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Un nuevo aliciente

Un nuevo aliciente – Relatos eróticos lésbicos

Somos un joven matrimonio. Me llamo Belén y tengo 27 años, soy rubia, ojos azules, buenas tetas, aunque no demasiado grandes, pero siempre están dispuestas a pedir “guerra”; mi marido Juan, es un hombre guapo, muy imaginativo y muy bien dotado, al menos para mí. Además es un hombre muy liberal. Nunca, hasta ahora, habíamos incluido a nadie en nuestras sesiones de sexo y disfrutábamos mucho de nuestros cuerpos. Pero ahora quiero contar una aventura que, al menos para mí, ha sido muy instructiva. Justo en el rellano donde nosotros vivimos, en la puerta de enfrente hay una vecina, llamada Ruth con la que nos llevamos de maravilla. Vamos juntas de compras, al mercado o de trapitos e incluso alguna que otra vez nos hemos ido al cine. Su marido es representante, por lo que ella se pasa la semana sola.

Relatos eróticos

Un nuevo aliciente – Relato lésbico




Ruth es morena, de complexión fuerte, casi atlética, tetas gigantescas y un cuerpo bien llevado. Cuando vamos por la calle es la que se lleva más piropos. Para ir al grano diré que nunca habíamos hablado de sexo, pero un día, estando en su casa, salió el tema. Me comentó que cuando Antonio, su marido, no estaba en casa ella se consolaba masturbándose mientras miraba películas porno. Me dijo que tenía varios modelos de consoladores que su marido le había regalado para cubrir sus ausencias. Me entró la curiosidad y le dije que me gustaría verlos y ella, levantándose fue a su habitación. Mientras los buscaba, encendí el televisor y puse una película porno que vi en la mesita. En mi casa no teníamos por costumbre alquilar películas porno. Cuando Ruth entró en el comedor, dijo:

– Veo que has puesto la “peli”, pues esta es muy fuerte. Verás, sale un tío con una polla de casi 30cm.

En efecto, el tipo de la película, tenía una verga como la de un caballo, larga y muy gorda y las chicas tenían problemas para tragársela. En este momento, Ruth me enseñó los consoladores y vi uno, que creo era más grande que la polla del actor. Mi vecina se dio cuenta de la impresión que me había causado el aparato y me dijo:

-Es muy grande pero, cuando estoy muy cachonda, es el que más me gusta meterme…no entero, pero si todo lo que me es posible.

También vi uno de goma con dos cabezas para que dos mujeres pudieran estar follando juntas y a la vez con el mismo aparato. Con la película, los consoladores y una extraña sensación de que Ruth, me miraba de manera “distinta” estaba yo que me derretía perdidamente. Fue ella la que abrió el fuego, tocándome los labios muy delicadamente. Yo miré sus tetas y noté que me atraían.

cita -Nunca lo he hecho con una mujer – le dije.

-No te arrepentirás -me contesto-. Yo si lo he hecho y puedo decir que no tiene comparación. Relájate cariño, que voy a hacerte gozar como no lo has hecho en la vida.

Entonces se bajó el vestido y dejó al aire, ante mis ojos, sus dos maravillosas y enormes tetas y una pequeña braguita que ocultaba un abultado coño. Yo hice lo mismo aunque fui más allá, sacándome también las bragas y quedándome completamente desnuda. Nos tumbamos en el sofá y empezó a chuparme los pezones que incluso mordía de vez en cuando y con una de sus manos me acariciaba el empapado y chorreante coño. Animada y llena de calor, cogí el consolador de dos cabezas y empecé a lamerlo y a chuparlo para lubricarlo. Luego lo metí en el coño de Ruth. Así estuvimos un buen rato hasta que ella se levantó y me dijo:

– Vamos a la cama, allí estaremos más a gusto.

Una vez encima de la cama, nos sentamos una frente a la otra con las piernas enlazadas y nos rozamos los clítoris mientras no besábamos y nos tocábamos los pechos. Al final cogí el doble consolador. Primero se lo metió ella en el coño y luego agarrando la otra parte, lo dirigió hacia mí y metió la otra cabeza en mi chocho, removiéndola lentamente como si me follara. Cambiaba de ritmo con frecuencia y eso me volvía loca. Así obtuvimos nuestro primer orgasmo.

Después ella me comió el coño, yo creía que mi marido era un gran comedor de chochos, pero Ruth era una experta. Me abrí de piernas y con mucha suavidad separo los labios de mi coño, y empezó besándolos con mucha lentitud. De vez en cuando se le escapaba un lengüetazo en mi clítoris que me daba un calambrazo increíble. Entonces se dedicó a mi pipa, lamiéndola suavemente y de pronto la succionaba con rapidez. No pude evitarlo y gritando le dije que iba a correrme. Ella me animaba diciendo:

-Córrete putita, pero no creas que voy a parar, hoy sabrás por primera vez en tu vida lo que es correrse hasta que quedes agotada.

Quise apartarme, pero la muy cerda, me tenia bien agarrada y no podía moverme. Sabía muy bien lo que hacía, ya que dejo mi clítoris en paz y fue chupando mi chocho y todo mi orgasmo. Hasta que volvió a atacar mi pipa otra vez. ¡Aquello era fabuloso! No podía más. Creo que me corrí durante una hora seguida. Cuando me incorporé estaba mareada y con el coño irritado.

Me llevó a la ducha y nos bañamos juntas.

cita Ella me enjabonaba y yo también le hacía lo mismo. La ducha me estaba “resucitando”, y cuando llegue a su coño, me entretuve frotándoselo con la mano llena de jabón. Ruth se estremeció, y aunque nunca le había comido el coño a una mujer, me ponía caliente verla con los ojos cerrados y gimiendo. Le saqué el jabón de todo el cuerpo y la hice salir de la bañera. Puse una toalla encima del wáter y le abrí bien las piernas. Tenía un coño precioso. Sus labios eran rosados y parecía un chocho virgen. Pasé mi lengua por toda su raja, y aquel sabor me encantó. Le chupé el clítoris y me entretuve mamándoselo. De pronto me agarró la cabeza y me apretó la cara contra su coño. La muy guarra se estaba corriendo y a mí me faltaba tiempo para saborear aquel orgasmo que era el primero que me bebía en mi vida.

Cuando se había corrido, nos levantamos y la llevé al dormitorio, una vez allí cogí el consolador gigante y tumbándola en la cama, se lo metí de golpe. La muy cerda se lo follaba mientras gritaba:

– Así cariño, voy a correrme, pero dame tu coño, ¡dámelo!

Me coloqué en posición del 69 y mientras yo me la follaba con el consolador, la tía me comía el coño. Nos corrimos tres veces por lo menos. Estábamos rotas, además se había hecho tarde y seguramente mi marido ya debía haber llegado…

Al regresar a mi piso se lo conté todo a Juan. Le excitó tanto la aventura, que primero me folló en el salón, después en la cocina y por fin en la habitación. Fue un “safari” por la casa de polvo en polvo. Ya no podía más tenía la almeja destrozada. Cuando terminamos, me dijo que le preguntara a Ruth si le importaría que él estuviera presente en nuestras sesiones, ya que estaba seguro que repetiríamos muchas veces más.

Por supuesto no se equivocaba, Ruth y yo nos hemos convertido en amantes y ha consentido que Juan esté presente. Aun no le ha dejado participar y de momento el se hace unas pajas de ensueño mientras nosotras dos nos comemos el coño o nos follamos con los consoladores. Aun no he conseguido meterme el consolador grande pero creo que lo conseguiré. Lo que más morbo me da en pensar que Ruth se decida a dejar participar a mi marido y que se lo diga al suyo. Un intercambio con ellos, podría ser de vicio.

Besos.



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Amiga con sorpresa

Amiga con sorpresa – Relatos eróticos lésbicos

Soy una estudiante de universidad, tengo 21 años, vivo sola en un pequeño apartamento. Una tarde, tenía que hacer un trabajo con una de mis compañeras. Soy alta, de muy buen cuerpo, pelo negro y ojos cafés. Mi compañera, llamada Belén es rubia, de ojos claros, tiene unos pechos grandes y una cola muy llamativa.

Relatos eróticos

Amiga con sorpresa – Relato lésbico




Pasamos toda la tarde haciendo el trabajo y cuando terminamos ya era tarde para que se fuera sola, así que le dije que se podía quedar en mi casa, pero tendría que dormir en el sofá, ella estuvo de acuerdo. Como ya habíamos acabado, Belén me dijo que si podía usar el ordenador y yo le dije que por supuesto.

De inmediato entró a una página pornográfica y me hice la despistada hasta que me dijo:

-¿Quieres mirarla?

Le dije que no, se dio la vuelta y siguió con lo suyo.

Yo estaba viendo televisión, cuando la mire, noté que una de sus manos estaba por dentro de su pantalón, y que sorpresa me lleve cuando me di cuenta que estaba viendo porno lésbico. Traté de no prestar atención y simplemente le dije que me iba a bañar porque hacía calor, ella solo dijo que si y siguió en lo suyo.

La verdad y aunque no quería reconocerlo, estaba un poco excitada, así que entre al baño, me desnude y me metí en la ducha. El agua estaba helada, lo cual me bajaba un poco la calentura, de pronto oí la puerta y noté que entraba. Mi corazón latía con fuerza y solo pude decir:

-¿Qué sucede?

Belén me dijo:

-Perdón, pero estoy muy caliente, necesito un baño

De pronto la cortina se abrió y la vi completamente desnuda ante mí. No puedo negar que era hermosa, hasta sentí como mi chocho se mojaba un poco. Ella lo notó y sonrió. Entró a la ducha y yo me aleje un poco. Cuando vio eso me dijo:

– No te asustes, yo no muerdo, a menos que tú quieras.

Ese comentario me dejo sin palabras. De pronto sentí sus labios en los míos, solo pude alejarla y mirarla con los ojos totalmente abiertos. Ella puso su mano en uno de mis senos y lo apretó delicadamente, cuando sentí eso, inconscientemente gemí. Para Belén eso significo vía libre, me volvió a besar, pero con más pasión y exploró con su lengua toda mi boca, yo la volví a alejar y le dije:

-Esto no está bien, yo no soy…

Ella me calló con otro beso, se acercó a mi cuello y empezó a besarlo apasionadamente. Yo estaba muy excitada y tenía ganas de comérmela ahí mismo, así que la agarré de la cintura y la acerque más, nuestros pezones se rozaron y ambas gemimos de placer. Belén me dijo:

-Sabía que te iba a encantar preciosa, déjame chupar esas tetas…

Yo le respondí:

cita – ¡Hazlo!

Ella se agachó y empezó a lamer mis pezones y a jugar con ellos, yo solo revolvía su cabello mientras el agua recorría nuestros cuerpos desnudos. Luego su lengua bajo y se detuvo un minuto en mi ombligo, metió su lengua. Estaba muy caliente y sin pode evitarle le dije:

-Cómeme el coño…

Belén me miro de reojo y bajo directamente a mi chocho, se arrodilló y con su lengua recorrió cada centímetro de mi coñito, yo solo gritaba de placer.

Se separo un momento y me dijo

-Estás deliciosa amor…mmmm.

Yo no aguante y la ayude a hundir su cabeza en mi coño. Jugó con mi clítoris que cada vez estaba más hinchado, luego metió sin compasión dos de sus dedos y yo me estremecí. Empezó a hacer círculos dentro de mi chocho mientras yo solo temblaba. Suspirando le dije:

-Tres ¡Mete tres dedos!

Y ella obedecido, lo que hizo que por fin me corriera en su cara. Se levanto y volvió a lamer mis pezones, yo la bese en la boca, sintiendo mi propio sabor. Belén me dijo:

-¿Te ha gustado?

-¿quieres saber cuánto? Le conteste, mientras la tumbaba en el suelo. Empecé a besarle la boca, baje por su cuello y luego succione sus pezones que estaban tiesos. Ella gemía y yo con mi mano acariciaba su coño. Baje directo a su clítoris y lo chupe y succioné como una posesa, la metí dentro de ella y oí un grito de placer y se corrió abundantemente.

Aquel sabor era extraño, pero me gustaba. Seguí pegada a su chocho. Le metía la lengua hasta el fondo y volví a dedicarme a su clítoris, mientras le metía dos dedos y la follaba. Se movía sin parar y sus caderas subían y bajaban follándome la boca. Volvió a correrse al menos dos veces más.

Nos levantamos del suelo, y entramos en la ducha para lavarnos, nos enjabonamos mutuamente y nos aclaramos, salí y le di una toalla.

Fui a mi habitación y le dije si quería dormir conmigo. Nos metimos en la cama desnudas y de pronto, con la agilidad de una gatita, abrió mis piernas a tope y metió la cabeza entre mis muslos diciendo:

-Sé que es tu primera vez, y no quiero que la olvides nunca.

Pasaba su lengua despacito por toda mi raja, con una suavidad que me volvía loca. De vez en cuando le daba un par de chupetones a mi clítoris y volvía a lamer. Jamás me habían comido el chocho de aquella forma, y ahora entiendo cuando las mujeres dicen que nadie conoce mejor nuestro cuerpo que nosotras mismas.

cita Era una locura, cuando agarraba mi pepitilla con los labios y chupaba hasta que me corría… Me corrí por lo menos cinco o seis veces. Tenía el coño tan sensible, que con solo rozarlo me ponía caliente. Fue genial.

Cuando acabó conmigo, me sorprendió ver que tenía ganas de lamerle el chocho y que se corriera. También le “regale” un montón de orgasmos.

Desde aquel día nos hicimos amantes en secreto. Al cabo de unos tres meses conocí al que hoy es mi novio. Me gusta follar con él y le quiero, pero no he podido desengancharme del sexo con Belén.

No creo que se lo cuente a mi chico, a lo mejor no lo entendería y no quiero, por supuesto, perder a Belén.

Un besito de las dos.



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Otra velada especial

Otra velada especial – Relatos eróticos lésbicos

Era una mañana húmeda de primavera y estuvo lloviendo parte de la noche. En mi cama, con las sábanas alrededor de mi cuerpo, aun recordaba el sueño con el que me había despertado. Estiré mis brazos intentado tocar a mi amante, sin darme cuenta que hacía ya algún tiempo dormía sola.

Relatos eróticos

Otra velada especial – Relato lésbico




Me fui al baño dispuesta a darme una ducha y cuando me vi el reflejo de mi cuerpo en el espejo, pensé que era hermoso y disfruté del contacto al deslizarse la suave tela de seda que pretendía tapar mi cuerpo. Tenía que darme una ducha rápida pues había que ir al trabajo. Miré en el armario creyendo que daría la respuesta a la pregunta de todos los días. ¿Qué me pongo? Así que pensando que hoy me encontraba muy excitada, me puse un vestido de tirantes, es largo pero con una abertura lateral que deja ver mis piernas, largas y doradas por el sol. Lo que tenía muy claro es que me pondría la braga tanga de color vino que tanto me gusta. Me deslicé el vestido, que cayó sobre mi cuerpo, pensando no me había puesto sujetador, pero no pasaba nada, la verdad es que no tengo lo que se dice un gran pecho, pero si el suficiente para gustar.

Hoy sería un día largo, trabajo en una galería de arte y tenía que inaugurar una exposición de pinturas. Al llegar ya había gente trabajando y faltaban muchas cosas por terminar. La mañana pasó entre idas y venidas, los obreros que allí estaban terminando de dar los últimos retoques, no dejaban de mirarme y sentía como mis pezones se ponían duros con sus miradas y eso precisamente les provocaba nuevas miradas. Cuando me di cuenta era la hora de la comida y todavía me sentía como me había despertado por lo que me fui a la trastienda del local y me senté a tomar un refresco. De pronto oí entrar a una clienta con la que tenia cierta amistad. Se llamaba Ana, era una mujer guapa, pelirroja, alta, de grandes ojos azules. Se dio cuenta que estaba excitada y me dijo:

– ¿Nunca lo has probado con una mujer?

No supe que contestarle, pero no puede resistirlo y la besé en la boca sintiendo sus labios sobre los míos, la agarré por el cabello, sintiendo sus rizos en mis manos mientras ella me acariciaba los muslos y apretaba sus uñas sobre ellos. Mis manos fueron a sus pechos y noté su calor sobre la blusa, mientras que ella había llegado a mis bragas tocando con sus dedos mi clítoris. Entonces se acercó a mi oído, susurrándome:

– ¿Por qué no vamos a otro sitio?

cita Sin decir nada más nos fuimos a su apartamento. Era un piso grande, con una gran luz natural. Ana se reía y con su risa los nervios desaparecían, pase a un dormitorio, con una cama cubierta por una fina colcha de hilo blanco, me senté al borde de cama mientras la veía a ella sentada en un pequeño taburete, como comenzaba a quitarse la blusa, se desabrochaba lentamente los botones, dejando ver el sujetador de color melocotón. Era tan hermosa mientras me miraba, con aquellos ojos azules. Se acerco a mí como una dulce gatita, me desnudó y me tumbé, empezó a lamerme desde el tobillo subiendo lentamente. Cada toque con su lengua hacía que mi excitación creciera más y más, entonces me quité el vestido dejado mis pechos al descubierto y que ella me los acariciaba mientras ya había llegado a mi tanga. Lo apartó mientras yo me abría para dejarle paso, sentir aquella lengua como lamía mi clítoris mientras que sus dedos se introducían dentro de mi coño. Estuvo largo tiempo haciendo o eso me pareció a mí, hasta que llegué a un largo orgasmo.

Entonces la vi abrir un cajón del cual sacó unas bragas con una polla grande, más bien enorme, y se las puso, diciéndome:

– Ahora voy a darte todo lo que quieras.

Se puso encima de mi cara, y pude ver que la braga dejaba desnudo todo su coño, que no tenía pelo. La oí decir:

– ¡Chupa!

Empecé a lamer a pequeños toques, pues nunca había estado con ninguna mujer y todo aquello era nuevo para mí, pero al poco rato creo que me dejé llevar por el deseo y chupé aquello con gusto, la chupaba como si fuera verdad, pues en nuestro juego así lo era y al final le dije en el peor lenguaje:

– Quiero que me folles.

Ella me sonrío y me fue introduciendo aquel pene poco a poco, y cuando comenzó a ir y venir con las caderas, me deje llevar y fue una locura.Mi cuerpo deseaba más con cada movimiento suyo, sentí su dulce lengua rozar con mis labios, mi lengua con la suya, en un beso lleno de lujuria y pasión y así estuvimos hasta que las dos no quedamos exhaustas.

Habían transcurridos varios meses de este nuestro primer encuentro cuando me invitó a que nos fuéramos a una casa que tenía cerca de la playa y que allí tenía una gran sorpresa para mí. Acepté y cuando pasó a recogerme en su coche, nos pusimos de camino. La casa era preciosa, de color blanco en una pequeña montaña y desde allí sé podía ver el mar.

citaPequeña y muy coqueta, tenía dos pequeños dormitorios, un salón con chimenea y cocina con un salón más pequeño. Me di una ducha, y nos fuimos a pasear, hablamos de un montón de cosas, de esa cosa que hablan las mujeres, de hombres principalmente, pues desde aquel día no hubo más sexo entre nosotras dos, compartíamos gustos parecidos, en música, en cine, incluso nos gustaba la misma ropa y luego me comentó que esa noche había una fiesta en el pueblo y que iríamos a divertirnos.

Parecía que nos habíamos puesto de acuerdo pues las dos nos pusimos dos pantalones vaqueros muy ajustados con dos camisetas que se ceñían muy bien a nuestros cuerpos. Al llegar al pueblo vimos una feria con coches de choque, algunas atracciones de niños, una pequeña noria. Nos fuimos a tomarnos unas cervezas bien frías, nos sentamos en una mesa y sin darnos cuenta teníamos a dos tipos rudos frente a nosotras.

Nos invitaron a otra cerveza, después se sentaron con nosotras, nos contaron cosas del pueblo, en eso vino otro amigo más que se sentó también. Uno se llamaba Ricardo alto fuerte, curtido al sol, tenía unas manos enormes, de grandes ojos verdes. Otro era mas o menos igual, de nombre Paco, sus ojos eran negros como su pelo, pero él ultimo que se unió a nosotros era también alto, pero llevaba el pelo largo, atado atrás por una coleta, parecía un poco más urbano. Este se llamaba Ramón.

Después de beber varias cervezas y de reírnos de chistes, chismes y cuentos, nos fuimos, a la playa. Había ya anochecido, con ramas y cosas que nos encontramos preparamos una gran hoguera y creo que fue Ana la que dijo:

– Como me apetece darme un baño.

Sin más se desnudo y se marcho al agua, dos de ellos hicieron lo mismo y yo veía como se perdían dentro del agua jugando. Poco a poco el juego fue cambiando, se acercaron a Ana uno por delante, la abrazó y la besaba mientras el otro, desde atrás, le acariciaba los pechos. Nosotros dos sentados, inmóviles, observamos la escena sin perder detalle. Poco a poco la llevaron a escasos metros de donde estábamos nosotros, uno se tumbó en la arena, así ella pudo llevar su coño a la boca del que yacía en el suelo. Mientras la chupaban, ella agarró la polla del otro llevándosela hasta sus labios y veíamos al trasluz como se la introducía en su boca cada vez más y así estuvieron un rato. Me sentía fascinada ante la escena, cuando él que estaba tumbado se puso de pie tomando el relevo. En segundos el que se encontraba de pie, con una polla de un tamaño considerable, se puso de rodillas y se la introdujo en el coño sin más.

cita Se veía todo entre las oscilaciones del fuego haciendo que la escena fuera más ardiente. El pelo de Ana parecía fuego, su pecho se movían rítmicamente en cada movimiento y a su vez, con cada enviste ella se introducía más y más la polla que chupaba. Me notaba tan húmeda que miré a mi compañero y creo que los dos estábamos excitados pero deseábamos mirar.

Mi mano pasó a mí entrepierna mientras veía que él que la estaba poseyendo se había tumbado y como ella, poniéndose encima de él, iba tragando lentamente e introduciéndose aquel pedazo de carne por lo que parecía ser su culo. Como iba despacio pudimos ver como desapareció. Ella disfrutaba, subía y bajaba, mientras que la ayudaba con sus manos. El otro de pie observaba la escena mientras que no dejaba de tocarse la polla.

Fue algo increíble y mi compañero, que se había dado cuenta de mi situación, se me acerco y bajándome los pantalones comenzó a lamerme. Yo estaba completamente excitada, notaba su lengua como me recorría desde el ano al clítoris, mientras veía a Ana que se había dado la vuelta. Su cuerpo estaba tumbado sobre él que la tenía enculada y él otro la había penetrado por delante. Ella gritaba de placer y de dolor, pero los hombres no paraba de moverse.

Mientras tanto Ramón se había bajado los pantalones, se sacó la polla y vi que era más bien grande aunque no como la que tenia Ana en su culo, pero grande. Me puso a cuatro patas, así que de frente tenia a estos tres pasándoselo en grande mientras que a mí me metían una polla en el coño.

Ana se dio cuenta, y no sé de qué manera se puso frente a mí en la misma posición en la que yo me encontraba. Uno de ellos se fue atrás y la poseyó como me lo estaban haciendo a mí. El de la polla grande se puso entre medias de nosotras y comenzamos a chupársela las dos al mismo tiempo, con ello uníamos también nuestras lenguas, mientras que los dos hombres nos daban con fuerza. Al rato sentí como temblaban mis piernas, sentí como se corría dentro de nuestras bocas, los besos de Ana en mi cara su lengua dulce en mi boca, mientras que los hombres se corrían en nuestras espaldas.

Más tranquilos, nos fuimos al mar a lavarnos, jugamos en el agua felices, nos sentamos al fuego, pues la noche había comenzado a refrescar, y de madrugada nos dejaron en casa, donde me di un baño para quítame la arena que todavía llevaba y la sal del cuerpo, durmiendo después como una niña.

Pero la sorpresa todavía no había llegado. Ana vino a despertarme por la mañana, y me dijo:

– Hoy llega tu sorpresa, pero tienes que jugar. Hoy serás mi Ama.

Me sorprendió pero pensé y ¿por qué no? Al mediodía llegó mi sorpresa. Resultó ser un amigo de Ana, un mulato de casi metro noventa. El sería mi otro esclavo. La cosa comenzaba a ponerse interesante. Pero eso ya os lo contaré en una próxima carta.

Besos y hasta pronto.



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La profesora de piano

La profesora de piano – Relatos eróticos lésbicos

Soy Lorena, vivo en Montevideo, (Uruguay), y quiero compartir con ustedes los relatos de mi vida sexual, que como verán a continuación, ha empezado maravillosamente bien a diferencia de otras chicas que no tuvieron tanta suerte.

Relatos eróticos

La profesora de piano – Relato lésbico




Producto de tal situación hoy puedo decirles a ustedes aquí en privado que soy lesbiana y que lo seré por el resto de mis días.

Fui criada por mis padres bajo estrictas normas de educación, dado que ambos son un tanto antiguos.

Siempre fui bien parecida porque soy rubia, alta, tengo ojos verdes, mis medidas son 92 - 62 - 92, y aunque suene feo que lo diga yo, soy una mujer atractiva.

Me he dado cuenta de ello porque soy permanentemente hostigada por ambos sexos.

Además cuido muy especialmente mi femineidad vistiéndome con ropa de marca, arreglándome permanentemente el cabello, así como cuidando mi maquillaje y demás.

Soy cien por ciento mujer, aunque me gusten con locura las mujeres.

De chica fui "obligada" a estudiar muchas cosas, por ejemplo: inglés, la secundaria hasta Facultad, y Piano.

Estudiando piano descubrí mi sexualidad.

Estudiaba piano y me preparaba para el examen de sexto año en la casa de mi profesora, a quien llamábamos la Srta. Elsa.

Elsa en aquel entonces tenía 32 años, era morocha de ojos marrones, con un cuerpo espectacular dado que era soltera, (con novio), y aún no tenía hijos, lo que le permitía conservarse muy bien físicamente.

Además, era una persona que se preocupaba mucho de broncearse y de tener una actividad de gimnasia a diario.

Como Elsa vivía frente a mi casa, en un barrio muy tranquilo, sólo debía cruzar la calle para ir hasta su casa. Mi madre se quedaba parada en la puerta hasta que me veía entrar a estudiar. Las clases eran de las 3 a las 5 de la tarde, los días lunes, miércoles y viernes.

Elsa casi siempre a esa hora estaba tomando sol en el fondo de su casa cuando yo llegaba, y me recibía con su traje de baño de dos piezas, y mientras se cambiaba de ropa, yo empezaba a practicar las lecciones.

Yo era la mimada de todas sus alumnas; siempre me recibía muy bien y me decía que yo era la reina porque era la más bonita de todas.

Una tarde que hacía un calor tremendo, crucé a clase con una mini de tela fina, una remera (camiseta) corta y sandalias.

Elsa me recibió quejándose del inmenso calor que hacía ese día, (cerca de los cuarenta grados), y vi que la parte de arriba de su traje de baño estaba desatada.

Solamente se había tapado los pechos, (que hoy puedo decir que eran hermosos), para abrirme la puerta.

Me sorprendió cuando me preguntó si no me moría de calor con el sostén puesto, a lo que le respondí que no.

Me aconsejó no usar sostén a ese edad porque era malo, y más con mis pechos que estaban crecidos un poco más de la cuenta, (según mi madre y algunas de mis amigas).

La verdad es que me apretaban un poco, mi madre no concebía que siendo yo tan chica tuviera el cuerpo de una señorita más grande, pero me obligaba a usar sostén y no dejaba que usara remeras (camisetas) escotadas. Incluso, hasta el día de hoy algo me dice si me ve mostrando mucho de arriba, (o mucho de abajo).
cita No le di importancia al comentario de Elsa, y como en todas las clases me senté en la butaca del piano a practicar las partituras que luego de memoria debía tocar en el examen.

Esa tarde Elsa no se cambió y no puso su silla al lado de la butaca del piano para corregirme posibles errores como lo hacía siempre. Tampoco se sentó al lado mío, sino que se tiró a escuchar mi práctica en un sofá que tenía en el living.

Como me equivoqué un par de veces porque tenía las manos sudadas por el inmenso calor, me rezongó, y me pidió que me concentrara más en la lectura de la partitura.

Como me volví a equivocar, vino hasta el piano y me pidió que me sentara más delante de la butaca, (casi en el borde), y ella se sentó atrás mío separando bien sus piernas.

Evidentemente que no había lugar para las dos, así que Elsa quedó con su sexo pegado a mis nalgas, incluso me dijo que me sentara más atrás que iba a caerme.

Lógicamente yo no quería tocarla, pero terminé prácticamente sentándome en su pubis. Recuerdo que mis nalgas encajaban perfectamente en su entrepierna. Pasando sus brazos por debajo de los míos, se puso a tocar la partitura y me dijo que estuviera atenta y que lo hiciera luego igual que ella.

Yo la miraba atentamente porque quería seguir el ritmo de la música que ella me enseñaba a tocar. Prácticamente me tenía abrazada.

En cuanto terminó de tocar unos acordes, rozó mis pechos con sus antebrazos, y sin yo darme cuenta, estaba mirándome los senos y los pezones se me habían puesto duros y se notaba.

Allí me dijo: "Lorena, cómo has crecido, mira qué senos que tienes, ¿qué te ocurre que tienes los pezones tan duros?.

Yo me quedé muda, estaba concentrada en la partitura y además no sabía qué decirle. La verdad es que no sabía por qué se me habían puesto los pezones así, hoy supongo que fue porque me los rozó. Es una de las partes de mi cuerpo más débil. Yo a lo único que atiné fue a tapármelos con ambas manos, con un poco de vergüenza lo confieso.

A todo esto tomé conciencia de que estaba sentada en su pubis, prácticamente mi sexo estaba casi incrustado en su hueso pélvico. Con voz de estar dándome una orden me dijo que el sostén me quedaba chico, y que así no podía estar tocando el piano, por lo cual me levantó la remera (camiseta) por detrás, me lo desabrochó y me lo quitó.

Me llamó la atención cómo había empezado a respirar agitadamente, me estaba respirando fuerte en la nuca y yo sentía el viento de su aliento que me producía una cosa extraña en el cuello.

Me levantó la remera (camiseta) y me quitó el sostén e inmediatamente puso sus manos entre mis pezones que estaban verdaderamente duros. Me preguntó si me dolían y le dije que sí. Era verdad, parecía que algo iba a salir por ellos. Me dijo que no me asustara, que era porque estaba creciendo y ya era toda una mujer. Apoyó sus manos en mis senos, y empezó a acariciarme los pezones. Respiraba cada vez en forma más agitada. Su aliento en mi cuello me hizo erizar, mi piel era la piel de una gallina.

Yo no sabía entonces qué me ocurría, (hoy lo sé), pero me sentía estremecer cuando corrió mi pelo largo hacia un costado y empezó a pasar la punta de su lengua en mi nuca y en el cuello.

Se sentía fresca, yo estaba traspirada y empezó a gustarme esa frescura que no sabía de qué se trataba, pero al fin y al cabo, era mi profesora de piano y la conocía no solo toda la gente del barrio, sino prácticamente toda mi familia que iban a verme a los exámenes.

No conforme con pasar su lengua, empezó a darme pequeños mordiscos en el cuello, y me pedía por favor que siguiera tocando. Yo a esa altura entre la confusión, el calor, y la partitura no sabía si estaba tocando el piano o el violín. Empezó a masajearme los pechos más fuerte, y empecé a sentir como refregaba su sexo entre mis nalgas. Yo ya no podía tocar porque me estaba moviendo ella y le estaba errando a las notas que tenía que tocar.

Dejó mis pechos y llevó sus dos manos a mis muslos, y su mano derecha la empezó a meter entre mis piernas. Yo apoyé mis dos manos en el teclado porque estaba sintiendo cosas muy parecidas a las que sentía cuando me masturbaba en casa.

citaEntonces sentí como toda su mano se apoderaba de mi entrepierna y casi naturalmente y sin darme cuenta, apoyé con firmeza mis piernas en el suelo hasta quedar casi parada. Se sorprendió al sentirme tan mojada.

Es cierto, estaba empapada, pero me daba un poco de vergüenza porque mi madre siempre me decía que una mujer cuando se moja debe lavarse enseguida con jabón igual que cuando se va a hacer pis.

Luego de pasar unas cuantas veces su mano por entre mis piernas y empezar a lamerme la espalda haciendo que se me pusiera la piel más erizada todavía, metió el dedo por debajo del elástico de mi bombacha y empezó suavemente a recorrer mi sexo.

Llegó a ese lugar que yo había descubierto que si me lo tocaba sentía muchas cosas lindas hasta llegar un momento de placer indescriptible, y ya no pude seguir sentada sino que me paré delante de ella de cara al piano sintiendo lo mismo que sentía cuando me acariciaba.

Yo no sabía lo que me estaba pasando, pero la realidad era que estaba teniendo un orgasmo impresionante. Con su mano izquierda me levantó la mini y empezó a besarme en las nalgas, mientras su dedo de la mano derecha seguía jugando en ése lugar que ella había descubierto que me desmoronaba en una catarata de placer.

Elsa se paró, me dio vuelta en forma brusca y me metió la lengua en la boca mientras me tomaba las nalgas con ambas manos acariciándolas, a veces con las dos, y a veces una se desviaba y se me metía entre las piernas como si quisiera levantarme por el aire, cosa que casi logra. No tuve más remedio que abrazarla por el cuello, sino corría el riesgo de caerme. Recuerdo que se me salió una sandalia.

Me llevó a su cuarto, siempre abrazada a mí mientras me tocaba todo lo que me pudiese tocar y ya no me besaba sino que me lamía la cara, el cuello, los pechos, todo lo que pudiera lamer en el camino. Me tiró en la cama, recuerdo que caí de espaldas y vi cómo se quitaba la parte de arriba de su traje de baño, que estaba suelta, y cómo se bajaba el bikini, hasta quedar totalmente desnuda frente a mí.

Me tomó de la remera (camiseta), me la quitó fuertemente haciendo que mi pelo quedara enredado en la misma, pero no llegó a sacármela porque empezó a lamerme desde el cuello hasta los pechos.

Terminé sacándome yo misma la remera porque estaba tirándome del pelo, y Elsa con ambas manos apretó mis pechos como si quisiera juntarlos y empezó a lamer mis pezones en forma frenética. Los lamía en círculos recorriendo la aureola y dándome pequeños mordiscos en los pezones que parecían que iban a salirse de su sitio.

Yo sentía pequeñas convulsiones entre mis piernas, estaba tremendamente mojada y estaba bañada en sudor por el calor que hacía, y por el calor que me transmitía el cuerpo de Elsa arriba mío.

Dejó de chuparme los pechos, y fue con su lengua lamiéndome la barriga, el ombligo y me tiró de la mini hacia abajo, la que pudo sacarme sin problemas porque sólo tenía un elástico.

Empezó a darme besos sobre la bombacha, que para variar y por consejo de mi madre era blanca para que no se trasluciera, y corriendo el elástico de la misma a la altura de mi entrepierna, empezó a jugar con su lengua recorriéndome el sexo como podía. Me dijo que ya era hora de depilarme, (mi madre nunca me lo había dicho), y me bajó la bombacha y la tiró al piso.

citaYo seguía en la cama boca arriba y tenía mis manos apretando las sábanas en una posición defensiva, de miedo. Debo confesar que lo que me hacía Elsa me gustaba pero me daba mucho miedo. Mi corazón latía a mil por hora, y sentía como me golpeaba el pecho.

Pero mi sexo estaba empapado, ya había tenido dos orgasmos sin saber exactamente que era lo que me estaba ocurriendo. A esa edad no sabía lo que era un orgasmo, pero sabía que era una sensación de placer hermosa que cuando se me producía quería sentirla más y más veces.

Siempre fui de masturbarme mucho y de hecho a esa edad lo hacía con frecuencia. Cada oportunidad que tenía, intentaba tener de esas sensaciones más de una vez. Por cierto, las oportunidades nunca eran muchas.

Elsa se puso de rodillas al borde de la cama, levantó mis piernas arqueando las rodillas, y empezó a lamerme los muslos. Los mismos golpes que sentía en el pecho, los sentía en la parte superior de mi sexo. Yo entonces no lo sabía, pero era mi clítoris que estaba hinchado y pronto para recibir su merecido tratamiento. Elsa fue bajando con su lengua por mis piernas, hasta que llegó nuevamente a mi sexo.

A esta altura mis jugos vaginales corrían por mi vagina hacia abajo, se paraban en mi ano y empapaban la sábana. Realmente estaba dejando un verdadero charco en la cama. Elsa separó con mucho cuidado mis labios vaginales. Con su mano izquierda separó los labios que recubren el clítoris y empezó a darme pequeños toques con la punta de su lengua. Recuerdo que yo saltaba de placer. Tanto que Elsa me pidió que me quedara quieta. Que no me moviera tanto. Es que yo no sabía qué era lo que tenía que hacer.

Tomó mi clítoris con el labio inferior de su boca mientras que con la lengua lo levantaba y lo acariciaba. Lo tenía aprisionado. Tres veces seguidas sentí esos espasmos tan lindos, espasmos a los que después les llamaría orgasmos. Luego tomó mi clítoris entre ambos labios y los apretó, como si quisiera mordérmelo, y en forma frenética empezó a mover su lengua de izquierda a derecha a una velocidad alucinante.

Empecé a retorcerme en la cama, sentía mi vientre como si estuviera hinchado, y lo que tenía en la vagina eran verdaderas convulsiones. Sentía además dolor en los ovarios, que luego Elsa me explicaría que eran normales porque me había excitado mucho.

Cada vez que sentía los espasmos, Elsa seguía jugando con su lengua y me hacía pegar saltos en la cama, y luego violentamente ella me acomodaba a su gusto y antojo para seguir chupándome. El calor era insoportable, la sábana estaba empapada con mi sudor y mi jugo, así que Elsa decidió que me pusiera de rodillas, mirando hacia la pared.

Esta vez fue Elsa la que se acostó en la cama boca arriba, y metió nuevamente su cabeza entre mis piernas. Me tomó de la cintura y me dijo que bajara mi sexo hasta su boca. Nuevamente me tomó el clítoris entre los labios y empezó a jugar con su lengua.

Esta vez me tenía agarrada de las nalgas y tiraba hacia los costados abriéndomelas, lo que me producía un fuerte dolor, pero gustoso. Sentí como con su dedo mayor de la mano derecha acariciaba en círculos mi ano como si quisiera meterme el dedo pero sin hacerlo, hasta allí había llegado mi jugo, y esa zona era una rara mezcla de sudor y jugo.

Me tenía aprisionada, cada orgasmo que me dejaba dando saltitos promovía que Elsa me sujetara con más fuerza como para no dejar de lamer mi sexo en forma ensañada. Mi pidió que me cambiara de lugar, y a su vez me pidió que empezara a hacerle las mismas cosas que ella me hacía a mí. Me incorporé, me di vuelta, apoyé mi sexo nuevamente en la cara de Elsa, y ella con sus manos empujó mi cabeza hasta su sexo.

Con su mano izquierda pude ver como se separaba la carne para que su clítoris quedara al descubierto. Con su mano derecha empezó a acariciarse y me dijo que así debía hacerle yo con mi lengua. Pude ver que su jugo era blanco y espeso. Estaba tanto o más mojada que yo.

Torpemente puse mi cabeza tratando de tomarle el clítoris con mi boca, y recuerdo que hundí mi nariz en su sexo lo que me aterró porque con sus jugos se me tapó la nariz y no podía respirar. Sé que Elsa tuvo un orgasmo, y lógicamente yo tuve otro. Sorprendentemente sonó el teléfono. Ambas saltamos espantadas.

citaMe explicó que cumpliría en un mes los 17 años y que ya era toda una mujer, y que entre mujeres siempre había secretos que no se les contaban a nadie. Ni siquiera a nuestras propias madres. Elsa me dijo que estaba fascinada con mi cuerpo.

Aún en el baño, empezó a masajearme las nalgas. Luego se puso de rodillas en el suelo, y con su lengua recorría la raya que separa las nalgas, mientras me las mordisqueaba por momentos.

Me llevó nuevamente para el cuarto, y luego de hacer a un costado la sábana húmeda, me dijo que me acostara boca abajo. Me preguntó si ya había empezado a masturbarme, y yo recuerdo que tímidamente le dije que no. Entonces tomó una almohada y la puso a la altura de mi pelvis. Me dijo que metiera mi mano entre mis piernas y que me tocara, hasta sentir lo que ella me había hecho sentir. Yo sabía bien lo que tenía que hacer, sólo que me dio vergüenza de que ella se diera cuenta de que le había mentido.

Yo metí mi mano entre la almohada y mi vientre y empecé a masturbarme, mientras sentía como Elsa me separaba las nalgas y empezaba a jugar en círculos con al agujero de mi culo. Elsa dobló la almohada a la mitad para que mi culo quedara aún más arriba, y cada vez hacía más presión, por un lado separando mis nalgas y por el otro con su lengua, la que totalmente recorría mi parte trasera más íntima y de a poco se metía dentro de mí.

Lo cierto es que me gustaba mucho, y estaba por venirme ese espasmo que yo quería que me viniera cuando sentía como perfectamente Elsa metía y sacaba su lengua de adentro mío. Me estaba penetrando con la lengua, y yo a esa edad no tenía idea de lo que me estaba haciendo.

A todo esto, la hora se nos pasó.

Elsa espantada mi dijo que fuera al baño a higienizarme rápido y juntó mi ropa, luego en el baño me ayudó a vestirme y me peinó. Volvió a decirme que lo que había ocurrido era un secreto que debía guardar bien, y que ni siquiera mi madre debía saberlo.

Esa misma noche Elsa le habló a mi madre y le dijo que debía empezar a ir todos los días a practicar, y que no nos cobraría más por eso, dado que yo era su mejor alumna pero estaba un tanto floja.

Pese a que mis padres se enojaron mucho con eso, nos vino bien porque era nuestra oportunidad de estar juntas.

Elsa me ha marcado para toda mi vida, y como ésta es una historia real, quiero compartirla con todos ustedes.

La he separado en capítulos, porque hemos tenido encuentros realmente increíbles, como por ejemplo la noche de mi cumpleaños, en plena fiesta.

O el día que di el examen...

Pero eso se los contaré luego.

Espero que hayan disfrutado parte de ésta historia que, insisto, es real, y por sobre todas las cosas sucedió aquí en Montevideo, Uruguay.



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