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Otra velada especial

Otra velada especial – Relatos eróticos lésbicos

Era una mañana húmeda de primavera y estuvo lloviendo parte de la noche. En mi cama, con las sábanas alrededor de mi cuerpo, aun recordaba el sueño con el que me había despertado. Estiré mis brazos intentado tocar a mi amante, sin darme cuenta que hacía ya algún tiempo dormía sola.

Relatos eróticos

Otra velada especial – Relato lésbico




Me fui al baño dispuesta a darme una ducha y cuando me vi el reflejo de mi cuerpo en el espejo, pensé que era hermoso y disfruté del contacto al deslizarse la suave tela de seda que pretendía tapar mi cuerpo. Tenía que darme una ducha rápida pues había que ir al trabajo. Miré en el armario creyendo que daría la respuesta a la pregunta de todos los días. ¿Qué me pongo? Así que pensando que hoy me encontraba muy excitada, me puse un vestido de tirantes, es largo pero con una abertura lateral que deja ver mis piernas, largas y doradas por el sol. Lo que tenía muy claro es que me pondría la braga tanga de color vino que tanto me gusta. Me deslicé el vestido, que cayó sobre mi cuerpo, pensando no me había puesto sujetador, pero no pasaba nada, la verdad es que no tengo lo que se dice un gran pecho, pero si el suficiente para gustar.

Hoy sería un día largo, trabajo en una galería de arte y tenía que inaugurar una exposición de pinturas. Al llegar ya había gente trabajando y faltaban muchas cosas por terminar. La mañana pasó entre idas y venidas, los obreros que allí estaban terminando de dar los últimos retoques, no dejaban de mirarme y sentía como mis pezones se ponían duros con sus miradas y eso precisamente les provocaba nuevas miradas. Cuando me di cuenta era la hora de la comida y todavía me sentía como me había despertado por lo que me fui a la trastienda del local y me senté a tomar un refresco. De pronto oí entrar a una clienta con la que tenia cierta amistad. Se llamaba Ana, era una mujer guapa, pelirroja, alta, de grandes ojos azules. Se dio cuenta que estaba excitada y me dijo:

– ¿Nunca lo has probado con una mujer?

No supe que contestarle, pero no puede resistirlo y la besé en la boca sintiendo sus labios sobre los míos, la agarré por el cabello, sintiendo sus rizos en mis manos mientras ella me acariciaba los muslos y apretaba sus uñas sobre ellos. Mis manos fueron a sus pechos y noté su calor sobre la blusa, mientras que ella había llegado a mis bragas tocando con sus dedos mi clítoris. Entonces se acercó a mi oído, susurrándome:

– ¿Por qué no vamos a otro sitio?

cita Sin decir nada más nos fuimos a su apartamento. Era un piso grande, con una gran luz natural. Ana se reía y con su risa los nervios desaparecían, pase a un dormitorio, con una cama cubierta por una fina colcha de hilo blanco, me senté al borde de cama mientras la veía a ella sentada en un pequeño taburete, como comenzaba a quitarse la blusa, se desabrochaba lentamente los botones, dejando ver el sujetador de color melocotón. Era tan hermosa mientras me miraba, con aquellos ojos azules. Se acerco a mí como una dulce gatita, me desnudó y me tumbé, empezó a lamerme desde el tobillo subiendo lentamente. Cada toque con su lengua hacía que mi excitación creciera más y más, entonces me quité el vestido dejado mis pechos al descubierto y que ella me los acariciaba mientras ya había llegado a mi tanga. Lo apartó mientras yo me abría para dejarle paso, sentir aquella lengua como lamía mi clítoris mientras que sus dedos se introducían dentro de mi coño. Estuvo largo tiempo haciendo o eso me pareció a mí, hasta que llegué a un largo orgasmo.

Entonces la vi abrir un cajón del cual sacó unas bragas con una polla grande, más bien enorme, y se las puso, diciéndome:

– Ahora voy a darte todo lo que quieras.

Se puso encima de mi cara, y pude ver que la braga dejaba desnudo todo su coño, que no tenía pelo. La oí decir:

– ¡Chupa!

Empecé a lamer a pequeños toques, pues nunca había estado con ninguna mujer y todo aquello era nuevo para mí, pero al poco rato creo que me dejé llevar por el deseo y chupé aquello con gusto, la chupaba como si fuera verdad, pues en nuestro juego así lo era y al final le dije en el peor lenguaje:

– Quiero que me folles.

Ella me sonrío y me fue introduciendo aquel pene poco a poco, y cuando comenzó a ir y venir con las caderas, me deje llevar y fue una locura.Mi cuerpo deseaba más con cada movimiento suyo, sentí su dulce lengua rozar con mis labios, mi lengua con la suya, en un beso lleno de lujuria y pasión y así estuvimos hasta que las dos no quedamos exhaustas.

Habían transcurridos varios meses de este nuestro primer encuentro cuando me invitó a que nos fuéramos a una casa que tenía cerca de la playa y que allí tenía una gran sorpresa para mí. Acepté y cuando pasó a recogerme en su coche, nos pusimos de camino. La casa era preciosa, de color blanco en una pequeña montaña y desde allí sé podía ver el mar.

citaPequeña y muy coqueta, tenía dos pequeños dormitorios, un salón con chimenea y cocina con un salón más pequeño. Me di una ducha, y nos fuimos a pasear, hablamos de un montón de cosas, de esa cosa que hablan las mujeres, de hombres principalmente, pues desde aquel día no hubo más sexo entre nosotras dos, compartíamos gustos parecidos, en música, en cine, incluso nos gustaba la misma ropa y luego me comentó que esa noche había una fiesta en el pueblo y que iríamos a divertirnos.

Parecía que nos habíamos puesto de acuerdo pues las dos nos pusimos dos pantalones vaqueros muy ajustados con dos camisetas que se ceñían muy bien a nuestros cuerpos. Al llegar al pueblo vimos una feria con coches de choque, algunas atracciones de niños, una pequeña noria. Nos fuimos a tomarnos unas cervezas bien frías, nos sentamos en una mesa y sin darnos cuenta teníamos a dos tipos rudos frente a nosotras.

Nos invitaron a otra cerveza, después se sentaron con nosotras, nos contaron cosas del pueblo, en eso vino otro amigo más que se sentó también. Uno se llamaba Ricardo alto fuerte, curtido al sol, tenía unas manos enormes, de grandes ojos verdes. Otro era mas o menos igual, de nombre Paco, sus ojos eran negros como su pelo, pero él ultimo que se unió a nosotros era también alto, pero llevaba el pelo largo, atado atrás por una coleta, parecía un poco más urbano. Este se llamaba Ramón.

Después de beber varias cervezas y de reírnos de chistes, chismes y cuentos, nos fuimos, a la playa. Había ya anochecido, con ramas y cosas que nos encontramos preparamos una gran hoguera y creo que fue Ana la que dijo:

– Como me apetece darme un baño.

Sin más se desnudo y se marcho al agua, dos de ellos hicieron lo mismo y yo veía como se perdían dentro del agua jugando. Poco a poco el juego fue cambiando, se acercaron a Ana uno por delante, la abrazó y la besaba mientras el otro, desde atrás, le acariciaba los pechos. Nosotros dos sentados, inmóviles, observamos la escena sin perder detalle. Poco a poco la llevaron a escasos metros de donde estábamos nosotros, uno se tumbó en la arena, así ella pudo llevar su coño a la boca del que yacía en el suelo. Mientras la chupaban, ella agarró la polla del otro llevándosela hasta sus labios y veíamos al trasluz como se la introducía en su boca cada vez más y así estuvieron un rato. Me sentía fascinada ante la escena, cuando él que estaba tumbado se puso de pie tomando el relevo. En segundos el que se encontraba de pie, con una polla de un tamaño considerable, se puso de rodillas y se la introdujo en el coño sin más.

cita Se veía todo entre las oscilaciones del fuego haciendo que la escena fuera más ardiente. El pelo de Ana parecía fuego, su pecho se movían rítmicamente en cada movimiento y a su vez, con cada enviste ella se introducía más y más la polla que chupaba. Me notaba tan húmeda que miré a mi compañero y creo que los dos estábamos excitados pero deseábamos mirar.

Mi mano pasó a mí entrepierna mientras veía que él que la estaba poseyendo se había tumbado y como ella, poniéndose encima de él, iba tragando lentamente e introduciéndose aquel pedazo de carne por lo que parecía ser su culo. Como iba despacio pudimos ver como desapareció. Ella disfrutaba, subía y bajaba, mientras que la ayudaba con sus manos. El otro de pie observaba la escena mientras que no dejaba de tocarse la polla.

Fue algo increíble y mi compañero, que se había dado cuenta de mi situación, se me acerco y bajándome los pantalones comenzó a lamerme. Yo estaba completamente excitada, notaba su lengua como me recorría desde el ano al clítoris, mientras veía a Ana que se había dado la vuelta. Su cuerpo estaba tumbado sobre él que la tenía enculada y él otro la había penetrado por delante. Ella gritaba de placer y de dolor, pero los hombres no paraba de moverse.

Mientras tanto Ramón se había bajado los pantalones, se sacó la polla y vi que era más bien grande aunque no como la que tenia Ana en su culo, pero grande. Me puso a cuatro patas, así que de frente tenia a estos tres pasándoselo en grande mientras que a mí me metían una polla en el coño.

Ana se dio cuenta, y no sé de qué manera se puso frente a mí en la misma posición en la que yo me encontraba. Uno de ellos se fue atrás y la poseyó como me lo estaban haciendo a mí. El de la polla grande se puso entre medias de nosotras y comenzamos a chupársela las dos al mismo tiempo, con ello uníamos también nuestras lenguas, mientras que los dos hombres nos daban con fuerza. Al rato sentí como temblaban mis piernas, sentí como se corría dentro de nuestras bocas, los besos de Ana en mi cara su lengua dulce en mi boca, mientras que los hombres se corrían en nuestras espaldas.

Más tranquilos, nos fuimos al mar a lavarnos, jugamos en el agua felices, nos sentamos al fuego, pues la noche había comenzado a refrescar, y de madrugada nos dejaron en casa, donde me di un baño para quítame la arena que todavía llevaba y la sal del cuerpo, durmiendo después como una niña.

Pero la sorpresa todavía no había llegado. Ana vino a despertarme por la mañana, y me dijo:

– Hoy llega tu sorpresa, pero tienes que jugar. Hoy serás mi Ama.

Me sorprendió pero pensé y ¿por qué no? Al mediodía llegó mi sorpresa. Resultó ser un amigo de Ana, un mulato de casi metro noventa. El sería mi otro esclavo. La cosa comenzaba a ponerse interesante. Pero eso ya os lo contaré en una próxima carta.

Besos y hasta pronto.



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La profesora de piano

La profesora de piano – Relatos eróticos lésbicos

Soy Lorena, vivo en Montevideo, (Uruguay), y quiero compartir con ustedes los relatos de mi vida sexual, que como verán a continuación, ha empezado maravillosamente bien a diferencia de otras chicas que no tuvieron tanta suerte.

Relatos eróticos

La profesora de piano – Relato lésbico




Producto de tal situación hoy puedo decirles a ustedes aquí en privado que soy lesbiana y que lo seré por el resto de mis días.

Fui criada por mis padres bajo estrictas normas de educación, dado que ambos son un tanto antiguos.

Siempre fui bien parecida porque soy rubia, alta, tengo ojos verdes, mis medidas son 92 - 62 - 92, y aunque suene feo que lo diga yo, soy una mujer atractiva.

Me he dado cuenta de ello porque soy permanentemente hostigada por ambos sexos.

Además cuido muy especialmente mi femineidad vistiéndome con ropa de marca, arreglándome permanentemente el cabello, así como cuidando mi maquillaje y demás.

Soy cien por ciento mujer, aunque me gusten con locura las mujeres.

De chica fui "obligada" a estudiar muchas cosas, por ejemplo: inglés, la secundaria hasta Facultad, y Piano.

Estudiando piano descubrí mi sexualidad.

Estudiaba piano y me preparaba para el examen de sexto año en la casa de mi profesora, a quien llamábamos la Srta. Elsa.

Elsa en aquel entonces tenía 32 años, era morocha de ojos marrones, con un cuerpo espectacular dado que era soltera, (con novio), y aún no tenía hijos, lo que le permitía conservarse muy bien físicamente.

Además, era una persona que se preocupaba mucho de broncearse y de tener una actividad de gimnasia a diario.

Como Elsa vivía frente a mi casa, en un barrio muy tranquilo, sólo debía cruzar la calle para ir hasta su casa. Mi madre se quedaba parada en la puerta hasta que me veía entrar a estudiar. Las clases eran de las 3 a las 5 de la tarde, los días lunes, miércoles y viernes.

Elsa casi siempre a esa hora estaba tomando sol en el fondo de su casa cuando yo llegaba, y me recibía con su traje de baño de dos piezas, y mientras se cambiaba de ropa, yo empezaba a practicar las lecciones.

Yo era la mimada de todas sus alumnas; siempre me recibía muy bien y me decía que yo era la reina porque era la más bonita de todas.

Una tarde que hacía un calor tremendo, crucé a clase con una mini de tela fina, una remera (camiseta) corta y sandalias.

Elsa me recibió quejándose del inmenso calor que hacía ese día, (cerca de los cuarenta grados), y vi que la parte de arriba de su traje de baño estaba desatada.

Solamente se había tapado los pechos, (que hoy puedo decir que eran hermosos), para abrirme la puerta.

Me sorprendió cuando me preguntó si no me moría de calor con el sostén puesto, a lo que le respondí que no.

Me aconsejó no usar sostén a ese edad porque era malo, y más con mis pechos que estaban crecidos un poco más de la cuenta, (según mi madre y algunas de mis amigas).

La verdad es que me apretaban un poco, mi madre no concebía que siendo yo tan chica tuviera el cuerpo de una señorita más grande, pero me obligaba a usar sostén y no dejaba que usara remeras (camisetas) escotadas. Incluso, hasta el día de hoy algo me dice si me ve mostrando mucho de arriba, (o mucho de abajo).
cita No le di importancia al comentario de Elsa, y como en todas las clases me senté en la butaca del piano a practicar las partituras que luego de memoria debía tocar en el examen.

Esa tarde Elsa no se cambió y no puso su silla al lado de la butaca del piano para corregirme posibles errores como lo hacía siempre. Tampoco se sentó al lado mío, sino que se tiró a escuchar mi práctica en un sofá que tenía en el living.

Como me equivoqué un par de veces porque tenía las manos sudadas por el inmenso calor, me rezongó, y me pidió que me concentrara más en la lectura de la partitura.

Como me volví a equivocar, vino hasta el piano y me pidió que me sentara más delante de la butaca, (casi en el borde), y ella se sentó atrás mío separando bien sus piernas.

Evidentemente que no había lugar para las dos, así que Elsa quedó con su sexo pegado a mis nalgas, incluso me dijo que me sentara más atrás que iba a caerme.

Lógicamente yo no quería tocarla, pero terminé prácticamente sentándome en su pubis. Recuerdo que mis nalgas encajaban perfectamente en su entrepierna. Pasando sus brazos por debajo de los míos, se puso a tocar la partitura y me dijo que estuviera atenta y que lo hiciera luego igual que ella.

Yo la miraba atentamente porque quería seguir el ritmo de la música que ella me enseñaba a tocar. Prácticamente me tenía abrazada.

En cuanto terminó de tocar unos acordes, rozó mis pechos con sus antebrazos, y sin yo darme cuenta, estaba mirándome los senos y los pezones se me habían puesto duros y se notaba.

Allí me dijo: "Lorena, cómo has crecido, mira qué senos que tienes, ¿qué te ocurre que tienes los pezones tan duros?.

Yo me quedé muda, estaba concentrada en la partitura y además no sabía qué decirle. La verdad es que no sabía por qué se me habían puesto los pezones así, hoy supongo que fue porque me los rozó. Es una de las partes de mi cuerpo más débil. Yo a lo único que atiné fue a tapármelos con ambas manos, con un poco de vergüenza lo confieso.

A todo esto tomé conciencia de que estaba sentada en su pubis, prácticamente mi sexo estaba casi incrustado en su hueso pélvico. Con voz de estar dándome una orden me dijo que el sostén me quedaba chico, y que así no podía estar tocando el piano, por lo cual me levantó la remera (camiseta) por detrás, me lo desabrochó y me lo quitó.

Me llamó la atención cómo había empezado a respirar agitadamente, me estaba respirando fuerte en la nuca y yo sentía el viento de su aliento que me producía una cosa extraña en el cuello.

Me levantó la remera (camiseta) y me quitó el sostén e inmediatamente puso sus manos entre mis pezones que estaban verdaderamente duros. Me preguntó si me dolían y le dije que sí. Era verdad, parecía que algo iba a salir por ellos. Me dijo que no me asustara, que era porque estaba creciendo y ya era toda una mujer. Apoyó sus manos en mis senos, y empezó a acariciarme los pezones. Respiraba cada vez en forma más agitada. Su aliento en mi cuello me hizo erizar, mi piel era la piel de una gallina.

Yo no sabía entonces qué me ocurría, (hoy lo sé), pero me sentía estremecer cuando corrió mi pelo largo hacia un costado y empezó a pasar la punta de su lengua en mi nuca y en el cuello.

Se sentía fresca, yo estaba traspirada y empezó a gustarme esa frescura que no sabía de qué se trataba, pero al fin y al cabo, era mi profesora de piano y la conocía no solo toda la gente del barrio, sino prácticamente toda mi familia que iban a verme a los exámenes.

No conforme con pasar su lengua, empezó a darme pequeños mordiscos en el cuello, y me pedía por favor que siguiera tocando. Yo a esa altura entre la confusión, el calor, y la partitura no sabía si estaba tocando el piano o el violín. Empezó a masajearme los pechos más fuerte, y empecé a sentir como refregaba su sexo entre mis nalgas. Yo ya no podía tocar porque me estaba moviendo ella y le estaba errando a las notas que tenía que tocar.

Dejó mis pechos y llevó sus dos manos a mis muslos, y su mano derecha la empezó a meter entre mis piernas. Yo apoyé mis dos manos en el teclado porque estaba sintiendo cosas muy parecidas a las que sentía cuando me masturbaba en casa.

citaEntonces sentí como toda su mano se apoderaba de mi entrepierna y casi naturalmente y sin darme cuenta, apoyé con firmeza mis piernas en el suelo hasta quedar casi parada. Se sorprendió al sentirme tan mojada.

Es cierto, estaba empapada, pero me daba un poco de vergüenza porque mi madre siempre me decía que una mujer cuando se moja debe lavarse enseguida con jabón igual que cuando se va a hacer pis.

Luego de pasar unas cuantas veces su mano por entre mis piernas y empezar a lamerme la espalda haciendo que se me pusiera la piel más erizada todavía, metió el dedo por debajo del elástico de mi bombacha y empezó suavemente a recorrer mi sexo.

Llegó a ese lugar que yo había descubierto que si me lo tocaba sentía muchas cosas lindas hasta llegar un momento de placer indescriptible, y ya no pude seguir sentada sino que me paré delante de ella de cara al piano sintiendo lo mismo que sentía cuando me acariciaba.

Yo no sabía lo que me estaba pasando, pero la realidad era que estaba teniendo un orgasmo impresionante. Con su mano izquierda me levantó la mini y empezó a besarme en las nalgas, mientras su dedo de la mano derecha seguía jugando en ése lugar que ella había descubierto que me desmoronaba en una catarata de placer.

Elsa se paró, me dio vuelta en forma brusca y me metió la lengua en la boca mientras me tomaba las nalgas con ambas manos acariciándolas, a veces con las dos, y a veces una se desviaba y se me metía entre las piernas como si quisiera levantarme por el aire, cosa que casi logra. No tuve más remedio que abrazarla por el cuello, sino corría el riesgo de caerme. Recuerdo que se me salió una sandalia.

Me llevó a su cuarto, siempre abrazada a mí mientras me tocaba todo lo que me pudiese tocar y ya no me besaba sino que me lamía la cara, el cuello, los pechos, todo lo que pudiera lamer en el camino. Me tiró en la cama, recuerdo que caí de espaldas y vi cómo se quitaba la parte de arriba de su traje de baño, que estaba suelta, y cómo se bajaba el bikini, hasta quedar totalmente desnuda frente a mí.

Me tomó de la remera (camiseta), me la quitó fuertemente haciendo que mi pelo quedara enredado en la misma, pero no llegó a sacármela porque empezó a lamerme desde el cuello hasta los pechos.

Terminé sacándome yo misma la remera porque estaba tirándome del pelo, y Elsa con ambas manos apretó mis pechos como si quisiera juntarlos y empezó a lamer mis pezones en forma frenética. Los lamía en círculos recorriendo la aureola y dándome pequeños mordiscos en los pezones que parecían que iban a salirse de su sitio.

Yo sentía pequeñas convulsiones entre mis piernas, estaba tremendamente mojada y estaba bañada en sudor por el calor que hacía, y por el calor que me transmitía el cuerpo de Elsa arriba mío.

Dejó de chuparme los pechos, y fue con su lengua lamiéndome la barriga, el ombligo y me tiró de la mini hacia abajo, la que pudo sacarme sin problemas porque sólo tenía un elástico.

Empezó a darme besos sobre la bombacha, que para variar y por consejo de mi madre era blanca para que no se trasluciera, y corriendo el elástico de la misma a la altura de mi entrepierna, empezó a jugar con su lengua recorriéndome el sexo como podía. Me dijo que ya era hora de depilarme, (mi madre nunca me lo había dicho), y me bajó la bombacha y la tiró al piso.

citaYo seguía en la cama boca arriba y tenía mis manos apretando las sábanas en una posición defensiva, de miedo. Debo confesar que lo que me hacía Elsa me gustaba pero me daba mucho miedo. Mi corazón latía a mil por hora, y sentía como me golpeaba el pecho.

Pero mi sexo estaba empapado, ya había tenido dos orgasmos sin saber exactamente que era lo que me estaba ocurriendo. A esa edad no sabía lo que era un orgasmo, pero sabía que era una sensación de placer hermosa que cuando se me producía quería sentirla más y más veces.

Siempre fui de masturbarme mucho y de hecho a esa edad lo hacía con frecuencia. Cada oportunidad que tenía, intentaba tener de esas sensaciones más de una vez. Por cierto, las oportunidades nunca eran muchas.

Elsa se puso de rodillas al borde de la cama, levantó mis piernas arqueando las rodillas, y empezó a lamerme los muslos. Los mismos golpes que sentía en el pecho, los sentía en la parte superior de mi sexo. Yo entonces no lo sabía, pero era mi clítoris que estaba hinchado y pronto para recibir su merecido tratamiento. Elsa fue bajando con su lengua por mis piernas, hasta que llegó nuevamente a mi sexo.

A esta altura mis jugos vaginales corrían por mi vagina hacia abajo, se paraban en mi ano y empapaban la sábana. Realmente estaba dejando un verdadero charco en la cama. Elsa separó con mucho cuidado mis labios vaginales. Con su mano izquierda separó los labios que recubren el clítoris y empezó a darme pequeños toques con la punta de su lengua. Recuerdo que yo saltaba de placer. Tanto que Elsa me pidió que me quedara quieta. Que no me moviera tanto. Es que yo no sabía qué era lo que tenía que hacer.

Tomó mi clítoris con el labio inferior de su boca mientras que con la lengua lo levantaba y lo acariciaba. Lo tenía aprisionado. Tres veces seguidas sentí esos espasmos tan lindos, espasmos a los que después les llamaría orgasmos. Luego tomó mi clítoris entre ambos labios y los apretó, como si quisiera mordérmelo, y en forma frenética empezó a mover su lengua de izquierda a derecha a una velocidad alucinante.

Empecé a retorcerme en la cama, sentía mi vientre como si estuviera hinchado, y lo que tenía en la vagina eran verdaderas convulsiones. Sentía además dolor en los ovarios, que luego Elsa me explicaría que eran normales porque me había excitado mucho.

Cada vez que sentía los espasmos, Elsa seguía jugando con su lengua y me hacía pegar saltos en la cama, y luego violentamente ella me acomodaba a su gusto y antojo para seguir chupándome. El calor era insoportable, la sábana estaba empapada con mi sudor y mi jugo, así que Elsa decidió que me pusiera de rodillas, mirando hacia la pared.

Esta vez fue Elsa la que se acostó en la cama boca arriba, y metió nuevamente su cabeza entre mis piernas. Me tomó de la cintura y me dijo que bajara mi sexo hasta su boca. Nuevamente me tomó el clítoris entre los labios y empezó a jugar con su lengua.

Esta vez me tenía agarrada de las nalgas y tiraba hacia los costados abriéndomelas, lo que me producía un fuerte dolor, pero gustoso. Sentí como con su dedo mayor de la mano derecha acariciaba en círculos mi ano como si quisiera meterme el dedo pero sin hacerlo, hasta allí había llegado mi jugo, y esa zona era una rara mezcla de sudor y jugo.

Me tenía aprisionada, cada orgasmo que me dejaba dando saltitos promovía que Elsa me sujetara con más fuerza como para no dejar de lamer mi sexo en forma ensañada. Mi pidió que me cambiara de lugar, y a su vez me pidió que empezara a hacerle las mismas cosas que ella me hacía a mí. Me incorporé, me di vuelta, apoyé mi sexo nuevamente en la cara de Elsa, y ella con sus manos empujó mi cabeza hasta su sexo.

Con su mano izquierda pude ver como se separaba la carne para que su clítoris quedara al descubierto. Con su mano derecha empezó a acariciarse y me dijo que así debía hacerle yo con mi lengua. Pude ver que su jugo era blanco y espeso. Estaba tanto o más mojada que yo.

Torpemente puse mi cabeza tratando de tomarle el clítoris con mi boca, y recuerdo que hundí mi nariz en su sexo lo que me aterró porque con sus jugos se me tapó la nariz y no podía respirar. Sé que Elsa tuvo un orgasmo, y lógicamente yo tuve otro. Sorprendentemente sonó el teléfono. Ambas saltamos espantadas.

citaMe explicó que cumpliría en un mes los 17 años y que ya era toda una mujer, y que entre mujeres siempre había secretos que no se les contaban a nadie. Ni siquiera a nuestras propias madres. Elsa me dijo que estaba fascinada con mi cuerpo.

Aún en el baño, empezó a masajearme las nalgas. Luego se puso de rodillas en el suelo, y con su lengua recorría la raya que separa las nalgas, mientras me las mordisqueaba por momentos.

Me llevó nuevamente para el cuarto, y luego de hacer a un costado la sábana húmeda, me dijo que me acostara boca abajo. Me preguntó si ya había empezado a masturbarme, y yo recuerdo que tímidamente le dije que no. Entonces tomó una almohada y la puso a la altura de mi pelvis. Me dijo que metiera mi mano entre mis piernas y que me tocara, hasta sentir lo que ella me había hecho sentir. Yo sabía bien lo que tenía que hacer, sólo que me dio vergüenza de que ella se diera cuenta de que le había mentido.

Yo metí mi mano entre la almohada y mi vientre y empecé a masturbarme, mientras sentía como Elsa me separaba las nalgas y empezaba a jugar en círculos con al agujero de mi culo. Elsa dobló la almohada a la mitad para que mi culo quedara aún más arriba, y cada vez hacía más presión, por un lado separando mis nalgas y por el otro con su lengua, la que totalmente recorría mi parte trasera más íntima y de a poco se metía dentro de mí.

Lo cierto es que me gustaba mucho, y estaba por venirme ese espasmo que yo quería que me viniera cuando sentía como perfectamente Elsa metía y sacaba su lengua de adentro mío. Me estaba penetrando con la lengua, y yo a esa edad no tenía idea de lo que me estaba haciendo.

A todo esto, la hora se nos pasó.

Elsa espantada mi dijo que fuera al baño a higienizarme rápido y juntó mi ropa, luego en el baño me ayudó a vestirme y me peinó. Volvió a decirme que lo que había ocurrido era un secreto que debía guardar bien, y que ni siquiera mi madre debía saberlo.

Esa misma noche Elsa le habló a mi madre y le dijo que debía empezar a ir todos los días a practicar, y que no nos cobraría más por eso, dado que yo era su mejor alumna pero estaba un tanto floja.

Pese a que mis padres se enojaron mucho con eso, nos vino bien porque era nuestra oportunidad de estar juntas.

Elsa me ha marcado para toda mi vida, y como ésta es una historia real, quiero compartirla con todos ustedes.

La he separado en capítulos, porque hemos tenido encuentros realmente increíbles, como por ejemplo la noche de mi cumpleaños, en plena fiesta.

O el día que di el examen...

Pero eso se los contaré luego.

Espero que hayan disfrutado parte de ésta historia que, insisto, es real, y por sobre todas las cosas sucedió aquí en Montevideo, Uruguay.



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Siempre hay una salida

Relatos ero: Siempre hay una salida – Relatos lésbicos 


Para empezar diré que me llamo Rosa. Tengo 41 años, mido 1.65, soy morena aunque actualmente llevo el pelo teñido de rubio platino y corto, ojos marrones, culo respingón, pechos grandes y con un cuerpo que nada tiene que envidiar a nadie. Lo que me dispongo a contar ocurrió hace ya unos seis años y es, en mi opinión, algo particular por la relación, no muy buena, que por entonces tenía con la que hoy es mi pareja, es decir, con mi prima Carlota.

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Por aquella época y por diversas circunstancias, ambas estábamos alejadas, aunque no por ello y en momentos difíciles, siempre que podíamos, nos ayudábamos mutuamente. Mi prima Carlota, es quince años mayor que yo. Su pelo es castaño y muy largo, tiene, más o menos, mi misma estatura y su cuerpo está lleno de curvas, al igual que el mío. Tiene un culito respingón y pechos también grandes que, a pesar de su edad, 56 años, aún se mantienen firmes.

Una vez expuesto todo lo que vuestros queridos lectores tienen que saber sobre nosotras, me dispongo a contar el comienzo de nuestra vida como pareja y las circunstancias que hicieron posible esta unión. Como he dicho, todo comenzó hace unos seis años. Yo, por aquel entonces, estaba casada. No tenía hijos y mi matrimonio no pasaba por su mejor momento. Mi marido y yo vivíamos en una urbanización de chalets adosados, con piscina y parque comunitario. En el chalet adosado al nuestro, vivía una pareja de lesbianas, quienes fueron, a la postre, una pieza clave en la relación entre mi prima y yo.

Yo las miraba con un poco de recelo, por tabúes y esas cosas que nos enseñaban desde niños, que las relaciones entre personas del mismo sexo iban contra natura y que por ello, eran pecaminosas, que esa gente eran unos pervertidos y cosas por el estilo. Pero claro, todos esos esquemas terminan por desaparecer cuando te das cuenta de que son gente normal.

Pues bien, resultó que estas vecinas, mi prima Carlota y yo, teníamos amigas comunes. Una de ellas era Claudia, compañera de trabajo de una de mis vecinas. Ambas trabajaban en una agencia inmobiliaria, e hija de una íntima amiga de mi prima y mía. Esta chica, Claudia, se casaba en fechas cercanas e invitó a las amigas y compañeras a su despedida de soltera.

A mi prima porque, a pesar de la diferencia de edad, ambas formaban parte de un grupo de chicas con una relativa “libertad de movimientos”, como suelen decir los machos en determinadas circunstancias, las cuales solían quedar los fines de semana para descargar tensiones sin tabúes, algunas veces, en discotecas, pubs de moda, etc. A mí me invitó porque, consciente de mi relación marital, quería que me olvidase por un rato de todo lo desagradable de tan funesta situación.

El fin de semana elegido para la celebración, mi marido había salido de viaje a una convención de trabajo, a las que iba muy a menudo y en grata compañía, como supe más tarde.

He de decir que yo estaba algo deprimida ya que durante esa semana, mi marido y yo habíamos discutido varias veces y la verdad no me apetecía nada salir de fiesta pero, entre unas y otras, me convencieron por lo que me di por vencida y acepté la invitación. Convenimos que, cuando quiera, volvería a casa, que Carlota me acompañaría en el momento en que yo decidiese que era hora de regresar y ella se quedaría a dormir en mi casa. Antes no lo dije pero mi prima estaba divorciada hacía mucho tiempo y es madre de dos hijos mayores.

Esa noche todo marchó a las mil maravillas. Todas bebimos mucho, demasiado a tenor de lo que pasó después, bailamos con “maromos” que hacían striptease en una sala de fiestas, les metimos y nos dejamos meter, mano, cosa que, junto al alcohol consumido, nos ayudó mucho a desinhibirnos y a prepararnos para lo que vendría después. Siendo ya altas horas de la madrugada, es decir, por la mañanita temprano, decidimos regresar las cuatro juntas, Carlota, mis dos vecinas y yo, pero al llegar a casa surgió un problema. ¡Me había dejado olvidadas las llaves en el interior de mi chalet! Para subsanar el percance, mis buenas vecinas, Natalia, 1,80 de estatura, rubia, pelo largo, ojos verdes y curvas de impresión y Silvia, pelirroja teñida, con el cabello a media melena, de similar estatura, ojos marrones muy penetrantes y en cuanto a curvas, nada que envidiarle a su amiga, nos ofrecieron pasar la noche o lo que quedara de ella, en su casa. Irremediablemente y a pesar de mis reparos, el cansancio pudo más que yo y acepté. Mi prima se negó a dejarme sola y me acompañó.

A pesar de lo bebido, que como ya he dicho, era mucho, no se puede decir que fuésemos de un borracho subido, pero sí que habíamos alcanzado “el punto”, como se suele decir de alguien que, después de unas copas, alcanza un estado de felicidad que si no se remedia puede llegar a provocar la caída en el “limbo” del cual una suele salir con una resaca de impresión. A esto había que añadir el estado de excitación alcanzado gracias a nuestros tonteos con los strippers. Natalia y Silvia nos prestaron uno de los dos dormitorios que había en la parte alta del chalet. Para nuestra sorpresa, la cama era de matrimonio por lo que las primas deberíamos dormir juntas. También había una televisión y su correspondiente video. Era una habitación tan normalita como pudiera serlo cualquier otra. Nos dieron unos pijamas limpios y nos dejaron solas.

Nos acostamos pero al cabo de un rato, ya que no podíamos conciliar el sueño, cosa que suele ocurrir después de una noche con excitantes emociones vívidas, le propuse a mi prima curiosear por la habitación para ver que guardaban nuestras amables anfitrionas. Mi prima aceptó con entusiasmo, ya que la curiosidad es innata en las mujeres de nuestra familia, y así pues, nos levantamos, con sigilo, cerramos la puerta del dormitorio para no ser descubiertas y nos pusimos manos a la obra.

Carlota se dedicó a mirar en un chifonier de seis cajones, mientras yo miraba en un mueble bajo de dos puertas, en el cual, para mi sorpresa, encontré una importante videoteca de películas porno de temática lésbica y mi prima, para mayor asombro de las dos, dio con una caja con muchos consoladores y vibradores de todo tipo y clases así como otros objetos para el placer de nosotras, las féminas.

A causa de la película y la visión de todos aquellos aparatos, nuestra excitación fue en aumento, hasta tal punto que, en un momento dado, mi prima, mientras se acariciaba la entrepierna con una mano, con la otra agarraba uno de los consoladores y se lo llevaba a la boca para saborearlo como si fuera un caramelo. Yo, por mi parte, me sentía arder. Un fuego interno quemaba mis entrañas y hacía que mi sexo destilara fluidos sin parar. Jamás en mi vida había sentido esto con tanta intensidad y para mi sorpresa hice lo inimaginable y aún hoy no he conseguido una respuesta para explicar mi reacción. Alargué mi mano izquierda y agarré uno de los pechos de mi prima. Tan sorprendida como yo, me miró a los ojos sin llegar a decir nada. Seguidamente me incliné hacia ella uniendo mis labios a los suyos. Ella me respondió abriendo la boca de par en par. A decir verdad es uno de los besos más apasionados que he dado y recibido, porque seguidamente, mi prima tomó la iniciativa en tan arrebatadora unión de nuestras bocas, que imitaban a las ventosas. Nuestras lenguas parecían dos serpientes, por la agilidad con la que se entrelazaban. Deshecha nuestra unión bucal, me dediqué a besarla desde la frente hasta los dedos de los pies, deteniéndome, claro está, en su sexo, que degusté con ganas. Era la primera vez que me comía semejante cosa y a pesar de mi inexperiencia, conseguí que Carlota tuviera dos orgasmos, lo cual hizo que aumentara la destilación de flujo que yo saboreé con inmenso placer. Estaba disfrutando del sexo como nunca lo había hecho y… ¡con una mujer que, además, era mi prima! Luego le tocó a ella saborear mi cuerpo. Que gozo. Encadené un orgasmo tras otro. Mi cuerpo temblaba con cada sacudida orgásmica. Tanto placer es imposible de imaginar si no se ha sentido alguna vez. Después le tocó el turno a los consoladores. Me coloqué uno de correas y me dispuse a penetrar a mi prima. Ella, al ver mis intenciones, se tumbó, con la espalda apoyada en la cama, se abrió de piernas y levantó la pelvis para quedar más ofrecida. Me miraba con ojos suplicantes, implorándome con ellos que no demorase ni un segundo más la penetración. Preparada, me incliné sobre ella y mientras mi lengua se introducía en su boca, la iba penetrando lentamente, como me gusta que me lo hagan a mi. Que placer aquella doble invasión a la que estaba sometiendo a mi prima. Carlota, al notarse totalmente llena con aquel portento de látex, entrelazó sus piernas en mi espalda y me aprisionó. No puedo decir con claridad quien le hizo el amor a quien, pero sí que disfruté como una loca, al igual que yo cuando fui poseída por mi prima. No sé cuánto tiempo estuvimos así, unidas la una a la otra, pero sí que ambas terminamos derrotadas y durmiendo abrazadas.

Así nos encontraron Natalia y Silvia, que nos despertaron y nos invitaron a desayunar. Las dos iban totalmente desnudas, por lo que Carlota y yo, decidimos bajar de igual manera al piso inferior, donde se encontraba la cocina. Mientras desayunábamos, a pesar de lo avanzado del día, mis vecinas nos contaron que nos habían oído hacer el amor pero que no habían querido intervenir para no molestarnos.

Nosotras les confesamos que era nuestra primera vez con otra mujer, que todo había surgido por casualidad, pero que nos había gustado mucho y estábamos dispuestas a repetirlo. Silvia, al oír esto, se ofreció junto a Natalia, enseñarnos a complacer a otra mujer. A Carlota y a mí nos agradó la idea y aceptamos encantadas. Así pues, acabamos de nuevo en el piso de arriba haciendo el amor las cuatro como locas, cambiamos varias veces de pareja e incluso en varias ocasiones acabamos, las cuatro juntas, sobre la cama.

Fue un fin de semana inolvidable. Acabé con todos los prejuicios sobre la homosexualidad, disfruté como nunca había disfrutado en la cama y por si fuera poco, delante de dos testigos de excepción, declaré mi amor a mi prima y nos prometimos. Nunca hasta este momento, habíamos sentido nada igual la una por la otra. En este momento nos dimos cuenta de que no queríamos, que lo que sentíamos era amor mutuo, amor de verdad. Esa semana me fui de casa y me separé de mi marido. Poco después conseguí el divorcio. Primero me fui unos días a vivir con mis vecinas las cuales me trataron como una reina y poco tiempo después, arreglado todo, me fui a casa de Carlota. A través de Silvia, compañera de Claudia, conseguí trabajo en la agencia inmobiliaria y unos meses más tarde, cuando completé mi instrucción profesional en la agencia, fui trasladada a otra ciudad como encargada de la nueva oficina inmobiliaria abierta en ella. A esta ciudad me acompañó mi prima. Hace ya seis años que las dos dimos este paso tan crucial en nuestras vidas. No estamos para nada arrepentidas. Seguimos tan felices como antes, o más, ya que desde hace unos pocos meses formamos una pareja de hecho, con todo derecho.

La ceremonia fue muy emocionante, con unos testigos muy especiales y que nosotras convertimos en nuestras madrinas, Natalia y Silvia. No nos hablamos con nadie de nuestra familia, pero no nos importa, seguimos siendo igual de felices. Desde aquí un fuerte abrazo a todas las personas y parejas que, como nosotras, se han decidido a dar el paso y hacerlo público a la familia y a los amigos. Los que aún no os habéis decidido a hacerlo, ánimo y un beso. No tengáis miedo, seguro que os llevaréis una sorpresa y encontraréis el apoyo donde menos lo esperáis.



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Cuando calienta el sol

Relatos ero: Cuando calienta el sol – Relatos erótico  


Era un día soleado y me encontraba tomando el sol junto a la piscina del hotel, estaba acostada en una de las sillas para tomar sol y llevaba puesto un pequeño bikini de color rojo fuerte, unas gafas oscuras y me puse un sombrero para protegerme la cara. Me había puesto crema bronceadora en todo el cuerpo y estaba escuchando música. Como llevaba gafas de sol, podía mirar sin que me vieran, y me dediqué a observar a dos chicos que estaban sentados al pie de la piscina conversando. Eran musculosos, altos y bien parecidos, y como soy tan cachonda me imaginaba cómo serían sus trancas, pues por encima del pantalón de baño se veía un bulto considerable. Me imaginaba mamándoselas. Solo de pensar esto mi coño empezaba a humedecerse y me ponía cachonda.

Relatos eróticos

Cuando calienta el sol – Relato erótico 



Para disimular y poder sobarme la raja, decidí girarme boca abajo, estiré el tanga hacia arriba y la tira se me clavó en el chocho, de esa forma, por poco que me moviese, me rozaba y me daba gusto. Estaba tan atareada que no me di cuenta de que se habían acercado a mi hamaca hasta que dijeron:

– Hola ¿podemos acompañarte, quieres que te pongamos bronceador en la espalda o cualquier otra cosa?

Yo los miré, sonreí y al mirar hacía la piscina pude ver que ya no había nadie más, solo los dos. Me giré boca arriba para poder hablar con los chicos, ellos se presentaron y después de hablar algunas cosas, uno de ellos me dijo:

– ¿Por qué no te giras de nuevo y nosotros te aplicamos bronceador en la espalda?

Yo acepté, solo para provocarlos con mi culo respingón y me los ligaba, ya que mi chocho iba loco por recibir uno de esos enormes y hermosos pedazos de carne. Entonces solté la tira del sujetador para que pudieran echarme crema en toda la espalda. Uno de ellos, muy suavemente, aplicaba la crema mientras me decía:

– Oye, tienes un bonito trasero ¿quieres que también también te ponga bronceador allí?

Yo le dirigí una mirada insinuante que los dos chicos entendieron y entonces echó un poco de crema en mis redondas y grandes nalgas y con movimientos insinuantes me las acariciaba, lo cual hizo que me encendiera aún más y sin pensarlo más, me giré y quitándome el sujetador dejé al descubierto mis enormes tetas, la cuales ya se encontraban erectas y mis pezones parecían dos chupetes de lo excitada que estaba.

Aquello se nos iba de las manos y estábamos al aire libre, les dije que no era muy sensato hacer según qué cosas allí en medio y me dijeron que si quería podían subir a mi habitación y allí nos fuimos a toda prisa.

En cuanto llegamos fuimos directamente a la habitación, volví a sacarme el sujetador y le dije a uno de los chicos que me las chupara. No se hizo esperar y metiéndose una en la boca empezó a chupármela mientras que, con la lengua, acariciaba mi pezón y con la otra mano estiraba mi otro pezón.

Entonces el otro chico apartó mi braguita con una de sus manos y metió la cabeza entre mis piernas empezando a acariciarme el clítoris, con la lengua, humedeciendo aún más mi coño.

El otro no se hizo esperar. Sacó su enorme polla y me la acercó a la cara. La cogí con una mano y tras acariciarla un poco, me la metí en la boca y me la tragué de un solo bocado. Siempre me han dicho que soy una buena mamona ya que es que mi boca es grande. Normalmente me llaman “garganta profunda”. Mientras la chupaba la recorría con mi lengua y acariciaba sus gordos huevos hasta que, de pronto noté algo enorme estaba intentando abrirse paso en mi chocho. Me había hecho una buena “comidita” y lo tenía completamente lubricado, por lo tanto, con un pequeño empujón le bastó para metérmela hasta el fondo. En cuanto vio que la tenía dentro empezó a bombear con rapidez.

El chico al que se la estaba chupando me decía:

– Sigue chupando así, que lo haces de maravilla y me vas a sacar la leche con esa mamada que me estás haciendo, y amigo si vieras cómo mama de bien.

Al oír esto, el que me estaba follando, la sacó y rápidamente me la metió en la boca, por supuesto el compañero, ni corto ni perezoso, ocupo su lugar y me la clavó en el coño. Por lo visto, la tenía más gorda porque en cuanto empezó a follarme, me corrí como una loca.

Estaba excitadísima y disfrutando como una cerda. Con un rabo en la boca y otro en el chocho, que más se puede desear. De pronto, me dio la sensación de que alguien nos estaba observando. Por lo visto, un amigo de ellos, nos había visto entrar en mi apartamento y nos siguió. La puerta no estaba cerrada y estaba mirándonos con cara de vicioso.

– Venga, únete a nosotros – contestaron ellos – Es tan caliente que nos va a dar placer a los tres.

El nuevo, sin pensarlo más sacó su tranca del pantalón y al verla me quedé asombrada al constatar cómo era de gruesa, estaba ansiosa por probarla, y pude hacerlo pronto, ya que al que se la estaba chupando, y sin avisar, me lleno la boca de leche. Por supuesto, me tragué la corrida y automáticamente. De pronto noté algo caliente que humedecía mi vientre. Era la leche del que me estaba follando el chocho, que estaba “barnizando” mi cuerpo.

Entonces el chico que llegó el último me hizo levantar con el pretexto de ver mis nalgas pero en realidad era para sobar, con su gorda tranca, mi culo. Primero me abrió las nalgas, metiendo su legua en el ano fue lubricándolo, y fue algo maravilloso sentir su lengua en mi culo y yo le decía:

– ¡Ah, qué gusto, que lengua tan sabia, cómo la sabes usar de bien!

– Tienes un culo glorioso, descomunal mira cómo está de excitado, mira cómo se abre tu ano con solo tocártelo, no necesitas que te lo moje porque él solito se moja.

Yo estaba tan excitada que hacía movimientos insinuantes y le decía que por favor me la metiera rápido, que no aguantaba más las ganas de que me abriera el culo con ese aparato tan hermoso y él, después de sobar con la punta de la verga el hueco de mi ano, fue abriéndolo poco a poco hasta meterla toda dentro. Sentía su gorda verga cómo tocaba fondo y con movimientos fuertes la metía y la sacaba y de vez en cuando golpeaba mis nalgas.

Mientras esto ocurría, yo mamaba las pollas de los otros chicos, hasta que uno de ellos dijo:

– ¡Follémosla por todas partes al mismo tiempo!

Dicho esto se tendió en el suelo y yo traté de acostarme encima de él sin que se me saliera la polla del culo, pues estaba disfrutando al máximo esta enculada y le decía;

– No la dejes salir, por favor, no quiero tenerla fuera, tienes una polla increíble.

Cuando ya estuve acomodada con la polla del otro chico dentro del coño, le dije al que me estaba dando por el culo que se moviera más fuerte para sentir la polla en mi coño, que me excita mucho sentir que me tienen clavada por los dos agujeros donde más les gusta a los hombres meter sus pollas. Así lo hizo y también le dije que no quería que se corriera rápido, que nunca me habían dado por el culo con una verga tan gorda. Yo seguía mamando la polla del otro chico y como me follaban con tanta fuerza esto hacía que yo chupara más rápido. Esto duró un buen rato hasta que el chico al que se la estaba chupando dijo al que me daba por el culo:

– ¿Puede ser que le quepan dos pollas en el culo?

– Tiene el culo tan abierto que le caben dos pollas y se las traga hasta los huevos – contestó el otro. La sacó un poco y de pronto noté cómo intentaba entrar la del otro tío. Me dolía un poco, pero cerré los ojos e imagine mi culo, abierto a tope y con dos pollas intentando abrirse paso en mi agujerito. Era una locura. No se equivocaron, por lo visto mi culo era tan profundo y tragón como mi boca, en poco rato, tenia los dos rabos alojados y entrando y saliendo desaforadamente.

El otro chico que tenía debajo, dándome por el coño mientras me comía las tetas, ya que por los movimientos rápidos mis pechos le daban en la boca y él me los chupaba, me mordía los pezones y con sus manos me los retorcía.

– ¡Sigue chupándome las tetas que esto me pone más caliente! – le decía yo.

En unos momentos, la habitación se llenó de gemidos y de gritos.


Yo decía que iba a correrme, el que me follaba el chocho, se corrí, y los que me daban por el culo, gimiendo, sacaron sus palos de mi culo y me llenaron la espalda de leche.

Parecía el baño de Cleopatra, había leche por todos los lados. Me levanté como pude. Tenía las piernas dormidas por la posición y el culo roto por la follada de aquel par de ejemplares.




Sin decir nada, me dirigí al baño para ducharme y relajarme un poco. A los pocos minutos entraron en la bañera los tres tíos. No es que hubiera mucho espacio, pero tardamos poco en volver a meternos mano. Fue un precalentamiento ideal, ya que cuando salimos del baño, nos volvimos a enfrascar en un folleteo que ya os contaré en otra ocasión.



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