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Fui su juguete

Fui su juguete – Relatos eróticos lésbicos

Aquella noche yo no quería salir, pero mis amigas insistieron tanto, que no tuve mas remedio. Acababa de dejar a mi novio, porque el muy cerdo, ante mis negativas a hacerle el amor intentó forzarme. No es que yo sea una mojigata, pero todavía no he encontrado el chico a quien darle mi virginidad. Y así, con este panorama, lo menos que yo quería era ir a discotecas a soportar pelmazos.

Relatos eróticos

Fui su juguete – Relato lésbico




Me arregle poco y fui al piso de una amiga en el que habíamos quedado todas para hacer botellón. Yo no pensaba beber, pero me obligaron, pues decían que me ayudaría a olvidar. De allí fuimos una discoteca del centro a la que solíamos ir. Yo, modestia aparte, no estoy nada mal. Mido un metro ochenta, y mis curvas están en proporción a mi estatura. Tengo pechos entre medianos y grandes y bonitos, el culo muy firme y respingón, y nueve años de natación. Mi rostro es normal, ni muy hermoso, ni feo, pero mi espesa melena negra azabache me dé un aire salvaje que suele gustar mucho a los tíos.

Me puse a bailar con las amigas en la pista, pero un pelmazo empezó a agobiarme y a frotarse conmigo, por lo que me fui a la barra, intentando que mi ira reprimida no saltase. Me pedí una copa, y mientras me la ponían vi como una rubia despampanante se acercaba a la barra. Era una mujer impresionante; alta, guapa, melena rubia al viento, con un cuerpo de escándalo. Nunca me han atraído las mujeres, aunque reconozco que alguna vez me he masturbado pensando en una relación lésbica, pero aquella mujer llamó mi atención. Se acercó a donde yo estaba.

– Siento que mi amigo te haya molestado – me dijo.

– No te preocupes, no ha sido nada, solo es que acabo de cortar con mi novio

-¿Y por qué ha sido?

– No sé si contártelo, todavía lo tengo muy reciente.

cita – Cuéntamelo, mujer, y así te desahogas

Le conté la historia, y después pasamos un rato agradable criticando a los hombres. Nos hicimos amigas, y pasamos mucho rato hablando, tanto que cuando me quise dar cuenta mis amigas se habían ido, pero no me importó. Me fui al baño, y cuando volví, mi nueva amiga, Isabel, tenia en la barra dos copas, y yo, que había decidido acabar borracha me bebí la mía de un trago. A partir de ahí, todo se hizo un poco borroso, me mareé un poco, lo que atribuí a la copa y Isabel me sacó a la calle para que me aireara, pero, cuando estábamos en la calle, noté que mi voluntad desaparecía, que me estaba volviendo como una zombi, y que obedecía sin poder resistirme todas las instrucciones de Isabel. Me llevó a su piso, hasta su habitación, y me dijo que me desnudara. Yo no podía resistirme, mi voluntad había desaparecido y obedecí ciegamente.

– Ahora no debes entender muy bien lo que pasa cariño, pero en la copa que te bebiste antes iba una pastillita, así que por ahora eres mi juguete.

No entendí muy bien aquellas palabras, pero me aterrorizaron. Allí estaba yo, en la habitación de una desconocida, y sin poder oponer ninguna resistencia. Cuando terminé de desnudarme me levantó del suelo, tenía mucha fuerza, me tiró sobre la cama y me ordenó que me masturbase para ella. Mis manos fueron hasta mi coño y empecé a restregarme el chocho con una mano, mientras, mi otra mano iba pellizcando mis pezones, dándome una sensación electrizante que bajaba por la columna vertebral. Me estaba poniendo realmente cachonda, y mi mano empezó a frotar más fuertemente mi sexo, mientras algunos gemidos escapaban de mi boca. Baje mi mano izquierda hasta mi culo, y empecé a meterme el dedo índice en el ano, mientras mi mano derecha pellizcaba mi clítoris. Me acercaba al orgasmo, y casi ni recordaba la situación en la que estaba, solo me dedicaba a darme placer. En mi ano ya había tres dedos, y mi cadera se movía desbocada, cuando Isabel me ordenó que me penetrase el coño con mis dedos. Obedecí, sin siquiera pensar que me iba a doler, y metí tres dedos de mi mano derecha en mi coño virgen. La sensación de dolor fue muy fuerte, me sentía desgarrada, pero inmediatamente llegó el orgasmo, y todos mis músculos se aflojaron.

cita – El juego no ha terminado, pero quiero que el efecto de la droga se te pase, para que seas consciente de todo lo que te va a pasar. Me esposó a la cama, y me dejó allí. Estuve allí una eternidad, hasta que poco a poco iba recuperando mis facultades, y sintiendo más miedo por lo que podía pasar. Había disfrutado mucho antes, pero ahora me sentía humillada, humillada y asqueada. Además, estaba esposada a la cama, y podía cambiar poco de postura.

A la hora y media de dejarme allí ella volvió. Traía puestos unos pantalones de cuero y los pechos al aire, unos grandes, hermosos y erectos pechos, de grandes pezones.

– Ahora voy a hacerte disfrutar más de lo que has disfrutado nunca, zorrita – me dijo.

Yo estaba realmente enojada, pero me sentía impotente, no podía librarme de las esposas, lo más que podía hacer era dar patadas, y lo intente pero Isabel me pegó un bofetón que me dejó marca y dejó claro quien mandaba, y quien, aunque ya no drogada, tenia que obedecer. Se acercó a mí, y se quedó un rato contemplando mi cuerpo, como si fuese un trozo de carne.

– Tienes un cuerpo apetecible, muy sensual.

Empezó a acariciarme el cuello y las orejas suavemente, con mucha delicadeza, como si realmente no me estuviese violando. Bajo sus manos hasta mis pechos, y cogió uno con cada mano y los apretó firmemente, sobándomelos de manera circular. Me cogió uno de los pezones, y lo pellizcó con fuerza.

– ¿Te gusta? ¿No? Pues acabara gustándote.

Volvió a pellizcarlo otra vez y a tirar de él, haciéndome daño, pero no me atreví a quejarme. Bajó sus manos por mi vientre, acariciándolo, y llegó hasta mis muslos. Mi cuerpo empezó a reaccionar, y mi entrepierna se humedeció. No era que a mí me gustase lo que me estaba haciendo, pero mi cuerpo lo estaba disfrutando. Bajó sus manos por mis muslos deslizándolas muy suavemente por la cara interna, hasta que llegó a los pies. Entonces me los agarró con fuerza, y me los ató a la cama, de manera que mis piernas quedaran muy separadas. Subió a la altura de mi cabeza, y acarició los pezones con los suyos, rozándolos suavemente en círculos. La sensación fue nueva, y muy placentera, tanto que tuve que contener un gemido. Mi cuerpo reaccionaba, pero yo me negaba a admitir que aquello pudiese gustarme. Isabel acercó su boca a la mía, e intento meter su lengua, pero yo apreté los labios y no pudo.

cita – Creo que olvidas quien manda – dijo.

Su lengua penetró en mi boca y se movió por ella frenéticamente. Recorrió mis labios, mis encías, y se enfrentó con mi lengua. Fue un beso largo y apasionado por su parte, pero yo me mantuve totalmente pasiva. Bajó otra vez hasta mi entrepierna, y me dijo:

– Antes vi que te gustaba follarte el culo zorrita, a ver si te gusta ahora.

Me metió, sin ningún tipo de lubricante, su dedo anular hasta el fondo y empezó a hacer círculos por dentro, como queriendo dilatármelo. Al primer dedo lo siguió el segundo y el tercero, y cuando llevaba un rato dilatando, empezó un metisaca bastante fuerte, que al principio me molestó, pero enseguida me dio mucho placer. Mi vientre ardía, mi clítoris empezaba a necesitar atención, y mi coño manaba abundantemente.

– De modo que por fin te gusta – me dijo acelerando la follada que me estaba dando con sus dedos.

Empezó a lamerme la rajita, introduciéndome la lengua muy profundamente, e iniciando un metisaca muy agradable. Yo hacía rato que había dado rienda suelta al placer, y gemía como una loca según se me acercaba el orgasmo, cuando Isabel sacó la lengua de mi coño y se dedicó a lamerme el clítoris. No pude con tanto estímulo y me corrí, pero Isabel seguía con mi culo y mi coño, y yo tras el orgasmo me sentía fatal. Me sentía humillada y culpable, por haber disfrutado, y me sentía muy sucia. Entonces Isabel se alejó un poco de mí, se puso de pie en la cama y empezó a bajarse los pantalones de una manera muy sensual. Mi sorpresa fue tremenda, pues vi algo que no me podía creer. Isabel, una mujer muy guapa, y con unos pechos más grandes que los míos, tenía una polla inmensa, era un transexual. Era larga y gorda, como una serpiente de cascabel, muy oscura y totalmente empalmada, con un glande brillante, y salido del prepucio.

– ¿Te gusta la sorpresita? – dijo riendo.

cita En esto se tumbó encima de mí, y sin ningún preámbulo me la metió entera. Mi coño, que era virgen, no soportó un miembro tan grande, y me produjo un dolor insoportable. Empecé a quejarme, pero Isabel estaba bombeado, y no atendía a mis suplicas. Empezó a follarme lentamente: me la metía muy despacito, centímetro a centímetro, para sacármela luego de golpe, y estuvo así un rato, hasta que yo dejé de quejarme, pues mi coño se acostumbró al tamaño de aquel miembro. Empezó a bombear más deprisa, con golpes hora superficiales, hora muy profundos. Yo me sentía muy sucia, porque el pollón de aquella mujer me empezaba a dar placer, y empecé a jadear. Isabel aceleró más sus embestidas, y sus pechos se bamboleaban sobre los míos, produciendo una fricción que me empezaba a enloquecer. Entonces si que me sentía realmente sucia, y puta, y aquello me ponía cachonda. Empecé a mover mis caderas de forma salvaje, acompasándome a los movimientos de Isabel, otro orgasmo se me acercaba, y esta vez quería disfrutarlo.

– ¡Me estas follando de maravilla, puta! – exclamé sin pensar.

– Te dije que te gustaría, que te sentirías como la perra caliente que eres.

Yo no paraba de gemir y de decirle a Isabel que siguiese, que más fuerte, lo puta que me hacia sentir, que era su puta… El orgasmo no se hizo esperar, y recorrió mi cuerpo como una intensa descarga eléctrica que tenía su origen en mi entrepierna. Había sido el más intenso de mi vida, pero Isabel no paraba, seguía bombeando a una velocidad brutal, hasta que bajo el ritmo y me besó, pero esta vez fue mi lengua la que invadió su boca, recorriéndola desesperadamente, y enredándose con su lengua. Su boca sabía a fresas, mezcladas con mis flujos vaginales, un sabor delicioso, y me di cuenta de que Isabel, a pesar de haber sido un hombre, besaba como yo, con fuego, pero con dulzura.

cita Paró, y me sacó la polla, para desatarme los pies y cambiar de postura. No me quiso quitar las esposas, porque la excitaban mucho. Puso mis pies sobre sus hombros, y se sentó pegada a mi culo sobre sus tobillos, y me volvió a meter aquel miembro tan maravilloso. Sus movimientos estaban más limitados, pero me empezó a acariciar los pezones y el clítoris, y tardé poco en llegar a otro orgasmo tan intenso como el anterior. Continuamos así, hasta que yo estaba acercándome a mi quinto orgasmo de la noche, cuando le dije a Isabel que quería cabalgar sobre ella, así que me quitó las esposas, se tumbó sobre la cama, y yo me senté sobre ella, metiéndome su miembro hasta el fondo de mí ya dilatada cueva. Empecé a cabalgarla salvajemente, cuando enseguida me corrí, pero seguí meneando las caderas, cuando llegó otro orgasmo seguido, y otro, y otro último, que fue muy intenso. Isabel, la cual no pudo con tanto movimiento, y a punto de correrse me levantó justo a tiempo para cubrirme las tetas de semen, y me las cubrió literalmente, porque aquella mujer no paraba de eyacular, fue impresionante. Cuando se cortó el grifo, me restregó bien el semen por las tetas y por el vientre. Nos tumbamos las dos abrazadas en la cama, y empezamos a restregarnos la una contra la otra y a sobarnos… Entonces Isabel me dijo:

– Todavía quedan más sorpresas, mi putita.

Me señaló hacia la puerta, y por allí entró el chico que me había dado la coña en la discoteca, totalmente desnudo. Era un chico muy normal, del montón, pero con lo caliente que yo estaba, me dio igual. Me abalancé sobre él como una autentica loba, y él, que no se lo esperaba, se cayó al suelo, yo cogí su miembro erecto, de un golpe me lo metí en el coño, y empecé a follármelo. Isabel se acercó a nosotros, y empezó a meterme un dedo por el culo, y como comprobó que estaba dilatado, intentó meterme la polla. Apretó el glande contra mi esfínter, pero era demasiado grande, y no quería entrar. Yo que sabia que me iba a doler, le dije que no lo hiciera, pero fue inútil, pues con un golpe de riñones, me metió el glande, y con sucesivos golpes acabó metiéndomela entera. Yo sabía que era demasiado grande, y el dolor era insoportable, así que le supliqué a Isabel que me la sacase.

– Me duele, no sigas, no me gusta nada.

– Calla, tonta, si al final te va a encantar, y me suplicarás que no te la saque.

Empezó a moverse lentamente dentro de mí, y aunque me seguía doliendo, cada vez era más soportable, así que reanudé mis movimientos sobre el chico que tenia debajo, el cual tardó poco en correrse, y en dejarnos a Isabel y a mi solas.

– Pues no he disfrutado mucho de tu sorpresa – dije…

– Entiéndelo, está poco experimentado, y tú eres demasiado puta.

Cada vez me enculaba más fuerte, y el dolor iba dejando lugar al placer, a un placer muy intenso que iba a acabar conmigo. De pronto Isabel empezó a correrse y yo sentía como llenaba de leche mis tripas. Era una sensación muy especial, y yo también me corrí. Había perdido la cuenta de las veces que me había corrido aquella noche, pero seguro que fueron más de diez, y todas muy intensas. Aquella noche nunca la olvidaré.

Besos a todos.



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Un nuevo aliciente

Un nuevo aliciente – Relatos eróticos lésbicos

Somos un joven matrimonio. Me llamo Belén y tengo 27 años, soy rubia, ojos azules, buenas tetas, aunque no demasiado grandes, pero siempre están dispuestas a pedir “guerra”; mi marido Juan, es un hombre guapo, muy imaginativo y muy bien dotado, al menos para mí. Además es un hombre muy liberal. Nunca, hasta ahora, habíamos incluido a nadie en nuestras sesiones de sexo y disfrutábamos mucho de nuestros cuerpos. Pero ahora quiero contar una aventura que, al menos para mí, ha sido muy instructiva. Justo en el rellano donde nosotros vivimos, en la puerta de enfrente hay una vecina, llamada Ruth con la que nos llevamos de maravilla. Vamos juntas de compras, al mercado o de trapitos e incluso alguna que otra vez nos hemos ido al cine. Su marido es representante, por lo que ella se pasa la semana sola.

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Un nuevo aliciente – Relato lésbico




Ruth es morena, de complexión fuerte, casi atlética, tetas gigantescas y un cuerpo bien llevado. Cuando vamos por la calle es la que se lleva más piropos. Para ir al grano diré que nunca habíamos hablado de sexo, pero un día, estando en su casa, salió el tema. Me comentó que cuando Antonio, su marido, no estaba en casa ella se consolaba masturbándose mientras miraba películas porno. Me dijo que tenía varios modelos de consoladores que su marido le había regalado para cubrir sus ausencias. Me entró la curiosidad y le dije que me gustaría verlos y ella, levantándose fue a su habitación. Mientras los buscaba, encendí el televisor y puse una película porno que vi en la mesita. En mi casa no teníamos por costumbre alquilar películas porno. Cuando Ruth entró en el comedor, dijo:

– Veo que has puesto la “peli”, pues esta es muy fuerte. Verás, sale un tío con una polla de casi 30cm.

En efecto, el tipo de la película, tenía una verga como la de un caballo, larga y muy gorda y las chicas tenían problemas para tragársela. En este momento, Ruth me enseñó los consoladores y vi uno, que creo era más grande que la polla del actor. Mi vecina se dio cuenta de la impresión que me había causado el aparato y me dijo:

-Es muy grande pero, cuando estoy muy cachonda, es el que más me gusta meterme…no entero, pero si todo lo que me es posible.

También vi uno de goma con dos cabezas para que dos mujeres pudieran estar follando juntas y a la vez con el mismo aparato. Con la película, los consoladores y una extraña sensación de que Ruth, me miraba de manera “distinta” estaba yo que me derretía perdidamente. Fue ella la que abrió el fuego, tocándome los labios muy delicadamente. Yo miré sus tetas y noté que me atraían.

cita -Nunca lo he hecho con una mujer – le dije.

-No te arrepentirás -me contesto-. Yo si lo he hecho y puedo decir que no tiene comparación. Relájate cariño, que voy a hacerte gozar como no lo has hecho en la vida.

Entonces se bajó el vestido y dejó al aire, ante mis ojos, sus dos maravillosas y enormes tetas y una pequeña braguita que ocultaba un abultado coño. Yo hice lo mismo aunque fui más allá, sacándome también las bragas y quedándome completamente desnuda. Nos tumbamos en el sofá y empezó a chuparme los pezones que incluso mordía de vez en cuando y con una de sus manos me acariciaba el empapado y chorreante coño. Animada y llena de calor, cogí el consolador de dos cabezas y empecé a lamerlo y a chuparlo para lubricarlo. Luego lo metí en el coño de Ruth. Así estuvimos un buen rato hasta que ella se levantó y me dijo:

– Vamos a la cama, allí estaremos más a gusto.

Una vez encima de la cama, nos sentamos una frente a la otra con las piernas enlazadas y nos rozamos los clítoris mientras no besábamos y nos tocábamos los pechos. Al final cogí el doble consolador. Primero se lo metió ella en el coño y luego agarrando la otra parte, lo dirigió hacia mí y metió la otra cabeza en mi chocho, removiéndola lentamente como si me follara. Cambiaba de ritmo con frecuencia y eso me volvía loca. Así obtuvimos nuestro primer orgasmo.

Después ella me comió el coño, yo creía que mi marido era un gran comedor de chochos, pero Ruth era una experta. Me abrí de piernas y con mucha suavidad separo los labios de mi coño, y empezó besándolos con mucha lentitud. De vez en cuando se le escapaba un lengüetazo en mi clítoris que me daba un calambrazo increíble. Entonces se dedicó a mi pipa, lamiéndola suavemente y de pronto la succionaba con rapidez. No pude evitarlo y gritando le dije que iba a correrme. Ella me animaba diciendo:

-Córrete putita, pero no creas que voy a parar, hoy sabrás por primera vez en tu vida lo que es correrse hasta que quedes agotada.

Quise apartarme, pero la muy cerda, me tenia bien agarrada y no podía moverme. Sabía muy bien lo que hacía, ya que dejo mi clítoris en paz y fue chupando mi chocho y todo mi orgasmo. Hasta que volvió a atacar mi pipa otra vez. ¡Aquello era fabuloso! No podía más. Creo que me corrí durante una hora seguida. Cuando me incorporé estaba mareada y con el coño irritado.

Me llevó a la ducha y nos bañamos juntas.

cita Ella me enjabonaba y yo también le hacía lo mismo. La ducha me estaba “resucitando”, y cuando llegue a su coño, me entretuve frotándoselo con la mano llena de jabón. Ruth se estremeció, y aunque nunca le había comido el coño a una mujer, me ponía caliente verla con los ojos cerrados y gimiendo. Le saqué el jabón de todo el cuerpo y la hice salir de la bañera. Puse una toalla encima del wáter y le abrí bien las piernas. Tenía un coño precioso. Sus labios eran rosados y parecía un chocho virgen. Pasé mi lengua por toda su raja, y aquel sabor me encantó. Le chupé el clítoris y me entretuve mamándoselo. De pronto me agarró la cabeza y me apretó la cara contra su coño. La muy guarra se estaba corriendo y a mí me faltaba tiempo para saborear aquel orgasmo que era el primero que me bebía en mi vida.

Cuando se había corrido, nos levantamos y la llevé al dormitorio, una vez allí cogí el consolador gigante y tumbándola en la cama, se lo metí de golpe. La muy cerda se lo follaba mientras gritaba:

– Así cariño, voy a correrme, pero dame tu coño, ¡dámelo!

Me coloqué en posición del 69 y mientras yo me la follaba con el consolador, la tía me comía el coño. Nos corrimos tres veces por lo menos. Estábamos rotas, además se había hecho tarde y seguramente mi marido ya debía haber llegado…

Al regresar a mi piso se lo conté todo a Juan. Le excitó tanto la aventura, que primero me folló en el salón, después en la cocina y por fin en la habitación. Fue un “safari” por la casa de polvo en polvo. Ya no podía más tenía la almeja destrozada. Cuando terminamos, me dijo que le preguntara a Ruth si le importaría que él estuviera presente en nuestras sesiones, ya que estaba seguro que repetiríamos muchas veces más.

Por supuesto no se equivocaba, Ruth y yo nos hemos convertido en amantes y ha consentido que Juan esté presente. Aun no le ha dejado participar y de momento el se hace unas pajas de ensueño mientras nosotras dos nos comemos el coño o nos follamos con los consoladores. Aun no he conseguido meterme el consolador grande pero creo que lo conseguiré. Lo que más morbo me da en pensar que Ruth se decida a dejar participar a mi marido y que se lo diga al suyo. Un intercambio con ellos, podría ser de vicio.

Besos.



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Amiga con sorpresa

Amiga con sorpresa – Relatos eróticos lésbicos

Soy una estudiante de universidad, tengo 21 años, vivo sola en un pequeño apartamento. Una tarde, tenía que hacer un trabajo con una de mis compañeras. Soy alta, de muy buen cuerpo, pelo negro y ojos cafés. Mi compañera, llamada Belén es rubia, de ojos claros, tiene unos pechos grandes y una cola muy llamativa.

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Pasamos toda la tarde haciendo el trabajo y cuando terminamos ya era tarde para que se fuera sola, así que le dije que se podía quedar en mi casa, pero tendría que dormir en el sofá, ella estuvo de acuerdo. Como ya habíamos acabado, Belén me dijo que si podía usar el ordenador y yo le dije que por supuesto.

De inmediato entró a una página pornográfica y me hice la despistada hasta que me dijo:

-¿Quieres mirarla?

Le dije que no, se dio la vuelta y siguió con lo suyo.

Yo estaba viendo televisión, cuando la mire, noté que una de sus manos estaba por dentro de su pantalón, y que sorpresa me lleve cuando me di cuenta que estaba viendo porno lésbico. Traté de no prestar atención y simplemente le dije que me iba a bañar porque hacía calor, ella solo dijo que si y siguió en lo suyo.

La verdad y aunque no quería reconocerlo, estaba un poco excitada, así que entre al baño, me desnude y me metí en la ducha. El agua estaba helada, lo cual me bajaba un poco la calentura, de pronto oí la puerta y noté que entraba. Mi corazón latía con fuerza y solo pude decir:

-¿Qué sucede?

Belén me dijo:

-Perdón, pero estoy muy caliente, necesito un baño

De pronto la cortina se abrió y la vi completamente desnuda ante mí. No puedo negar que era hermosa, hasta sentí como mi chocho se mojaba un poco. Ella lo notó y sonrió. Entró a la ducha y yo me aleje un poco. Cuando vio eso me dijo:

– No te asustes, yo no muerdo, a menos que tú quieras.

Ese comentario me dejo sin palabras. De pronto sentí sus labios en los míos, solo pude alejarla y mirarla con los ojos totalmente abiertos. Ella puso su mano en uno de mis senos y lo apretó delicadamente, cuando sentí eso, inconscientemente gemí. Para Belén eso significo vía libre, me volvió a besar, pero con más pasión y exploró con su lengua toda mi boca, yo la volví a alejar y le dije:

-Esto no está bien, yo no soy…

Ella me calló con otro beso, se acercó a mi cuello y empezó a besarlo apasionadamente. Yo estaba muy excitada y tenía ganas de comérmela ahí mismo, así que la agarré de la cintura y la acerque más, nuestros pezones se rozaron y ambas gemimos de placer. Belén me dijo:

-Sabía que te iba a encantar preciosa, déjame chupar esas tetas…

Yo le respondí:

cita – ¡Hazlo!

Ella se agachó y empezó a lamer mis pezones y a jugar con ellos, yo solo revolvía su cabello mientras el agua recorría nuestros cuerpos desnudos. Luego su lengua bajo y se detuvo un minuto en mi ombligo, metió su lengua. Estaba muy caliente y sin pode evitarle le dije:

-Cómeme el coño…

Belén me miro de reojo y bajo directamente a mi chocho, se arrodilló y con su lengua recorrió cada centímetro de mi coñito, yo solo gritaba de placer.

Se separo un momento y me dijo

-Estás deliciosa amor…mmmm.

Yo no aguante y la ayude a hundir su cabeza en mi coño. Jugó con mi clítoris que cada vez estaba más hinchado, luego metió sin compasión dos de sus dedos y yo me estremecí. Empezó a hacer círculos dentro de mi chocho mientras yo solo temblaba. Suspirando le dije:

-Tres ¡Mete tres dedos!

Y ella obedecido, lo que hizo que por fin me corriera en su cara. Se levanto y volvió a lamer mis pezones, yo la bese en la boca, sintiendo mi propio sabor. Belén me dijo:

-¿Te ha gustado?

-¿quieres saber cuánto? Le conteste, mientras la tumbaba en el suelo. Empecé a besarle la boca, baje por su cuello y luego succione sus pezones que estaban tiesos. Ella gemía y yo con mi mano acariciaba su coño. Baje directo a su clítoris y lo chupe y succioné como una posesa, la metí dentro de ella y oí un grito de placer y se corrió abundantemente.

Aquel sabor era extraño, pero me gustaba. Seguí pegada a su chocho. Le metía la lengua hasta el fondo y volví a dedicarme a su clítoris, mientras le metía dos dedos y la follaba. Se movía sin parar y sus caderas subían y bajaban follándome la boca. Volvió a correrse al menos dos veces más.

Nos levantamos del suelo, y entramos en la ducha para lavarnos, nos enjabonamos mutuamente y nos aclaramos, salí y le di una toalla.

Fui a mi habitación y le dije si quería dormir conmigo. Nos metimos en la cama desnudas y de pronto, con la agilidad de una gatita, abrió mis piernas a tope y metió la cabeza entre mis muslos diciendo:

-Sé que es tu primera vez, y no quiero que la olvides nunca.

Pasaba su lengua despacito por toda mi raja, con una suavidad que me volvía loca. De vez en cuando le daba un par de chupetones a mi clítoris y volvía a lamer. Jamás me habían comido el chocho de aquella forma, y ahora entiendo cuando las mujeres dicen que nadie conoce mejor nuestro cuerpo que nosotras mismas.

cita Era una locura, cuando agarraba mi pepitilla con los labios y chupaba hasta que me corría… Me corrí por lo menos cinco o seis veces. Tenía el coño tan sensible, que con solo rozarlo me ponía caliente. Fue genial.

Cuando acabó conmigo, me sorprendió ver que tenía ganas de lamerle el chocho y que se corriera. También le “regale” un montón de orgasmos.

Desde aquel día nos hicimos amantes en secreto. Al cabo de unos tres meses conocí al que hoy es mi novio. Me gusta follar con él y le quiero, pero no he podido desengancharme del sexo con Belén.

No creo que se lo cuente a mi chico, a lo mejor no lo entendería y no quiero, por supuesto, perder a Belén.

Un besito de las dos.



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Otra velada especial

Otra velada especial – Relatos eróticos lésbicos

Era una mañana húmeda de primavera y estuvo lloviendo parte de la noche. En mi cama, con las sábanas alrededor de mi cuerpo, aun recordaba el sueño con el que me había despertado. Estiré mis brazos intentado tocar a mi amante, sin darme cuenta que hacía ya algún tiempo dormía sola.

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Otra velada especial – Relato lésbico




Me fui al baño dispuesta a darme una ducha y cuando me vi el reflejo de mi cuerpo en el espejo, pensé que era hermoso y disfruté del contacto al deslizarse la suave tela de seda que pretendía tapar mi cuerpo. Tenía que darme una ducha rápida pues había que ir al trabajo. Miré en el armario creyendo que daría la respuesta a la pregunta de todos los días. ¿Qué me pongo? Así que pensando que hoy me encontraba muy excitada, me puse un vestido de tirantes, es largo pero con una abertura lateral que deja ver mis piernas, largas y doradas por el sol. Lo que tenía muy claro es que me pondría la braga tanga de color vino que tanto me gusta. Me deslicé el vestido, que cayó sobre mi cuerpo, pensando no me había puesto sujetador, pero no pasaba nada, la verdad es que no tengo lo que se dice un gran pecho, pero si el suficiente para gustar.

Hoy sería un día largo, trabajo en una galería de arte y tenía que inaugurar una exposición de pinturas. Al llegar ya había gente trabajando y faltaban muchas cosas por terminar. La mañana pasó entre idas y venidas, los obreros que allí estaban terminando de dar los últimos retoques, no dejaban de mirarme y sentía como mis pezones se ponían duros con sus miradas y eso precisamente les provocaba nuevas miradas. Cuando me di cuenta era la hora de la comida y todavía me sentía como me había despertado por lo que me fui a la trastienda del local y me senté a tomar un refresco. De pronto oí entrar a una clienta con la que tenia cierta amistad. Se llamaba Ana, era una mujer guapa, pelirroja, alta, de grandes ojos azules. Se dio cuenta que estaba excitada y me dijo:

– ¿Nunca lo has probado con una mujer?

No supe que contestarle, pero no puede resistirlo y la besé en la boca sintiendo sus labios sobre los míos, la agarré por el cabello, sintiendo sus rizos en mis manos mientras ella me acariciaba los muslos y apretaba sus uñas sobre ellos. Mis manos fueron a sus pechos y noté su calor sobre la blusa, mientras que ella había llegado a mis bragas tocando con sus dedos mi clítoris. Entonces se acercó a mi oído, susurrándome:

– ¿Por qué no vamos a otro sitio?

cita Sin decir nada más nos fuimos a su apartamento. Era un piso grande, con una gran luz natural. Ana se reía y con su risa los nervios desaparecían, pase a un dormitorio, con una cama cubierta por una fina colcha de hilo blanco, me senté al borde de cama mientras la veía a ella sentada en un pequeño taburete, como comenzaba a quitarse la blusa, se desabrochaba lentamente los botones, dejando ver el sujetador de color melocotón. Era tan hermosa mientras me miraba, con aquellos ojos azules. Se acerco a mí como una dulce gatita, me desnudó y me tumbé, empezó a lamerme desde el tobillo subiendo lentamente. Cada toque con su lengua hacía que mi excitación creciera más y más, entonces me quité el vestido dejado mis pechos al descubierto y que ella me los acariciaba mientras ya había llegado a mi tanga. Lo apartó mientras yo me abría para dejarle paso, sentir aquella lengua como lamía mi clítoris mientras que sus dedos se introducían dentro de mi coño. Estuvo largo tiempo haciendo o eso me pareció a mí, hasta que llegué a un largo orgasmo.

Entonces la vi abrir un cajón del cual sacó unas bragas con una polla grande, más bien enorme, y se las puso, diciéndome:

– Ahora voy a darte todo lo que quieras.

Se puso encima de mi cara, y pude ver que la braga dejaba desnudo todo su coño, que no tenía pelo. La oí decir:

– ¡Chupa!

Empecé a lamer a pequeños toques, pues nunca había estado con ninguna mujer y todo aquello era nuevo para mí, pero al poco rato creo que me dejé llevar por el deseo y chupé aquello con gusto, la chupaba como si fuera verdad, pues en nuestro juego así lo era y al final le dije en el peor lenguaje:

– Quiero que me folles.

Ella me sonrío y me fue introduciendo aquel pene poco a poco, y cuando comenzó a ir y venir con las caderas, me deje llevar y fue una locura.Mi cuerpo deseaba más con cada movimiento suyo, sentí su dulce lengua rozar con mis labios, mi lengua con la suya, en un beso lleno de lujuria y pasión y así estuvimos hasta que las dos no quedamos exhaustas.

Habían transcurridos varios meses de este nuestro primer encuentro cuando me invitó a que nos fuéramos a una casa que tenía cerca de la playa y que allí tenía una gran sorpresa para mí. Acepté y cuando pasó a recogerme en su coche, nos pusimos de camino. La casa era preciosa, de color blanco en una pequeña montaña y desde allí sé podía ver el mar.

citaPequeña y muy coqueta, tenía dos pequeños dormitorios, un salón con chimenea y cocina con un salón más pequeño. Me di una ducha, y nos fuimos a pasear, hablamos de un montón de cosas, de esa cosa que hablan las mujeres, de hombres principalmente, pues desde aquel día no hubo más sexo entre nosotras dos, compartíamos gustos parecidos, en música, en cine, incluso nos gustaba la misma ropa y luego me comentó que esa noche había una fiesta en el pueblo y que iríamos a divertirnos.

Parecía que nos habíamos puesto de acuerdo pues las dos nos pusimos dos pantalones vaqueros muy ajustados con dos camisetas que se ceñían muy bien a nuestros cuerpos. Al llegar al pueblo vimos una feria con coches de choque, algunas atracciones de niños, una pequeña noria. Nos fuimos a tomarnos unas cervezas bien frías, nos sentamos en una mesa y sin darnos cuenta teníamos a dos tipos rudos frente a nosotras.

Nos invitaron a otra cerveza, después se sentaron con nosotras, nos contaron cosas del pueblo, en eso vino otro amigo más que se sentó también. Uno se llamaba Ricardo alto fuerte, curtido al sol, tenía unas manos enormes, de grandes ojos verdes. Otro era mas o menos igual, de nombre Paco, sus ojos eran negros como su pelo, pero él ultimo que se unió a nosotros era también alto, pero llevaba el pelo largo, atado atrás por una coleta, parecía un poco más urbano. Este se llamaba Ramón.

Después de beber varias cervezas y de reírnos de chistes, chismes y cuentos, nos fuimos, a la playa. Había ya anochecido, con ramas y cosas que nos encontramos preparamos una gran hoguera y creo que fue Ana la que dijo:

– Como me apetece darme un baño.

Sin más se desnudo y se marcho al agua, dos de ellos hicieron lo mismo y yo veía como se perdían dentro del agua jugando. Poco a poco el juego fue cambiando, se acercaron a Ana uno por delante, la abrazó y la besaba mientras el otro, desde atrás, le acariciaba los pechos. Nosotros dos sentados, inmóviles, observamos la escena sin perder detalle. Poco a poco la llevaron a escasos metros de donde estábamos nosotros, uno se tumbó en la arena, así ella pudo llevar su coño a la boca del que yacía en el suelo. Mientras la chupaban, ella agarró la polla del otro llevándosela hasta sus labios y veíamos al trasluz como se la introducía en su boca cada vez más y así estuvieron un rato. Me sentía fascinada ante la escena, cuando él que estaba tumbado se puso de pie tomando el relevo. En segundos el que se encontraba de pie, con una polla de un tamaño considerable, se puso de rodillas y se la introdujo en el coño sin más.

cita Se veía todo entre las oscilaciones del fuego haciendo que la escena fuera más ardiente. El pelo de Ana parecía fuego, su pecho se movían rítmicamente en cada movimiento y a su vez, con cada enviste ella se introducía más y más la polla que chupaba. Me notaba tan húmeda que miré a mi compañero y creo que los dos estábamos excitados pero deseábamos mirar.

Mi mano pasó a mí entrepierna mientras veía que él que la estaba poseyendo se había tumbado y como ella, poniéndose encima de él, iba tragando lentamente e introduciéndose aquel pedazo de carne por lo que parecía ser su culo. Como iba despacio pudimos ver como desapareció. Ella disfrutaba, subía y bajaba, mientras que la ayudaba con sus manos. El otro de pie observaba la escena mientras que no dejaba de tocarse la polla.

Fue algo increíble y mi compañero, que se había dado cuenta de mi situación, se me acerco y bajándome los pantalones comenzó a lamerme. Yo estaba completamente excitada, notaba su lengua como me recorría desde el ano al clítoris, mientras veía a Ana que se había dado la vuelta. Su cuerpo estaba tumbado sobre él que la tenía enculada y él otro la había penetrado por delante. Ella gritaba de placer y de dolor, pero los hombres no paraba de moverse.

Mientras tanto Ramón se había bajado los pantalones, se sacó la polla y vi que era más bien grande aunque no como la que tenia Ana en su culo, pero grande. Me puso a cuatro patas, así que de frente tenia a estos tres pasándoselo en grande mientras que a mí me metían una polla en el coño.

Ana se dio cuenta, y no sé de qué manera se puso frente a mí en la misma posición en la que yo me encontraba. Uno de ellos se fue atrás y la poseyó como me lo estaban haciendo a mí. El de la polla grande se puso entre medias de nosotras y comenzamos a chupársela las dos al mismo tiempo, con ello uníamos también nuestras lenguas, mientras que los dos hombres nos daban con fuerza. Al rato sentí como temblaban mis piernas, sentí como se corría dentro de nuestras bocas, los besos de Ana en mi cara su lengua dulce en mi boca, mientras que los hombres se corrían en nuestras espaldas.

Más tranquilos, nos fuimos al mar a lavarnos, jugamos en el agua felices, nos sentamos al fuego, pues la noche había comenzado a refrescar, y de madrugada nos dejaron en casa, donde me di un baño para quítame la arena que todavía llevaba y la sal del cuerpo, durmiendo después como una niña.

Pero la sorpresa todavía no había llegado. Ana vino a despertarme por la mañana, y me dijo:

– Hoy llega tu sorpresa, pero tienes que jugar. Hoy serás mi Ama.

Me sorprendió pero pensé y ¿por qué no? Al mediodía llegó mi sorpresa. Resultó ser un amigo de Ana, un mulato de casi metro noventa. El sería mi otro esclavo. La cosa comenzaba a ponerse interesante. Pero eso ya os lo contaré en una próxima carta.

Besos y hasta pronto.



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