaría dando una alegría al cuerpo, antes de dormir… bajé a por mi vaso de agua, procurando no hacer ruido, y volví a la cama.

cita A la mañana siguiente, después de desayunar, Clara me invitó a dar una vuelta con sus caballos; para mí era algo nuevo y excitante, así que no tardé en aceptar.

Los elegidos para la ocasión fueron Duque y Guardián, dos preciosos caballos negros muy mansos; caminamos por un sendero que desembocaba en un río, una estampa de postal. Allí pasamos la mañana, tirados en la hierba. Como hacía calor, le pregunté si era apto para bañarse y me dijo que ella lo hacía de vez en cuando, pero que no había cogido el bañador, a lo que yo contesté que tampoco lo llevaba, pero no me daba ninguna vergüenza bañarme en ropa interior, como lo hacíamos cuando éramos niños. Ella sonrió y me dijo que no sería capaz, hasta que vio que tardé poco en quitarme la ropa y meterme en el agua… aunque le daba mucha vergüenza, se acabó metiendo conmigo y disfrutamos como cuando íbamos a la piscina de pequeños. Fue muy agradable, pero se nos iba a hacer tarde y tuvimos que dejar los juegos para otro rato porque había que volver para comer.

Como Clara sabía que me interesaba mucho el tema del campo, me propuso dar una vuelta por los terrenos para conocer cómo se trabajaba allí, idea que me sedujo al instante, así ese fue nuestro plan de la tarde. Por la noche la invité a cenar en el restaurante que ella quisiera y a tomar algo en algún pub, si es que por allí había alguno decente; si no, me daba igual que fuera en un bar u otra vez en el porche… al final acabamos tomando la copa en la casa, jugando con los perros y pasándolo en grande.

Antes de acostarnos, Clara se abrazó a mí y me dio un beso en la mejilla, diciendo que había echado de menos todos esos momentos que pasábamos juntos y que estaba volviendo a sentir la felicidad de aquellos años. Yo le devolví el abrazo y le dije que nunca me había olvidado de ella y que, si hubiera existido internet en aquellos años, jamás nos habríamos distanciado tanto.

Ella sonrió, se acurrucó en mis brazos y así pasamos un rato, hasta que nos fuimos a dormir.

Me llamó la atención ver que Roko entrase con ella en la habitación, ya que fuera tenía su caseta, pero supuse que al vivir sola, sería su protección dentro de la casa, mientras Brutus vigilaba los exteriores.

Otra noche más que no podía conciliar el sueño, a pesar de la ligera brisa de aire fresco que entraba por la ventana…

Decidí ir a por un vaso de agua, igual que la noche anterior, teniendo que pasar por la puerta de su habitación; volví a escuchar los mismos ruidos y me encontré con la puerta entreabierta, lo justo para ver un poquito de lo que ocurría en su interior. Una parte de mí me decía que debía respetar su intimidad y seguir mi camino, pero había otra parte que me pedía que me asomara para ver cómo se masturbaba. Conseguí vencer la tentación en la ida a la cocina, pero estaba tan intrigado y llevaba tanto tiempo sin sexo que a la vuelta, al oír los gemidos, me detuve y me acerqué sigilosamente, deseoso de ver a aquella preciosa mujer disfrutando de la masturbación.

¡Menuda sorpresa me llevé al acercarme! No se podía ver mucho y no quería hacer el más mínimo ruido, pero pude verla de espaldas, a 4 patas, apoyada en el borde de su cama y recibiendo sexo oral… de parte de Roko, su pastor alemán.

cita Éste lamía como loco el ano y los labios mayores de su sexo, ella separaba las piernas para que él pudiera meter su lengua más al fondo y, con un cachete en su nalga, Roko se montó encima y empezó a frotarse contra su cuerpo, supongo que intentando penetrarla. Se montó 4 o 5 veces, dando estocadas fallidas, hasta que debió acertar porque alcancé a ver cómo una de las manos de Clara se agarró con fuerza a las sábanas.

Lo normal hubiera sido escandalizarme por aquello y marcharme de allí en el acto, pero sorprendentemente, aquella imagen no me producía rechazo, lo que produjo en mí fue una repentina erección; al intentar acercarme un poco más para ver mejor la escena, pisé una tabla vieja y la hice crujir, interrumpiendo la cópula. Me fui a la cama lo más rápido y silencioso que pude, oyendo cómo se cerraba la puerta de su habitación.

Me había pasado toda la noche con esa imagen en la cabeza y una importante y duradera erección, así que a la mañana siguiente bajé con bastante sueño a desayunar…

Clara estaba más cohibida que en días anteriores, con poca conversación y sin mirarme a los ojos, como si intuyera que la había visto en pleno acto zoofílico; como no quería incomodidades ni juzgar sin conocer, me hice el sueco y hablé como si no hubiera visto nada, haciendo hincapié en qué planes teníamos para ese día y si me dejaría cocinar para ella. Era evidente que los dos sabíamos lo que había ocurrido en esa habitación, pero me empeñé en obviar el tema y ella definitivamente volvió a abrirse, diciéndome que podíamos aprovechar el buen día con un poco de piscina o volver al río. Le dije que, si iba a cocinar para ella, estaba bien descansar un poco en la piscina de la finca y por la tarde nos podíamos ir a dar un paseo, sin caballos ni coches.

Mientras desayunábamos, Roko bajó corriendo las escaleras y vino a saludarme de manera efusiva; yo le devolví el saludo y le di una galleta, pensando que era un perro con suerte por tener a semejante hembra a sus pies.

Después de desayunar nos fuimos a poner los bañadores y salimos a la piscina. El día era caluroso y el agua estaba fresquita, temperatura perfecta para bañarse, así que cogí desprevenida a Clara y nos fuimos los dos al agua; entre risas y juegos pasamos el rato, pero de repente, ella volvió a estar distante y le pregunté qué le pasaba. Me contestó con otra pregunta, para ver si la noche anterior había visto algo en su habitación, y yo contesté que bajé a por un vaso de agua y al subir vi que había luz en su cuarto, pero no soy ningún cotilla y me fui a dormir; para aliviar la tensión le dije que claro, teniendo a Roko de guardián, poco podría hacer yo en caso de peligro… ella sonrió y me dijo que Roko no podría llevarla en brazos, pero yo sí, respuesta a la que reaccioné empujándola al agua otra vez.

Dice un refrán que juego de manos, juego de villanos… pues bien, nosotros empezamos de nuevo con los juegos acuáticos y con tocamientos “sin querer”, como parte del juego. Cuando quisimos darnos cuenta, se hizo el silencio y nos miramos el uno al otro, seguido de un tímido beso en los labios y otra mirada, que desembocó en un beso más largo, en el que nuestras lenguas se entrelazaron y nuestras manos buscaron el cuerpo del otro.

cita Sus manos buscaban el nudo de mi bañador, al mismo tiempo que las mías encontraban el de la parte de arriba de su bikini y dejaban al descubierto esos pechos que invitaban a ser lamidos, acariciados, mordisqueados y pellizcados. La arrinconé en una de las esquinas de la piscina y me lancé a la conquista de esos pechos cuyos pezones estaban duros por la temperatura del agua.

Mientras me encontraba succionando uno de los pezones y me disponía a buscar ese sexo depilado, me vino a la cabeza la imagen de la noche anterior y me desconcentré. Clara se dio cuenta y me preguntó si estaba bien, así que no pude más que sincerarme con ella; le dije que oí un ruido y tuve el acto reflejo de ir para ver si estaba bien, pero me encontré con que estaba desnuda y en el suelo, apoyada en la cama, así que me fui rápidamente y que debí pisar una tabla vieja por el camino.

Clara se cubrió los pechos de repente y su cara tornó a un rojo intenso… no sabía dónde meterse, su secreto había sido descubierto; se puso tan nerviosa que rompió a llorar, no se atrevía a mirarme a los ojos, así que la abracé y le dije que no se preocupara por lo que quiera que pasara en esa habitación porque su vida es suya y no era quien para meterme en ella.

La pobre me decía que no lo entendía, era una pequeña adicción, pero le servía para cubrir sus necesidades y ellos la querían por quien era, no por el dinero que tuviera.

Me extrañó oírla hablar en plural, así que le dije si Brutus también entraba en el lote y, entre sollozos, me dijo que sí.

Le dije que no iba a juzgarla ni sentía rechazo, es más, todo eso me estaba excitando, frase que le cambió la cara… todavía estábamos dentro del agua y la tenía arrinconada, ella aún tapándose los pechos con las manos. Con cierta vergüenza, me bajé el bañador para que pudiera ver que decía la verdad; me interesé en cómo había pasado y me contó que, tras la anulación de la boda, tuvo una época en la que se sentía frustrada y se hizo amiga de la masturbación, ya que las manos nunca fallan. Un buen día, mientras limpiaba del suelo los restos de un pequeño chorro de líquidos que expulsó con un orgasmo, Roko se le acercó por detrás y le metió el hocico entre las piernas, empezando a lamer como loco todo su sexo. Ella se apartó, más por vergüenza que por falta de ganas, ya que el perro le había hecho con 2 lengüetazos más que ella en 10 minutos de usar su mano.

Con el tiempo fue perdiendo la vergüenza y buscó información en las redes, vio que había muchas mujeres que lo hacían y siguió los consejos de una que había escrito un manual con los pasos que había seguido para educar a su perro. Gracias a aquello descubrió los placeres del sexo con animales.

Con cada detalle me ponía más y más cachondo, hasta que no pude aguantar más y me lancé a sus labios, besándola como nunca antes había besado a nadie; sus manos se despegaron de sus pechos y tuvimos una ración de sexo salvaje en la piscina, algo que no había tenido el placer de probar. Cuando acabamos, nos quedamos un rato al sol y entramos para que le cocinara algo.

La comida transcurrió con mil dudas sobre cómo funciona todo ese mundo. me parecía curioso que ninguno de los perros la montara en público, ella me dijo que los había acostumbrado a una habitación y una ropa concretas, reaccionaban por olores y así no se generaban situaciones incómodas con las visitas; le pedí por favor que me lo enseñara y me dijo que le daba un poco de vergüenza, pero nos subimos a la habitación y llamó a Roko para que subiera.

cita El pastor alemán andaba inquieto, pero se controlaba bastante, hasta que Roko sacó un camisón blanco y se lo puso… Roko se volvió loco, había algo en ese vestido que yo no podía oler, pero él sí y empezó a dar vueltas en torno a Clara.

Ésta estaba visiblemente caliente porque ya había empezado el ritual y estaba feo no terminarlo, pero esa vez no estaba sola, yo estaba presenciando el show. Me preguntó varias veces si estaba seguro de que quería estar allí y terminé de sincerarme con ella, diciéndole que había visto cómo Roko la montaba y mejor que verlo desde fuera era estar delante, así que la besé y me senté en una butaca, no sin antes asegurarme de que ella no se sentía incómoda por hacerlo delante de mí. Me dijo que, si ya había visto todo, no tenía sentido ocultar nada, así que me devolvió el beso y la dejé hacer.

Al principio actuó con algo de vergüenza, sentándose en la cama y abriendo sus piernas para que Roko le lamiera su sexo. Pero pronto se puso a tono y se desnudó para empezar a acariciarse y pellizcarse los pezones, mientras el perro hacía su trabajo.

De vez en cuando me miraba, yo tenía mi miembro como una estaca y decidí desnudarme para masturbarme con lo que estaba viendo, ya que me recordaba a un viejo vídeo en el que una joven rubia se pasaba 15 minutos recibiendo sexo de su pastor alemán, en varias posiciones. Esto parecía gustar a Clara, que me dedicaba miradas cada vez más lascivas y se mordía el labio, se veía que se sentía perra y eso le excitaba.

Mientras lamía su sexo como si no hubiera un mañana, Roko empezaba a liberar su pene de la funda, una enorme verga rojiza llena de venas, con una bola en su base. Clara se puso de pie y le dio una orden a la que éste respondió tumbándose y ella se tumbó a su lado, creando un curioso 69 humana-perro que aumentó la temperatura de esa habitación.

Lo siguiente que hizo Clara fue acercarse a mí y alargar su mano para recoger parte de mi líquido preseminal, diciéndome que así, Roko reconocería mi presencia y no se pondría nervioso; alargó la mano hasta el hocico del perro, que olfateó y lamió aquellos restos sin pudor, acercándose a mí y metiendo su hocico entre mis piernas. Yo me puse tenso porque no me gustaba que una mandíbula animal y protectora estuviera cerca de mi miembro, pero me regaló unas lamidas con las que provocó una corriente de escalofríos en mi cuerpo.

Más por vergüenza que por miedo, le pedí a Clara que lo apartase y ella me sonrió, me dijo que si entendía ahora el motivo de su adicción al sexo y lo apartó de mi entrepierna.

Lo siguiente que hizo fue ponerse a 4 patas en el suelo y Roko la montó a la primera, arrancándole un sonoro gemido; se fue acercando a mí como pudo, entre las brutales embestidas que el perro le daba. Metió su cabeza entre mis piernas y empezó a lamer, succionar, chupar y masturbar mi pene, mientras su sexo era brutalmente torturado por aquel falo canino.

Pude notar que le llegaba un brutal orgasmo porque sus labios se cerraron con fuerza en torno a mi barra de carne, provocándome una brutal corrida en su boca y unos espasmos en mi cuerpo.

Roko se había abotonado, introduciendo su bola en el sexo de Clara y descargando un buen chorro de semilla canina que empezó a brotar por los muslos de aquella mujer. Entre jadeos, ella me pidió que la ayudara porque el abotonamiento podía durar un buen rato, así que aproveché la situación para reponer fuerzas; Roko le pasó una pata por encima de su culo y como buen perro que era, se quedó pegado a ella, sin moverse, momento que yo aproveché para ensalivar uno de mis dedos y juguetear con el ano de mi amiga, pudiendo sentir la inmensa bola de carne que se encontraba en el agujero de al lado.

Al cabo de unos minutos, aquella bola encogió y sacó su miembro del sexo de su dueña, dejando que el semen canino saliera a borbotones por aquellos labios; Clara se incorporó, sudorosa y temblorosa, diciéndome que se iba a la ducha e invitándome a ir con ella. Nos duchamos y jugamos bajo el agua, pasamos el resto del día desnudos, sin salir de casa, contando nuestras experiencias y asombrándola con todo lo que había aprendido de la mano de Ana.

si quieren que siga con esa historia comenta!



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Siempre se aprende algo

Siempre se aprende algo – Relatos eróticos lésbicos

Me llamo Laura y tengo una historia que contar. Ocurrió el mes de junio y fue de lo más excitante. Cuatro amigas y yo decidimos alquilar una casa para pasar un fin de semana tranquilas. Unos días antes, fuimos juntas a comprarnos ropa interior. Ya en una tienda, empezamos a mirar y a probarnos cosas y no sé cómo, pero me excité viendo a mis amigas, semidesnudas, probándose sujetadores y braguitas. Pero, aunque me mojé las bragas enseguida, no le di excesiva importancia. Cuando llegó el día de irnos, fuimos en dos coches. Yo me fui con mi gran amiga Claudia, y en el otro coche iban Bea, Patricia y Lia. Todas tenemos 19 años, pero somos muy diferentes.

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Siempre se aprende algo – Relato lésbico



Yo soy rubia, ojos verdes, delgada, con culito respingón y unas medidas de impresión pues son de 125-61-92. Claudia es morena, pelo corto, ojos azules, medidas de 92-61-93, alta y delgada como Bea, de 94-60-91. Patricia es pelirroja, con una larga melena, unos ojazos verdes, como yo, y unas enormes tetas, mayores que las mías ya que sus medidas son 130-63-94. Y por último Lia, la más dulce de todas. Es morena, ojos negros, delgadita, con poquito pecho, 87-60-90, pero guapísima y con una bonita sonrisa. Llegamos sobre el mediodía y nos instalamos en la casa, que era enorme.

Dejamos las cosas y decidimos bajar al pueblo para comer algo. A partir de esa tarde comenzó todo. Fui a mi habitación, que compartía con Claudia, y abrí mi bolsa para cambiarme de ropa tras darme una ducha. Cogí una camisa y un pantalón corto y me dirigí al baño. Me fijé que estaba ocupado pero como la puerta estaba entreabierta, decidí mirar quien estaba dentro. Miré y quedé alucinada. Estaba Lia, desnuda, con las piernas abiertas y depilándose el coño. Ver esto y ponerse mi coño a chorrear fue todo uno. Igual que aquel día en la tienda. Pero en vez de irme, me quedé a contemplarla.

No perdía detalle de como mi amiga se depilaba el chocho e instintivamente, cachonda a tope, metí la mano bajo mi falda y separando la braguita, empecé a masturbarme. Me corrí como una loca y nada más acabar de depilarse Lia, me fui corriendo a mi habitación. Lo ocurrido me hizo pensar mucho ya que a mí me gustan los hombres pero también tenía que reconocer que me había gustado lo que había visto en el baño. Un cuarto de hora más tarde, Lia se acercó a nuestra habitación y nos dijo:

– Si queréis ducharos, yo ya he terminado.

Cogí mi ropa, mi champú, mi toalla y entré en el baño. Tardé 45 minutos ya que no paraba de pensar en lo que había visto. Cuando al fin salí de la ducha, me vestí y bajé al salón, donde estaban todas menos Bea. Estaban tiradas en el sofá viendo la tele, cuando apareció Bea y como buena cotilla que es, empezó a revolver todos los cajones y armarios cuando, de repente, empezó a chillar diciendo: – ¡Chicas, venid, mirad lo que he encontrado… un vídeo, a lo mejor hay alguna película por ahí!

No paró hasta encontrarlas. Estaban muy escondidas, pero Bea lo encuentra todo.

– ¡Anda, mirad que películas! – exclamó – ¡Son todas porno!

Todas las chicas empezaron a reír menos yo que me puse roja como un tomate.

– Vamos Bea, conecta el vídeo y pon alguna – dijo Patricia.

Así lo hizo. Conectó el vídeo y puso una de las cintas.

cita Yo me levanté y me fui a mi habitación, ya que no me gustan esas películas. Me tiré encima de la cama y empezaba a ojear una revista, cuando de repente, Lia entró en mi habitación.

– Vamos, Laura, no pasa nada – me dijo – Les he dicho a las chicas que quitasen la película ya que a ti no te gustan, así que baja ahora mismo con nosotras.

– Es igual, si la queréis ver, no pasa nada – contesté – Yo aquí estoy muy a gusto.

Lia sentó a mi lado, en la cama y me dio un abrazo, diciéndome con una sonrisa:

– No sé cómo no te pueden gustar, salen unos tíos buenísimos y con unas buenas pollas, pero creo que a ti te van más los… coños, ¿verdad?

Me quedé de piedra. Eso significaba que me había visto, que me había visto masturbándome mientras la contemplaba.

– Lia, no sé por qué dices eso… – dije sonrojándome.

– Vamos, Laura, no seas tonta, te he visto pero tranquila, que no se lo he dicho a nadie.

– No sé lo que me pasa, Lia – confesé – A mí me gustan los hombres, aunque no lo he hecho con ninguno, pero lo sé…

– ¿Aún eres virgen? – me preguntó asombrada.

– Sí, Lia, y por eso estoy asustada, porque no sé si soy lesbiana o hétero – le dije – ya que me excité viéndote depilarte el coño.

Entonces Lia se levantó la falda y apartándose la braga, pude comprobar que no tenía nada de pelo.

– ¿Te gusta? – me preguntó – Hace tiempo que me lo depilo porque así me comen mejor el coño. ¿Quieres que te lo depile también? Estaría encantada de hacértelo.

No contesté. Lia se levantó y volvió a los cinco minutos con una maquinilla de afeitar, espuma y una tina de agua.

– Anda, quítate la ropa – me dijo.

Yo dudaba pero, al final, accedí. Me bajé los pantalones y las bragas, dejando al aire mi peludo coño.

– Caray hija, sí que tienes pelo ahí, pero bueno, tú tranquila que yo lo arreglaré – añadió.

Me enjabonó todo el coño y empezó a afeitarlo. Al poco rato mi chocho estaba chorreando y Lia alucinaba viéndolo. Cinco minutos más tarde, acabó.

– ¿Qué te parece… mejor, verdad? – preguntó.

– Pues, la verdad es que sí – dije – Está más suave.

Lia entonces acercó su mano a mi raja y empezó a acariciar mi clítoris.

– ¿Qué haces? – le dije asombrada.

– Nada, estoy ayudándote a correrte – contestó con toda tranquilidad – Cuando te depilaba veía como te salían los jugos del coño. Evidentemente estás muy caliente.

Sin más, se agachó y empezó a comerme la raja. Yo no pude o no supe oponer resistencia, me tumbé y dejé que ella hiciese lo que le diera la gana. Estuvo un buen rato chupándome hasta que se sentó en la cama y me quitó la camisa.

cita – ¡Por fin, Laura, cuento tiempo he esperado este momento… te he deseado desde que nos conocemos! – exclamó.

– ¿Me deseabas? – pregunté extrañada – Pero tú tienes novio…

– Sí, pero me encanta follarme a una chica de vez en cuando, ya que también me van – contestó.

Me estaba dando cuenta de que la dulce Lia era una auténtica guarra. Yo no sabía nada de eso pero la verdad es que empezaba a darme igual. Tiró mi camisa al suelo y pudo comprobar cómo mis pezones estaban tiesos por debajo de mi sujetador.

– ¡Tienes unas tetas preciosas! – me dijo al sacarme el sujetador.

Me las cogió y se las metió en la boca. Estuvo chupando hasta que, de repente, bajó hasta mi coño y me metió un par de dedos. Eso me hizo poner a cien y no tardé mucho en correrme. Entonces se levantó y pude comprobar la cara de Lia, llena de mis jugos y como se relamía.

– Lo siento Laura – me dijo – Si te enfadas lo entenderé.

– No, no me enfado, cariño – le dije sonriendo y animada, añadí – Pero tenemos que repetirlo, aunque ahora quiero ser yo quien te lo haga a ti.

– Por mí de acuerdo – contestó levantándose y saliendo de mi habitación.

Me vestí y bajé de nuevo al salón. Las chicas estaban igual, queriendo ver la película.

– Vaya, ya apareció sor Laura – dijo Bea con sorna.

– Déjala en paz – replicó Claudia – Ella no es una zorra como tú, que ves una polla y ya tienes las bragas en el suelo.

No podía creer lo que oía. Estaba claro que todas habían follado alguna vez. Entonces Bea se me acercó y me dijo:

– ¿Qué pasa, nunca lo has hecho?

– Bueno, algo he hecho por ahí – contesté mirando y sonriéndole a Lia.

cita Así acabamos la discusión y como ya era tarde, decidimos cenar. Preparamos la cena y nos sentamos en la mesa pero, sin saber exactamente lo que me pasaba, la cuestión es que me puse bastante contentilla en la cena. Me entraron ganas de follar como una loca. Empecé a tocarme, con disimulo, los muslos. Estaba pero que muy cachonda. Con lo que me había pasado esa tarde, deseaba follarme a Lia. Me daba cuenta de que había cambiado de la noche a la mañana. Acabamos de cenar y nos dirigimos al salón. Bea empezó otra vez con la película, pero esta vez yo no dije ni hice nada, así que Bea puso la cinta y se sentó. Yo estaba al lado de Claudia y Bea al de Patricia. Lia estaba sola pero no por mucho tiempo. Empezó la peli y vimos a una mujer acariciándose el coño con una mano y con un enorme consolador en la otra. Al momento empezó a refregarse el consolador por la raja del coño hasta que se lo introdujo.

Las chicas ya empezaban a ponerse nerviosas, sobre todo Bea, que empezaba a revolverse. La mujer de la pantalla, con el consolador bien metido ya en su coño, empezó a masturbarse. Yo miré a Claudia, que sonreía. Miré a las demás y vi como Patricia y Bea se estaban besando en la boca y como Lia no hacía más que mirar a Claudia, sonriendo. Patricia comenzó a quitarle el suéter a Bea besándole el cuello, mientras que Bea metía la mano, bajo la falda de Patricia. Yo estaba a tope cuando, de repente, Lia se levantó y se sentó entre Claudia y yo. Claudia empezó a acariciar a Lia y Lia a mí. No tardamos mucho en quitarnos la ropa. De reojo miré a Bea y a Patricia. La dos estaban desnudas por completo y por primera vez contemplé las enormes mamas de Patricia, que Bea estaba chupando. De pronto me estremecí y al bajar la cabeza, vi a Claudia, mi mejor amiga, chupándome el coño. – ¡Laura, que coño más bonito! – me decía – Nunca me habías dicho que lo llevabas así.

– Es que Lia me lo ha depilado esta tarde – confesé algo aturdida.

– Vaya con Lia – exclamó sonriendo:

– ¡Seguro que te la has tirado también!

Lia no dijo nada y empezó a chuparle las tetas a Claudia. Lea y Patricia iban a lo suyo. Estaban haciendo un espectacular 69. Lia, Claudia y yo, habíamos cambiado y ahora era yo quien le chupaba el coño a Lia, aunque no con mucha experiencia, y Claudia a mí.

Estuvimos una hora comiéndonos la una a la otra hasta caer rendidas. Al final nos juntamos todas, nos abrazamos y comentamos lo bien que lo habíamos pasado, sobre todo yo. Pero eso no es todo, ya que hay mucho que contar, pero lo dejaré para la próxima.

Un beso muy cariñoso para todos.



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Un día mi sueño se hace realidad

Un día mi sueño se hace realidad – Relatos eróticos lésbicos

Lena siempre fue mi platónico, siempre quise hacerlo con ella. Un día mi sueño se hace realidad y todo empieza cuando la veo meterse una cuchara de dulce de leche en la boca ...

Mi obsesión se llama Lena, pelo largo rubio, ojos aceituna, estatura media, cuerpo atlético, sonrisa picarona y traviesa, muy traviesa. Demasiado para mí, castaña de ojos cielo, misma altura pero tímida, muy tímida.

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Un día mi sueño se hace realidad – Relato lésbico



Aún recuerdo la primera vez que la vi, cuando mis ojos se toparon con ella una oleada de sensaciones nuevas jamás experimentadas atravesaron mi cuerpo en forma de intenso placer.

Tiene que ser mía, completamente ¿pero cómo?

Todo estaba perfecto. Era mi nueva compañera de clase, era mi nueva vecina, teníamos familia en común y para rematar ella me buscaba pero mi timidez en vez de acercarme me alejaba aún más de ella.

Cada mañana me deleitaba mirándola clase tras clase dejando la tarea para la tarde, dedo a dedo en mi intimidad, y lo que empezó como una atracción terminó convirtiéndose en obsesión.

Paso un tiempo hasta que un domingo cualquiera golpeó mi puerta.

— ¡Jenni! — Ho.. hola… ¿Paso algo? — dije sorprendida.

— Eh si, que bueno que te encuentro! — exclamó con una sonrisa — mira mis padres salieron por todo el fin de semana y me dejaron con mi hermano pequeño a cargo pero necesito salir un momento, ¿Puedes quedarte con él por fa…?

— Si, yo… no hay problema si.

— Muchas gracias, solo es un momento si.

No podía creer estuviera en su casa, y su hermano dormido, ¿Por donde podría empezar a curiosear?

El armario, lo más rápido y fácil de detectar. Mirar sus ligeras tangas me hacía imaginar como quedarían sobre esas nalgas marcadas que tanto me enloquecían. Soñaba tanto con tocarlas algún día pero por qué iría a fijarse en mí con tantísimos pretendientes tras ella. Entonces, el sonido de la puerta de nuevo. Me sorprendió lo rápido que llegó, apenas había salido.

—¿Olvidaste algo?

—No ¿y mi hermano?

—Sigue durmiendo.

cita Recién se lo dije se apresuró a despertarlo y mandarlo vestir. Al parecer venía ya la tía a buscarlo, «¿Pero entonces yo, para que vine?» me preguntaba.

—Bueno entonces yo, ya me voy…

—¿Tienes algo que hacer?

—Eh.. no. Pero ya no me necesitas.

— Eso es lo que tú te crees — dijo mordiéndose el labio — pero aún así, que no te necesite no significa tengas que irte.

— ¿Y.. que haremos?

— Ahora es que me vas a servir de verdad. Ven, acompañame a desayunar.

No entendía nada pero la seguí feliz. Era ya tarde para desayunar, por lo que supuse había salido de fiesta y apenas se había despertado cuando me llamó.

— Yo no tengo hambre. — afirmé.

—Ah no.. dime, ¿no te gusta esto? — al tiempo se metió una cucharada de dulce de leche en la boca saboreando sensualmente sus labios rosados.

— Yo…

— Acabo de comprarlo para las dos.

— ¿Y eso era el deber que tenías que hacer? Dije extrañada.

Se río y se inclinó a escasos centímetros de mí.

—¿Y?, ¿no quieres probarlo? — dijo nuevamente mordiendose sus labios.

Estaba alucinando. No podía desaprovechar la oportunidad por lo que rápidamente rompí la distancia que nos separaba y nuestros labios se encontraron. Ella se aferró a mí buscando mi lengua con la suya al tiempo que nuestras salivas se entremezclaban con el dulce. Entraba y salía mordiendo mis labios, era tan delicioso que me perdí en ellos. Cuando me di cuenta estaba sobre la mesa acorralada entre la pared y ella que con sus piernas abiertas entrelazaba a las mías acechando a mi intimidad ya empapada.

cita No había nada de que hablar que no fueran gemidos. Su lengua paso de mis labios al mentón y del mentón hacia el cuello con varias lamidas en el recorrido. Entonces la ropa sobró y fueron cayendo una a una cada prenda. Tenía unos senos bien proporcionados con unos pezones bien duros que con gusto me metía en la boca una y otra vez. Ella continuó haciéndome mil maldades en los míos mientras yo la nalgueaba rico. Toda la timidez de pronto se había disipado.

La lengua siguió su paso por el abdomen dibujando el contorno de sus curvas hasta que nuestras humedades pedían con gritos ser lamidas y nos abandonamos en un delicioso e inolvidable 69. Cada vez que atrapaba ricamente su clítoris recibía mi premio de miel extra, era tan deliciosa que fundia mi lengua hasta la más lejos de las profundidades, una y otra vez, entonces su placer se desató y arqueo su espalda mientras me regalaba un sonoro gemido.

Tumbada como estaba giré sobre mí cayendo boca arriba más mojada que nunca esperando mi corrida en su boca. Pero entonces sentí un dildo rozando mi humedad mientras otra mano abría lo más posible mis piernas. Poco a poco fue introduciéndose más y más y rápidamente comenzaron las fuertes embestidas gracias a tanta humedad. Hasta bien adentro no paraba de entrar y salir mientras gemía sin parar y movía mis caderas. Era tan delicioso, aún sentía bien intensa su miel en mi boca cuando me vine, mi intimidad explotó de placer en unos segundos que fueron mágicos.

— ¿Y entonces? — preguntó tras un rato.

— ¿Entonces qué?

— ¿Para cuando el próximo desayuno, sin hambre? — matizó riéndose

— Para cuando necesites mi ayuda — dije siguiendole el juego.

— Eso siempre, más ahora que te probé, eres deliciosa.

Y así que fue que comenzaron nuestros deliciosos encuentros, ya sin excusas claro pues no queríamos perder el tiempo en nada más que una cosa, follar, follar muy rico.



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