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Siempre se aprende algo

Siempre se aprende algo – Relatos eróticos lésbicos

Me llamo Laura y tengo una historia que contar. Ocurrió el mes de junio y fue de lo más excitante. Cuatro amigas y yo decidimos alquilar una casa para pasar un fin de semana tranquilas. Unos días antes, fuimos juntas a comprarnos ropa interior. Ya en una tienda, empezamos a mirar y a probarnos cosas y no sé cómo, pero me excité viendo a mis amigas, semidesnudas, probándose sujetadores y braguitas. Pero, aunque me mojé las bragas enseguida, no le di excesiva importancia. Cuando llegó el día de irnos, fuimos en dos coches. Yo me fui con mi gran amiga Claudia, y en el otro coche iban Bea, Patricia y Lia. Todas tenemos 19 años, pero somos muy diferentes.

Relatos eróticos

Siempre se aprende algo – Relato lésbico



Yo soy rubia, ojos verdes, delgada, con culito respingón y unas medidas de impresión pues son de 125-61-92. Claudia es morena, pelo corto, ojos azules, medidas de 92-61-93, alta y delgada como Bea, de 94-60-91. Patricia es pelirroja, con una larga melena, unos ojazos verdes, como yo, y unas enormes tetas, mayores que las mías ya que sus medidas son 130-63-94. Y por último Lia, la más dulce de todas. Es morena, ojos negros, delgadita, con poquito pecho, 87-60-90, pero guapísima y con una bonita sonrisa. Llegamos sobre el mediodía y nos instalamos en la casa, que era enorme.

Dejamos las cosas y decidimos bajar al pueblo para comer algo. A partir de esa tarde comenzó todo. Fui a mi habitación, que compartía con Claudia, y abrí mi bolsa para cambiarme de ropa tras darme una ducha. Cogí una camisa y un pantalón corto y me dirigí al baño. Me fijé que estaba ocupado pero como la puerta estaba entreabierta, decidí mirar quien estaba dentro. Miré y quedé alucinada. Estaba Lia, desnuda, con las piernas abiertas y depilándose el coño. Ver esto y ponerse mi coño a chorrear fue todo uno. Igual que aquel día en la tienda. Pero en vez de irme, me quedé a contemplarla.

No perdía detalle de como mi amiga se depilaba el chocho e instintivamente, cachonda a tope, metí la mano bajo mi falda y separando la braguita, empecé a masturbarme. Me corrí como una loca y nada más acabar de depilarse Lia, me fui corriendo a mi habitación. Lo ocurrido me hizo pensar mucho ya que a mí me gustan los hombres pero también tenía que reconocer que me había gustado lo que había visto en el baño. Un cuarto de hora más tarde, Lia se acercó a nuestra habitación y nos dijo:

– Si queréis ducharos, yo ya he terminado.

Cogí mi ropa, mi champú, mi toalla y entré en el baño. Tardé 45 minutos ya que no paraba de pensar en lo que había visto. Cuando al fin salí de la ducha, me vestí y bajé al salón, donde estaban todas menos Bea. Estaban tiradas en el sofá viendo la tele, cuando apareció Bea y como buena cotilla que es, empezó a revolver todos los cajones y armarios cuando, de repente, empezó a chillar diciendo: – ¡Chicas, venid, mirad lo que he encontrado… un vídeo, a lo mejor hay alguna película por ahí!

No paró hasta encontrarlas. Estaban muy escondidas, pero Bea lo encuentra todo.

– ¡Anda, mirad que películas! – exclamó – ¡Son todas porno!

Todas las chicas empezaron a reír menos yo que me puse roja como un tomate.

– Vamos Bea, conecta el vídeo y pon alguna – dijo Patricia.

Así lo hizo. Conectó el vídeo y puso una de las cintas.

cita Yo me levanté y me fui a mi habitación, ya que no me gustan esas películas. Me tiré encima de la cama y empezaba a ojear una revista, cuando de repente, Lia entró en mi habitación.

– Vamos, Laura, no pasa nada – me dijo – Les he dicho a las chicas que quitasen la película ya que a ti no te gustan, así que baja ahora mismo con nosotras.

– Es igual, si la queréis ver, no pasa nada – contesté – Yo aquí estoy muy a gusto.

Lia sentó a mi lado, en la cama y me dio un abrazo, diciéndome con una sonrisa:

– No sé cómo no te pueden gustar, salen unos tíos buenísimos y con unas buenas pollas, pero creo que a ti te van más los… coños, ¿verdad?

Me quedé de piedra. Eso significaba que me había visto, que me había visto masturbándome mientras la contemplaba.

– Lia, no sé por qué dices eso… – dije sonrojándome.

– Vamos, Laura, no seas tonta, te he visto pero tranquila, que no se lo he dicho a nadie.

– No sé lo que me pasa, Lia – confesé – A mí me gustan los hombres, aunque no lo he hecho con ninguno, pero lo sé…

– ¿Aún eres virgen? – me preguntó asombrada.

– Sí, Lia, y por eso estoy asustada, porque no sé si soy lesbiana o hétero – le dije – ya que me excité viéndote depilarte el coño.

Entonces Lia se levantó la falda y apartándose la braga, pude comprobar que no tenía nada de pelo.

– ¿Te gusta? – me preguntó – Hace tiempo que me lo depilo porque así me comen mejor el coño. ¿Quieres que te lo depile también? Estaría encantada de hacértelo.

No contesté. Lia se levantó y volvió a los cinco minutos con una maquinilla de afeitar, espuma y una tina de agua.

– Anda, quítate la ropa – me dijo.

Yo dudaba pero, al final, accedí. Me bajé los pantalones y las bragas, dejando al aire mi peludo coño.

– Caray hija, sí que tienes pelo ahí, pero bueno, tú tranquila que yo lo arreglaré – añadió.

Me enjabonó todo el coño y empezó a afeitarlo. Al poco rato mi chocho estaba chorreando y Lia alucinaba viéndolo. Cinco minutos más tarde, acabó.

– ¿Qué te parece… mejor, verdad? – preguntó.

– Pues, la verdad es que sí – dije – Está más suave.

Lia entonces acercó su mano a mi raja y empezó a acariciar mi clítoris.

– ¿Qué haces? – le dije asombrada.

– Nada, estoy ayudándote a correrte – contestó con toda tranquilidad – Cuando te depilaba veía como te salían los jugos del coño. Evidentemente estás muy caliente.

Sin más, se agachó y empezó a comerme la raja. Yo no pude o no supe oponer resistencia, me tumbé y dejé que ella hiciese lo que le diera la gana. Estuvo un buen rato chupándome hasta que se sentó en la cama y me quitó la camisa.

cita – ¡Por fin, Laura, cuento tiempo he esperado este momento… te he deseado desde que nos conocemos! – exclamó.

– ¿Me deseabas? – pregunté extrañada – Pero tú tienes novio…

– Sí, pero me encanta follarme a una chica de vez en cuando, ya que también me van – contestó.

Me estaba dando cuenta de que la dulce Lia era una auténtica guarra. Yo no sabía nada de eso pero la verdad es que empezaba a darme igual. Tiró mi camisa al suelo y pudo comprobar cómo mis pezones estaban tiesos por debajo de mi sujetador.

– ¡Tienes unas tetas preciosas! – me dijo al sacarme el sujetador.

Me las cogió y se las metió en la boca. Estuvo chupando hasta que, de repente, bajó hasta mi coño y me metió un par de dedos. Eso me hizo poner a cien y no tardé mucho en correrme. Entonces se levantó y pude comprobar la cara de Lia, llena de mis jugos y como se relamía.

– Lo siento Laura – me dijo – Si te enfadas lo entenderé.

– No, no me enfado, cariño – le dije sonriendo y animada, añadí – Pero tenemos que repetirlo, aunque ahora quiero ser yo quien te lo haga a ti.

– Por mí de acuerdo – contestó levantándose y saliendo de mi habitación.

Me vestí y bajé de nuevo al salón. Las chicas estaban igual, queriendo ver la película.

– Vaya, ya apareció sor Laura – dijo Bea con sorna.

– Déjala en paz – replicó Claudia – Ella no es una zorra como tú, que ves una polla y ya tienes las bragas en el suelo.

No podía creer lo que oía. Estaba claro que todas habían follado alguna vez. Entonces Bea se me acercó y me dijo:

– ¿Qué pasa, nunca lo has hecho?

– Bueno, algo he hecho por ahí – contesté mirando y sonriéndole a Lia.

cita Así acabamos la discusión y como ya era tarde, decidimos cenar. Preparamos la cena y nos sentamos en la mesa pero, sin saber exactamente lo que me pasaba, la cuestión es que me puse bastante contentilla en la cena. Me entraron ganas de follar como una loca. Empecé a tocarme, con disimulo, los muslos. Estaba pero que muy cachonda. Con lo que me había pasado esa tarde, deseaba follarme a Lia. Me daba cuenta de que había cambiado de la noche a la mañana. Acabamos de cenar y nos dirigimos al salón. Bea empezó otra vez con la película, pero esta vez yo no dije ni hice nada, así que Bea puso la cinta y se sentó. Yo estaba al lado de Claudia y Bea al de Patricia. Lia estaba sola pero no por mucho tiempo. Empezó la peli y vimos a una mujer acariciándose el coño con una mano y con un enorme consolador en la otra. Al momento empezó a refregarse el consolador por la raja del coño hasta que se lo introdujo.

Las chicas ya empezaban a ponerse nerviosas, sobre todo Bea, que empezaba a revolverse. La mujer de la pantalla, con el consolador bien metido ya en su coño, empezó a masturbarse. Yo miré a Claudia, que sonreía. Miré a las demás y vi como Patricia y Bea se estaban besando en la boca y como Lia no hacía más que mirar a Claudia, sonriendo. Patricia comenzó a quitarle el suéter a Bea besándole el cuello, mientras que Bea metía la mano, bajo la falda de Patricia. Yo estaba a tope cuando, de repente, Lia se levantó y se sentó entre Claudia y yo. Claudia empezó a acariciar a Lia y Lia a mí. No tardamos mucho en quitarnos la ropa. De reojo miré a Bea y a Patricia. La dos estaban desnudas por completo y por primera vez contemplé las enormes mamas de Patricia, que Bea estaba chupando. De pronto me estremecí y al bajar la cabeza, vi a Claudia, mi mejor amiga, chupándome el coño. – ¡Laura, que coño más bonito! – me decía – Nunca me habías dicho que lo llevabas así.

– Es que Lia me lo ha depilado esta tarde – confesé algo aturdida.

– Vaya con Lia – exclamó sonriendo:

– ¡Seguro que te la has tirado también!

Lia no dijo nada y empezó a chuparle las tetas a Claudia. Lea y Patricia iban a lo suyo. Estaban haciendo un espectacular 69. Lia, Claudia y yo, habíamos cambiado y ahora era yo quien le chupaba el coño a Lia, aunque no con mucha experiencia, y Claudia a mí.

Estuvimos una hora comiéndonos la una a la otra hasta caer rendidas. Al final nos juntamos todas, nos abrazamos y comentamos lo bien que lo habíamos pasado, sobre todo yo. Pero eso no es todo, ya que hay mucho que contar, pero lo dejaré para la próxima.

Un beso muy cariñoso para todos.



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Un día mi sueño se hace realidad

Un día mi sueño se hace realidad – Relatos eróticos lésbicos

Lena siempre fue mi platónico, siempre quise hacerlo con ella. Un día mi sueño se hace realidad y todo empieza cuando la veo meterse una cuchara de dulce de leche en la boca ...

Mi obsesión se llama Lena, pelo largo rubio, ojos aceituna, estatura media, cuerpo atlético, sonrisa picarona y traviesa, muy traviesa. Demasiado para mí, castaña de ojos cielo, misma altura pero tímida, muy tímida.

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Un día mi sueño se hace realidad – Relato lésbico



Aún recuerdo la primera vez que la vi, cuando mis ojos se toparon con ella una oleada de sensaciones nuevas jamás experimentadas atravesaron mi cuerpo en forma de intenso placer.

Tiene que ser mía, completamente ¿pero cómo?

Todo estaba perfecto. Era mi nueva compañera de clase, era mi nueva vecina, teníamos familia en común y para rematar ella me buscaba pero mi timidez en vez de acercarme me alejaba aún más de ella.

Cada mañana me deleitaba mirándola clase tras clase dejando la tarea para la tarde, dedo a dedo en mi intimidad, y lo que empezó como una atracción terminó convirtiéndose en obsesión.

Paso un tiempo hasta que un domingo cualquiera golpeó mi puerta.

— ¡Jenni! — Ho.. hola… ¿Paso algo? — dije sorprendida.

— Eh si, que bueno que te encuentro! — exclamó con una sonrisa — mira mis padres salieron por todo el fin de semana y me dejaron con mi hermano pequeño a cargo pero necesito salir un momento, ¿Puedes quedarte con él por fa…?

— Si, yo… no hay problema si.

— Muchas gracias, solo es un momento si.

No podía creer estuviera en su casa, y su hermano dormido, ¿Por donde podría empezar a curiosear?

El armario, lo más rápido y fácil de detectar. Mirar sus ligeras tangas me hacía imaginar como quedarían sobre esas nalgas marcadas que tanto me enloquecían. Soñaba tanto con tocarlas algún día pero por qué iría a fijarse en mí con tantísimos pretendientes tras ella. Entonces, el sonido de la puerta de nuevo. Me sorprendió lo rápido que llegó, apenas había salido.

—¿Olvidaste algo?

—No ¿y mi hermano?

—Sigue durmiendo.

cita Recién se lo dije se apresuró a despertarlo y mandarlo vestir. Al parecer venía ya la tía a buscarlo, «¿Pero entonces yo, para que vine?» me preguntaba.

—Bueno entonces yo, ya me voy…

—¿Tienes algo que hacer?

—Eh.. no. Pero ya no me necesitas.

— Eso es lo que tú te crees — dijo mordiéndose el labio — pero aún así, que no te necesite no significa tengas que irte.

— ¿Y.. que haremos?

— Ahora es que me vas a servir de verdad. Ven, acompañame a desayunar.

No entendía nada pero la seguí feliz. Era ya tarde para desayunar, por lo que supuse había salido de fiesta y apenas se había despertado cuando me llamó.

— Yo no tengo hambre. — afirmé.

—Ah no.. dime, ¿no te gusta esto? — al tiempo se metió una cucharada de dulce de leche en la boca saboreando sensualmente sus labios rosados.

— Yo…

— Acabo de comprarlo para las dos.

— ¿Y eso era el deber que tenías que hacer? Dije extrañada.

Se río y se inclinó a escasos centímetros de mí.

—¿Y?, ¿no quieres probarlo? — dijo nuevamente mordiendose sus labios.

Estaba alucinando. No podía desaprovechar la oportunidad por lo que rápidamente rompí la distancia que nos separaba y nuestros labios se encontraron. Ella se aferró a mí buscando mi lengua con la suya al tiempo que nuestras salivas se entremezclaban con el dulce. Entraba y salía mordiendo mis labios, era tan delicioso que me perdí en ellos. Cuando me di cuenta estaba sobre la mesa acorralada entre la pared y ella que con sus piernas abiertas entrelazaba a las mías acechando a mi intimidad ya empapada.

cita No había nada de que hablar que no fueran gemidos. Su lengua paso de mis labios al mentón y del mentón hacia el cuello con varias lamidas en el recorrido. Entonces la ropa sobró y fueron cayendo una a una cada prenda. Tenía unos senos bien proporcionados con unos pezones bien duros que con gusto me metía en la boca una y otra vez. Ella continuó haciéndome mil maldades en los míos mientras yo la nalgueaba rico. Toda la timidez de pronto se había disipado.

La lengua siguió su paso por el abdomen dibujando el contorno de sus curvas hasta que nuestras humedades pedían con gritos ser lamidas y nos abandonamos en un delicioso e inolvidable 69. Cada vez que atrapaba ricamente su clítoris recibía mi premio de miel extra, era tan deliciosa que fundia mi lengua hasta la más lejos de las profundidades, una y otra vez, entonces su placer se desató y arqueo su espalda mientras me regalaba un sonoro gemido.

Tumbada como estaba giré sobre mí cayendo boca arriba más mojada que nunca esperando mi corrida en su boca. Pero entonces sentí un dildo rozando mi humedad mientras otra mano abría lo más posible mis piernas. Poco a poco fue introduciéndose más y más y rápidamente comenzaron las fuertes embestidas gracias a tanta humedad. Hasta bien adentro no paraba de entrar y salir mientras gemía sin parar y movía mis caderas. Era tan delicioso, aún sentía bien intensa su miel en mi boca cuando me vine, mi intimidad explotó de placer en unos segundos que fueron mágicos.

— ¿Y entonces? — preguntó tras un rato.

— ¿Entonces qué?

— ¿Para cuando el próximo desayuno, sin hambre? — matizó riéndose

— Para cuando necesites mi ayuda — dije siguiendole el juego.

— Eso siempre, más ahora que te probé, eres deliciosa.

Y así que fue que comenzaron nuestros deliciosos encuentros, ya sin excusas claro pues no queríamos perder el tiempo en nada más que una cosa, follar, follar muy rico.



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“Nueva” sexualidad

“Nueva” sexualidad – Relatos eróticos lésbicos

Para empezar diré que me llamo Mercedes, aunque siempre, para abreviar, me han llamado familiarmente Merche. Tengo 41 años, mido 1.65, soy morena aunque actualmente llevo el pelo teñido de rubio platino y corto, ojos marrones, culo respingón, pechos grandes y con un cuerpo que nada tiene que envidiar a nadie.

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“Nueva” sexualidad – Relato lésbico




Lo que quiero contaros ocurrió hace ya unos seis años y es, en mi opinión, algo particular por la relación, no muy buena, que por entonces tenía con la que hoy es mi pareja, es decir, con mi prima Alfonsina, a la que yo cariñosamente también llamo Nina, aunque solo en casa y cuando estamos solas. Me explico.

Por aquella época y por diversas circunstancias, ambas estábamos alejadas, aunque no por ello y en momentos difíciles, siempre que podíamos, nos ayudábamos mutuamente. Mi prima Alfonsi, así la llaman en el entorno familiar y las amistades, es quince años mayor que yo. Su pelo es castaño y muy largo, tiene, más o menos, mi misma estatura y su cuerpo está lleno de curvas, al igual que el mío. Tiene un culito respingón y pechos también grandes que, a pesar de su edad, 56 años, aún se mantienen firmes.

Una vez expuesto todo lo que los queridos lectores tienen que saber sobre nosotras, me dispongo a contar el comienzo de nuestra vida como pareja y las circunstancias que hicieron posible esta unión. Como he dicho, todo comenzó hace unos seis años. Yo, por aquel entonces, estaba casada. No tenía hijos y mi matrimonio no pasaba por su mejor momento. Mi marido y yo vivíamos en una urbanización de chalets adosados, con piscina y parque comunitario. En el chalet adosado al nuestro, vivía una pareja de lesbianas, quienes fueron, a la postre, una pieza clave en la relación entre mi prima y yo.

Yo las miraba con un poco de recelo, por tabúes y esas cosas que nos enseñaban desde niños, que las relaciones entre personas del mismo sexo iban contra natura y que por ello, eran pecaminosas, que esa gente eran unos pervertidos y cosas por el estilo. Pero claro, todos esos esquemas terminan por desaparecer cuando conoces a las personas y respetas sus preferencias sexuales.

Pues bien, resultó que estas vecinas, mi prima Alfonsi y yo, teníamos amigas comunes. Una de ellas era Claudia, compañera de trabajo de una de mis vecinas. Ambas trabajaban en una agencia inmobiliaria, e hija de una íntima amiga de mi prima y mía. Esta chica, Claudia, se casaba en fechas cercanas e invitó a las amigas y compañeras a su despedida de soltera.

cita A mi prima porque, a pesar de la diferencia de edad, ambas formaban parte de un grupo de chicas con una relativa “libertad de movimientos”, como suelen decir los machos en determinadas circunstancias, las cuales solían quedar los fines de semana para descargar tensiones y desmelenarse, algunas veces, en discotecas, pubs de moda, etc.

A mí me invitó porque, consciente de mi relación marital, quería que me olvidase por un rato de todo lo desagradable de tan funesta situación. El fin de semana elegido para la celebración, mi marido había salido de viaje a una convención de trabajo, a las que iba muy a menudo y en grata compañía, como supe más tarde. He de decir que yo estaba algo deprimida ya que durante esa semana, mi esposo y yo habíamos discutido varias veces y la verdad no me apetecía nada salir de fiesta pero, entre unas y otras, me convencieron por lo que me di por vencida y acepté la invitación. Convenimos que, cuando quisiera, podría volver a casa, que Alfonsi me acompañaría y se quedaría a dormir en mi casa. Antes no lo dije pero mi prima estaba divorciada hacía mucho tiempo. Esa noche todo marchó a las mil maravillas. Todas bebimos mucho, demasiado a tenor de lo que pasó después, bailamos con “maromos” que hacían strip-tease en una sala de fiestas, les metimos y nos dejamos meter, mano, cosa que, junto al alcohol consumido, nos ayudó muchísimo a desinhibirnos y a prepararnos para lo que vendría después. Siendo ya altas horas de la madrugada, es decir, por la mañanita temprano, decidimos regresar las cuatro juntas, Alfonsi, mis dos vecinas y yo, pero al llegar a casa surgió un problema. ¡Me había dejado olvidadas las llaves en el interior de mi chalet!

Para subsanar el percance, mis buenas vecinas, Natalia, 1,80 de estatura, rubia, pelo largo, ojos verdes y curvas de impresión y Silvia, pelirroja teñida, con el cabello a media melena, de similar estatura, ojos marrones muy penetrantes y en cuanto a curvas, nada que envidiarle a su amiga, nos ofrecieron pasar la noche o lo que quedara de ella, en su casa. Irremediablemente y a pesar de mis reparos, el cansancio pudo más que yo y acepté. Mi prima se negó a dejarme sola y me acompañó.

A pesar de lo bebido, que como ya he dicho, era mucho, no se puede decir que fuésemos de un borracho subido, pero sí que habíamos alcanzado “el punto”, como se suele decir de alguien que, después de unas copas, alcanza un estado de felicidad que si no se remedia puede llegar a provocar la caída en el “limbo” del cual una suele salir con una resaca de impresión. A esto había que añadir el estado de excitación alcanzado gracias a nuestros tonteos con los strippers.

cita Natalia y Silvia nos prestaron uno de los dos dormitorios que había en la parte alta del chalet. Para nuestra sorpresa, la cama era de matrimonio por lo que las primas deberíamos dormir juntas. También había una televisión y su correspondiente video. Era una habitación tan normalita como pudiera serlo cualquier otra. Nos dieron unos pijamas limpios y nos dejaron solas.

Nos acostamos pero al cabo de un rato, ya que no podíamos conciliar el sueño, cosa que suele ocurrir después de una noche con excitantes emociones vívidas, le propuse a mi prima curiosear por la habitación para ver que guardaban nuestras amables anfitrionas. Mi prima aceptó con entusiasmo, ya que la curiosidad es innata en las mujeres de nuestra familia, y así pues, nos levantamos, con sigilo, cerramos la puerta del dormitorio para no ser descubiertas y nos pusimos manos a la obra. Alfonsi se dedicó a mirar en un chifonier de seis cajones, mientras yo miraba en un mueble bajo de dos puertas, en el cual, para mi sorpresa, encontré una importante videoteca de películas porno de temática lésbica y mi prima, para mayor asombro de las dos, dio con una caja que contenía múltiples consoladores y vibradores de todo tipo y clases así como otros objetos para el placer de nosotras, las féminas. En ese estado de excitación nerviosa sumado a la excitación erótica vivida horas antes, más la superación de nuestro púdico recato ocasionada por el alcohol y, porque no decirlo, nuestra curiosidad femenina, decidimos poner una de las películas de nuestras queridas vecinas, la cual nos propusimos ver con todos los aparatos, de tan casquivano deleite, encima de la cama.

A causa de la película y la visión de todos aquellos aparatos, nuestra excitación fue en aumento, hasta tal punto que, en un momento dado, mi prima, mientras se acariciaba la entrepierna con una mano, con la otra agarraba uno de los consoladores y se lo llevaba a la boca para saborearlo como si fuera un caramelo. Yo, por mi parte, me sentía arder. Un fuego interno quemaba mis entrañas y hacía que mi sexo destilara fluidos sin parar. Jamás en mi vida había sentido esto con tanta intensidad y para mi sorpresa hice lo inimaginable y aún hoy no he conseguido una respuesta para explicar mi reacción.

Alargué mi mano izquierda y agarré uno de los pechos de mi prima. Tan sorprendida como yo, me miró a los ojos sin llegar a decir nada. Seguidamente me incliné hacia ella uniendo mis labios a los suyos. Ella me respondió abriendo la boca de par en par. A decir verdad es uno de los besos más apasionados que he dado y recibido, porque seguidamente, mi prima tomó la iniciativa en tan arrebatadora unión de nuestras bocas.

Me dediqué a besarla desde la frente hasta los dedos de los pies, deteniéndome, claro está, en su sexo, que degusté con ganas. Era la primera vez que me comía un chocho y a pesar de mi inexperiencia, conseguí que Alfonsi tuviera dos orgasmos.

Estaba disfrutando del sexo como nunca lo había hecho y ¡con una mujer que, además, era mi prima! Luego le tocó a ella saborear mi cuerpo. Que gozo.

cita Encadené un orgasmo tras otro. Mi cuerpo temblaba con cada sacudida orgásmica. Tanto placer es imposible de imaginar si no se ha sentido alguna vez. Después le tocó el turno a los consoladores. Me coloqué uno de correas y me dispuse a penetrar a mi prima. Ella, al ver mis intenciones, se tumbó, con la espalda apoyada en la cama, se abrió de piernas y levantó la pelvis para quedar más ofrecida. Me miraba con ojos suplicantes, implorándome con ellos que no demorase ni un segundo más la penetración. Preparada, me incliné sobre ella y mientras mi lengua se introducía en su boca, la iba penetrando lentamente, como me gusta que me lo hagan a mi. Que placer aquella doble invasión a la que estaba sometiendo a Alfonsi. Al notarse totalmente llena con aquel portento de látex, entrelazó sus piernas en mi espalda y me aprisionó. No puedo decir con claridad quien le hizo el amor a quien, pero sí que disfruté como una loca, al igual que yo cuando fui poseída por mi prima. No sé cuánto tiempo estuvimos así, unidas la una a la otra, pero sí que ambas terminamos derrotadas y durmiendo abrazadas.

Así nos encontraron Natalia y Silvia, que nos despertaron y nos invitaron a desayunar. Las dos iban totalmente desnudas, por lo que Alfonsi y yo, decidimos bajar de igual manera al piso inferior, donde estaba la cocina. Mientras desayunábamos, a pesar de lo avanzado del día, mis vecinas nos contaron que nos habían oído hacer el amor pero que no habían querido intervenir para no molestarnos. Nosotras les confesamos que era nuestra primera vez con otra mujer, que todo había surgido por casualidad, pero que nos había gustado mucho y estábamos dispuestas a repetirlo. Silvia, al oír esto, se ofreció junto a Natalia, enseñarnos a complacer a otra mujer. A Alfonsi y a mi nos agradó la idea y aceptamos encantadas. Así pues, acabamos de nuevo en el piso de arriba haciendo el amor las cuatro como locas, cambiamos varias veces de pareja e incluso en varias ocasiones acabamos, las cuatro juntas, sobre la cama.

Fue un fin de semana inolvidable. Acabé con todos los prejuicios sobre la homosexualidad, disfruté como nunca había disfrutado en la cama y por si fuera poco, delante de dos testigos de excepción, declaré mi amor a mi prima y nos prometimos. Nunca hasta este momento, habíamos sentido nada igual la una por la otra. En este momento nos dimos cuenta de que no queríamos, que lo que sentíamos era amor mutuo, amor de verdad. Esa semana me fui de casa y me separé de mi marido. Poco después conseguí el divorcio. Primero me fui unos días a vivir con mis vecinas las cuales me trataron como una reina y poco tiempo después, arreglado todo, me fui a casa de Alfonsi.

A través de Silvia, compañera de Claudia, conseguí trabajo en la agencia inmobiliaria y unos meses más tarde, cuando completé mi instrucción profesional en la agencia, fui trasladada a otra ciudad como encargada de la nueva oficina. A esta ciudad me acompañó mi prima.

Hace ya seis años que las dos dimos este paso tan crucial en nuestras vidas. No estamos para nada arrepentidas. Seguimos tan felices como antes, o más, ya que desde hace unos pocos meses formamos una pareja de hecho, con todo derecho. La ceremonia fue muy emocionante, con unos testigos muy especiales y que nosotras convertimos en nuestras madrinas, Natalia y Silvia.

No nos hablamos con nadie de nuestra familia, pero no nos importa, seguimos siendo igual de felices. Desde aquí un fuerte abrazo a todas las personas y parejas que, como nosotras, se han decidido a dar el paso y hacerlo público a la familia y a los amigos. Los que aún no os habéis decidido a hacerlo, ánimo y un beso. No tengáis miedo, seguro que os llevaréis una sorpresa y encontraréis el apoyo donde menos lo esperáis.

Besos



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Me gustan ellas

Me gustan ellas – Relatos eróticos lésbicos

Hola, me llamo Noelia, estudio derecho, vivo con mis padres. En lo relacionado al sexo, aún mucho antes de que mi madre creyera que era oportuno hablarme del tema, me había apasionado todo lo referido a eso. Desde libros, revistas de todo tipo, es decir publicaciones médicas y serias y también las más, fuertes y absolutamente desprovistas de metáforas al momento de tratar el tema, siguiendo por películas, videos y… chicas.

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Me gustan ellas – Relato lésbico




Sí, me encantan las mujeres. Es más, salvo por la experiencia que voy a contar, creí que nunca iba a hacer nada con un chico. Podría hablar de que lo que me hace excitar, hasta lo inimaginable.

En realidad lo que me fascina es besar los labios de una chica, tocarla, manosearla, comerme su coñito, apretar sus tetas. Eso es lo que me gusta de las mujeres. Las mujeres. Es así que desde siempre he tenido amigas de todas las edades, con las cuales siempre hice lo que se necesitara para congeniar con ellas. Solo para poder estar cerquita, compartir cosas y estar alerta a la más mínima posibilidad de llegar a algo, lo que fuese, de tinte sexual. Y he tenido suerte.

Eva es compañera de la Facultad. Tiene 21 años, como yo, y cuando la conocí lo único que pensé, lo único que llenó mi cabeza, fue una sola idea:

– ¡A esta cosita hermosa me la follo o me hago monja en el Tibet!

Intentaré describirla, a sabiendas que ni en un millón de intentos lograré siquiera acercarme a la realidad de su ser. Eva es bajita, supongo que no mucho más de 1,55, castaña oscura con rizos, ojos marrones, pero con brillo y que trasmiten una vitalidad que te dominan.

Tiene unas tetas de esas que hacen que todos los hombres se fijen en ella. Firmes, turgentes y hasta un poquito exageradas para su cuerpo. ¡Vamos, que tiene unas tetas maravillosas! Para finalizar, su culo parece ser el resultado de un trabajo con paciencia y esmero de la madre naturaleza. Duro como la verga de los que se lo miran y firme como la intención de manoseárselo de los que lo tienen cerca.

Por si fuera poco está que se parte de lo buena, es además una chica estupenda. Con mucho humor, inteligente, con sangre en las venas y, a modo de postre, muy puta. Si a mí me gusta esto de gozar, de joder, de follar o como se diga.

Y lo mejor de todo es que “va” de tímida, de inocente, de casta… ¡la muy puta! Eso hace que me excite casi tanto como cuando me chupa el coño, aunque no tanto, ya que lo chupa con unas ganas y una maestría que más de alguna, tendría que pedirle la receta y aprender cómo se hace.

El tema es que además tiene un hermano, de unos 33 años, supongo, baboso, de esos que no hacen nada para disimular que tienen ganas de follarte. Lo que yo no sabía era que entre ellos eran muy de ayudarse entre sí y de hacer lo que pudieran para que el otro lo pasase de mil maravillas. Pero ya me enteraría.

– ¿Sabes que el otro día, en el ascensor, me apreté contra el padre de Lorenzo? – me soltó en su habitación Eva, sabedora de mis escasas dificultades para calentarme mas con relatos de esa temática de hombres.

cita – ¡No te puedo creer! ¿A Antonio? ¡Qué zorra eres! ¿Y qué hiciste? – le contesté mientras sentía que los pezones estaban más preparados a oír lo que me iba a decir que mis oídos.

– No mucho, en cinco pisos no se pueden hacer milagros, pero logré sobarle un poco el paquete por encima del pantalón y mientras me metía la lengua hasta donde podía, me manoseó éstas – dijo a la vez que se levantaba las tetas desde abajo, agarrándoselas sobre la blusa.

– Pero ¿llegaste a darte cuenta de cómo la tiene?

– Sí, un buen pedazo, una polla así está buena siempre – y añadió – Pero ¿a qué esperas tú para meterte una aquí?

“Aquí” era mi coño, que al estar sentada frente a ella, con las piernas abiertas y con una mini falda, no tardé nada en sentir sus dedos en los labios de mi sexo. A esa altura yo ya estaba caliente, ella lo sabía y lo confirmó al pasar sus dedos sobre mi tanga, ya medio húmedo. Cada vez que me contaba algo así era para ponerme caliente y después follar, eso yo también lo sabía y entonces me calentaba el doble, por un lado por el relato que me narraba y por otro porque sabía que después de eso, venía una excelente follada con ella.

– ¡Mmmmm… como te pones amor! – exclamó – Déjame saber a qué tienes gustito hoy.

– ¡Para! Estamos en tu habitación, tenemos que irnos en media hora y tu hermano anda por casa.

– ¿Desde cuándo te importa dónde estamos? El sábado te hice una paja y te chupé el coño en la discoteca y no me dijiste para nada que parara.

Tenía razón, el último fin de semana, que habíamos salidos nos habíamos metido en los reservados y terminé corriéndome como una loca, con tres dedos de ella en mi coño, las tetas prácticamente al aire y sin importarme mucho quien miraba.

– Hagamos algo, nos echamos uno, pero con la ropa puesta ¿sí? – dije al fin.

Mi propuesta, más que nada, encerraba la intención de gozar con ella y hacerlo con ropa, cosa que me encanta.

– ¡Perfecto! Entonces acomódate contra el respaldo de la cama, abre las piernas y apártate el tanga, que quiero jugo de coño, cariño.

– ¡Oh, sí amor, cómeme el coño como tú sabes, hazme correr como la puta que soy para ti… dale, que quiero empaparte toda esa carita con mis jugos antes de irnos!

Decir que se zambulló en mi sexo es poco. A los dos segundos yo estaba delirando al sentir su lengua en mi entrepierna, comerme el clítoris, lamer mis labios vaginales, chupar con fuerza la entrada de mi cueva para hacer salir mis líquidos y bebérselos como si fueran la fuente de la vida e intentar, casi sin poder del todo por la posición y la ropa, lamerme el agujerito del culo.

– ¡Chúpame toda Eva, dale, chupa bien que después quiero yo comértelo a ti!

cita – Sí amor, ahora vas a tener mi coño para que te lo comas y me chupes el culo también – me decía mientras con una mano había subido por dentro de mi ropa, me apretaba una teta y me pellizcaba el pezón.

No aguanté más. En medio de esa espectacular lamida de coño, con las piernas abiertas de par en par, sentada contra el respaldo de su cama, con mi tanga más metido aún que de costumbre en la raja de mi culo, mis tetas siendo obscenamente manoseadas y viendo sus ojitos por sobre los pelos de mi entrepierna, acabé como una puta. Me pareció que hasta ella se sorprendió de la cantidad de jugo que me salió, el cual bebió, lamió, sorbió y tragó como solo ella lo hace.

No podía moverme después de ese polvo. Eva hacía que lo comúnmente putita que soy, quedara como la actitud de una abuela viendo un programa de corte y confección, después de follarme así. Pero por suerte, ahí no acabó la cosa. Ella llevaba una especie de bata, de esas que se usan para estar por casa, bata que a esta altura ya se había abierto y dejaba ver esas tetas preciosas apuntando hacia delante, su vientre firme y los pelos de su coño brillantes por los flujos que habían emanado de su cueva durante la lamida que me hizo.

Yo seguí espatarrada contra el respaldo de la cama, cosa que ella aprovechó para erguirse, ponerse de pie sobre el colchón, caminar unos pasos, arremangar su vestimenta hasta la cintura y suave, pero decididamente, colocar su entrepierna sobre mi boca, que la esperaba como los pajaritos esperan la comida, boquiabiertos y desesperados.

– Cómete este coño Noelia, cómetelo todo, chúpalo que hoy tienes premio – me dijo sin terminar de entender bien que me quería decir, pero poco me importó al instante posterior de poder oler su aroma vaginal – ¡Así cariño, así,,, méteme la lengua, pásamela por el culo, lámeme el ojete, venga que quiero llenarte la cara de leche, dale… oooh… que bien que lo chupas, haz que me corra en tu cara… venga, que te gusta comer coño, amor!

En medio de esta faena, Eva hizo con sus pies que me quedara aún más abierta de piernas, dejando mi propio coño al aire, ofrecida a la vista de quien entrara a la habitación, ya que, además, mis manos no se despegaban de sus tetazas por nada del mundo, porque puedo asegurar que son algo que una, después de poder llegar a ellas, no las suelta ni para comer. Así estábamos cuando Eva hizo un gesto con la cabeza, después de haberla girado hacia atrás, mirando a la puerta. No le di mayor importancia. Mal hecho. Un instante después una especie de mango enorme de carne hirviendo, largo, duro y venoso, se me metía hasta llegar a la puerta misma de mi útero. Eva trabó mi cabeza con sus piernas y me cogió de las muñecas a la vez que me dijo:

– Ahora amor vas a saber que es una verga. Mi hermano te va a follar como a ti te gusta, bien hasta el fondo de tu coño y vas a gozar como una perra. No dejes de comerme la almeja y déjate meter esa barra de carne que te va a gustar.

Tenía razón en varias cosas. Gozaba como una perra, después que se me pasó el susto de la primera impresión, no pensaba dejar de lamer su coño y el hermano, aunque baboso y pesado, tenía una verga de unos 22 cmts de largo y unos 5 cmts de ancho que me hacía sentir cosas que nunca había vivido. Me estaban “violando” y me gustaba una barbaridad.

cita Así seguimos, yo chupándole el coño a Eva y el hermano metiéndome su verga hasta los huevos, que chocaban con el colchón de la cama al momento de enterrármela.

– ¿Ves como te gusta la polla Noelia? ¿Ves como te gusta tenerme dentro? Tienes la cuevita empapada de leche tuya y en un rato la vas a tener llena de leche de macho – recitaba su hermano mientras con sus manos buscaba la forma de dejar mis tetas al aire. Así mucho no podíamos aguantar ninguno de los tres y así que después de perforarme el coño durante unos diez minutos, dándome verga como a una puta de la calle él es que empezó a resoplar como un tren.

– ¡Me viene la leche… como te voy a llenar, amor… te la voy a meter toda dentro para que esta noche en tu casa te hagas una buena paja pasándote los deditos por la raja bien llena de mi semen.

Era la primera vez que la boca de un hombre me hablaba así.

– Si, llénale el coño de leche que yo me corro también, dale, córrete que quiero ver como le sale la leche por el coño de lo llena que se lo vas a dejar – añadió Eva, mientras sus ojos a duras penas continuaban en sus órbitas.

Tener una polla así de grande y por la fuerza dentro de mí, y manoseándole las tetas a Eva, fue demasiado para mí. Le empapé la verga a ese tío como si del coño me saliera un mar de flujos. Grité, en la puerta de la raja de Eva como una desaforada, que me gustaba, que qué bueno, que me destrozaran, que me hicieran lo que quisieran… Ella, moviendo sus caderas para adelante y para atrás, haciendo que mi lengua pasara más fuerte sobre su clítoris, se corrió llenando de flujos mi cara, gritando y resoplando como un maratonista al final de la carrera.

Casi al unísono, a él le comenzó a latir aún más fuerte su preciosa polla dentro de mí, salía y entraba cada vez más seguido y más fuerte, chocando su pubis contra el mío, después de lo cual, me inundó el coño de leche con una fuerza y con semejante cantidad que creo que hasta la saboreé así como estaba.

Esta fue la primera verga que me jodió y así fue como probé el gustito de tener a un tío dentro de mí. Y de ahí en adelante, aunque no hace mucho de esto, he intentado recuperar los polvos perdidos, perdón, el tiempo perdido.

Pido disculpas si me he extendido mucho. Ojala no os haya aburrido.

Os doy un beso.



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