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¡Las fantasías sexuales de las mujeres al desnudo!

¡Las fantasías sexuales de las mujeres al desnudo!

El sexo en público o, al menos, fuera del dormitorio,  es uno de los sueños más repetidos  entre las mujeres de sangre caliente. Y es que la imaginación nos puede llevar a sitios remotos. En una playa, al ritmo en que las olas rompen contra los amantes; en medio del susurro de las hojas al caer, en el corazón de un tupido bosque; o sobre un campo de hierba cimbreante. Aunque la verdad es que muchas veces no somos tan románticos, y aquellos idilios se trasladan a un aparcamiento iluminado, a los aseos de un restaurante o a la última fila del cine… Es lo que tienen las fantasías: son maravillosas, deliciosas y agradablemente únicas.




Las cosas buenas… de tres en tres


A partes iguales, el trío es la fantasía más recurrente tanto en el hombre como en la mujer. Con independencia de su orientación sexual, un incalculable número de mujeres sueña con compartir su pareja o con participar en tríos de cualquier combinación posible: chica-chica-chico, chico-chico-chica o chica-chica-chica. Y si preguntáis a otras mujeres el porqué, muy probablemente os responderán con un ¿por qué no? De hecho, ni la más hetero está inmunizada contra el potente atractivo de un cuerpo suave y curvilíneo, al que intuitivamente saben proporcionar placer.










Aunque, de otro lado, ¿quién no quiere ser el centro de atención? Dos tipos trabajando para satisfacer cada deseo femenino son también uno de los imaginarios preferidos por muchas mujeres.



El uniforme


 ¿A quién no se le ha caído la baba al ver un uniforme envolviendo un bonito cuerpo? Puede ser un cliché, aunque también un innegable reclamo para crear fantasías sexuales, por varias razones…


Primera: asumiendo que dicho atuendo no sea el de una mascota de peluche, las probabilidades de que la persona que lo viste se nos aparezca como alguien inteligente o físicamente irrechazable, son altas. Tirar de sus botones, o simplemente azotar levemente su trasero descomponiendo la congruencia de su pose, se presentan como acciones prohibitivas a la par que rebeldes.



Segunda: puede que ese uniforme tenga un trasfondo heroico. Bomberos que sofocan los fuegos y rescatan a los desprotegidos, policías que ejecutan la ley y apresan a los malvados, o soldados que aportan la bizarría de dar su vida por una causa mayor… ¿Se necesita decir más?



Quizás sí. Apagar los fuegos, luchar contra el crimen o salvar a los inocentes, son ideales que funcionan como potenciadores del ego femenino, cuando la mujer se sabe poseedora del cuerpo que encarna alguno de esos valores.


Finalmente, también encontramos razones parecidas cuando observamos que famosos y políticos son el objeto de una gran variedad de fantasías femeninas, bien por su glamour, bien por su estatus inasible o sencillamente por aquello de la erótica del poder.





Fantasías desenfrenadas



Una entidad desconocida


Todos hemos fantaseado alguna vez con hacerlo desenfrenadamente con un extraño. Quizás cerrando los ojos al salir del trabajo, compartiendo las ensoñaciones en un mudo e íntimo paseo de vuelta a casa; en el alboroto del bar, silenciosamente conectando y desapareciendo en la oscuridad de la noche; o quién sabe, quizás es realmente ese atractivo fontanero enviado para… ¿arreglar las tuberías?


El sexo con extraños abre un mundo de posibilidades, borrando de un plumazo un buen puñado de tabúes construidos en torno a lo que las señoritas no deben hacer. A pesar de los avances que la sociedad ha realizado en términos de igualdad de género, aún se espera que las mujeres sean, como ejemplo, menos imprudentes y descuidadas que los hombres. Pues bien, ellas no lo son, y eso es lo que hace esta fantasía –si cabe– más tentadora.






El disfraz de la sumisión








Ahora, finjamos que esas directrices se nos entregan con una voz imponente y sexy… La sumisión puede ser extremadamente sensual.


Puede funcionar en ambas direcciones pues hay muchos que acatan las órdenes de una mujer, como un perro mueve su cola ante la alegría de llevarle la pelota a su amo.


Y, también se pueden desarrollar elementos histriónicos: la representación de un estudiante impertinente ante una profesora implacable; o el típico detenido que ha sido muy malo, y la agente de policía tiene que esposarlo; o el cliente que “compra” a una meretriz para que  satisfaga todos sus deseos durante una noche.


Como apunte final sobre el teatro del placer: toda mujer vestida para representar una fantasía, está bendecida con el don de la suma sensualidad.






La imposición   



La “fantasía de la violación” es un oxímoron. Es decir, dos palabras semánticamente opuestas que originan un nuevo significado. En verdad, la fantasía de una violación sigue siendo un concepto que se sitúa en el lado opuesto a lo agradable, pero también es el mismo que sale de debajo de las piedras, una y otra vez, en las discusiones sobre fantasías femeninas. Eso sí, que nadie se confunda, ninguna mujer que fantasea eróticamente con una escena de violación quiere ser violentada sexualmente en la vida real. De modo contrario, estaríamos hablando de un problema patológico. O, como dice Georgina Burgos:

                              

                 […] la violación real nos causa un profundo rechazo. Nuestras fantasías no son  siempre deseos de realidad pero, en la mente, a veces son 

verdaderas bombas afrodisíacas […]
BURGOS, Georgina. Fantasías eróticas sólo para nosotras. Marge Books, 2010.
 
Está claro que esta singular ensoñación coquetea con la violencia y la sumisión en un plano ficcional, sin perseguir el dolor emocional del sexo sin consentimiento. Esta fantasía se sumerge en ideas pasionales desenfrenadas, figuradas a conveniencia de la ensoñación y quizás, como las llaman los sexpertos, a consecuencia de alguna “culpabilidad escondida”.
 
A diferencia de la realidad, el imaginario en el que una mujer se representa forzada o violentamente apresada puede hacer que libere prejuicios o tabúes previamente adquiridos.
 
Vamos a ser claros: no hay nada vergonzoso en imaginarse a entera disposición de otra persona con un equipo de BDSM en la alcoba, al fin y al cabo, es una fantasía. Y, de paso, hagámonos un favor y dejemos de ser tan mojigatos: el sexo duro es una de las opciones preferidas en la actualidad. Y tú, ¿qué opinas de la fantasía de la violación?






Vive el sueño



Las fantasías sexuales de las mujeres atraviesan todo un espectro que va de lo factible al total enloquecimiento. Algunas merodean dentro de una seductora cercanía a la realidad; mientras otras permanecen en una fantasía íntima, confinadas en los reinos de la imaginación. Dar a conocer tus deseos más íntimos puede llevar un montón de travesura al sexo. Si le das una oportunidad, llevarás lo más erótico de las ensoñaciones un paso más cerca de la realidad, y no te asustes si esa realidad descubre fantasías sexuales en un modo “porno para mujeres“. Es algo mucho más común de lo que crees.








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Bondage: el placer del cautiverio – Sexo

Bondage: el placer del cautiverio – Sexo

¿Qué es el bondage y por qué nos atrae tanto esta práctica? ¿Qué es lo que hay detrás de su significado original: cautiverio, esclavitud? Ser inmovilizada es algo que siempre está entre las fantasías eróticas femeninas más recurrentes, pero ¿qué es lo que nos impulsa a buscar la restricción del movimiento durante el sexo?

Mimmi Kass, autora de la exitosa Radiografia del deseo, nos lo cuenta todo desde una doble perspectiva, científica y personal: ella trabaja como doctora, pero también es una gran escritora, habitual colaboradora en nuestra sección de relatos eróticos, y una conocedora y apasionada del bondage.



¿Qué es el bondage?



La primera vez que me vi inmovilizada con fuerza bajo el cuerpo de un hombre en un encuentro sexual, mi excitación se disparó hasta límites insospechados. No era lo mismo de siempre. Las sensaciones se veían aderezadas por la descarga de adrenalina invadiendo mi torrente sanguíneo, con el instinto primitivo que te impulsa a huir, en contraste con la expectación de saber que estás indefensa y a merced de lo que el depredador te haga. Es una mezcla especial, y como cazadora de sensaciones, busqué repetir la experiencia con mayor grado de elaboración.



El asunto es más complejo de lo que parece. Aunque muchas parejas se inician en el BDSM a través del bondage, los procesos psicológicos y emocionales son mucho más intensos y complejos de lo que se puede creer en un primer momento. Pese a que la inmovilización es física, la vulnerabilidad que supone rendirte a manos de tu pareja, y que te ate, va mucho más allá de la mera restricción del cuerpo. Es frecuente ver auténticas catarsis emocionales en una sesión de ataduras, y se agitan sentimientos que se reflejan con claridad en el rostro tanto de las personas que atan, como de las que son atadas. Muchas veces estas emociones son contradictorias para quien es atado: una paz infinita, con un cierto temor. La entrega y sumisión, con la respuesta primitiva de defenderse y pelear. El impulso de huir o luchar…sin poder hacer ninguna de las dos cosas, porque estás inmovilizada.


Pero también es cierto que el fin último es el placer, la diversión, aderezar el aspecto lúdico de los juegos sexuales y revestirlos de cierto componente de peligro y suspense. La complicidad de la pareja se eleva hasta límites insospechados, y la comunicación que debe generarse antes, durante y después de una sesión de bondage permite que el sexo se haga sublime, pero deben cumplirse algunas premisas.


SSC: sensato, seguro y consensuado. Las siglas por antonomasia que definen las prácticas del BDSM deben aplicarse también para el bondage, sobre todo si quieres ir más allá de unas esposas baratas compradas en un Sex Shop.



   

¿Por qué el bondage tiene que ser consensuado? 


Cualquier práctica sexual debe ser consensuada, pero en el caso de ser no convencional, esto cobra todavía más importancia. Y, desde luego, es preferible hacerlo antes de entrar en calor. En pleno y ardiente encuentro sexual puede que no sea muy buena idea esposar a tu pareja. ¿Te has preguntado si tal vez le dé pánico por una mala experiencia anterior? ¿O al sentirse restringida, no sepa reaccionar? O tal vez saques unas esposas con la intención de una deliciosa sorpresa para una noche de sexo inolvidable, y tu pareja se pregunte qué está haciendo mal para necesitar “esas cosas”. Si no tienes claro de qué palo va o sospechas que tu pareja sexual es más vainilla que el helado de la tarrina que guardas en el congelador, es prudente hablar, antes de añadirle nueces de macadamia. Como los frutos, las innovaciones en seco pueden causar reacciones alérgicas. Y no queremos sentar el precedente de una mala primera vez.

Porque, aunque la fantasía sea universal, no a todo el mundo le gusta la sensación de verse atado, y no a todo el mundo le gusta ver sometida a su pareja. Incluso, ¡aunque parezca mentira!, hay quien se aburre con la idea. Estamos hablando de una cesión del control de la situación y, por eso, lo primero es plantearlo. Quizá leer algún relato erótico que te inspire, ver alguna película con una escena de bondage o darle pistas a tu pareja mientras hacéis el amor, diciéndole lo que te gusta: “me encanta cuando me sujetas de las muñecas”; “Me gusta que me aprisiones bajo el peso de tu cuerpo”; “Me encantaría atarte y ver cómo se ven unas muñequeras de cuero sobre tu piel”. La confianza sienta sus bases en la comunicación y, para el bondage, se necesitan ambas cosas.



¿Por qué el bondage ha de ser seguro?


Parece mentira, pero son muchas las parejas que se inician en el bondage con las eternas (y muy fetish, todo hay que decirlo) esposas metálicas… Y esto suele conducir a resultados desastrosos.


Para exhibirte en una posición sumisa, las esposas metálicas quedan muy bien, pero ¿qué ocurre cuando tus suaves y delicadas muñecas cuelgan del cabecero de tu cama, y empiezas a retorcerte de placer? Quizá en el calor del momento no te des cuenta, pero te aseguro que la piel quedará en carne viva. Las esposas de acero HACEN DAÑO, y no es muy agradable sentir dolor (del malo) cuando estamos en plena acción. El dolor (del bueno, que hay que matizar) pertenece al reino del BDSM, en concreto a la M de masoquismo, y no necesariamente tiene que relacionarse con el bondage, Pero esto es una cuestión que trataré en otro artículo.




¿Por qué sensato?

Es responsabilidad de los dos involucrados que sea un momento placentero, tanto del que ata, vigilando las zonas de roce y la respuesta evidenciada con gemidos, quejidos o peticiones de parar, como del que es atado. Si todo va bien, ¡perfecto!, pero si algo no te gusta, lo tienes que decir. Alto y claro.


Aunque parezca un cliché bedesemero, no está de más pactar una palabra de seguridad para detener la situación de inmediato si sientes que has dejado de disfrutar o, simplemente, no es lo tuyo. La idea es experimentar nuevas cotas de placer, en ningún caso pasarlo mal.


Es también tu responsabilidad si decides prestarte a un juego de bondage con una pareja que acabas de conocer. Para mí no hay discusión: no debes hacerlo. La única instancia donde podría contemplar esa opción sería que te pusieras en manos de un atador con experiencia y en un evento público. Recordemos que estamos hablando de ser sensatos.




¿Cómo empezar a practicar bondage?



 Cómo atar


Hay que ir de menos a más. Hasta conocer un poco las sensaciones que genera en nuestro cuerpo y mente la restricción del movimiento, y decidir si las disfrutamos o no, es mejor empezar con una sencilla inmovilización de las muñecas tras la espalda. ¿Te parece demasiado sencillo? Te aseguro que no te aburrirás. Dejará los pezones en una interesante postura, en guardia y perfectamente accesibles para quien ata. Recorrer la piel de la persona atada, probando distintos estímulos —tal vez un masaje con aceite , o unas caricias con el suave toque de una pluma, o tal vez uno más enérgico con la ayuda de una fusta (flogger)—, antes del coito o como experiencia aislada, será delicioso.



¿Esposas de acero? ¡Oh, sí! Pero no para cuando las cosas se ponen intensas; para empezar a jugar fuerte es mucho mejor usar, por ejemplo, unas cintas de seda o unas muñequeras de cuero. Además de que quedan preciosas, no te lastimarán la piel y podrás entregarte a tu atador sin nada molesto o doloroso que te distraiga.





No es necesario que la atadura esté demasiado ceñida: no estás reteniendo a un preso en una celda, la idea es impedir el movimiento natural, pero sin que sea incómodo, y sin poner en peligro la circulación. Una neuroapraxia (aturdimiento del nervio por constricción hasta que se duerman, por ejemplo, las manos) es bastante más común de lo que se pueda pensar, así que debemos dejar pasar un dedo con facilidad entre la piel y la atadura para poder jugar sin tener que preocuparnos. Si vas a ceñirla más, tendrás que revisar de vez en cuando el estado de la piel, y la sensibilidad y movimiento de la zona. Recordad: comunicación.


Quizá en futuros encuentros, puedes probar también  la inmovilización de los pies utilizando la maravillosa posición de cruz en aspas, que permite a la persona que ata el acceso a todos los rincones sugerentes del cuerpo. Lo importante es que ambos disfrutéis, y se sienten las bases para ir más allá.




¿Con qué podemos atar?


Desde la misma ropa interior liada en los tobillos, las bridas de plástico de una ferretería cualquiera, el film transparente del supermercado, hasta las cuerdas hiladas de la seda más delicada pueden servir, pero…no es lo mismo usar una cosa que otra. De manera general, hay que tener cuidado con el material utilizado, ¡no te lances a coger tus cuerdas de escalada o las del tendedero! Está muy bien innovar, pero si quieres comenzar a hacer tus pinitos en el bondage, te aconsejo algo sencillo como un fular largo o una cuerda de algodón. Si ambos disfrutáis de la experiencia, podéis invertir en unas ataduras un poco más sofisticadas y específicas, como las cintas de seda BOA. Estas ataduras tienen un mecanismo versátil y sencillo, que las hace ideales para quienes empiezan a practicar bondage. En un extremo tienen dos argollas de acero, y en el otro, unas perlas de agua dulce que le dan peso y son perfectas para enganchar, por ejemplo, en el quicio de la puerta. Lo sé, porque las he probado. Altamente recomendable.






En el caso de que te quieras aventurar por terrenos más tradicionales y deleitarte con cuerdas de fibras naturales, existen opciones como el yute, el cáñamo o las de fibras de coco, que harán las delicias de los que quieran iniciarse en el shibari. Ojo, unas cuerdas bien tratadas con un acabado profesional te pueden salir bastante caras, de manera que es mejor que pruebes antes con un material un poco más económico y accesible, y decidir si el bondage es, en realdad, lo tuyo.


Espero que con estas breves pinceladas tengas más claro el panorama de todo lo que puede llegar a ofrecer el bondage. Al menos, deseo haber suscitado tu curiosidad. Una de las mejores maneras de ponerte en situación es leer relatos eróticos , y otra, compartir este tipo de artículos con tu pareja. Y si podéis hacer las dos cosas, mejor que mejor.


Pero esto es solo el comienzo, porque el bondage puede llegar a ser muy complejo, barroco y sofisticado. En una próxima entrega, prometo contaros mucho más: hablaremos de las restricciones extremas, algún que otro nudo para conocer el shibari, y algunas complicaciones que pueden surgir.





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Un masaje sexual total (con velas, lubricante y vibradores)

Un masaje sexual total (con velas, lubricante y vibradores) 

Hoy, os voy a proponer un masaje muy especial: un masaje sexual total. Pero antes de entrar en los detalles más picantes, haré una revisión de los mejores consejos para usar las velas de aceites esenciales, tanto para masajes eróticos, como sexuales. Recordad que el objetivo de los primeros es la excitación, mientras que con los segundos buscamos el clímax a través de la estimulación de los genitales.


Si os habéis propuesto hacer gozar a vuestras parejas, no os podéis perder este masaje sexual total con velas, lubricante y ¡vibradores!




Como decían en Pulp Fiction, hasta un masaje en los pies es algo muy sensual, algo que pone en conexión a quien acaricia la piel con quien es mimada. No es un cunnilingus, pero es el mismo juego, explicaba con otras palabras Vincent Vega…

En verano, invierno, en casa o en un hotel, tomando un baño o nada más volver del trabajo, un relajante masaje, más que una buena idea, puede ser una bendición. Sin embargo, la única relajación que os traigo con estos consejos, vendrá después de haber usado los aceites esenciales, y el mejor lubricante del mundo para tener sexo.



Las velas de masaje HIRO


Fabricadas con tres tipos distintos de cera ligeramente perfumada (a elegir entre soja, manteca de karité y hueso de albaricoque), solo tenéis que encenderlas y esperar un par de minutos para obtener su aterciopelado aceite. Simplemente, prendedlas un poco antes de que vuestra pareja se desnude y así crearéis el ambiente adecuado. Un momento, ¡os falta música! Ahí van algunas sugerencias:


10 canciones para un sexo apoteósico


5 canciones para masturbar a tu pareja


Música para hacer el amor: 5 canciones para tu playlist del verano


Halloween: Las mejores canciones para atar a tu pareja a la cama


25 canciones para hacer el amor en Nochevieja


Por si os lo preguntáis, estas velas no tienen compuestos químicos, los aceites que desprenden no son grasos ni dañinos para vuestra piel y, al tiempo, producen un efecto absorción prolongada. Además, si las dejáis encendidas, se consumirán en 36 horas. Es decir, si cada masaje que os regaláis dura 1 hora, podréis repetir otras 35 veces.



Cómo usar velas de masaje (y combinar con lubricante)


1. Como os decía, tras 2 minutos encendida ya podréis recoger el aceite esencial que hayáis elegido. Pero si esperáis 5, mejor porque la cera derretida habrá bajado a una temperatura más agradable para las manos de quien ejerza como masajista.


2. Verted el aceite sobre la palma de la mano a una distancia de unos 15-20 cm de la vela. Frotad las palmas, como si se tratara de una imposición espiritual; vais a acariciar la piel de vuestra pareja, su cuerpo es un templo sagrado al que se os ha permitido el acceso, tratadlo como tal.


3. Lo mejor es comenzar a masajear sobre zonas menos sensibles, como los omoplatos y hombros, para pasar a las erógenas. ¿Tenéis clínex y el lubricante al alcance?


4. Aunque no es necesario, con un simple pañuelo de papel podréis limpiar vuestras manos, y recoger lubricante para esparcirlo sobre sus genitales.


5. Si en este punto queréis realizar un masaje erótico o sexual sin usar vibradores, os recomiendo que leáis los siguientes artículos de Lis Hernández : Teoría y técnica de los masajes eróticos masculinos y Masajes sexuales para mujeres (orgasmos a flor de piel). Pero si tenéis la juguetería erótica preparada, seguid leyendo.



¿Cuáles son los mejores vibradores para un masaje sexual?


Indudablemente, los mejores masajeadores son las Smart Wand de HIRO. Sin embargo, en esta ocasión voy a recomendaros dos pequeños e híper intensos vibradores. El primero es para personas que adoran los masajes enérgicos sin extremada delicadeza, y el segundo para las que gustan del tacto suave y la potencia, al mismo tiempo.



Anillo vibrador para el pene: PINO™


Sin encenderlo, haced notar a vuestra pareja que lleváis el anillo vibrador puesto, mientras masajeáis su espalda. El simple hecho de arrimaros, despertará sus instintos como el más potente estimulante psicológico.


Esparcid lubricante en la zona erógena que queráis excitar, digamos en la vulva, encended el anillo en un modo de vibraciones intensas y masajead de arriba abajo, y en círculos. Si el deseo de coito apremia, el cabezal vibrador ensanchado de PINO™ es ideal para la penetración estilo perrito, pues solo hay que girarlo hacia abajo para que otorgue estimulación simultánea sobre la vulva.



Vibrador de clítoris con fragancias afrodisíacas: LILY™ 2


También apagado, posad LILY™ 2 sobre el pubis de vuestra pareja. Encendedlo en el modo de vibración más bajo y sujetadlo con una mano. Con los dedos lubricados de vuestra mano libre, acariciad los labios e id haciendo pequeñas incursiones en la vagina. Y así, incrementad la intensidad de ambos, vibrador y dedos, conforme la situación os pida, según su cuerpo se vaya derritiendo en placer. Casi con total seguridad, repetiréis más de las 35 veces que una simple vela os permite.



Y es que los mejores masajes son aquellos en los que el deseo se mantiene ardiente, en una llama incombustible.






 

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La duración ideal del coito

La duración ideal del coito

Podría ser un chiste malo: –Mamá, ¿qué es el tiempo?; –Pues la medida con la que sabemos lo que duran las cosas; –Entonces, ¿cuánto dura el coito? La pregunta es más interesante que un simple chascarrillo pues la cuestión se suscita a raíz de intentar ser mejores amantes, o dicho de otro modo, como consecuencia de querer que nuestras parejas disfruten en la intimidad. Y se complica aún más cuando introducimos la variable del tiempo. Pues hay besos que duran horas y, como todos sabemos, fines de semana que se esfuman en minutos (la mayoría, por cierto).


Pareciera que es tan subjetivo que no cabe hablar de medida alguna y, sin embargo, eso es precisamente lo que le da un carácter común, una posibilidad de objetivarlo. ¿Cuánto dura el coito? Avanzaremos que el truco está en querer hacerlo bien…




El tiempo cronológico establece los límites de lo suficiente y lo necesario, mientras que la atemporalidad de nuestras sensaciones exige la eternidad de los sentimientos, sobre todo, de los que consideramos recíprocos. Así es como todos hemos coexistido alguna vez con la frustración. La de pensar ser unos buenos amantes y caer en la cuenta de que nuestras parejas esperaban mucho más de nosotros. Pues bien, durante muchos años la sexualidad se ha vivido pensando en que el coito debía durar cuanto más, mejor. Y que el simple hecho de “aguantar” horas en la cama era sinónimo de darle a la otra persona “lo que necesitaba” para ser feliz.



La duración del coito según la ciencia


Desde hace casi una década, la ciencia está difundiendo los estudios realizados a este respecto, desmontando el mito de que para tener una vida sexual placentera el coito deba extenderse horas.




La media


En el año 2005, el Doctor Irwin Goldstein realizó un estudio con 1.500 parejas heterosexuales. Se trataba de algo sumamente sencillo, las mujeres medían el tiempo que duraba el coito –¡con cronómetro!– y, posteriormente, lo comunicaban por escrito. La media se situó en 7.3 minutos.






 

La interpretación


Tres años después, Eric Corty realizó una encuesta a 50 parejas para saber el grado de satisfacción que alcanzaban, en función de la duración del coito. Los resultados fueron los siguientes:


De 1 a 2 minutos, la definición –como era de esperar– fue “demasiado corto”


De 3 a 7 minutos, la media opinó que era “adecuado”


De 7 a 13 minutos, fue el rango considerado como “deseable”


Más de 13 minutos fue generalmente entendido como algo “demasiado largo”




Cómo durar más


La encuesta de Corty había incluido un cuestionario previo del que se extraía que ambos géneros deseaban que la excitación previa al coito fuera más prolongada. En realidad, suele ser en esos preliminares donde se demuestran el afecto y la atracción por la otra persona. Dedicarse el tiempo necesario al otro es lo mismo que destrozar los cronómetros en nombre de la sensualidad. Un paso que, definitivamente, tiene que darse para que las parejas puedan desarrollar toda su sexualidad salvando el escollo del tabú. Y esto sólo es posible cuando se prueba lo que se anhela… ¡lo que la pareja desea! Por supuesto, esto no significa que se tenga que acceder a hacer lo que no nos gusta. Pero sí representa que muchas de las cosas que no practicamos en la cama (o allá donde tengamos sexo) ni siquiera las hemos contemplado (¡o las hemos escondido en la profunda cámara mental de lo prohibido!). El tabú se elimina jugando, y jugando empleamos tiempo en satisfacer, gozar y sentir placer por la excitación ajena. El hecho de divertirnos borra de un plumazo las etiquetas que ponemos a algunas prácticas sexuales. ¿Quién no las ha usado? Sucio, depravado, guarro… Hasta que caemos en la cuenta de que una de esas “perversiones” nos encanta. Y, sólo nos enteramos de que son apetitos de lo más normales cuando se las contamos a nuestras mejores amigas. Así, con el bondage descubrimos que al atarnos físicamente, nos desatamos emocionalmente; o, iniciándonos en el BDSM, que los cachetes en el culo nos excitan sobremanera; o que el ano es también una fuente de excitación, etc.






Cuando se emplea tiempo en los preliminares para materializar nuestras fantasías, no sólo alargamos la duración del sexo (pues los preliminares también son sexo) sino que preparamos el coito más placentero. Y, probablemente, dará igual lo que dure la penetración porque nuestros cuerpos estarán dispuestos para el orgasmo (¡o incluso ya habrán alcanzado alguno!). Es más, igual ni siquiera importe alcanzar el clímax porque el propio juego habrá merecido la pena. Esto es, no hay duración ideal del coito porque lo ideal es desarrollar libremente nuestra sexualidad. Los relojes sobran. Y es que un polvo dura lo que dura un polvo.









Coito, eyaculación y orgasmo masculino:

 



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Los juegos sexuales más originales y pervertidos (no aptos para mojigat@s)

Los juegos sexuales más originales y pervertidos (no aptos para mojigat@s)

Juegos eróticos intensos


Voy a comenzar con los más lights, dedicados a despertar sensaciones en los cuerpos de quienes erotizan y de l@s que son erotizad@s.

 

Juego sexual #1: No me chilles que no te veo


Una venda para los ojos, unos auriculares con música para hacer el amor, aceite para masajes e hidratante personal son los objetos que necesitas para aprender a potenciar el tacto, musicalizar el sexo y memorizar hasta el último milímetro de su fisonomía.


Como ya habrás adivinado, consiste en que des un masaje erótico sin ver dónde estás tocando, mientras tu amante escucha tus canciones predilectas. Es un juego, pero también un ejercicio de comunicación sentimental precioso: ten en cuenta que estarás hablando con las melodías que más te seducen y tocando con la imaginación a tu pareja.








Dile que se tumbe boca arriba y sitúa el aceite e hidratante a su alcance; ponle los auriculares con tu playlist preferida y dale el antifaz para que te lo coloque; ahora, deja que impregne tus manos con el aceite y comienza a explorar su cuerpo con tus manos. Sigue masajeando hasta que tu pareja alcance ese nivel de excitación que le haga coger el lubricante para untarlo en tus manos; ese será el momento para pasar a la masturbación. Y después, cambias de puesto.



5 formas de hacer el mejor cunnilingus


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Cunnilingus: Cómo hacer el mejor sexo oral a una mujer




#1 El cunnilingus del octópodo cortés


Para chicas con extrema sensibilidad en sus zonas erógenas. Consiste en que nuestra pareja se convierta en un pulpo que nos acaricie con delicadeza, mientras finamente juega con su lengua desde los labios vaginales hasta el clítoris. Al mismo tiempo, puede acariciar tus pezones o –una vez hayas lubricado suficientemente– alternar movimientos circulares con sus dedos y lengua.




#2 Cunnilingus con succión


Ahora nuestro amante se tiene que transformar en la ventosa del octópodo. Y es que hay mujeres que necesitan presión y movimientos rápidos alrededor de la vulva, pero, ante todo, sobre su clítoris. Es bueno alternar con succiones, absorbiendo con la boca (labios sobre labios) y deslizando intensa pero lentamente la lengua. Esto hará que la excitación no disminuya y nuestra pareja no se canse tan rápido. Para el caso, es muy recomendable introducir un dedo (con llegar a la mitad del índice suele ser suficiente), un pequeño vibrador potente o dejar puesta una o un par de bolas chinas , mientras su boca juega con nuestro punto externo más preciado. También, es la mejor forma de conocer la eyaculación femenina, e incluso el squirting… si a vuestra pareja no le importa.




#3 Cunnilingus por libación


Si somos de esas mujeres que consideramos que nuestro sexo es estándar en términos de sensibilidad (ni muy sensible, ni indolente), el mejor cunnilingus empezará por suaves estímulos en los labios para pasar a humedecer el clítoris, aumentando de forma progresiva la presión y velocidad de la lengua. En cualquiera de los casos, la variación en el sentido de los giros de la misma traerá diversión a la cama. Y es que el simple hecho de cambiar un movimiento vertical por otro horizontal, puede incrementar la excitación exponencialmente.




#4 Cunnilingus a lo vaquera


Si no te identificas claramente con ninguna de las sensibilidades descritas, lo mejor es hacer ‘la vaquera’. Esto es, tu pareja se tumba bocarriba y le ofreces tu sexo directamente sobre su boca. De este modo, controlarás o guiarás –según se mire– la intensidad del cunnilingus en todo momento. Además, tu amante podrá acompañar fácilmente tu excitación: sus manos están perfectamente dispuestas para agarrarte las nalgas o… jugar con sus dedos donde te apetezca.




#5 Cunnilingus total


Para parejas que se conocen de pe a pa y saben sobre la presión, el ritmo y las variaciones que tienen que introducir en el momento adecuado. ¿Habéis probado a compaginar la estimulación anal con el cunnilingus? Evidentemente, en el caso que vuestra pareja sea un hombre, la penetración con el miembro viril es de todo modo imposible (salvo que haya un tercero, claro). Lo primero sería asegurarnos de que poseemos un lubricante o hidrante personal  para que nada se interponga en el camino a uno de los placeres más sublimes. Una vez que estamos suficientemente excitadas, el sexo anal puede acompañarnos –durante el viaje oral– ¡hasta el orgasmo! ¿Cómo? Pues depende de vosotras: podéis elegir los dedos de vuestros amantes, tapones o estilosos y muy útiles masajeadores anales .







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