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Un jefe infiel: Rebeca y la cena burlesque de empresa – Relatos eróticos

Un jefe infiel: Rebeca y la cena burlesque de empresa – Relatos eróticos


Imaginar a Rebeca yaciendo en mi cama era igual que ver películas pornográficas en la adolescencia. Debía esconder mis fantasías sexuales en la ducha de las mañanas, tal y como ocultaba aquellos vídeos x en la más recóndita carpeta del disco duro de mi ordenador. Era mi compañera en la oficina, aunque oficialmente yo era su jefe directo desde hacía más de 3 años.


Imaginar a Juan Luis besándome era algo que ni siquiera me podía permitir. Él era mi jefe 
   y yo tenía una pareja estable que me amaba: mi novio, Lucas. Sin embargo, mis sueños 
         me contradecían; veía a Juan Luis, su cara y su torso sudoroso sobre mis pechos, y le 
                               notaba dentro de mí… hasta que despertaba sobresaltada.


Juan Luis era bello, inteligente y protector. Mucho de lo que buscaba en un hombre y todo 
 lo que necesitaba como mánager, en una empresa donde las mujeres éramos valoradas 
                                        por lo que dejaban ver nuestras faldas… 



Rebeca era esa chica con la que un hombre reproduce mentalmente su futuro. La que deseas conocer en la fiesta y se resiste a tus trampas; la que contesta a tus mensajes con humor e inteligencia; la que, en su momento justo, habla por hablar y la mujer que, cuando más lo necesitas, te hace el amor sin parar. Y aún más peligrosa, la que enciende esas fantasías mientras trabajas y que se reproducen en cualquier momento…



             Las luces se apagaron y sobre el escenario
repentinamente resplandecieron tres figuras femeninas. Dos se recostaban con abanicos 
  en los extremos del telón y otra se estiraba semidesnuda sobre un sofá chéster. Quería 
   ver la reacción de Juan Luis, pero las chicas acercaban mi mirada que también estaba 
                                           siendo manipulada por la música…



 

Sabía que no iba a ser una buena idea sacar a toda la empresa a un espectáculo burlesque. Las cenas de navidad ya son complicadas de planear evitando que se pierdan los papeles más de la cuenta, como para encima añadirle el morbo de un teatro de variedades erótico. Yo sabía que las miradas cómplices se iban a suceder, así como las súbitas desapariciones por pares, y yo me encontraba en mi propia lista de posibles. Pero, ni mi posición en la empresa, ni mi condición de casado me permitían pasar de las fantasías a los hechos.


Esas tres bailarinas relegaron a Rebeca a los camerinos de mi cerebro, mientras las bebidas aumentaban mi sed de sexo duro. Las cabareteras abrían sus piernas para elevarse y dejarse caer por cuerdas con delicadeza y elegancia. Todo lo opuesto a mis pensamientos que las alzaban una y otra vez sobre mi pene, penetrándolas indistinta e implacablemente…



           Envidiaba sus movimientos, tan gráciles como 
contundentes, según exigía el guion musical. Juan Luis 
 estaba ensimismado. No me extraña, hasta mi sangre alcanzaba el punto de ebullición 
           con esas sincronizadas carnes trémulas, vestidas en su preciosa desnudez.


                Me veía ataviada con sus mismas pezoneras brillantes, tan pronto con esos 
         espectaculares tangas, tan pronto sin ellos y sobre Juan Luis. Y, fulminantemente, esas 
           imágenes venían a negro cuando mi móvil vibraba con otro mensaje de Lucas, y su 
                 aburrida cena de empresa. Desconecté el teléfono y lo enterré en mi bolso. 


El sueño de follarla se estaba convirtiendo en obsesión. Tan pronto acabó el burlesque, me dirigí a la barra pasando por su lado para informarle con sutileza de mis intenciones. Las de tomar una copa con ella… alzarla sujetándola por sus muslos, esos muslos de lozana belleza armónica, y arrancar sus bragas y comérmela hasta que gritase:


 –Sí, Juan Luis, ¡fóllame! Eres el hombre de mi vida. Mi novio es un pusilánime que nunca 
                                                                me ha hecho gozar. 


Y volverla a alzar, ahora desnuda, para llevarla al escenario. Y sentarme con puro y copa, para observar mi show de pole dance privado. Rebeca bailando, deslizando sus manos y emplazando sus piernas a ambos lados de la barra, para mostrar esa vulva completamente afeitada y esos labios rosados deslizándose por el cilindro metálico de arriba abajo… 


 

–¿Juan Luis? ¿Estás bien? –me preguntó con ternura, Rebeca.


–Sí, por supuesto. ¿Quieres una copa? –le dije con tono pícaro.


–No, muchas gracias. Sólo quería despedirme de ti –continuó sonriente–. El burlesque me puso a tono para reunirme con Lucas…



Sexo en la oficina, teatro, fantasías y relatos eróticos fantásticos:




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Sexo en la oficina: razones, modos, lugares y personas

Sexo en la oficina: razones, modos, lugares y personas


Las fantasías son el pan de cada día, sobre todo cuando no apetece dar el callo. Pero ¡cuidado!, esto no es tan sencillo como cuando lo ves en películas x (sí, hay websites dedicadas exclusivamente a guiones pornográficos que versan sobre el tema; y no, al final no se casan). En ellas, todo está preparado para que se sucedan cada una de nuestras ensoñaciones, desde las más light a las más pervertidas.


Como te decía, en la vida real no es tan simple como en una peli porno, y es que antes de tener sexo en la oficina (o con algún empleado, jefa y/o cliente), tienes que saber el porqué, el cómo, el dónde y –aún más importante– con quién. Y yo te lo voy a contar todo con datos reales.


Razones: ¿Por qué tener sexo en la oficina?


Somos animales sociales. Nuestra sociedad ha creado el trabajo remunerado como mayoritaria y necesaria forma de vida y, con él, los horarios que atan a nuestros instintos, los cuales no entienden que los sometas a ese estricto comportamiento. Por decirlo de otro modo: tus calentones no pueden ser regulados por el Estatuto de los Trabajadores.





Las estadísticas


Comencemos por la evidencia: en febrero de 2013, el portal Glassdoor realizó una encuesta entre 1.000 usuarios de la que se extrajo, entre otras, que más de la mitad de los participantes estaban de acuerdo con que existieran relaciones entre compañeros de trabajo; y que un tercio de los encuestados, reconocía haberlas tenido. 




Meses después, en el mismo año, Business Insider iba un poco más allá: lanzaba una encuesta a sus usuarios con una batería de preguntas más amplia y mejor diseñada. Participaron más de 2.000 y los resultados fueron aún más sorprendentes: casi el 85% expresó que las relaciones entre compañeros deberían estar permitidas; más del 60% lo percibía como algo bueno; y ¡más del 90% reconocía haber sentido atracción hacia sus compañeros!




Las horas


Ni siquiera nos paramos a pensarlo pero, si tenemos suerte, trabajamos ocho horas al día. Es decir que, cuanto menos, pasamos un tercio del tiempo de lunes a viernes con nuestros colegas de profesión. Generamos afinidades u odios con ellos y con ellas y, por ende, tanto unos como otros sentimientos pueden desembocar en affaires laborales. Ya sabes, es que somos igualitos o es que la odio tanto que no puedo dejar de pensar en ella, entre otras clásicas disculpas. ¿Es tan raro generar estos sentimientos?




Lo prohibido


Además, de por medio está el veneno de lo prohibido. A la oficina se viene a trabajar, que no se enteren las jefas o jefes de lo contrario. Las normas se han puesto para algo… (sobre todo, ¡para incumplirlas! Es lo que tiene nuestra animalidad, no le des más vueltas).



Lo más prohibido


Y en el cénit de lo moralmente reprobable, y al tiempo, instintivamente atractivo, encontramos las relaciones entre mánagers y empleados, o simplemente, entre colegas de profesión que ya tienen parejas.




Los modos del sexo en horario laboral


La principal forma de tener sexo en la oficina es fantaseando. Normalmente, no se pasa de ahí bien por esas restricciones éticas (por aquello de donde tengas la olla, no metas…) o bien porque puede más la relación en la que estemos inmersos. Y cuando el flirteo se materializa, raras son las veces en que se convierte en algo permanente. Eso sí, tanto si es para siempre como si solo va a durar 5 minutos, te interesa saber detalles como que la ropa cómoda y fácil de desabrochar (mejor si no hay que desabrochar) son algo crucial.


 


Las estadísticas


Poco más de la mitad de los participantes en el sondeo de Business Insider reconocieron que habían repetido encuentros sexuales con compañeros de trabajo a lo largo de los años. Y aún más, solo el 17% afirmó que aquellos se habían cristalizado en relaciones frecuentes o permanentes.




Las horas


Si se trata únicamente de fantasías, elige cualquier momento del día en que tus jefes no vigilen, ponte una playlist con tus canciones para hacer el amor y dale rienda suelta a tu imaginación. Si, por el contrario, vas a pasar a la acción, los mejores momentos para hacerlo son bien cuando el resto de colegas han recogido sus cosas, bien cuando todos estén trabajando. Un kiki en el WC mientras tu oficina trabaja a pleno rendimiento, puede ser de lo más satisfactorio…




Lo prohibido


Hasta lo más antirreglamentario tiene sus propias normas. No hace falta que te diga que si tienes pareja y tu compañer@ solo representa una especie de reto sexual, lo mejor es que vayas al servicio y lo soluciones a solas. No merece la pena perder dos relaciones, de amor y de amistad, por un escarceo pasional.





Un breve apunte sobre las fiestas de empresa: hay que ser inteligente, todo el mundo está ojo avizor. No creas ni por un instante en que no se han dado cuenta de tus sentimientos. Mantente a distancias prudenciales y abandonad el banquete en momentos distintos, con  excusas diferentes. Y si el calor aprieta, mejor citarse en el pub de otro barrio…



Lo más prohibido 


Ahora bien, si os conocéis desde hace años y realmente estáis enamorados, y si, en verdad, crees que vuestra aventura puede concretarse, entonces puede que sea el momento de saltarse la norma. Lo único que te pido es que no lo hagas delante de personas que te puedan grabar…




Los lugares para tener sexo en la oficina


La elección del lugar es de lo más importante. Sin embargo, la cuestión es ¿elijo el sitio de mis fantasías o el lugar correcto para que no me pillen?



Las estadísticas


No en vano, la mitad de los encuestados por B.I. no tuvieron la relación sexual en el mismo centro de trabajo. Por ello, he acudido a otras encuestas que versan sobre sitios dentro de la oficina , aunque, como verás a continuación, no son muy fiables.



                                                    Your tango


Según este infográfico, al parecer, divulgado por el portal británico EliteSingles, el mapa de propósitos románticos en la oficina, según sexos, quedaría dividido de la siguiente forma:

Las fantasías sexuales femeninas 
Sala de conferencias: 24%
Despacho/pupitre: 20%
Almacén: 13%
Ascensor: 11%
WC: 10%
Fotocopiadora: 2%
Cocina/cafetería: 1%
Si te fijas, en total suman un 81%. Un poco extraño, ¿no?




Las fantasías sexuales masculinas
Almacén: 37%
Despacho/pupitre: 34%
Sala de conferencias: 29%
WC: 20%
Ascensor: 17%
Fotocopiadora: 14%
Cocina/cafetería: 14%
Espacio para fumadores: 10%
En total, 175%. Esto solo es posible si existe multirrespuesta pero, entonces, ¿cómo se explica el 81% de las mujeres?



Las posturas sexuales


En realidad, hacerlo en unos u otros lugares es más una cuestión de posturas. No hacen falta datos, simplemente piensa en esa persona que te pone; la siguiente imagen que cruza tu cabeza es la postura sexual en la que lo estáis haciendo; y, después, igual tu mente encuentra un escenario laboral que avive más ese deseo. Así que, mi consejo es que pienses la postura en la que quieres hacerlo y le busques un sitio en el trabajo. ¿Deseas penetraciones profundas? Quizás, la sala de conferencias, tu pupitre o el WC sean los sitios apropiados. ¿Eres un macho dominante? La fotocopiadora o el ascensor pueden convertirse en tus aliados, siempre y cuando no haya cámaras de vigilancia o sea un lugar de paso muy concurrido.


 

Las personas



¿Elegimos nuestros romances o nuestros amantes nos eligen a nosotros?



Las estadísticas

Hay dos datos muy curiosos sobre la encuesta de B.I. El primero es el que compara las respuestas a las preguntas “¿Algún compañer@ de trabajo ha intentado ligar contigo?” y “¿Has intentado ligar con algún compañer@?” En el primer caso, casi tres cuartas partes dicen que han sido el objetivo sexual de alguien de su oficina, mientras que un 10% menos reconoce haber intentado beneficiarse a algún colega de profesión.



Esta diferencia se me antoja consecuencia de esas cortapisas morales que nos afectan, hasta cuando respondemos a un sondeo en privado. Siguiendo con los datos, solo el 13,68% reconocía haber tenido sexo con el jefe o la jefa, mientras que cuando se les preguntaba a los mandamases, el porcentaje ascendía por encima del 35%.



¿Con quién debo tener sexo en la oficina? 



Con tod@s los que quieras


¿Me he vuelto loca? No, simplemente usa el sentido común y evalúa bien tus emociones. Si la persona que te gusta y/o tú tenéis una relación de pareja estable, probablemente lo mejor sea acostarte con ella en sueños. Y ya sabes que esos sueños pueden tener un plácido final físico; masturbarse es de lo más sano.



De otro lado, si ambos os encontráis en una situación sentimental sin compromisos, no deberías tener impedimentos. A mucha gente le echa atrás el mero hecho de ser compañeros, o aún peor, la existencia de una relación profesional de subordinación. En cualquiera de los casos, te recomendaría que abras el espacio que toda relación romántica requiere. Y que disfrutes de las fantasías y del sexo sobre fotocopiadoras o en cualquier otro sitio porque el dato más importante es que:



“El 90% dijo sentirse feliz después de haberlo consumado.”



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Sexo en la cena de empresa

Sexo en la cena de empresa

Sexo en la cena de
empresa



Tener sexo en las fiestas de empresa no solo se ha convertido en una tradición, sino que, además, lo es porque suele ser divertido. Y es que los datos revelan que el 40% de los encuestados ha mantenido relaciones sexuales en estos eventos, con un 83% que admite que repetiría.




  Los datos

  • Al parecer, la gente que trabaja en ventas no solo venden humo, de hecho, representan un 20% de los que admiten haber tenido sexo en la cena de empresa, seguidos por empleados en el sector sanitario (12%) y transporte y logística (9%).

  • De otro lado, un 52% confesó que lo hizo precisamente con quien más le ponía de la oficina. O sea, con quien ya había fantaseado miles de veces. Eso sí, un 31% pretende que nos creamos que no sabían cómo ocurrió Aunque, quizá esto tiene otra explicación…

  • Y es que un 78% dijo que el alcohol había jugado un papel decisivo antes del encuentro sexual.

  • Si bien, persisten en su inocencia, pues un 69% afirmó que fue el otro quien propuso tener sexo.

  • Uno de los datos más sorprendentes es que tan solo un 18% admitió haber tenido sexo con personas en puestos de responsabilidad. Aunque, incluso más sorprendente es el hecho de que un bajísimo 5% dijo que sus partenaires fueron empleados de la misma fiesta.

  • Para finalizar, el dato alarmante que mencionábamos: en un 63% de las relaciones no se usó condón. Y, aunque un contundente 97% afirmó que no se dieron consecuencias negativas, salvo la de cruzarse en el trabajo con sus amantes al lunes siguiente, lo cierto es que es injustificable, sobre todo, porque la mayoría eran relaciones sexuales casuales.





Hoy, es 1 de diciembre, Día Internacional de la Acción contra el SIDA, y la Navidad está a la vuelta de la esquina. Por ello, sin dejar de lado la alegría y el placer de las relaciones sexuales y los encuentros esporádicos, queremos reivindicar el uso del método más eficaz para prevenir las ETS y los embarazos no deseados: condones, condones, condones.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Historias reales en mi mail (II): Mi primer intercambio de pareja en un club swinger

Historias reales en mi mail (II): Mi primer intercambio de pareja en un club swinger



Visitaron tiendas de disfraces y se prepararon durante la semana para el gran evento. Lo vivían inquietos, era una muestra más de su activa y excitante vida sexual. Aunque, al tiempo, sentían ese miedo que todos hemos tenido a que una aventura marque un punto de inflexión, sin retorno al amor.




Los dos pensaban que no encontrarían a gente sexy y se equivocaron de lleno. Eran matrimonios como ellos, un poco mayores, quizás sobre los 40 pero atractivos, llenos de energía y deseosos de aventuras. Hablaron y bebieron durante un buen rato, en el que Javier y Rosa confesaron que eran novatos en esto del intercambio de parejas.




Pero el trato era el trato: los dos debían estar en la misma sala, para poder observarse. Y así fue: los seis se fueron a una de las habitaciones que Rosa había visto en la web…




– Cariño, ¿te gusta? –le preguntó una de las esposas a Javier, mientras la otra tomaba el testigo en la felación.


– Sí, claro –dijo tembloroso, dirigiendo la mirada a Rosa.


– No la mires a ella. Nuestros chicos la están cuidando… –le espetó con una sonrisa, mientras se desanudaba el escote para mostrar sus pechos y acariciarlos contra la piel de Javier.









Estaba amaneciendo cuando volvieron a casa. Ella se lo había pasado bomba, pero no tenía muy claro cómo lo había sentido su marido. ¿Perdería esa sana “adicción al sexo” con la que ambos habían disfrutado durante 16 años?  Rosa recuerda que durmieron abrazados sin soltarse, hasta que Javier la despertó con un beso y le dijo:






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Silene o el látex de una FEMDOM – Un relato erótico de Halloween

Silene o el látex de una FEMDOM – Un relato erótico de Halloween

El banquete a base de carnes y un arsenal de licores, me hizo entablar amistad con Gary. El resto de compañeros eran insufribles; dos ingleses, con sus pomposos acentos, narraban aburridas andanzas por las Tierras Altas a tres escocesas que bebían apresuradamente....


La carpa se hacía eco reverberante del llanto celestial; la lluvia se sumaba cual comensal que nadie había invitado, pero que todos sabían que haría acto de presencia… como las sublimes impertinencias de Gary.


 –¡Vuestro problema es que nunca podréis ser escoceses! –bramó a los ingleses, mientras sacaba la petaca para mezclar el whiskey con el champán.


Por suerte, esto ocurrió cuando habíamos terminado el postre, así que nos dispersamos siguiendo las instrucciones personalizadas de nuestros sobres. Las mías, me condujeron al guardarropa de una de las suites, ubicadas en la torre.



 La noche se había cerrado en el único brillo de grisáceas nubes, que sólo descubría intermitentemente la luna. El agua empezaba a golpear intensamente las vidrieras, al compás de nuestros pasos sobre las desvencijadas escaleras, y el caos espontáneo de los compañeros hacia sus destinos.


–Gary, ven conmigo. Tienes que subir a la otra suite de la torre –le convencí, tras leer las instrucciones de su sobre y explicarle tres veces que debíamos empezar el juego.



Le empujé hacia la alcoba y cerré la puerta. Fue la última vez que le vi.


Me dirigí a la suite contigua, dispuesto a seguir las reglas del role-play; me había tocado el “fantasma preso”; mi atuendo eran las correspondientes sábana y cadenas que aguardaban en uno de esos armarios rococó que todo castillo usa como accesorio, para persuadirnos sutilmente de los encantos del pasado.


La habitación era de ensueño; piedras vistas rodeaban una cama con doseles de madera y talla medieval, almohadas enormes de plumas, escudos de armas con evocadores blasones de bélicas fantasías y demás mobiliario –históricamente– a juego. Abrí el armario y encontré las que iban a ser mis exóticas prendas. Me quedé un rato mirándolas, fantaseando con esos recuerdos que sólo afloran cuando estás anestesiado por el alcohol…


Me quité el jersey y la camisa. A duras penas, me senté en la cama para descalzarme… Los calcetines… Los pantalones… –¿Qué tal si voy libre sin calzoncillos? –pensé. ¡Ni de coña! –me repliqué en un atisbo de sobriedad.


La profunda y superficial discusión entre el omnipotente deseo y mi restringida voluntad, me dejó noqueado en un impasse físico, alzando y bajando el culo de la cama en función de lo que mi cuerpo o mi mente me pidiesen; la ardua decisión de quitarme o no los calzoncillos…


En ese instante, comenzó a sonar una balada con toque tétrico…





¿De dónde coño viene esa música? –me pregunté mientras observaba mi pene fláccido. Definitivamente, me había desnudado del todo…


–¡Joder! ¿Quién anda ahí? –inquirí, cuando me percaté de que la canción provenía de la misma suite.


–¡Quieto! –me ordenó una voz familiar.


–¿Silene?


Se acercó lentamente como si estuviera en un desfile de modelos, y apretó su índice contra mi boca para hacerme callar.


–¡Ni se te ocurra decir una palabra! –amenazó con vehemencia.



 Las escaleras traían voces y pronto se empezó a oír a gente corriendo en la planta de abajo. La tormenta aumentaba de intensidad; los relámpagos y el volumen de los truenos daban cuenta de ello. Mi pene y mi escroto se encogieron cuando noté que los agarraba con su guante. Momento en el que se oyó un grito de dolor inmenso en la suite de Gary…


–¿Qué fue eso? ¡Para, por favor! –le supliqué.


–Eso es tu amigo Gary… Muriendo a manos de Kathleen –replicó sonriente mientras apretaba mis testículos.


Como si de un fantasma errante pidiendo clemencia se tratara, el grito final de Gary recorrió el pasillo. Era un aullido de muerte. Fue un signo de expiración.


–Por favor, no bromees con esto… Estaba muy borracho. Tengo que echarle una mano… –supliqué de nuevo.


Los truenos se acumulaban contra el tremar de las ventanas.


–No bromeo. Ahora te toca a ti ver cuál es el placer del dolor…


Apretó una teta contra mi pecho, girándose para abrazar mi axila con el látex de su sujetador, mientras mordía mi brazo. Me ordenó que no me moviera. Yo temblaba. Fue hacia la cómoda, abrió un cajón y sacó unas sonoras esposas… ¡Parecían grilletes!


–¿Qué pretendes? –pregunté contradictoriamente incauto y a sabiendas de lo que se proponía.


–Voy a hacer de ti la fuente de mi placer –aseveró.


Me empujó contra la cama y, mi metro noventa, dolorosamente cayó violentando los medievales complementos…


–¡El dosel se va a romper! –exclamé.



–¡No seas niña!… O mejor dicho, ¡sé todo lo niña que yo te ordene! –respondió con picardía–. Esto es sólo el principio de una gran amistad… Lo siguiente serán cuerdas –sentenció.


Me ató como la más instruida FEMDOM, pero sin ninguna resistencia por mi parte; podría haberle partido la cara, pero ningún músculo de mi cuerpo respondió a la agresión. Era como si se sintieran a gusto…


–Por favor, ¡espera! –tartamudeé en un intento de saberme con las riendas de la situación.


Ya había aprisionado mis cuatro extremidades con verdaderos grilletes, y estaba atando con cuerdas mis brazos, pecho y pantorrillas…


–¡Te he dicho que te calles! –gritó, al tiempo que me clavaba una mirada asesina desde mis rodillas.


–Ahora eres mío –me dijo, tras subir precipitadamente y pasar su lengua húmeda sobre mi cara.


Se acercó a mi oído mientras posaba su sexo húmedo y ardiente sobre mi muslo, y empezó a narrar un cuento:


Las putas conquistarán el Reino de Dios… Y cuando los príncipes caigan yo seré la Resurrección… –susurraba en mi oído.


Mi cuerpo y mi mente se batían en el mismo duelo de antaño: voluntad vs deseo; moral vs necesidad… Pero, sólo anhelaba conocer el final de la historia…



 El paleto cogió un palo del hombre que yacía en el suelo –prosiguió mientras se separaba la braga, untando mi pierna con su flujo–. Billy arremetió contra el cura que se follaba a tu progenitora… Sí, tu madre se convirtió en un fantasma que ni siquiera podía llorar…


–¡Mi madre lloraba! –grité estremecido.


–Mucho menos que tú… –susurró húmedamente en mi oído. ¿Sabes quién es el asesino de esta historia? –inquirió mientras apretaba las cuerdas.


–Noooo –clamé en un aullido sordo. ¿Quién? –chillé mientras me corría.


–Soy yo: la lechera en látex –sentenció.


Nada más aseverarlo, dobló mi pene con su vulva, restregándola por todo mi cuerpo hasta la boca. Llevó los dedos a sus labios para abrirla justo cuando la pasaba sobre mi cara y comenzó a restregarla en mi boca. Mi lengua no podía parar… Y mi miembro volvió a expulsar el néctar de la vida…


Al poco tiempo, volví a oír los gritos de Gary, lo cual fue complaciente: estaba vivo y Kathleen le estaba haciendo algo parecido a lo que Silene me estaba procurando.


La orquesta de Halloween continuó hasta el amanecer; la lluvia era torrencial; los relámpagos esperpénticos; los truenos insoportables; y, el látex de Silene, irresistiblemente orgásmico.


Nunca he pasado tanto miedo. Nunca volveré a una fiesta de Halloween… Pero siempre adoraré a Silene y a su látex, que me descubrieron una dimensión terrorífica de la sensualidad. Quizás, la que mi voluntad nunca esperó… Quizás, adoro lo extraño de la sumisión; quizás, sumiso siempre extrañé que me dominaran.




Ahora, me explico todo esto, y también el –creíble– porqué de las palabras de Kathleen sobre Gary.


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