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Una historia bondage (I): las consecuencias – Relatos eróticos

Una historia bondage (I): las consecuencias – Relatos eróticos

Este es el primero de una serie de cuatro relatos eróticos que nos envía nuestra nueva colaboradora Mimmi Kass. Sin prisas, pero sin pausas, desde un sexting imaginativo y el recuerdo de sensuales arañazos, el bondage de esta historia erótica nos irá atando a la intensa relación sexual de Carolina y Miguel.


Relatos eróticos, Historias de sexo y Relatos porno
«Todavía me arden los arañazos de la espalda».


Carolina leyó el mensaje en su móvil, disimulado bajo la mesa, y consiguió reprimir una sonrisa sibilina. Se movió sobre la butaca de cuero de la Sala de Juntas, ansiosa, para intentar calmar el calor entre sus piernas. Miguel la había bombardeado con mensajes subidos de tono todo el día y eso le generaba una deliciosa desazón.


Intentó poner atención a la charla sobre resultados económicos de la empresa, pero solo podía pensar en saltar al coche y salir al encuentro de Miguel. Llevaban cinco días sin verse. Toda una eternidad.


Consideró seriamente levantarse e ir al cuarto de baño a masturbarse. Buscó a ciegas con la mano dentro de su bolso hasta acariciar la superficie satinada de su discreto vibrador con forma de pintalabios, y revivió las dulces sensaciones que le provocaba. Mala idea. Muy mala idea: el calor entre sus piernas aumentó y se hizo más consciente del roce del encaje del sujetador sobre sus pezones…


Su colega de Marketing seguía hablando, entusiasta e infatigable. Ella no era capaz de escuchar más que un murmullo inconexo de palabras. Su respiración se agitó y cerró los muslos con fuerza. Necesitaba salir de allí. Ya.


La casi imperceptible vibración del móvil entre sus dedos volvió a llamar su atención.


«Tengo preparadas varias sorpresas. No tardes. Voy a necesitar mucho, mucho tiempo».


“¡Maldito cabrón!”, le insultó hacia sus adentros. La estaba poniendo a cien.


Por fin acabó la reunión. Sus compañeros discutían dónde tomar algo; era el ritual de todos los viernes.


Su jefe la agarró del brazo con suavidad.


—Esta vez no te escapas, Carolina. Ven con nosotros a tomar una copa —Su sonrisa apreciativa dejaba bien a las claras que estaba interesado en invitarla a varias, pero ella, a pesar de que era muy atractivo, solo podía pensar en recorrer el cuerpo duro y trabajado de Miguel. Ya habría tiempo para valorar su oferta.


—¡Lo siento mucho! Tengo un compromiso, pero la próxima vez prometo acompañarte.


“Acompañarte”. Lo había dejado claro: a él, no al grupo.


Añadió una sonrisa sugerente a su respuesta y, con ella, pareció aplacarlo. Ya buscaría una nueva excusa la semana siguiente. O no.


La música en el coche no hizo más que aumentar su excitación.  Los Artic Monkeys sonaban a todo volumen y la boca perversa de Miguel aparecía cada vez que Alex Turner se lamentaba con ese Crawling back to you. Carolina sintió de nuevo la embriagadora sensación de poder al recordar sus uñas clavándose en la espalda masculina,  y fantaseó con tenerlo rendido y enjaulado entre sus cuatro extremidades, acorralado como la presa de una gata en celo. Pero el atasco en la M40 hacía que salir de Madrid fuera una locura.


Repiqueteó las uñas rojo sangre sobre el volante de cuero, incapaz de contenerse. En cuanto pudo apretar el acelerador en dirección a la Sierra, activó el manos-libres del coche y llamó a Miguel. La voz al contestar, grave y sensual, evocó el tacto húmedo y exigente de la boca masculina sobre su sexo, que se tensó hasta el dolor.


—¿Qué me tienes preparado? No puedo esperar —preguntó, tras contestar a su saludo. Él se echó a reír, como si ocultara un gran secreto.


—Algo especial. ¿Cómo has pasado el día? —El tono de su voz indicaba a las claras que era una pregunta con segundas intenciones.


—Incómoda. Excitada. Cada vez que leía uno de tus mensajes… —Carolina se interrumpió, dejando la frase en el aire. Él murmuró una aprobación.


—¿Excitada? Quiero que lo compruebes. Tócate y dime lo mojada que estás.


Carolina miró al techo del coche y soltó una risita pícara.


—Eso no es necesario. Te aseguro que lo estoy.


—Métete los dedos y dime lo mojada que estás. Ahora. —La autoridad de su voz no palidecía, pese a estar al otro lado del teléfono—. Hazlo. Despacio. Primero acaríciate el interior de los muslos.


Carolina agarró el volante con una mano. Rodaba a poco más de ciento veinte kilómetros por hora, así que puso atención en controlar la velocidad. No era la primera vez que hacían esto, y sabía que hundiría el pie en el acelerador si la llevaba hasta el final. Se acarició la suave piel desnuda, por encima de la línea de sus medias, y llevó dos dedos hasta la entrepierna de sus bragas. Desplazó la tela a un lado, y comenzó a acariciarse con un movimiento circular que abarcaba el clítoris y su hendidura. Estaba húmeda y endulzada.


—Estoy empapada —murmuró, con la voz atenazada. Los acordes de Closer, de Nine Inch Nails sustituyeron al sensual pop inglés , y su excitación se disparó, sin posibilidad ni deseo de controlar la velocidad.




—No puedo esperar a arrancarte esas bragas y comprobarlo con la boca yo mismo —respondió Miguel. Carolina reprimió un gemido y profundizó con sus dedos un par de centímetros más.


—Estás loco —jadeó—. ¿Sigo?


—No. Quiero que te concentres en la carretera. Hace mucho frío y podría ser peligroso. Nos vemos en media hora. No tardes.


Y colgó.


“¡Cabrón!”, pensó Carolina. Retiró los dedos de su interior y limpió la humedad de su sexo en la boca, mientras sentía crecer su irritación. Frotó sus muslos, intentando apagar el fuego entre ellos, sin resultado. Sabía que la estaba provocando a propósito y esbozó una sonrisa torcida. Se lo haría pagar en la cama. Y ya no quedaba mucho para llegar.


La puerta corredera que daba acceso a su chalet se abrió sin necesidad de llamar. Miguel la estaba esperando. Aparcó frente a la entrada, y se ciñó la chaqueta de cuero sobre el pecho. Hacía un frío de  mil demonios. La puerta se abrió de improviso antes de llamar al timbre, y se vio arrastrada hacia adentro por Miguel, que la placó contra la entrada.


—Has tardado una eternidad —murmuró sobre sus labios.


Su rodilla se abría paso ya entre sus muslos para abrirle las piernas y sus manos tiraban de la ropa. Carolina se aferró a sus bíceps, para no perder el equilibrio ante su empuje.


—Empezó a caer aguanieve. Tuve que venir con cuidado —respondió, justificándose como una niña que llega tarde a clase.


Desabrochó uno a uno los botones de su camisa blanca y le acarició los pectorales. Deslizó las manos por su espalda y encontró las líneas duras de los arañazos que se había ganado el fin de semana anterior.


—¡Oh! No pensé que fuera para tanto —susurró, fingiendo un tono compungido.


Él soltó un gruñido mientras la despojaba de la blusa a tirones y le quitaba la falda.


—Cada vez que la camisa me rozaba las heridas, me ponía duro. —Empujó su erección contra el abdomen de Carolina, demostrando sus palabras—. He pasado toda la semana pensando en cómo castigarte por ello.


—¿Castigarme? —preguntó ella con una sonrisa angelical.


—Sí. He tomado medidas para que no se repita.


Bondage


Se apartó un poco y sacó del bolsillo de su pantalón unas largas tiras de satén de color púrpura. Carolina sintió el núcleo de su placer vibrar con rabia ante la visión de las ataduras. Nunca antes la habían atado…



Ya puedes continuar con la segunda parte aquí: Una historia bondage (II): el castigo – Relatos eróticos


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Una historia bondage (IV): tablas – Relatos eróticos

Una historia bondage (IV): tablas – Relatos eróticos

La serie de relatos eróticos bondage de Mimmi Kass toca a su fin, con una intensa historia de sexo y amor adornada con las ataduras del arte japonés del Shibari. Más allá del BDSM iniciático, más acá del juego sexual, esta historia erótica no te dejará indiferente.

Si deseas comenzar la serie en los relatos previos, puedes hacerlo desde aquí:

Una historia bondage (I): las consecuencias – Relatos eróticos
Una historia bondage (II): el castigo – Relatoticos
Una historia bondage (III): la venganza – Relatos eróticos

O entra de lleno en el bondage más sensual…


Relatos eróticos
 Por cortesía de Tentesion.


Carolina esperó con impaciencia, tamborileando con los dedos en el volante, a que se abriera la puerta corredera del chalet de Miguel. Aparcó junto a la entrada y respiró profundo. Estaba preparada para que le devolviera el golpe: dejarlo a medias después de haber follado con Martín, con él mirando y esposado, había sido una jugada sucia. Esperaba una réplica a la altura de Miguel. La idea de lo que podría recibir la preocupaba, pero sobre todo, la excitaba.

Entró por la puerta entreabierta y miró a su alrededor, extrañada. El vestíbulo estaba en penumbra, y podía oír la música suave de Coldplay que llegaba desde el salón, a bajo volumen. No pudo evitar recordar la agonía y el placer que vivió atada a aquella puerta, y se dio unos minutos para estudiar el ambiente. Esta vez, Miguel no la pillaría por sorpresa.

—Estoy en el salón.

La voz masculina interrumpió sus cavilaciones y se acercó hasta él. Estaba sentado en el sofá frente a la chimenea, vestido con un pantalón gris de algodón y una sencilla camiseta blanca. Descalzo. ¿Qué estaría tramando?

—¿Estamos solos? —preguntó Carolina, algo brusca. Él esbozó una sonrisa imperceptible al verla examinar la estancia con el ceño fruncido.

—Estamos solos. Ven, siéntate conmigo.

Carolina ignoró su invitación y se acercó al fuego. Extendió los dedos hacia las llamas, y se quedó allí durante unos minutos, incapaz de deshacerse de las conspiraciones en su cabeza. Miguel parecía tranquilo y relajado. No parecía que se fuera a abalanzar sobre ella en busca del orgasmo negado, o que fuera a vengarse. En vez de eso, se acercó desde atrás y la abrazó por la cintura.

—Tengo una propuesta para ti: quiero atarte de nuevo. —Carolina lo miró durante un segundo, se echó a reír y comenzó a negar con la cabeza. Pero Miguel la detuvo—. Sé que te gustó.

—No me gustó sentirme indefensa. Quiero decir —rectificó, dándose la vuelta para mirar a Miguel a los ojos—, quiero poder defenderme con todas mis armas.

—No hay nada de lo que tengas que defenderte.

—¿No? —preguntó Carolina, con tono retador. Miguel volvió a sonreír. Parecía cansado.

—No. Quiero que dejemos de lado el pulso absurdo que nos traemos. Ha sido divertido —reconoció—, pero ahora necesitamos algo distinto.

Carolina se relajó al escuchar sus palabras. En unos segundos, pareció que le quitaban una losa de encima. Llevaba toda la semana preguntándose lo que la esperaba. Con un suspiro, se descalzó los tacones y rodeó el cuello de Miguel con los brazos,

—¿Qué tienes en mente?

Recorrió sus labios con la lengua, y se besaron despacio, con más calidez que lascivia. Deslizó la mano hasta su entrepierna con el objetivo de encenderlo, pero Miguel la apartó ligeramente y señaló unas cuerdas en el suelo.

—¿Sabes para lo que son?

Ella las examinó con atención. Eran delgadas, gráciles. Estaban colocadas en hatillos ordenados y el calor de las llamas les daba un sutil color dorado. Todo su cuerpo se tensó.

—Para Shibari.

Su piel se erizó con expectación al pensar en los preciosos grabados japoneses que decoraban la habitación de Miguel. Siempre la fascinaron, pero hasta ahora Miguel no había dado señales de saber hacerlo, o de querer hacerlo con ella.

—Desnúdate.

Carolina se quitó el vestido de lana por encima de la cabeza. Miguel esbozó de nuevo esa sonrisa depredadora que le decía a gritos que se la follaría en ese mismo instante, pero no se movió. Manipulaba uno de los hatillos entre sus manos expertas, sin apartar la mirada de ella. Dobló la cuerda por la mitad, y la dejó extendida a sus pies sobre la alfombra.

El precioso juego de lencería gris y las medias de Carolina siguieron el mismo camino del vestido sin que él prestara la menor atención. Eso sí era una novedad. Carolina se irguió ante él, y por primera vez sintió la vulnerabilidad de su desnudez.

Miguel se arrodilló junto a la chimenea, y arrastró a Carolina frente a él.

—Tiéndete en la alfombra —le ordenó. Carolina estaba reacia, seguía pensando que, en cualquier momento, Miguel la sorprendería con alguna jugada—. Tiéndete—repitió, empujándola con gentileza, con la palma de la mano apoyada entre sus pechos.

Carolina obedeció y se acostó de espaldas.  Su respiración comenzaba a acelerarse. El calor de la chimenea se derramaba sobre su piel y observó a Miguel, arrodillado a sus pies. El fuego otorgaba a sus ojos un brillo extraño.

La acarició desde la rodilla hasta el pie y ella se revolvió, anhelante. Contuvo el aliento cuando Miguel le rodeó el tobillo con la cuerda, menos áspera de lo que habría esperado, e hizo un nudo firme. Percibió con claridad cómo su cuerpo comenzaba a despertar entre sus manos.

Tirando de las hebras, la obligó a acercar el talón hasta que tocó su trasero y, con calma, envolvió con varias vueltas de la cuerda su pierna flexionada. Carolina la sentía clavarse en su piel como una serpiente, sedosa y firme. Cuando Miguel terminó, estaba totalmente inmovilizada.

—Es precioso —murmuró, al contemplar el contraste de las ataduras sobre su piel pálida.

Miguel asintió sin decir nada. Estaba concentrado, con los párpados entornados y pendiente de sus reacciones. Siguió con la otra pierna. Esta vez, Carolina fue más consciente de las caricias de los dedos masculinos sobre la piel, que dejaban un reguero de fuego, haciéndola más sensible al tacto de la cuerda. Cuando acabó, tenía las dos extremidades envueltas en sendas espirales doradas. No podía moverlas ni un milímetro, sentía su abrazo firme y constante, y por un segundo, sintió miedo.

—¿Cómo se llama? —Carolina sabía que cada atadura respondía a un nombre, y quería grabarlo en su memoria junto con la imagen exótica de su cuerpo.

Futomomo —respondió Miguel, lacónico.

Su tono de voz hizo que lo mirara con atención. Tenía los ojos fijos en su sexo, y Carolina abrió las rodillas para exhibirlo frente a él. Las hebras se enroscaron en sus piernas, acomodándose a la nueva postura. Miguel se desplazó entre sus muslos inmovilizados y deslizó las yemas de los dedos justo entre los labios empapados de su entrada. Ella dio un respingo ante lo inesperado de la caricia y arqueó la espalda como invitación, pero Miguel extendió la humedad hacia su monte de Venus, haciendo que su piel se erizara, y negó con la cabeza.

—Aún falta mucho, Carolina.

Sus pezones se endurecieron, y su interior se licuó como el hierro fundido ante la promesa.

Miguel gateó a su lado, sin romper el contacto visual y la ayudó a incorporarse, situándola entre sus piernas. Carolina se recostó en su pecho, y odió el tacto de la tela de algodón que lo separaba de ella.

—Quítatela. La camiseta, quítatela. Quiero sentir tu piel —exigió.

Miguel se desprendió de la prenda y Carolina se recostó sobre su tórax desnudo. Experimentó una inesperada sensación de alivio al apoyar su espalda en él, que la estrechó por un segundo entre sus brazos. La música seguía impregnando el ambiente y se inició una de las canciones favoritas de Carolina…
 



Miguel escogió ese preciso momento para incorporarla y llevarle los brazos hacia atrás. Comenzó a atarle los antebrazos, de manera que cada una de sus manos sostenía un codo. Sus pechos saltaron hacia adelante en una postura forzada. Carolina se derretía con cada roce de los dedos de Miguel sobre la piel, cada caricia de las cuerdas bailando al compás de la desgarradora canción.  El abrazo de las hebras doradas frunció sus pezones hasta el dolor, su sexo expuesto destilaba la miel que delataba su excitación y su deseo. Miguel trabajaba infatigable, concentrado en tensar, anudar y rodear su cuerpo, con la boca muy cerca del cuello de Carolina, haciéndola estremecer con cada exhalación de su aliento cálido.

Takatekote —murmuró, cuando hubo terminado la obra en su torso y sus brazos.

Carolina apenas le prestó atención, solo podía sentir con la piel. Apoyó la cabeza en su hombro, arqueando la espalda para darle acceso y entreabrió los labios, como una ofrenda. Miguel por fin la besó. Sus manos la acariciaban desde atrás, recorriendo los pezones atrapados entre las cuerdas. Cuando su mano se dejó caer hasta su sexo inundado, Carolina jadeó, moviendo sus caderas con exigencia.

—Te necesito —murmuró.

No era una súplica, ni una orden. Era la realidad más pura y descarnada, sin subterfugios, sin trampas ni juegos, y Miguel así lo entendió.

La sujetó con fuerza de las cuerdas a su espalda y la tendió contra el suelo. Carolina se vio obligada a apoyarse sobre sus piernas flexionadas y abiertas, exhibiendo sus orificios ávidos. Miguel se bajó el pantalón por las caderas para descubrir su erección, y se enterró en ella a la vez que ambos emitían un gemido agónico de alivio.

Comenzó a moverse en su interior sin que Carolina pudiese hacer nada. Inmovilizada, indefensa, se dejó invadir por el torrente de placer que cada embestida de Miguel desencadenaba en ella. La música del Stay de Rihanna acompañaba las lentas y profundas acometidas. Miguel de pronto, se retiró de su interior y Carolina se giró para pedir explicaciones por su súbito abandono, pero Miguel no la hizo esperar. Extendiendo su lubricación hacia el ano, la penetró con cuidado, hasta el fondo. El gemido de Carolina expresó la combinación exacta de placer, aderezado con un punto de dolor, para hacerlo tocar el cielo.

Ambos bailaron coordinados. Carolina se sentía abrumada por el doble abrazo de Miguel y de las cuerdas, y se dejó caer en un exquisito, angustioso y sublime orgasmo. Miguel se derramaba en ella poco después, tras asegurarse que yacía deshecha entre sus brazos.

Permanecieron así una eternidad, al calor del fuego, hasta que Miguel se despegó de su piel sudorosa con delicadeza. Poco a poco, con movimientos suaves, fue liberándola de las ataduras. Con un masaje continuo y firme, devolvió a la vida sus extremidades entumecidas por la postura forzada. Una languidez y un bienestar que había olvidado se apoderaron de Carolina. Miguel la acunó junto al fuego, susurrando palabras de consuelo. Carolina llevaba tiempo llorando sin percatarse. Las lágrimas se mezclaban con su pelo revuelto y lavaban el estrés y las preocupaciones que, en su día a día, la acorralaban. Se refugió en los brazos de Miguel, deshaciéndose en una catarsis inesperada de toda la tensión, mientras recorría con los dedos las marcas que las cuerdas habían dejado sobre su piel.

—Has ganado —susurró Carolina, con la falsa certeza de que su derrota era mucho más que algo físico, sin entender aún la dulce victoria de su alma.

—No, Carolina —negó él, intensificando su abrazo–. Este juego no tiene combinaciones ganadoras. Nuestros movimientos siempre desembocan en tablas.

—No me dejes sola —murmuró, al sentir que Miguel se incorporaba.

—Jamás —replicó él, en un susurro.


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La levantó entre sus brazos y la llevó hasta el sofá, envolviéndola en una manta suave. Al calor del fuego, las cuerdas en el suelo fueron testigos mudos de sus emociones. Los suspiros entrecortados de su sueño hablaban de un juego todavía más grande.

Ya puedes continuar con la historia de Miguel y Carolina, aquí: El imperio de los sentidos: mirar y no tocar

 

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Kamasutra ilustrado para masturbarse en pareja – Posturas sexuales

Kamasutra ilustrado para masturbarse en pareja – Posturas sexuales

¡Que no se escribe Kamasutra, que es Kama sutra! Bueno, la verdad es que la –santísima– R.A.E. no se ha pronunciado a tal efecto. Es más, viendo cómo se han convertido otras palabras, ¡hasta Camasutra podría valer!

Con independencia de que no quede claro qué criterio se debe aplicar para el tratamiento de este extranjerismo, lo que sí sabemos es que el onanismo tiene, más allá del perentorio alivio de las pulsiones libidinales, un registro técnico-artístico. ¿Qué? Bueno, lo diremos de otra forma: seguro que, en más de una ocasión, la masturbación en pareja no te ha traído el placer que encuentras a solas. Pero, no te preocupes, porque vamos a analizar 5 posturas sexuales para orientarte en los placeres de ser masturbada, o masturbado, por la persona que más amas.


Posturas sexuales


Cinco posiciones para tres niveles de experiencia, que no excluyen penetración, pero tampoco obligan a que esta sea vaginal. ¿No te lo imaginas? A continuación, lo ilustramos y explicamos.


Kamasutra ilustrado para masturbarse en pareja


El aprendiz tocón

Nivel de experiencia: principiante-ignorante
Tipo de vibrador ideal: vibrador de clítoris y conejito vibrador
Ignorar nuca es malo per se, si nuestra intención se dirige a resolver las dudas que sustentan tal desconocimiento. Dicho de otro modo, si amas a tu chica, querrás aprender a acariciarla, y te volcarás en aprender a hacerlo.


Camasutra


Para ello, te proponemos una simple y cómoda posición. Como ves, ella se tumba boca arriba, con los muslos abiertos, de modo que su pareja tenga una visión panorámica de la vulva. Esto es, en sí, un estimulante tremendo para ambos, pero hay que asegurarse de que exista la lubricación mínima para ir al grano. Usa las manos, un vibrador de clítoris (si tu chica ama la estimulación externa) o un conejito vibrador (si lo quiere todo), y aplica las técnicas que te hemos enseñado. ¿Dónde? Aquí: Guía para la masturbación femenina. ¿Cómo hacer un dedo?


La mujer que susurra a los corceles

Nivel de experiencia: principiante-atrevida
Tipo de vibrador ideal: masturbadores de pene y masajeadores de próstata
No importa si tu chico es un potro desbocado o un manso equino, la cuestión reside en que siempre comiences con sensuales susurros, preguntando cómo quiere que lo toques o explicando lo que le vas a hacer… ¡Mientras le masturbas!


Camasutra


Ahora sí, en caso de que se trate de un hombre todoterreno, tienes la posibilidad de usar masturbadores para el pene o masajeadores de próstata; de manera que siempre quede una mano libre, bien para acariciar su pene, bien para ofrecer un masaje anal simultáneo (¿recuerdas dónde está su Punto P?). De modo contrario, si tienes un ejemplar sosegado postrado en la cama, nuestra recomendación es que uses las técnicas tradicionales de nuestro Curso avanzado para masturbar a un hombre. ¿Dónde me puedo comprar las lecciones? No están a la venta, son un regalo que encontrarás en la segunda parte de este artículo: Teoría y técnica de la masturbación masculina. (No os quedaréis ciegos).


La valquiria

Nivel de experiencia: intermedio-vampiresa
Accesorios: masajeadores para parejas y vibradores y plug anales
Para amantes de la música clásica y el sexo pasional, y mujeres con instinto FEMDOM. Recuerda que –en un principio– no estamos hablando de penetración, y sí de un juego en el que se puede representar cierta dominación. Así que, saca el CD de Wagner para que suene La valquiria; en su tercer acto comienza “La cabalgata”…


Camasutra


Una vez que tienes el ambiente musical adecuado, posa los glúteos sobre sus muslos, frente a su pene. Este simple gesto abrirá un mundo de posibilidades erótico-onanistas: desde acariciarse el clítoris con su glande (o hacerlo mientras se viste un vibrador anal); hasta cruzar las muñecas para masturbaros mutuamente, sintiendo el calor de la excitación más pura y comunicativa, en uno de los escenarios más íntimos del sexo. Más íntimo, incluso, que la penetración. Pero si esta fuera requerida, siempre podéis pensar en una versión suave de sexo anal, introduciendo ligeramente el glande, mientras acaricias el clítoris y la vulva. Y, lo decimos en plural, porque ambos tenéis las manos libres…


El perrito travieso

Nivel de experiencia: intermedio-espabilado
Accesorios: masajeadores para parejas, vibradores anales y arneses
No te canses del estilo perrito, tiene más posibilidades de lo que aparenta. De hecho, es la postura más versátil para todas las parejas, sin distinción de género u orientación sexual. Solo hay que tener espíritu aventurero…


Camasutra


Si eres un chico inquieto en una relación sexual convencional, esta postura es ideal para añadir un poco de sal y pimienta. Lo ideal es comenzar a acariciar su clítoris con el pene, como si estuvieras embistiendo, pero sin penetrar. De modo que, cuando se alcance un nivel de excitación alto, sujetes tu miembro con la mano y otorgues rápidos toques con el glande (al tiempo que el tallo del pene se desliza entre los labios). Pero existen muchas más combinaciones, entre las que se encuentra a la mujer con un arnés, masturbando al hombre, mientras le penetra.


El misionero lazarillo

Nivel de experiencia: avanzado-kinker
Accesorios: artículos BDSM, masajeadores para parejas, plug anales y arneses
¿Pensabas que lo habías visto todo? Pues ahora verás menos. Tápate los ojos y vuelca tu imaginación en el ejercicio de dar placer a tu pareja.


Camasutra


Como en el perrito travieso, también se puede acariciar fácil y agradablemente con el pene, y reproducir aquellas pulsaciones rápidas. Sin embargo, te vamos a proponer algo un poco más travieso: lubrica su vagina e inserta un masajeador para parejas, suavemente; sube, poco a poco, la intensidad de las vibraciones con el mando a distancia, al tiempo que te masturbas sobre su vulva. Cuando veas que ella encuentra la potencia adecuada, introduce solo el glande (donde ella te lo pida) sin dejar de masturbarte, y retíralo justo en el momento en que ella alcance el clímax.


No será por ideas…


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5 canciones para masturbar a tu pareja

5 canciones para masturbar a tu pareja

Te traigo mi top 5 de canciones para masturbar a tu pareja. Dos para parejas muy enamoradas; una para clásicas; otra para relaciones alternativas; y una más para amantes del bondage. Y si no tienes pareja o amante, ya sabes que la masturbación también se puede disfrutar a solas, aunque yo siempre insistiré en que es uno de los más bellos y placenteros actos sexuales en una relación. Por eso, cualquier playlist que oigas, mientras provees (¡o recibes!) los placeres de Onán, debe ser una verdadera selección de música para hacer el amor.

¿Te atreves con mis 5 favoritas?


5 canciones para masturbar a tu pareja


Ya sé que me vas a decir “Yo hubiera incluido Radiohead” o “Echo en falta Sigur Ros”. Como siempre, esto es de lo más subjetivo, si bien te ofrezco algunas razones (en forma de extractos de las letras) por las que pienso que estas son las 5 mejores canciones para gozar de la masturbación en pareja. Como diría uno de mis más amados profesores, al poner en común las razones del gusto, te doy una idea objetiva del mismo: todos podemos sentir algo parecido.



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Música para parejas muy enamoradas

 

 

He seleccionado dos canciones para parejas muy enamoradas. Para que la ternura de la relación se incremente con la progresiva intensidad de estos maravillosos temas, perfectos para usar masajeadores de clítoris, esferas de placer y/o extender hidratante personal lentamente sobre el pene o la vulva.












Sébastien Tellier – La Ritournelle 

“I got that beat in my veins for only rule/ love is to share, mine is for you”. Yo lo traduciría como “La única regla que sigo es ese latido en mis venas/ El amor es para compartir, el mío es para ti”. ¿Hace falta decir más?







Asaf Avidan – 613 Shades of sad

Casi todas las canciones de Asaf Avidan repiran una  intensa sensualidad, pero yo me quedo con esta: “20.000 different leagues of sorrow/ They will surface but we’ll let them drown” o “20.000 leguas de melancolía emergerán/ Pero nosotros dejaremos que se ahoguen”.






Música para parejas más clásicas

 

 

Porque, a veces, quieres oír esa eterna canción que alegra (y te pone a tono) mientras tu pareja te masturba con una sonrisa en la cara…












George Michael – Faith 

“Well, I guess it would be nice/ if I could touch your body/ I know not everybody/ Has got a body like you”. “Supongo que estaría bien/ Si pudiera tocarte/ Sé que nadie/ Tiene un cuerpo como el tuyo”. Llegados a este punto sólo hay que responder: “Supones bien…”.



 


Música para parejas alternativas

Esta ha sido la elección más difícil, pero creo que Follow hará las delicias de los amantes que se excitan con facilidad.




Crystal Fighters – Follow

“You’re the one I follow/ Follow to the middle/ Middle of the shadows/ Far away from all the sorrows”. “Tú eres al que sigo/ Sigo hasta el centro/ Al centro de las sombras/ Lejos de todas las penas”. Sigue…






Para amantes del Bondage

 


Porque no podía faltar el toque travieso para los que les gustan los juegos de BDSM light o el Bondage.













Immigrant Song – Karen O with Trent Reznor and Atticus Ross

Sólo hay que poner esta magnífica versión del clásico de Led Zeppelin para hacer que el placer onanista se redescubra, sujetando a nuestra pareja con unas suaves esposas





Espero que hayas disfrutado esta selección musical, o cuanto menos, que te deleites viendo cómo tu pareja lo goza contigo. Si se te ocurren más canciones, deja un comentario más abajo, y si nos gustan, las subimos al artículo.




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Más que un pene. El orgasmo masculino (del semen y la eyaculación a la próstata)

Más que un pene. El orgasmo masculino (del semen y la eyaculación a la próstata)

¿Cuáles son los deseos y placeres reales de los hombres? ¿Conocéis las partes básicas del pene? ¿Sabéis de qué está compuesto el semen? ¿Diríais que los hombres pueden tener orgasmos múltiples? ¿Os han explicado que la eyaculación precoz se puede tratar con simples ejercicios en la mayoría de los casos? ¿Conocéis la existencia del Punto P, la forma de estimularlo y los beneficios y placeres que aporta?

Vamos a abordar todas estas cuestiones y muchas más en este artículo porque toca hablar de los hombres y de las sensaciones que pueden alcanzar desarrollando su potencial sensual. De hecho, aquí vais a resolver cualquier duda que podáis albergar sobre la anatomía, posibilidades eróticas y realidades sexuales masculinas. Y si no las resolvemos o estáis en desacuerdo con cualquier planteamiento, os invitamos a dejar un comentario (que puede ser completamente anónimo) al final del artículo.


Eyaculación-y-orgasmo


Índice
1. Todo sobre la eyaculación (y el semen)
2. Los orgasmos masculinos
3. Masturbación: Una pajita… ¡y a dormir!
4. El coito: tótem y tabú
5. De la anatomía del pene al priapismo
6. La innombrable impotencia y sus tipos
7. Lo que el tantrismo puede hacer por el hombre
8. Los secretos de la próstata y el perineo
9. El deseo masculino y la satiriasis



1. Todo sobre la eyaculación (y el semen)


A más de 50 Km/h, la primera contracción o espasmo muscular desaloja la temprana descarga de líquido que suele coincidir con el orgasmo y contiene entre 3 y 5 mililitros de semen, eyectados durante 10-20 segundos. Pero, ¿de qué está hecho? ¿Debemos untar o tragar semen? ¿Son importantes el volumen y la velocidad a la que se eyacula? ¿Tienen una relación directa con el placer y la salud? ¿Es posible eyacular y no llegar al orgasmo y viceversa? ¿Cuándo existen trastornos?


Semen: Una historia de glándulas

Como ya sabéis, el semen es el líquido que contiene espermatozoides y que se distingue por ser más o menos blanquecino y más o menos denso. Pues bien, este fluido también está compuesto por distintos líquidos en función de su procedencia.
Así, entre un 2% y un 5%, es esperma (dependiendo de la edad y características individuales, los testículos aportan entre 200 y 500 millones de espermatozoides); de un 65% a un 75%, es líquido procedente de las vesículas seminales (aminoácidos, encimas, proteínas, vitamina C, y, sobre todo, la prostaglandina –que ayuda a que el esperma no sea destruido por la respuesta inmunológica de la mujer– y la fructosa –esencial para la energía del plasma seminal); de un 25% a un 30%, es líquido prostático (donde destaca el Zinc como responsable de estabilizar el ADN –la información genética– y, por ende, la fuerza de los espermatozoides; y hasta un 1% es líquido que viene de las glándulas de Cowper o bulbouretrales, que implementa la movilidad de los que muchos hombres llaman “(sus) pequeñines”.

De otro lado, parece que sí existen empresas que están utilizando el esperma del semen para algunos productos de cuidado e higiene personal. ¿Significa que rejuvenecemos si esparcimos semen por la piel? La respuesta es no.
En primer lugar, el número de empresas que dicen usarlo es mínimo. Seguidamente, no sabemos las cantidades de semen que proporcionalmente se incluyen. Y, finalmente, ¡no se trata de semen!

Sino de una especie de síntesis a partir del esperma y otros componentes. Entonces, ¿qué? ¿No me lo unto ni me lo trago? Pues lo que queráis. Comodecíamos, si os encontráis en una relación estable, os da morbo u os excita infinito… ¡Adelante!, por nosotr@s no dejéis de disfrutar todas las posibilidades en pareja.



TIANI de HIRO

 

 

Cantidad y velocidad del semen

La mayoría de los hombres y sus amantes, encuentran placer cuando se consigue una eyaculación abundante con potentes chorros. Probablemente esto es una cuestión de morbo (en el sentido de su acepción popular, que para nada tiene que ver con “intereses malsanos”), aunque también nos informa del aparente buen estado del aparato reproductor masculino en cuestión. No se trata de alcanzar 6 metros de distancia (récord actual en posesión de Horst Schultz), sino de que la eyaculación no quede obstruida o viaje a la vejiga en lugar de ser expulsada.
La obstrucción del semen se puede detectar por el mero hecho de eyacular en menor cantidad y notar dolor durante la descarga. Sus causas pueden ser genéticas o por la misma inflamación de la próstata. Precisamente, la operación de la glándula sexual puede conllevar la eyaculación retrógrada (cuando el semen se dirige a la vejiga, en vez de al exterior, pudiendo generar un orgasmo en seco), aunque en la mayor parte de los casos se debe a la propia medicación prescrita.
Pero, vayamos al grano: ¿Hay que arrojar mucho o poco? ¿Rápido o despacio?
Esto, en circunstancias normales, está determinado por el tiempo que ha pasado tras la última eyaculación. Por tanto, no es algo que se pueda llevar a cabo con total voluntad, salvo si se ha practicado la técnica del apretón; cuando se presiona la base del pene justo antes de la eyección, el semen sale con mayor intensidad que de costumbre y suele producir mayor relajación y sensación de bienestar posteriores.
Únicamente podemos pensar que puede haber algún tipo de problema físico si la expulsión es poco copiosa o no hay una primera contracción intensa, cuando se lleva mucho tiempo sin eyacular. Siendo más claras, si el hombre eyacula de nuevo, en torno a las 2 o 3 horas posteriores a la primera descarga, la eyaculación será básicamente un goteo, y si lleva una semana, saldrá mucho y con extrema presión. Por lo demás, como decíamos, se trata de una cuestión de morbo y de intensidad erótica que depende del momento y de las personas.



IDA de HIRO

 

 

Estimulación y periodo refractario

En realidad, lo que más importa es lo que sucede antes y después, es decir, cómo se ha excitado y cuál es el estado de relajación que se alcance a la postre.
El periodo de latencia, recuperación o descanso varía notablemente entre los hombres, inclusive en un mismo individuo, en función de su edad, cansancio o alteración. Para saber qué es lo normal, debemos atender al sentido común: por ejemplo, tan normal es que el periodo refractario –y su consiguiente incapacidad para tener una erección– se extienda durante 15-20 minutos en varones de 45 años, como que un chaval de 18 genere una erección al minuto de haber eyaculado.
Lo que debemos tener en cuenta es que la estimulación se ha de centrar en el órgano más erótico: el cerebro.
Si esto es muy importante en las mujeres, me atrevería a decir que es incluso crucial en los hombres. ¿Por qué? Tenemos que entender que, fisiológicamente hablando, eyaculación y orgasmo son procesos distintos; el primero, se refiere a las contracciones musculares y, el segundo, consiste más bien en la respuesta cerebral tras la activación nerviosa. El orgasmo femenino, por supuesto, responde a una activación nerviosa muy similar, aunque no sucede así con la eyaculación. Por decirlo de un modo sencillo, la eyaculación de las mujeres es una secreción posterior al orgasmo, mientras que la emisión de semen se puede dar antes, durante y/o después del clímax, o incluso sin que el hombre sienta ningún tipo de placer.
De otro lado, se puede eyacular sin necesidad de tocar el miembro viril. De hecho, es la forma más común en la que se da por vez primera: se llama espermaquia y la mayoría la sigue experimentado de vez en cuando en su vida de adulto. ¿No habéis tenido poluciones nocturnas? Seguramente, ocurrió en vuestra pubertad y aún hoy día, si no eyaculáis a menudo, también siga sucediendo.



NOA de HIRO

 

 

Eyaculación precoz

En lugar de precoz, deberíamos denominarla consciente eyaculación involuntaria. Consciente porque no se produce durante un periodo letárgico, como el de los sueños y así nos permite diferenciarla de la espermaquia; e involuntaria porque hace referencia a la incapacidad temporal de controlar la eyección seminal, y no al tiempo cronológico que dista entre el inicio de la excitación y la descarga.
El término precoz no sólo es un término dañino para el hombre, al que desde ese instante se le presupone con el completo dominio de sus sensaciones y cuya virilidad quedará ligada a su aguante, sino también para las mujeres porque nos sitúa bajo la presión de tener que llegar al orgasmo y ser capaces de decir “aquel hombre me lo sabía hacer”. A nuestro juicio, estos extremos han generado una tortura constante en millones de parejas y han construido la idea de que el placer coital deba extenderse durante horas para ser gozado. Y ello es una gran y anti-erótica mentira.
La constante o recurrente eyaculación involuntaria suele ser un problema de carácter psicológico que, normalmente, tiene remedios relativamente fáciles de poner en práctica. Como ya dije en otra ocasión, es esencial hablarlo con la pareja y desarrollar las técnicas que se han comenzado a solas. Si queréis saber más sobre los trucos y ejercicios para aprender a controlarla, visitad este artículo.


Eyaculación retardada y aneyaculación

Como señala un afamado terapeuta en la revista científica de la ISSM (International Society of Sexual Medicine) la eyaculación retardada y la aneyaculación son dos de las disfunciones sexuales menos comunes y más incomprendidas de los hombres.
Básicamente, estos términos se emplean para describir las siguientes situaciones: el hombre alcanza con dificultad el orgasmo, tras un buen rato después de haber eyaculado; no llega al clímax, aun habiendo eyaculado; o simplemente, no eyacula. Existen muchas causas que van desde las que se originan en el metabolismo, a las más comunes, cuyo factor es psicológico. Y, entre estas últimas, destaca la ansiedad.
Recientes estudios nos hablan de una mezcla de ansiedad y envejecimiento (incluso, a veces, aburrimiento o desidia emocional) como promotores de estas disfunciones. Pues bien, siempre que se trate de esto existe un placentero tratamiento que –fundamentalmente– consiste en masturbarse y ser masturbado por la pareja. No me entendáis mal, no es tan sencillo. Lo que deseo dejar claro es que la base de la terapia son unos bonitos juegos de comunicación en pareja que tienen por núcleo, hablarse, tocarse y describir lo que se siente. (Si tenéis más dudas sobre ellas, dejad un comentario al final del artículo –puede ser anónimo).



Oden 2 de HIRO

 


2. Los orgasmos masculinos


Orgasmo



Tan cierto es que el cuerpo de las mujeres y los orgasmos femeninos siguen siendo un campo de batalla para los científicos, como que las formas del placer masculino son mayoritariamente desconocidas para ambos sexos.
Podréis leer miles de artículos en los que se habla de los orgasmos vaginales, por estimulación del Punto G, del clítoris, etc. y los que discuten cada uno de estos. Pero, ¿cuántos habéis encontrado sobre los tipos de orgasmos masculinos con un mínimo de base científica?


Está bien. Reconozcamos que, hasta la fecha, fisiológicamente sólo se puede hablar de un tipo de orgasmo en el hombre, con una variante potenciada por la estimulación de la próstata (de la que hablaremos más adelante). Pero, ello no significa que todo esté tan pormenorizadamente explorado y descrito como en los estudios sobre la respuesta corporal femenina.
¿Por qué hablamos del orgasmo por estimulación del clítoris y no del orgasmo por fricción del glande, por fricción del pene (sin llegar al prepucio) o del tipo de orgasmo que llega tras aplicar la técnica del apretón, por ejemplo? ¿Es que acaso los hombres obtienen el mismo placer sexual cuando se les masturba acariciando o agarrando los testículos, con una felación sólo con la lengua o en la que el pene quede atrapado y agitado por la boca, la vagina o el ano? ¿Varía únicamente la eyaculación, el orgasmo o ambos?


Los hombres pueden tener orgasmos múltiples

Las características que tradicionalmente se han descrito sobre los orgasmos masculinos son que se tienen en mayor número y son menos duraderos que los femeninos, además de que suelen implicar una pausa erótica, pues casi siempre han sido asociados con la eyaculación.
Como hemos explicado en numerosas ocasiones, los orgasmos múltiples no son orgasmos encadenados. Con respecto al hombre, lo podríamos describir de la siguiente forma: no sería eyacular muchas veces, sino ir un poco más allá del punto de no retorno (¿ese en que notáis cómo sale una gotita?) para sentir gozo (¡el orgasmo!) sin que el pene pierda la erección. Sentiréis como el miembro queda adormecido pero, al tiempo, conservará la firmeza y podréis continuar con el coito o la masturbación. La cual, dicho sea de paso, es el mejor método para descubrir la multiorgasmia.




3. Masturbación: Una pajita… ¡y a dormir!


El onanismo (término que en sí tiene una connotación peyorativa) ha sido practicado y, por desgracia, se sigue entendiendo exclusivamente como una forma de aliviar la tensión sexual o simplemente la ansiedad puntual. Y no es que esto sea malo del todo; lo de la pajita y al sobre es, de hecho, una cosa bien sana. El problema es que la presión social (no olvidemos que “pajillero” es una palabra despectiva en muchos idiomas) reduce las acciones exploratorias de los hombres (o, al menos, de las que ellos cuentan). Y es que el imaginario colectivo no sólo sitúa al que admite masturbarse en el vertedero de los desviados, asociales o feos (por aquello de que se tienen que tocar porque no pueden encontrar pareja con la que acostarse), sino que además restringe la propia investigación de su cuerpo. Desde que todos los hombres son distintos, existen infinitud de formas, pero vamos a intentar resumir los modos en los que podéis practicarla con el fin de averiguar la manera y la intensidad en la que alcanzáis el clímax:


Fricción de la piel del pene

La forma más común de masturbarse consiste en agarrar el pene, y subir y bajar su piel sin rozar el glande. Además, evitaréis heridas o raspaduras en la parte más sensible de vuestro miembro. Sobre todo, está recomendada para aquellos que se inician y para las parejas que comienzan a explorar el cuerpo de sus hombres.
Para caballeros con más experiencia y menos sensibilidad, se puede probar a subir la piel hasta el inicio del glande o incluso cubrirlo del todo, para volverlo a bajar. La velocidad y fuerza de agarre depende de cada uno, y por eso es muy útil investigar a solas… Y, a ser posible, usando un lubricante o (¿por qué no?) algún otro elemento que os excite y que no dañe vuestra pene (¿confitura?).





Testículos y escroto

Estas son dos zonas erógenas masculinas potencialmente placenteras y debemos tener en cuenta que la sensibilidad es muy variable entre distintos individuos, e incluso, dependiendo del grado de excitación. De hecho, conforme el hombre se acerca al orgasmo el escroto se constriñe y ciñe a los testículos. En la mayoría de los hombres, este es uno de los mejores momentos para un agarre fuerte y consistente; no sólo les provoca mayor excitación sino que, paradójicamente, suele retrasar la eyaculación.








Caricias y/o pellizcos en los pezones

Por ser hombres no significa que no tengáis sensibilidad en los pezones, aunque el hecho de que la poseáis tampoco implica que os guste hacerlo. La cuestión es que no debería haber nada que os impidiera probar. Si os animáis, buscad sensaciones en distintos momentos de la masturbación; por ejemplo, acariciaros suavemente al principio para ver si la erección se vuelve más dura; presionad con la yema de los dedos cuando llevéis un rato haciéndolo; y/o pellizcaros leve (o no tan levemente) cuando estéis a punto de eyacular.








HUGO de HIRO

 


Masaje anal y prostático

Para todos aquellos que no tengan duda alguna de su sexualidad y quieran experimentar un clímax explosivo, existen una serie de técnicas exploratorias que, combinadas con la fricción del pene os pueden llevar al séptimo cielo orgásmico. Más adelante explicaremos el porqué, pero si ahora queréis ver cómo se hace un masaje anal o los beneficios del masaje de próstata, podéis visitar estos artículos:
El masaje anal: Métodos, riesgos y placeres
El masaje de próstata sin tabúes: salud y placer en 5 puntos


Anilingus o beso negro

Desde luego, no existen muchos hombres que se atrevan a reconocer que un anilingus proporcionado por su pareja, mientras él mismo se masturba, puede alzarle en la cumbre del gozo. Pero, os aseguro que la fricción húmeda de la lengua de la pareja sobre las terminaciones nerviosas del ano es una de las delicatesen sensuales de miles de caballeros (lo admitan o no). ¿Tenemos que recordar que es imprescindible una limpieza exhaustiva antes de proceder?


4. El coito: tótem y tabú


El coito es de lo que más se habla sin decir y de lo que más se alardea sin haber sentido placer. La imagen del metesaca como referente que explica el acto sexual como una conquista, sólo os puede llevar a relaciones insatisfactorias y traeros frustraciones… a vosotros y a vuestras parejas. Pero, como dicen que el acto sexual es lo más importante para los hombres (aunque sólo sea en cantidades de descarga seminal) permitid que una mujer os quite algunos de los ideales (ídolos o tótems) y supersticiones (tabúes) que muchos tendréis.








PINO anillo vibrador de HIRO

 


El coito no es lo más importante para una mujer

Aunque haya muchas que siempre quieran penetración (incluso aunque os digan que la “necesitan”), el propio acto no es lo más relevante. La mayor parte del género femenino prefiere disfrutar de la relación como un todo, en el que también prima hecho de ver eyacular a su compañero.


El sexo no tiene por qué durar mucho

Una mujer puede disfrutar con un coito que dure un par de minutos (más de las que creéis, por cierto). No seréis menos hombres si eyaculáis antes… Pero, seréis mejores amantes (y os deleitaréis más con el sexo) si después de eyacular, disfrutaseis masturbando o haciendo un cunnilingus a vuestras parejas. Si, de cualquier modo, los dos queréis alargar el coito sólo tendréis que parar la penetración (al principio, sacando completamente el pene) cuando notéis que el punto de no retorno se acerca. Y recordad que, mientras bajáis vuestro nivel de excitación, podéis tocarnos para que el ánimo no decaiga. Esta, dicho sea de paso, es una buena técnica para amantes que quieran alcanzar orgasmos simultáneos.






La mayoría desea probar posturas sexuales

No sólo muchísimas mujeres están abiertas a probar posturas del Kama sutra que otros tantos hombres desconocen, sino que los extremos de estas son más pronunciados de lo que imagináis. La misma mujer, hoy puede desear adoptar posturas sexuales dominantes, como mañana antojarse de fingir la mayor sumisión. Quizás, más de uno se pueda sorprender del placer que le otorga estar atado a la cama y tener a una amazona encima…








El sexo anal es una opción sexual deseable


Si alguien sabe de los placeres que el esfínter anal puede generar en un pene, esas son las mujeres. Entonces, ¿por qué no hablarlo? ¿Por qué esperar a probar suerte en una de esas noches en las que todos los gatos son pardos? Es más, os puedo asegurar que si aprendéis a practicar sexo anal con vuestra pareja, ella lo volverá a reclamar como algo normal (¡que lo es!) en el futuro. Pero, para ello, tenéis que ser realistas y entender cómo es y cómo funciona el ano… ¡y también vuestro pene!









5. De la anatomía del pene al priapismo


La omnipresencia del pene en el lenguaje coloquial y sus mil formas de nombrarlo no han ayudado precisamente a entender los placeres masculinos. Y es todavía peor en lo que a su anatomía se refiere: aún hay muchas parejas (¡incluso hombres!) que hay que explicarles qué es el frenillo. ¿Cuál es el conocimiento anatómico mínimo que debemos poseer de cara al sexo?


Polla

 

 

El pene humano no tiene hueso, pero se puede partir.

A diferencia de otros mamíferos, el pene del hombre está formado por un cuerpo esponjoso y dos cavernosos. Estos últimos, son paralelos y al ser llenados de sangre elevan el tejido eréctil. Pero, que la erección se produzca así, no implica que no se pueda partir.










El escroto más que los testículos

La bolsa que envuelve los testículos o escroto tiene una respuesta inmediata a los cambios de temperatura (para conservar el esperma) y, normalmente, se tensa y engorda en el momento del orgasmo. Antes os hemos recomendado agarrarlo en este momento porque con la piel escrotal más delgada la sensación en los testículos puede ser desagradable. Los que tengan un poco más de experiencia o menor sensibilidad, pueden probar a hacer juegos de temperatura, por ejemplo, en la bañera.









Prepucio, glande, frenillo y meato

El prepucio es el glande cubierto por la piel, y el frenillo es ese hilito que se une con el meato urinario, cuando bajas toda la piel hacia la base. El glande es sin duda lo más importante de todo, dada la infinidad de terminaciones nerviosas que contiene. Hay muchos hombres que reconocen eyacular simplemente ¡con el masaje y presión de los dedos sobre el glande y/o el meato urinario! También, hay otros que siente placer con las caricias sobre el frenillo, pero ¡cuidado! Es muy sensible y se puede romper. Y si se quiebra durante la masturbación o el coito, es probable que se genere una herida abierta de por vida. Si veis que está muy tenso, lo mejor es operar.





Falocentrismo y priapismo

El pene es por todas estas partes y características el centro del placer masculino. Y aún más, está presente en todos los ámbitos de la vida: desde su intervención en la reproducción humana hasta los edificios que visitamos cada día. Podríamos decir que, de algún modo, el mundo ha girado en torno a las decisiones de los hombres, cuyo referente es su propio pene –erecto. De una manera muy resumida es lo que podríamos denominar falocentrismo. De hecho, en la Grecia antigua la potencia reproductora de la Naturaleza se encarnaba en el dios Príapo; que era representado con la imagen de un hombre con una erección tremenda.
De ahí, que hoy en día se denomine priapismo a la enfermedad por la que el pene no regresa a su estado de flaccidez. Sí, es una enfermedad y es dolorosísima. Aunque, quizás, el peor priapismo sea el simbólico: no sólo aquel que se asocia con el machismo, sino también el que “fabrica” a un hombre que necesariamente tiene que estar dispuesto para el sexo en cualquier momento.


6. La innombrable impotencia y sus tipos


Justamente en el polo opuesto al priapismo está la innombrable impotencia. Película de terror, todo el género masculino sufrirá algún tipo en su vida. Por desgracia, hay hombres que han tenido alguna lesión medular o problemas vasculares que le han generado esta disfunción. Pero incluso en estos casos, existen remedios.
En otras ocasiones, la impotencia se produce por falta de testosterona o por ciertos medicamentos. E incluso por la respuesta cerebral, es decir, por alguna cuestión psicológica, normalmente ligada al estrés y la ansiedad.
De todas, la más común es aquella que se causa por la insuficiente irrigación de los cuerpos cavernosos. Y, como ya os imaginaréis, esto es algo que se da de un modo general conforme se va envejeciendo. Sabemos que los primeros indicios de la impotencia suelen encontrarse a partir de los 40-45 años. Y, por eso mismo, no debemos poner el grito en el cielo cuando esto suceda. Simplemente, haced un seguimiento con vuestro médico. Ni le deis mucha importancia, ni lo obviéis; ambas actitudes se pueden volver contra vosotros. Una o dos consultas al año con vuestro urólogo, os pueden ahorrar quebraderos de cabeza y mejorarán vuestra salud sexual en general.
Y ¿si soy joven y ya me ha ocurrido? En un altísimo porcentaje de los casos, sólo sucede a jóvenes que se estresan a la hora de realizar el sexo con otra persona, bien porque se han marcado unos objetivos muy altos o bien porque simplemente sienten vergüenza o miedo a un posterior rechazo. Esto es sin duda muy serio y, por desgracia, responde a ese cliché cultural por el que el hombre tiene que ser un macho 24 horas al día, 7 días a la semana.


7. Lo que el tantrismo puede hacer por el hombre


En Tantra para ‘profanos’ o el sexo como sensación orgásmica intenté explicar que no hay que creer en la doctrina tántrica para experimentar el erotismo de una forma pausada.
Pero, ¡no os confundáis! Aunque la práctica del sexo tántrico o del slow sex, casi siempre conlleven el retraso de la eyaculación y del orgasmo, la idea de adentrarse reside más bien en experimentar con el resto de vuestras zonas erógenas, y aprender cómo funcionan vuestros cuerpos al tiempo que conocéis el de vuestras parejas.
Por ello, hemos venido hablando del masaje sensual, de los juegos eróticos y de los sexuales, entre los que también podríamos incluir distintas formas de practicar el sexo oral. Porque el leitmotiv del sexo tántrico, experimentar y conocer los cuerpos, puede hacer mucho por la sensualidad del hombre: (una vez más) no en términos de aguantar más tiempo, sino en virtud de entender las posibilidades eróticas a través del aprendizaje de las sensaciones en pareja.
Muchos hombres nos han dicho que les encantaría practicarlo pero que, por razones de trabajo y familia, no tienen tiempo para hacerlo. Nuestro deseo es que se siempre se intenten reservar unas horas al mes para dedicarlas exclusivamente al sexo; quitándonos todo de la cabeza, dejándonos abrazar por el placer y abandonarnos al gozo. Pero, tampoco podemos pecar de insensibles y tenemos que dar soluciones realistas a quienes nos las piden. ¿Conocéis los ejercicios de Kegel? ¿Sabéis que son gratuitos? ¿Queréis mejorar y disfrutar más del sexo? Visitad este artículo: El suelo pélvico de los hombres: ejercicios de Kegel para caballeros.


8. Los secretos del perineo, el ano y la próstata


El perineo

¿Sabíais que la zona que se encuentra entre vuestro escroto y el ano se llama perineo? ¿Habéis probado a tocarlo?
Es muy sencillo y puede aportaros placeres en forma de erecciones más fuertes. Además, es muy fácil de ejecutar tanto en la masturbación como durante el coito, incluso con el sexo oral. Acariciad suavemente el área cuando os estéis excitando y presionad cuando logréis la erección. Lo normal es que esta se endurezca y os provea una sensación fascinante.







 

 LOKI de HIRO

 


El ano y la próstata

Hemos explicado en múltiples ocasiones cómo hacer un masaje anal y otro prostático. Hemos recogido los testimonios de hombres y sus parejas al respecto; sobre los orgasmos que alcanzan y sobre los placeres generales que obtienen. También, os contamos los beneficios que puede tener para vuestra salud sexual y hemos hecho acopio de productos para llevarlo a cabo con seguridad, higiene y eficiente satisfacción. Porque si dotamos de importancia al Punto G de las mujeres, también tenemos que informaros de cuál es y cómo se alcanza vuestro Punto P.








Masaje



En esta ocasión, vamos a ir un poco más allá. Vamos a ir al grano de lo que mantiene esta saludable práctica oculta a muchos hombres. Y es que la terrible connotación peyorativa que adquiere el término “gay” –prácticamente– en todas las sociedades, también está afectando negativamente al placer y salud de los heterosexuales. Y muchos de ellos que quieren reafirmar su “hombría” nos preguntan: “¿Y si yo no albergo deseo alguno de que me toquen el culo?”
Nuestras respuestas son muy claras:
1. Si no se desea, no se debe hacer. Sin embargo, esto no implica que –por motivos de salud muy comunes– en algún momento de vuestra vida sea un médico el que os lo practique. ¿No preferiríais empezar en casa con vuestra pareja?
2. De cualquier modo, el hecho de no querer probarlo tan sólo reduce vuestras posibilidades eróticas.
3. En cualesquiera de los casos, tocar el ano y/o disfrutar un masaje de próstata (partes de vuestros masculinos cuerpos) no implican un cambio de vuestra orientación sexual. Por decirlo más claro: si sois gays, seréis gays; si sois heterosexuales, seguiréis siendo heterosexuales.



SUTRA de HIRO

 


9. La satiriasis y el deseo de los hombres

 
La satiriasis es el equivalente de la ninfomanía en los hombres. Y, como sucede con otras tantas palabras, pareciera que una ninfómana es –digámoslo claramente– una puta y el sátiro un macho machote, bravísimo y viril que puede satisfacer a todas las hembras cuando le plazca.
A parte de ser una enfermedad relacionada con el incremento excesivo de la libido (a veces, causada por trastornos bipolares), a la que hoy día se denomina hipersexualidad –término válido para ambos sexos, es un fantasioso deseo de muchos hombres. ¿Quién no quiere hacerlo con todas en cualquier lugar y momento?
Hemos escrito más de 5000 palabras sobre los placeres masculinos, y lo hemos hecho con una intención básica: haceros ver que por ser hombres, no sois indestructibles, ni insensibles, ni que el hecho de que eyaculéis pronto es un fallo, pero tampoco que aguantéis demasiado os hará ni más deseables, ni más hombres; que el coito no lo es todo, ni vuestro pene es el centro del mundo a pesar de ser un órgano maravilloso. Y es que, en esta ocasión, lo que creéis deseos naturalmente únicos e individuales, son dañinos clichés culturales (convencionales).



De hecho, sabemos que la mayoría de las mujeres entienden o intuyen que el hombre es mucho más que un simple pene. ¿Estáis preparados para disfrutar de vuestra sexualidad?




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