Tweets by HIRO__oficial

Cambio de orientación

Relatos ero: Cambio de orientación – Relatos lésbicos 


Todo empezó, en uno de esos momentos en que estoy a solas. Esos momentos donde mi mente empieza a elaborar fantasías para brindarme una sesión de placer conmigo misma.

Siempre voy a ver los partidos de fútbol en los que juega mi marido. Generalmente su equipo juega dos partidos en una tarde de domingo. Mientras juegan los maridos o novios, hablo con las mujeres de los jugadores, etc. Hay una chica joven, muy simpática y con un cuerpo de escándalo, pero lo que realmente me gustaban eran las grandes tetas que tenía.

Relatos eróticos

Cambio de orientación – Relato lésbicos



Una foto mental que se quedó en mi mente, fue en un partido de fútbol que hubo en verano. Ella apareció con una blusa blanca súper pegada al cuerpo que marcaba sus tetas, grandes y tiesas. Se le veían incluso un poco los rosados pezones. Llevaba una mini falda tejana y unos zapatos deportivos. Al llegar me saludó con mucho entusiasmo, como de costumbre. Yo no podía disimular mi entusiasmo y le miré las tetas inmediatamente, pero cuando me di cuenta, de que era muy evidente retiré la mirada. Estuvimos charlando animadamente, pero cada vez que me giraba y la miraba, no podía resistir mirarle las tetas. Menos mal que llevaba gafas de sol y no podía verme y empecé a fantasear, pero en una de esas mientras conversábamos, yo le pregunté directamente:

– ¿Te gusta que te chupen las tetas cuando haces el amor con tu novio?

– Sí, pero te confieso que me gustaría probar qué se siente cuando te las chupa una mujer – me contestó.

– Si quieres hacerlo ahora – me atreví a decirle – puedo ayudarte.

– ¡Claro que sí! – me contestó sonriendo – Pero no quiero que mi novio o tu marido se den cuenta.

– Tampoco lo quiero yo – añadí.

– Entonces hagamos como que vamos al baño – dijo y dirigiéndose a su novio, gritó – ¡Ya volvemos, nos vamos al baño y a comprar un refresco!

Empezamos a caminar hacia su coche y ella me decía que estaba mojada y ansiosa de que le chupase las tetas. Yo le dije que también estaba ansiosa para hacérselo. Hablábamos como si no estuviéramos hablando del tema, ya que nadie nos escuchaba mientras hablábamos. Llegamos a su coche, un cuatro por cuatro negro con las ventanas tintadas negras así que no se puede ver nada de dentro. Me hizo entrar y luego me dijo:

– Será mejor que nos alejemos un poco del campo donde están jugando, hasta un lugar en el que no haya nadie y así podremos estar más cómodas.

Me llevó a un paraje algo alejado de los campos donde varios equipos jugaban fútbol. Entonces aparcó. Yo estaba súper empapada y para esto me moría por romperle la blusa y chuparle las tetas. Entonces ella me dijo que pasáramos al asiento de atrás del coche, que era bastante espacioso. Se sentó delante de mí, se sacó la blusa y ahí estaban estas tetas grandes, todavía protegidas por su sujetador. Yo también me saqué mi camiseta y me quedé con mi sujetador. Sin embargo miraba sus tetas y se hacia agua la boca. Entonces ella me miró y me dijo:

– ¿Estás lista para ser la primera mujer en mi vida que me chupe las tetas?

– ¡Claro que sí! – le dije.

Entonces ella se soltó el sujetador y sus enormes tetas se libraron y quedaron muy cerca de mí. Yo estaba muy mojada y excitada pero quería que este momento se prolongara para que cuando me corriera, lo hiciera muy fuerte de tanta excitación. Quería correrme tan fuerte que sintiera un placer doloroso que me hiciera temblar. Entonces me dijo ella:

– ¿A qué esperas, por qué las estás contemplado?

Yo le pedí que se sentara en el medio del asiento y allí estaba ella con la minifalda mostrando sus muslos y sus tetas rebotando sensualmente. Yo llevaba una minifalda blanca con un tanga rojo y una camiseta negra que me había sacado, como dije, cuando ella se sacó el sujetador. Me senté delante de ella y con mucha excitación, empecé a tocarle las gordas mamas. Se las frotaba y apretaba con mucho fervor. Ella se recostaba y gemía despacio.

– Chúpamelas, por favor – me decía – Quiero sentir tu saliva en mis pechos.

Entonces yo ya no me resistí y empecé a chupárselas, mordiéndoselas como un bebé hambriento. Se las chupaba y mordía y ella gemía más. Sus pezones se ponían durísimos y ella empezaba a moverse como si se la estuvieran follando y me di cuenta que ella quería más, y paré empezando a sacarle la minifalda viendo que llevaba un tanga blanco transparente que estaba empapado.

Inclinándome, me fui hacia su coño y empecé a lamérselo por encima de su tanga. Ella me miraba con cara súper excitada, se mordía los labios y me dijo con voz alterada:

– ¡Sácame el tanga y cómeme el coño inmediatamente!

La verdad es que me quedé sorprendida de su excitación. Entonces paré y le pregunté:

– ¿Te ha gustado como te chupaba las tetas?

– ¡Oooh… sí, me has excitado a tope y quiero correrme varias veces! – decía – ¡Quiero que me folles, que me folles y yo follarte a ti hasta que estemos cansadas!

Yo le decía que teníamos que regresar pronto, pero a ella no le importaba.

– ¡Chúpame el coño, que estoy por reventar! – ella insistía.

Lentamente empecé a sacarle el tanga y pude ver como estaba de empapada, tanto que su sexo estaba pegado a la transparente tela. Me excitaba su olor y me moría por chupárselo. Entonces le saqué el tanga y empecé a lamerle el coño. Subía mi lengua arriba y abajo mientras le abría los labios y retrocedía el capuchón de su clítoris al tiempo que se lo lamía y chupaba. Mamaba fuerte mientras sentía que ella empezaba ponerse tensa y que pronto se iba correr. Entonces empecé a meterle los dedos dentro del coño y ella gritaba de placer y con un gemido sordo se corrió como una loca, tanto que sentía su corrida en mi boca.

– ¿Eres feliz? – le dije.

– Claro que sí – me contestó – Jamás había sentido tanto placer. Quiero más pero ahora es tu turno.

Yo le dije que no teníamos mucho tiempo, así que teníamos que apurarnos. Entonces ella me recostó en el asiento del coche donde ella estaba echada y me sacó la mini falda. Ella estaba desnuda delante de mí y lo único que yo pensaba era que quería masturbarme mientras ella jugaba con sus tetas preciosas y se metía el dedo en el coño. Mientras me sacaba el tanga, le dije lo que estaba pensando y ella me dijo que claro que lo haría. Entonces se sentó delante de mí empezó a acariciarse las tetas. Yo me senté y empecé a abrir las piernas mientras los labios de mi coño se separaban despacio, ya que estaban empapados. Ella me decía que le gustaba mi almeja, que se veía roja y deliciosa. Y de pronto empezó a hablar sucio. Me decía que yo era una puta deliciosa y que le gustaban mis tetitas, pues mis tetas son medianas y puntiagudas, con los pezones grandes y rosados.

Entonces empecé a jugar con mi clítoris mientras la miraba delante de mí, jugando con sus tetas. Yo estaba en éxtasis mientras la miraba y le dije que se me acercara más pues mientras me masturbaba quería chuparle las tetas. Lo hizo, se sentó delante y me dio sus tetas que yo chupé mientras ella empezaba a masturbarse también. Las dos nos masturbábamos como unas locas, tanto que se escuchaba el sonido de los dedos con nuestro sexo mojado. Esto nos excitaba más.

Cuando yo ya no podía más, me corrí con tanto placer que gritaba de dolor y temblaba. A ella todavía le faltaba entonces y le dije:

¡Sigue, puta preciosa… mastúrbate fuerte!

Ella seguía y yo me excitaba al verla y empecé de nuevo a masturbarme y así seguimos las dos hasta que ella me dijo:

– ¡Ya me corro!

Yo le dije que me dijera cuando lo hiciera, entonces yo empecé a masturbarme más fuerte hasta que las dos nos corrimos juntas. Estábamos empapadas de tanto sexo. Luego me dijo:

– Quiero correrme una vez más. Te he deseado desde hace siempre y no quiero olvidarme de esto por un buen tiempo.

Acepté, nos recostamos ambas en el asiento de atrás, abrimos nuestras piernas y mirándonos, empezábamos a masturbarnos y jugar con nuestras tetas mientras yo le decía:

– ¡Que guapa estás así, guarra, dale fuerte cariño… métete los dedos fuerte, que me vuelves loca…!

Me sorprendía de las palabras que nos decíamos, pero estábamos muy excitadas y cuando ella me dijo que se iba acorrer, yo la hice parar, ambas cambiamos de manos y yo la terminé masturbando mientras ella me masturbaba a mí. Rendidas y ya pasadas de tiempo, nos limpiamos con unos pañuelos de papel y yo la vestí. Le puse el sujetador mientras le daba un chupetón rápido en las tetas y luego le puse la falda más el tanga mojado y le di un beso en el coño antes de subírselo. Luego le puse la minifalda y listo. Ella también me vistió y ambas quedamos en tratar de hacerlo otra vez, pero solo cuando su novio y mi marido jugaban sus partidos. Nos fuimos del lugar y volvimos a la cancha de fútbol.

Mi marido nos pregunto donde nos habíamos ido y yo le dije que nos fuimos a tomar un refresco mientras conversábamos como cotorras. Las dos actuamos como si no hubiera pasado nada y al despedirnos, ella me dijo:

– ¡Nos vemos a la próxima!

– ¡Claro que sí! – dije yo y le sonreí.

Siempre que pienso en sus tetas, mi mente se va. Ojalá pronto pueda volver a probar esas tetas que me vuelven loca.



                 Sigue viviendo con pasión: Relatos lésbicos




Suscribarse a nuestra lista de correo

Y disfruta exclusiva y gratuitamente de:
– consejos sexuales
– actualizaciones de productos
– ofertas y promociones exclusivas
– y los relatos eróticos de mayor calidad.
* Información necesaria









Una invitada en casa

Relatos ero: Una invitada en casa – Relatos lésbicos 


Somos Ainoa y Gorka, ambos tenemos 33 años y no es por presumir pero los dos somos bastante guapos. Además cuidamos mucho nuestro aspecto y forma física, de hecho los dos vamos al gimnasio con regularidad. Como pareja nos va bien. Llevamos casados cinco años ya, pero fuimos novios otros seis años más. Con esto queremos que sepáis que nos conocemos muy bien y que hemos tenido también momentos más difíciles pero los hemos superado. En la cama nos compenetramos estupendamente, a los dos nos gusta el sexo a rabiar y de hecho follamos a diario y nuestras sesiones de folleteo son largas, intensas y muy placenteras para los dos. Pero no es de eso de lo que queremos hablar.

Relatos eróticos

Una invitada en casa – Relato lésbicos



Nosotros leer habitualmente el blog de HIROelplacer que nos sirve de estímulo para dar morbo y fantasía a nuestra relación pero creo que los dos somos un poco celosos y no llevaríamos nada bien que la otra parte fuese infiel y de hecho alguna vez que leemos experiencias en tríos, hablando del tema Ainoa siempre había dicho que no estaría nada cómoda con otro hombre, que ya conocía demasiado bien sus necesidades y que por ahora no quería problemas. Yo también decía que satisfacer a dos mujeres sería una labor hercúlea y si eran de la mismo fogosidad que ella, sería casi imposible.

Así pensábamos antes pero no ahora y todo cambió un fin de semana que una compañera de trabajo de Ainoa se tuvo que quedar en nuestra casa. Se llama Laura y es la mejor de sus amigas en la oficina, siempre están juntas y allí dicen que parecen hermanas, pues Laura también está muy buena y físicamente se parecen bastante.

Laura se compró un pequeño apartamento, dejando el que compartía con otras dos compañeras. Tuvo que empaquetar todas sus cosas, dejarlas en un guardamuebles y buscarse un hotel donde vivir esos meses. Al principio pensaba que de los gastos se haría cargo a constructora pero el contrato de venta está redactado a su favor y era ella quien debía sumir esos gastos.

Mi mujer, un día que estaban comentando el problema, sin pensarlo y sin consultarlo conmigo le dijo que para un par de meses podía venir a quedarse en nuestra casa ya que no tenemos hijos y hay sitio suficiente. Laura se lo agradeció y aceptó encantada, por eso cuando a la tarde me lo contó, discutimos. Yo le dije a Ainoa que serán buenas compañeras y todo lo que ella quiera, pero que nuestra casa era para nosotros y que nuestro día a día se iba a resentir , que una cosa es que se quedase un fin de semana y otra casi tres meses.

La discusión fue seria pues ella insistió en que era una de sus mejores amigas y que si necesitaba ayuda tenía que dársela. Hay que reconocer que es una mujer preciosa, como lo es Ainoa, y además de simpática y de saber estar, tiene algo que la hace especial.

Un día Ainoa me dijo que Laura, en el trabajo, le comentó que lo pasábamos muy bien pues todas las noches nos oía “trajinar” pasando mucha envidia y que noche sí y noche también acababa con el dedo acariciando su coño hasta correrse. Ainoa, entrando en confidencias, le confirmó que era cierto que lo pasábamos muy bien y que practicábamos sexo cada noche y muy a gusto.

Ainoa me lo contó por la noche y esa misma noche echamos un polvo glorioso sin cortarnos un pelo y eso que mi mujer es muy escandalosa al correrse. Cuando acabamos le dije que su pobre amiga se iba a tener que masturbarse por lo menos dos veces. Ainoa preguntó el por qué y yo me puse de nuevo encima de ella y follamos de nuevo con todo el jaleo que suele dar mi chica. Acabamos rotos y al día siguiente Laura le debió de comentar a mi mujer que vaya nochecita y que tenía que estar orgullosa de mi.

El tiempo fue pasando y nosotros seguíamos a nuestro ritmo, pero los fines de semana Laura volvía tarde e incluso algún viernes y sábados no dormía en casa. Yo le vacilaba a Ainoa diciéndole que pobre el que pillara por banda esa noche, pues después de lo que se calentaba con nuestros polvos, al que pilla lo destroza seguro.

Un fin de semana, que hacía un tiempo de perros, medio nevando, medio granizando, con muchísimo frío, nosotros no salimos y Laura también dijo que lo sentía pero con la noche que hacía no le apetecía salir de marcha. También nos dijo que si nos queríamos quedar solos lo dijésemos y cambiaba de planes. Por supuesto le dijimos que no. Como esa tarde teníamos tiempo, preparamos la cena entre los tres, ayudando cada uno en una cosa, luego saqué una de mis buenas botellas de vino y luego otra que también acabamos, aunque se lo bebieron casi todo ellas. Ya en la sobremesa empezamos con las confidencias y las conversaciones un poco subidas de tono. Yo aprovechaba que las dos estaban desinhibidas y les di bastante pacharán después del café y llegó un momento en que las dos estaban un poco pasadas. En el sofá, viendo la tele, mi mujer estaba súper revoltosa, venga hacerme cosquillas y meterme mano. Yo me dejaba hacer mientras Laura en su sillón medio adormilada, no se perdía detalle. Cuando Ainoa empezó a besarme yo pasé de todo y me dediqué a besarla, morderla y a tocarla por todas partes como sé que a ella le gusta. Ainoa ya estaba absolutamente fuera de sí y creo que debido al alcohol no era consciente de la situación pues ella ya estaba medio desnuda mientras le metía mano y su amiga no se perdía nada.

Llegó un momento en que me desabrochó el pantalón, sacó mi polla del calzoncillo y sin ningún pudor empezó a mamármela. Cuando me la había puesto al cien por cien se quitó el pantalón del chandal y subiéndose encima de mi, se la clavó y ella misma se iba follando.

En este momento su amiga, discretamente, se levantó para irse diciendo bajito “buenas noches”. Yo, muy cachondo, le dije que por mi podía seguir mirando, que a mi no me molestaba en absoluto. Ainoa estaba en otra onda y ni hablaba, solo se movía arriba y debajo de mi verga gimiendo y boqueando. Laura volvió a sentarse y metiendo su mano dentro del pantalón del pijama se empezó a masturbar. Tenía la cara roja y los ojos brillantes del placer. Primero se corrió Ainoa, luego se corrió Laura pero ninguna se paró, mi mujer siguió con mi polla dentro de su chocho y Laura siguió dándole al dedo. Al rato me corrí yo dando unos golpes de cadera muy fuertes que hicieron que Ainoa se corriese de nuevo y al poco también Laura.

Nos quedamos los tres como muertos, yo con mi mujer sentada encima de mi suspirando del esfuerzo y la otra toda abierta de piernas, con el pantalón medio bajado y la mano todavía entre los muslos. Así estuvimos un rato, medio dormidos y con el sonido de la tele de fondo. En eso Laura se levantó, mi mujer también y se fueron al servicio. Cuando volvieron se sentaron las dos en el sofá, una a cada lado de mi cuerpo y sin halar Ainoa me besó mientras Laura me metía mano directamente a mi aparato. Solo de lo imprevisto se puso tieso de nuevo. Por lo que me contaron luego, en el baño y mientras se recomponían un poco, habían hablado de lo ocurrido, las dos aún estaban muy aceleradas, Y Laura le dijo a mi mujer que tenía envidia de ella por disponer de un hombre como yo que le daba placer todos los días. Ainoa estaba orgullosa de mi y de ella y debido a la tontera le dijo a Laura que si quería probarme le dejaba hacerlo siempre que yo no pusiese pegas.

Por eso, cuando volvieron, en el sofá las dos se dedicaron a meterme mano y acariciándome consiguieron que me pusiese de nuevo en forma. La dos estaban bastante vestidas mientras que yo estaba con el pantalón en los tobillos y el rabo apuntando al techo, pero como no paraban de besarme yo aproveché para meterles mano y como pude ir quitándoles la ropa Con mi mujer no fue nada difícil, pues ella me ayudó quedándose desnuda en un momento. Laura seguía a lo suyo sin dejar en ningún momento de tocarme la polla mientras nos besábamos así que, dándole un pequeño empellón, la hice levantar y al tenerla de pie delante de nosotros, entre Ainoa y yo la ayudamos a quedarse también desnuda. Luego yo me incorporé un poco y me quité del todo el pantalón. Ya estábamos los tres iguales, desnudos.

En la sala se respiraba un ambiente denso, de sexo y nosotros no paramos en ningún momento de besarnos, de acariciarnos, de tocarnos en un pequeño crescendo que iba a acabar con los tres corriéndonos de placer y agotados. Ainoa seguía muy atontada pero con voz ronca me dijo que me follase a su mejor amiga para que supiera lo que era disfrutar de verdad. Ella misma la hizo inclinarse en el sofá y sujetándole una pierna me empujó encima de Laura. Yo tenía el rabo muy tieso y como Laura estaba mojadísima nada más ponerla en la entrada de su coño, casi sin empujar, entró hasta el fondo.

Ainoa nos ayudó poniendo las piernas de Laura en mi culo y yo empecé a bombear como si me fuese la vida en ello. Mi mujer, delante de mi, me besaba como podía, animándome a follarme duro a su amiga que gritaba, lloraba, reía, no sabía ni lo que hacía, pero lo que sigue lo contaré en una próxima carta









                 Sigue viviendo con pasión: Relatos eróticos





Suscribarse a nuestra lista de correo

Y disfruta exclusiva y gratuitamente de:
– consejos sexuales
– actualizaciones de productos
– ofertas y promociones exclusivas
– y los relatos eróticos de mayor calidad.
* Información necesaria









Y se hizo realidad

Relatos ero: Y se hizo realidad – Relatos lésbicos 


Me llamo Malena, tengo 20 años, nací y vivo en Turbaco. Soy estudiante y me gustaría contar la experiencia que viví en el último viaje de estudios. Aquel día, había sido agotador y estaba en la bañera descansando. Aún se oía ajetreo en las habitaciones de mis compañeros, pero pronto todos se irían a conocer la vida nocturna de la ciudad.

En el viaje de estudios, aparte de que no existe el cansancio, la vida rutinaria parece algo demasiado lejano para ser verdad. En el baño de la habitación estaba yo, una de las pocas personas que notaban el cansancio en toda su plenitud unido a un vacío en los bolsillos.

Relatos eróticos

Y se hizo realidad – Relato lésbicos



Me encontraba en un baño cálido y relajante de espuma, pensando en aquella chica a la que había observado durante todo el día y que estaría preparándose para que la disfrutase la fría ciudad y los curiosos ojos de todo aquel que la rodeaba. Y es que ella llamaba la atención allí donde estuviera, por su encanto y su viveza, por sus preciosas piernas y su sonrisa, por su… todo. – ¿Puedo entrar? – oí de pronto una voz femenina – Es urgente… solo será un momento.

Su voz resonaba detrás de la puerta.

– Está abierto – dije.

El pomo giró y ella entró como un vendaval, sin mirar a la bañera. Comenzó a hablar apresuradamente mientras buscaba en su neceser.

– Perdona pero es que tenía que tomarme la píldora, aunque no sé para qué pero como tiene que ser todos los días pues… ¡Oh, un baño de espuma, que envidia!

Mientras hablaba salían las palabras como una brisa constante, atropellada pero melodiosa. Sus voluptuosos labios se movían rápidamente y ella humedecía sus labios en las pocas pausas que concedía a su discurso.

– Pero que envidia… – repitió.

En un momento pensé que era lo que hacía ella allí, cuando todos estaban saliendo del hotel. Quizás se me presentaba una oportunidad. Si era sí, no la podía desaprovechar, debería arriesgarlo todo.

– Y tú… ¿no sales? – le pregunté.

– No, no pensaba salir… – replicó.

El cielo se había abierto, solo un sí más y todo podría ser precioso.

– Porque entre que no tengo ya muchas pelas y que estoy cansada, pensaba irme a mi habitación, pero con lo del cambio de las maletas con el neceser… y además, si tú te quedas… – siguió ella.

Era algo directo, no era si el guapito de clase se quedaba, no era por aquella persona hundida en la bañera. Si lograba convencerla para eso, me creía con fuerzas para todo. Algo de seducción en el cuarto de baño no podía ser del todo malo, pensaba yo. Ella miró al agua, aun quedaba mucha espuma y el agua seguía tibia. No había nadie ya en el hotel.

Ella entornó la mirada y sonrió de aquella forma tan coqueta y pícara al mismo tiempo. Entreabrió los labios y susurró:

– ¿Te molesta si me meto en la bañera contigo?

El estómago me dio un vuelco y noté como un calambre me recorría la entrepierna.

– Yo… yo, no… no, a mi no me molesta, digo que no, que si quieres comparto la bañera contigo… vaya si a ti no te importa… – balbuceé.

El agua parecía más tibia, el aire parecía más suave. Era como si mis fantasías se fuesen a cumplir. Increíble pero cierto. Ella estaba apoyada en el lavabo y tenía las piernas cruzadas, esas piernas suaves, doradas, eróticas. Movía los dedos con destreza, mientras imaginaba lo que podrían hacer esas manos, de dedos largos y delgados. Su silueta se marcaba a contraluz con el fluorescente blanco del lavabo. De vez en cuando ella miraba a la bañera y sonreía.

Yo no veía el momento de que aquella deseada muchacha entrase desnuda en la bañera. Podría sentir sus piernas, su vientre, incluso era posible llegar a su pubis. Ella se desabrochó el pantalón corto y lo tiró a la esquina del cuarto con un movimiento de pie. Se quitó los calcetines primero, dejando ver los diminutos dedos de sus pies. Los estiró como desperezándolos. Se desabrochó el sujetador con la camiseta puesta y se lo sacó por una manga. Era azul marino y desde la bañera se podía sentir casi el calor de aquella prenda.

Deslizó las bragas y las dejó caer hasta sus tobillos. Yo estaba en un estado de excitación extraño por ser tan solo provocado por un espectáculo espontáneo que desembocaba en el desnudo. Miró hacia la bañera y sonrió, como si se sorprendiese de que la perfección de su cuerpo fuese objeto de aquella mirada.

– No me mires así – me dijo – Ya sabes cómo es un cuerpo de mujer, ¿no?

Con ambas manos sujetando el borde de la camiseta, con los brazos cruzados por debajo del pecho, comenzó a subir la prenda por las caderas. Mirándose en el espejo dejó su trasero redondo, respingón, liso y firme al descubierto. Más arriba comenzaba la espalda, recta con una curva suave en las caderas y en un momento una cascada de rizos morenos cayó hasta la mitad de la espalda. Se dio la vuelta, encogiéndose como para taparse.

– ¿Me dejas un hueco? – dijo.

Me encogí en la bañera y dejé que ella entrase en su zona, para que una vez allí pudiera saltar sobre mi presa para hacerla mía. Sentía una extraña dulzura en el agua al saber que la compartía con ella. Entrecruzamos las piernas mientras ella seguía hablando como si no ocurriera nada. Con los talones nos rozábamos el final de la espalda. Ella tenía la cabeza echada hacia atrás, mostrando ese cuello blanco y largo. El humo del cigarrillo que había encendido, salía de entre sus labios cruzado con palabras melodiosas.

Pasé unos minutos escuchándola, oyendo cada palabra para formar con esos sonidos las frases que tanto anhelaba oír. Sus firmes pechos emergían por momentos de entre la espuma dejando al descubierto un pezón sonrosado y encogido por el contraste del agua y la temperatura del baño. Cada detalle era un mundo en aquel cuerpo, en aquella chica tan perfecta y meticulosamente creada con pequeños pedazos de cielo.

Sus ojos se clavaban en el techo y dejaban ver aquel color verdoso que evocaba lagos tranquilos de profundas aguas. Cuando sonreía a mitad del discurso, miraba a los ojos ausentes que tenía frente a ella y el verde de esas aguas chispeaban divertidos. Habían pasado varios minutos y la piel comenzaba a arrugarse, pero solo ella estaba lo suficientemente consciente como para percatarse del detalle.

– Deberíamos salir – dijo – Parece que te duermes y yo empiezo a arrugarme…

– Sí, sí… vamos afuera, hay un par de toallas por aquí – respondí.

Ella permaneció quieta como para ser la última en dejar su cuerpo desnudo al descubierto, ya que casi lo había hecho antes. Observé cómo salía de la bañera, como escondiéndose por miedo a mostrarse. Alargué la mano ofreciéndole la segunda toalla y salí de la habitación.

Ella recogió su ropa y se puso solo la camiseta. Al salir estaba la toalla sobre la cama y miré hacia el cuerpo desnudo, sentado en el suelo. Comencé a preguntarle por su vida amorosa y ella contestaba sin miedo a cada cosa que yo decía. Intentaba que ella admitiese solo una cosa, tan solo decir un sí, para que todo fuera perfecto, pero las preguntas parecían no tener salida. Ella contaba experiencias que no ayudaban. Como una prueba de fuerza pensé que podría acercarme y besarla, si ella accedía, podría ocurrir cualquier cosa.

Me armé de valor y la besé. Ella no opuso resistencia. Sus labios, tantas veces soñados, estaban al fin en contacto con los míos. Tras una leve resistencia, nuestras lenguas fogosas se movían libremente entre ambas bocas.

Al final del trance, besé con ternura su labio inferior esperando que ella decidiese permitirme hacer algo más.

– ¿Por qué? – murmuro ella sorprendida.

– Podría decir que me he enamorado de ti, podría decir que eres hermosa, inteligente, bueno, que te quiero – contesté.

Debió de sentirse halagada pues a eso solo contestó con un beso suave y lento. Nuestros cuerpos se juntaron. Mis manos acariciaban aquel pezón que se dejó entrever en la bañera. Le quité la camiseta y besé su cuello, mordí sus lóbulos y jugueteé con sus orejas.

Acariciando aquellos pechos, tantas veces soñados, fui besando poco a poco su vientre, llegando a sus caderas. Recorrí sus piernas, besando cada recodo de su piel. Tanto tiempo deseándolo merecía todo el tiempo disponible. Sus finos muslos temblaban mientras acercaba mi boca a la piel. Su pubis seguía húmedo y su interior se mostró del mismo modo al abrir las piernas de ella. Allí estaba el pequeño botón del placer, brillante, esperando el contacto. Lo besé con suavidad y ella gimió. Estaba sobre la cama con los ojos cerrados y mientras yo recorría su chochito con la lengua, arqueaba la espalda respirando profundamente. Excitando el clítoris con la lengua ella gemía y se movía pidiendo más.

Abarqué con mi boca toda esa flor sonrosada y pude sentir aquel fluido cálido saliendo de ella. Introduje dos dedos en su interior. Era tibio y en esos momentos resbaladizo. Comencé a moverme dentro de ella mientras seguía lamiéndole el clítoris. Ella se encogía y arqueaba la espalda al ritmo de los gemidos. Era feliz por darle placer, por hacerle sentirse bien. Cuanto más se excitaba ella, más me aplicaba a su sexo, hasta que se encogió y gimió más profundamente, pidiendo que parara.

– No puedo más – dijo.

Ella recobraba la respiración mientras todo volvía a la normalidad. El fluido se deslizaba por sus muslos. Nos abrazamos entre el sudor y el cansancio.



– ¿Sabes cómo hacerlo, eh? – dijo sonriendo.

– Siendo una mujer, sé cómo darle placer a alguien de mi mismo sexo – contesté.

– ¿Y qué vamos a hacer ahora? – preguntó.

– Abrázame – dije simplemente.



Nos abrazamos y permanecimos abrazadas, acariciándonos suavemente, sin pensar en el mundo fuera de aquella habitación, disfrutando tan solo del momento. Un momento que desde entonces se ha hecho largo, muy largo.



                 Sigue viviendo con pasión: Relatos eróticos




Suscribarse a nuestra lista de correo

Y disfruta exclusiva y gratuitamente de:
– consejos sexuales
– actualizaciones de productos
– ofertas y promociones exclusivas
– y los relatos eróticos de mayor calidad.
* Información necesaria









Polvo salvaje

Relatos ero: Polvo salvaje – Relatos erótico  


La historia que os voy a contar, amigos de HIROelplacer, sucedió el verano pasado. Era verano, y como cada año fuimos de vacaciones a la playa, a casa de unos amigos nuestros. Aquellas prometían ser unas vacaciones muy divertidas, en la casa estábamos 3 parejas, nosotros, los dueños de la casa y un hermano del dueño y su mujer.

Relatos eróticos

Polvo salvaje – Relato erótico 



Por las mañanas suelo levantarme temprano, me gusta bañarme en la playa a primera hora y cuando acabo de mi baño me gusta preparar el desayuno. En esas primeras horas del día puedo estar sola, nadie me molesta. Pensé que durante aquellas vacaciones mi marido recuperaría las ganas de hacer el amor. Él siempre está cansado y nunca tiene ganas de hacer el amor, pero yo soy una mujer caliente y pasó la mayor parte del día excitada.

Cierta mañana que estaba limpiando el chalet sentí mucho calor y me quité la blusa. Mis maravillosos pechos quedaron al descubierto. La verdad, no pensé que nadie pudiera estar viéndome pero al mediodía pude comprobar que sí, que alguien me observaba. Después de comer todos se fueron a hacer la siesta, menos el amigo y su hermano que se fueron al salón. Yo me fui a otra habitación que está justo al lado de donde se encontraban ellos, pero les oí hablar y oí como el amigo le decía a su hermano:

– Caramba, la verdad es que la visión de sus tetas ha dejado mi polla tiesa.

– Mi mayor sueño sería restregarle a esa puta mi polla entre sus grandes mamas – le contestó su hermano, oí como se reían y decían – Como todo lo tenga tan grande, su marido debe disfrutar mucho.

Luego ya no oí nada más. Pensé que se habían dormido o estaban callados. Me acerqué y vi como los dos tenían la polla en la mano y se la estaban pelando como monos. Aquella visión me puso muy cachonda. La verdad es que yo estaba muy necesitada y ver dos pollas tan desaprovechadas me puso muy caliente. Entré sin hacer ruido y cerré la puerta. Ellos se quedaron quietos, me observaron y les dije:

– ¿Puedo hacer algo por vosotros?

– Sí, podrías enseñarnos tus tetas, la verdad es que estamos tan empalmados que nos gustaría volver a verlas – dijo el hermano del amigo.

Naturalmente no pude negarme, me quité la blusa y el sujetador y mis pechos quedaron al descubierto. Otra vez volvieron a pelársela como dos monos. Casi me da algo, nunca nadie antes se había excitado de esa manera al verme desnuda. Entonces yo les dije que estaba muy caliente y el hermano dijo:

– Eres una calentorra, seguro que tu chocho ya está encharcado.

Dije que sí, él se levantó de su asiento y empezó a sobarme el culo, luego me bajó las bragas y empezó a tocar mi coño, que es negro y peludo.

– Eres una puta y te vamos a dar tu merecido – dijo entonces mi amigo.

En el acto comenzó a restregar su enorme pollón por el coño, y su hermano empezó a lamer mis pezones. Estaba tan caliente que no podía resistirme. Mi amigo le decía a su hermano:

– Mira Antonio, seguro que nunca has conocido a una guarra como esta.

– Ahora vamos a comprobar si eres tan guarra como dice mi hermano, venga ahora vas a chupar mis cojones – dijo Antonio. La verdad es que la visión de sus cojones me excitaba, eran gordos y peludos. Yo empecé a pasar la lengua por esas dos grandes bolas, mientras Antonio decía:

– Caramba qué gusto, que bien chupa esta puerca.

– Yo aún no estoy convencido de que sea una auténtica puerca, venga puta chúpame el culo – dijo entonces el amigo.

Empecé a chuparle el culo, mi lengua entraba y salía de su agujero, mientras con la otra mano le masajeaba sus cojones. Entonces Antonio se puso detrás de mí y me metió la polla por el culo diciendo:

– Vamos zorrita, venga que estamos muy calientes, ahora quiero que te metas la polla de mi hermano en la boca.

Mientras Antonio me daba por el culo, empecé a chupar la polla de mi amigo, que tenía una tranca maravillosa.

– Vaya – exclamó Antonio – es una auténtica guarra, la vamos a tener todo el verano abierta de patas.

– Venga Antonio, déjame que ahora la folle yo por el culo, ya sabes que mi mujer no me deja que se lo haga y quiero saber que se siente – dijo mi amigo.

– Bien, hermanito aquí tienes su culito para ti.

Mientras mi amigo me la introdujo por el culo, su hermano puso su polla entre mis tetas, y otra vez me puso sus grandes cojones en la boca.

– Oh, qué bien lo haces, chupas tan bien, que ahora soy yo el que va a comerte ese chochazo que tienes.

Mi amigo dejó de darme por detrás y puso la polla en mi cara, donde me la restregó a base de bien y yo chupaba sus grandes bolas, mientras Antonio me estaba haciendo una gran comida de coño. Entonces decidimos que ya era hora de hacer algo en serio y el amigo dijo:

– Vamos, tengo ganas de follar tu coño de zorra caliente.

– Pues yo voy a encularla – dijo Antonio.

Yo estaba muerta de placer y había tenido ya como 6 ó 7 orgasmos. Ellos no paraban de entrar y salir, y decían:

– Así, así, te la metemos hasta los cojones. Que buena estás cabrona. Tiene el culo tan abierto que parece un coño. Menuda zorra tenemos como amiga y no lo sabíamos.

Yo me estaba relamiendo de gusto y ya no podía más. La verdad es que estaba saciando toda mi hambre atrasada con aquellos dos machos. Y cuando ya estaban a punto de correrse, decidieron hacerlo en mi cara.

– Venga, vamos guapa chúpanosla, nos vamos a correr en tu cara de zorrón.

– Yo prefiero correrme en sus tetazas de vaca – dijo Antonio.

Me puso su polla entre mis tetas y empezó a restregarse, yo mientras tanto empecé a chupar la polla y los cojones de mi amigo, y así se corrieron a la vez.

Fue una tarde muy excitante, aunque durante aquel verano pasaron otras cosas que ya os contaré en próximas cartas.



                 Sigue viviendo con pasión: Relatos eróticos




Suscribarse a nuestra lista de correo

Y disfruta exclusiva y gratuitamente de:
– consejos sexuales
– actualizaciones de productos
– ofertas y promociones exclusivas
– y los relatos eróticos de mayor calidad.
* Información necesaria









Publicación recomendada

SEXO Y RELACIONES

SEXO Y RELACIONES En nuestra sección de SEXO Y RELACIONES vas a disfrutar de un mundo de historias de sexo. Desde cuentos eróti...